"Él es el hombre más poderoso de la ciudad. Ellos tienen 8 años y acaban de hackear su vida."
Elara ha guardado un secreto durante cuatro años: es madre soltera de dos genios que el sistema escolar no puede controlar. Para su jefe, el implacable y frío millonario Killian Vane, ella es solo la asistente perfecta, la mujer que nunca falla y que parece no tener vida personal. Pero cuando el colegio de los gemelos exige una cuota impagable para niños superdotados y el padre biológico desaparece con las migajas de la manutención, Elara llega al límite.
Lo que Elara no sabe es que sus hijos, Evans y Edans, han tomado una decisión: Mamá necesita un respiro y ellos necesitan un papá que esté a su nivel.
Tras analizar a cientos de candidatos en la plaza local, los gemelos fijan su objetivo en el hombre que aparece en las noticias: Killian Vane. Es rico, es brillante y, según sus cálculos, es el único hombre con el ADN lo suficientemente fuerte para lidiar con ellos.
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Capítulo 8: Entre códigos y verdades a medias
A las tres de la tarde, el lobby de la Torre Vane se convirtió en un espectáculo. Evans y Edans cruzaron las puertas giratorias con sus mochilas al hombro, luciendo sus uniformes del colegio un poco arrugados, pero con una actitud que intimidaba hasta al guardia de seguridad más veterano. No necesitaban escolta; conocían el camino al piso 52 mejor que muchos empleados.
Mientras los gemelos se instalaban en una pequeña mesa redonda que Killian había mandado colocar en un rincón de su despacho, "trabajando" en lo que ellos llamaban reestructuración de datos, Elara entró con una pila de carpetas. Se detuvo a mitad del camino, mirando la escena. Sus hijos estaban concentrados, Evans tecleando en una laptop y Edans analizando gráficos con una seriedad cómica.
—Señor Vane... ¿podemos hablar un momento? —preguntó Elara, bajando la voz.
Killian levantó la vista de su escritorio. Hizo una seña a los niños para que no se distrajeran y salió al pasillo con Elara, cerrando la puerta de cristal tras de sí.
El pasillo estaba silencioso. Elara se cruzó de brazos, sintiendo que el peso del día le caía encima de repente.
—¿Por qué está haciendo esto, Killian? —le soltó ella, usando su nombre de pila por primera vez en cuatro años sin darse cuenta—. Sé que sus intenciones con el "Departamento de Innovación" son buenas, pero no entiendo el motivo real. Usted no es un filántropo, ni alguien que pierda el tiempo con niños. ¿Por qué ayudarnos ahora?
Killian se recostó contra la pared, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón de sastre. La observó en silencio durante unos segundos. No había rastro de la frialdad de la mañana; sus ojos grises parecían más suaves bajo la luz tenue del pasillo.
—Porque veo sus ojos cada mañana, Elara —dijo él con una voz baja, casi un susurro—. Y hoy, cuando recibió esa carta, vi algo que nunca había visto en usted: miedo.
Elara tragó saliva, tratando de sostenerle la mirada.
—No tengo miedo. Tengo responsabilidades.
—Es lo mismo cuando se está sola —replicó Killian, dando un paso hacia ella—. Mire, criar a dos genios como esos no debe ser fácil. Son brillantes, sí, pero son agotadores. Es admirable que, a pesar de todo, no se haya dado por vencida ni un solo día. Que trabaje diez horas, que soporte mis humores y que encima llegue a casa a lidiar con ellos sin perder la cordura.
Elara sintió que el nudo en su garganta regresaba, pero esta vez no era de angustia, sino de una extraña calidez que la desarmaba.
—Es mi trabajo ser madre, Killian. Nadie me dio un manual.
—Lo sé. Pero de vez en cuando, hasta los soldados más fuertes necesitan un respiro —continuó él, y por un momento, Elara creyó que iba a tocarle el hombro—. No lo vea como caridad. Véalo como un reconocimiento. Esos niños son un recurso valioso para mi empresa, pero usted... usted es el motor que hace que todo esto funcione. No quiero que se rompa, Elara. No me sirve una asistente que está a punto de colapsar por una cuota escolar.
Elara bajó la mirada a sus zapatos bajos. Ya no le dolían los pies, pero sentía que el corazón le latía demasiado rápido. Nadie le había dicho cosas así en mucho tiempo. Su exmarido solo sabía pedir, quejarse y desaparecer. Escuchar esas palabras de un hombre como Killian Vane era como recibir un impacto directo.
—Gracias —susurró ella, apenas audible.
—No me dé las gracias todavía —rio Killian de forma suave—. Espere a ver el desastre que sus hijos van a hacer con mis servidores de Asia. Si logran lo que prometieron, seré yo quien le dé las gracias a usted.
Se quedaron ahí, en medio del pasillo, compartiendo un silencio que ya no era profesional, sino algo mucho más profundo.
De pronto, un grito de victoria salió desde el despacho.
—¡Lo tenemos! —gritó Evans, abriendo la puerta de golpe—. ¡Señor Iceberg, venga a ver esto! Acabamos de encontrar un agujero de seguridad en su nube que es tan grande que cabría un elefante.
Killian miró a Elara con una sonrisa de lado, esa que ahora ella sabía que no era una mueca de hielo.
—El deber llama —dijo él, regresando al despacho.
Elara se quedó un segundo más en el pasillo, respirando hondo. Por primera vez en años, sintió que no estaba caminando sola por una cuerda floja. Al entrar, vio a Killian inclinado sobre Evans, escuchando las explicaciones técnicas del niño con una atención genuina. Edans, mientras tanto, la miraba a ella con una ceja levantada y una sonrisa pícara.
—Mamá —dijo Edans en voz baja cuando ella se acercó—, el Iceberg acaba de subir su temperatura tres grados. Creo que el deshielo es irreversible.
—Cállate, Edans, y sigue trabajando —respondió Elara, ocultando su sonrisa tras una carpeta.
Esa tarde, el ambiente en la Torre Vane cambió para siempre. Ya no era solo una oficina fría de millones y contratos. Había risas, había retos y, sobre todo, había una madre que, por primera vez en mucho tiempo, sentía que podía respirar sin que el pecho le doliera.
El plan de los gemelos seguía su curso, y aunque Elara intentaba negarlo, sabía que Killian Vane ya no era solo su jefe. Era el hombre que, sin avisar, se había convertido en el apoyo que ella juró que nunca volvería a buscar.
debe ser alguien del pasado
o alguien a quien afectaron los gemelos en el pasado 💣
es un viaje de emociones ...
magnífico ,comienzo de esta historia..
Son unos diablillos adorables 👏👏