Scarlett Harrington lleva tres años casada con Ethan Collins. Durante todo ese tiempo creyó tener el matrimonio perfecto, construyendo un hogar junto al hombre que amaba y en quien confiaba plenamente.
Sin embargo, todo cambia el día que regresa antes de lo previsto de un viaje de negocios para sorprender a su esposo. La sorpresa termina siendo para ella cuando encuentra a Ethan en la cama con su propia mejor amiga. En un solo instante, el amor, la confianza y los sueños que había construido se hacen pedazos.
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Capitulo 24
A la mañana siguiente, Sofía se acercó a ella con el rostro serio, pero con la mano puesta con ternura sobre su brazo.
—Hay algo que sé y que no te he dicho… porque no quería hacerte más daño —empezó despacio—. Pero creo que ya necesitas saberlo para que no te quede ni una sola duda.
Scarlett la miró, sintiendo que el corazón se le encogía.
—¿Qué cosa?
—No fue un solo día —dijo Sofía con voz firme pero suave—. Hace meses que se veían. Te mentían a la cara en cenas, en reuniones, en los viajes que él decía ser de trabajo. Tú te desvivías organizando todo, cuidando cada detalle de vuestro hogar, mientras ellos planeaban cómo ocultarte la verdad.
Scarlett se quedó inmóvil, como si el suelo se hubiera abierto bajo sus pies.
—¿Meses? —susurró—. ¿Todo este tiempo…? ¿Cuando me decía que yo era su prioridad… cuando planeábamos nuestro aniversario…?
—Todo ese tiempo —confirmó Sofía con dolor—. Y tú fuiste la única que puso todo, absolutamente todo, de su parte. Él no tuvo un momento de debilidad: tuvo tiempo de sobra para elegirte… y eligió mentirte.
En ese momento, Ethan apareció en la entrada, y al ver la expresión de Scarlett, intentó acercarse.
—Scarlett, ¿qué pasa? ¿Qué te han dicho?
—¿Cuánto tiempo? —preguntó ella con voz cortante, sin mirarlo a los ojos todavía—. ¿Cuánto tiempo llevabas engañándome?
Ethan dudó, bajó la mirada y la verdad salió a tropezones:
—Unos meses… no fue fácil, no sabía cómo decírtelo…
—¡No se trataba de decírmelo! —gritó ella al fin, con toda la rabia y el dolor acumulado saliendo de golpe—. ¡Se trataba de no hacerlo! ¡Mientras yo me preocupaba por ti, por nosotros, por construir algo verdadero, tú me apuñalabas por la espalda una y otra vez! ¡Y tuviste el descaro de venir aquí a decirme que fue un error, un momento de confusión!
—Yo quería arreglarlo —balbuceó él, desesperado.
—Arreglarlo tú? —lo miró con una frialdad que lo hizo retroceder—. Tú rompiste todo a propósito, día tras día. Yo fui la única que creyó en nosotros. Yo fui la única que dio todo. Y ahora sé que no merezco ni una sola lágrima más por ti. No queda nada, Ethan. Nada. Se acabó.
Ethan quiso hablar, pero las palabras se le murieron en la garganta. La última excusa, la última esperanza, se había desvanecido al descubrir que no había sido un accidente, sino una elección repetida. Y con ella, desapareció también el último lazo que unía a Scarlett con su pasado.
Scarlett sintió que el mundo se le caía encima, pero al mismo tiempo, una claridad absoluta reemplazó a toda la confusión y la duda que había llevado días luchando. Miró a Ethan a los ojos, y ya no vio al hombre que amaba, sino al extraño que le había mentido durante meses.
—¿Meses? —repitió con voz que temblaba pero que no se quebraba—. ¿Y te atreviste a decirme que fue un momento de debilidad? ¿Que no sabías lo que hacías? ¡Tuviste meses para decidir! ¡Meses para decirme la verdad! ¡Meses para elegirme a mí! Y elegiste mentirme. Una y otra vez.
—Tenía miedo de perderte —susurró él, con la cara descompuesta.
—Y sin embargo hiciste todo lo posible para perderme —replicó ella con una firmeza que le salió del fondo del alma—. Yo no fui tu esposa durante esos meses: fui tu tapadera. La mujer que te creía, que te cuidaba, que te defendía, mientras tú te burlabas de mi confianza.
Sofía le apretó la mano con fuerza, dándole todo su apoyo, mientras Alessandro se mantenía cerca, vigilante, sin necesidad de decir una palabra. Scarlett tomó aire, miró a Ethan por última vez y sintió que soltaba un peso inmenso.
—Gracias —dijo con una extraña calma—. Gracias por no haber sido capaz de ser sincero hasta el final. Porque ahora no me queda ninguna duda. No hay nada que salvar, nada que recuperar, nada que perdonar. Solo hay que dejarte ir.
—¿Es en serio? —preguntó él, con el último aliento de esperanza apagándosele en los labios.
—Nunca fui tan seria en mi vida —respondió ella—. Vete, Ethan. Y esta vez, no vuelvas.