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Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Status: En proceso
Genre:Venganza / Hombre lobo / Mujer despreciada
Popularitas:19.2k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Valentina Solano entregó tres años de su vida para salvar a Sebastián Reyes, el Alfa moribundo con quien la obligaron a enlazarse.
Cada luna llena, su loba se apagaba un poco más para mantenerlo con vida. Ella perdió fuerza, sangre y dignidad. Él recuperó su poder.
Y cuando Sebastián por fin sanó, no la eligió a ella.
Eligió a Catalina del Valle.
Le quitó los Brazaletes de la Luna y le ordenó ponérselos a la mujer que quería marcar como su verdadera Luna.
Valentina no suplicó. No lloró. Solo pidió la ruptura del enlace.
Pero la loba que todos creían rota tenía secretos: un imperio comercial escondido, aliados en las sombras y una sangre marcada por la luna.
También tenía la mirada de Damián Montero sobre ella.
El Rey Alfa. El lobo más temido de todas las manadas. El único hombre que nunca la vio como una herramienta.
Sebastián la usó para vivir.
Damián está dispuesto a destruir el mundo para hacerla reina.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Capítulo 5: Menos Que Un Cachorro

Durante tres días, Sebastián no preguntó por la libreta.

Tampoco preguntó por sus infusiones, por los masajes de recuperación ni por qué la asistente nueva entraba cada noche con manos temblorosas y una bandeja de hierbas que antes solo Valentina sabía preparar.

Eso le ahorró explicaciones.

También le confirmó lo que ya había entendido: cuando una mujer sostiene una casa en silencio, todos llaman natural a su esfuerzo. Solo notan sus manos cuando dejan de trabajar.

La mañana del cuarto día, Sofía insistió en que Valentina saliera al jardín.

—El sol le hará bien —dijo, acomodándole un chal sobre los hombros—. Y si sigue encerrada, Doña Milagros va a decir que está fingiendo enfermedad.

—Doña Milagros dirá lo que le convenga.

—Entonces que al menos lo diga mientras usted toma aire.

Valentina aceptó porque Sofía tenía razón y porque sus rodillas, aunque aún inflamadas, empezaban a endurecerse con tanto reposo. Caminó despacio por el sendero de piedra que bordeaba los naranjos. El invierno había secado algunas hojas, pero el jardín central de Hacienda Reyes seguía bien atendido. Los espacios visibles de las casas grandes rara vez mostraban la podredumbre de adentro.

Catalina del Valle apareció junto a la fuente.

No estaba sola.

Dos sirvientas de la Manada del Valle la acompañaban, y una de ellas cargaba un cachorro de lobo envuelto en una manta azul. Era pequeño, con las orejas todavía blandas y el hocico húmedo. Uno de los cachorros nacidos en la línea menor de los Reyes, quizá. Un símbolo perfecto si alguien quería jugar a ser la futura madre de la manada.

Catalina acarició la cabeza del animal sin dejar de mirar a Valentina.

—Qué milagro verte de pie.

Valentina se detuvo a una distancia prudente.

—Catalina.

—Pensé que después de tanto drama necesitarías más cama.

Sofía se tensó a su lado.

Valentina apoyó una mano en su brazo, apenas.

—Solo caminaba.

—Claro. Una debe mantener la salud cuando ha vivido tanto tiempo de la salud de otros.

La sirvienta que cargaba al cachorro soltó una risita. Catalina no la corrigió.

Valentina miró al pequeño lobo. El animal respiraba rápido, quizá por frío, quizá por el modo torpe en que lo sostenían. Su propia loba se movió con una pena extraña. Incluso debilitada, reconocía una cría vulnerable.

—No lo apriete así —dijo Valentina.

Catalina bajó la vista al cachorro.

—¿Perdón?

—Le está dificultando la respiración.

La sonrisa de Catalina se borró un poco.

—Qué curioso. Pensé que tu especialidad era sanar Alfas moribundos, no cachorros.

—Un pulmón pequeño se cierra más rápido que uno adulto.

Catalina dio un paso hacia ella.

—¿Ahora también me vas a enseñar cómo tratar a la familia Reyes?

—Si la familia Reyes es ese cachorro, sí.

La bofetada no llegó.

El empujón sí.

Catalina levantó la mano como si fuera a apartar una rama, pero sus dedos se cerraron en el chal de Valentina y tiraron con fuerza. Valentina no estaba preparada. Sus rodillas todavía no respondían bien. El cuerpo se le fue hacia atrás y la sien chocó contra una columna baja de piedra junto a la fuente.

El mundo se volvió blanco.

Sofía gritó.

Valentina llevó una mano a la cabeza. Cuando la bajó, tenía sangre en los dedos.

El cachorro gimió en la manta.

Catalina retrocedió, no por culpa, sino para no mancharse el vestido.

—Qué torpe eres.

Sofía se lanzó hacia ella.

—¡La empujó!

Las sirvientas de Catalina se interpusieron.

—Mide tus palabras, omega.

Valentina respiró por la nariz. La sangre caliente le bajaba por la sien, cruzándole la mejilla.

—Sofía.

—¡No, mi señora! ¡Esta vez todos lo vieron!

—Sofía.

El segundo llamado salió más bajo. Más firme.

Sofía volvió a su lado, temblando de rabia.

Catalina ajustó la manta del cachorro con una calma ofensiva.

—Ya que estamos hablando de lugares adecuados, te aviso para evitarte otra escena. El dormitorio principal será preparado para mí.

Valentina la miró sin parpadear.

—¿Sebastián lo sabe?

—Sebastián quiere paz. Yo también. Tú tendrás una habitación más sencilla. Algo apropiado para... tu nueva etapa.

Una de las sirvientas sonrió.

—La habitación de servicio junto al patio norte está libre.

Sofía hizo ademán de avanzar otra vez, pero Valentina la detuvo.

No iba a discutir el tamaño de una jaula frente a las mujeres que celebraban haberla reducido.

—Que la disfrute —dijo Valentina.

Catalina frunció apenas el ceño. Había esperado gritos, lágrimas, alguna súplica que pudiera repetir luego con adornos.

Valentina le negó ese regalo.

Se dio la vuelta y caminó hacia la habitación lateral con la mano presionada sobre la herida. Cada paso le palpitaba en la cabeza.

Esa noche llegó la fiebre.

Primero fue un calor bajo la piel. Después escalofríos. Luego el cuarto empezó a inclinarse aunque Valentina estaba acostada. Sofía cambió paños, encendió braseros, apagó braseros, volvió a encenderlos. El corte de la sien se había inflamado alrededor de los bordes.

—Voy por un sanador —dijo Sofía.

Valentina intentó agarrarle la muñeca.

—No...

—Sí.

Sofía salió antes de escuchar otra negativa.

Regresó una hora después, sola, con el rostro desencajado.

—Los detuvieron.

Valentina apenas podía abrir los ojos.

—¿Quiénes?

—Los sanadores. Dos venían conmigo desde la entrada del pueblo. Los hombres de la Manada del Valle los interceptaron en la puerta principal. Dijeron que Catalina estaba indispuesta y que todo sanador disponible debía verla a ella primero.

Valentina tragó saliva. Le supo a metal.

—¿Catalina está enferma?

Sofía apretó los puños.

—El cachorro tiene fiebre.

La risa de Valentina salió como aire roto.

No era gracioso.

Por eso dolía tanto.

Más tarde, oyó pasos en el corredor. La fiebre le confundía los sonidos, pero reconoció la voz de Sebastián al otro lado de la puerta.

Sofía abrió antes de que él llamara.

—Alfa Reyes, mi señora está ardiendo. Necesita un sanador ahora.

Sebastián miró hacia la cama. Sus ojos se detuvieron un segundo en el paño húmedo sobre la frente de Valentina.

—Me informaron.

Sofía perdió color.

—Entonces...

—El cachorro de Catalina también tiene fiebre. Los sanadores están allá. Cuando terminen, vendrán.

El silencio de Sofía fue tan pesado que Valentina lo sintió incluso entre la fiebre.

—¿Un cachorro? —susurró la omega.

Sebastián endureció la voz.

—Ese cachorro pertenece a la línea Reyes.

—Ella también —dijo Sofía, señalando la cama.

Sebastián no contestó enseguida.

Valentina giró apenas la cabeza. Lo vio borroso junto a la puerta: alto, sano, vivo. Vivo con la fuerza que ella le había dado.

—Vaya —murmuró.

Él dio un paso hacia ella.

—Valentina, no hagas esto más difícil.

—Vaya con el cachorro.

El rostro de Sebastián se cerró.

—Volveré cuando pueda.

No volvió esa noche.

La fiebre subió hasta borrar las horas.

Valentina soñó con agua negra, con lunas pequeñas hundiéndose en ella, con una loba que intentaba aullar y solo lograba respirar en silencio. A ratos Sofía le hablaba. A ratos alguien rezaba a la Diosa Luna junto a la ventana. A ratos el dolor de la sien se mezclaba con el tirón antiguo del enlace de curación, como si el cuerpo de Sebastián todavía supiera reclamarle vida incluso cuando él no estaba allí.

Cerca del amanecer, la puerta se abrió de nuevo.

Sofía levantó la cabeza desde el borde de la cama.

—Si viene a decirme que espere otro sanador, juro por la luna que...

—Soy yo.

Lucía entró con la capucha levantada y una bolsa de cuero apretada contra el pecho. Era más baja que Sofía, de ojos rápidos y manos limpias. Valentina la conocía desde hacía años, aunque en Hacienda Reyes casi nadie sabía exactamente qué hacía. Para los demás era una omega discreta que ayudaba con cuentas menores.

Para Valentina, era quien mantenía vivos varios libros contables bajo nombres que no llevaban el apellido Reyes.

—Cierra la puerta —dijo Lucía.

Sofía obedeció.

Lucía sacó un frasco pequeño de vidrio oscuro. El líquido dentro brilló apenas, como si hubiera atrapado luz de luna.

—Tres gotas bajo la lengua. No más. Después limpia la herida con esto.

Sofía tomó el frasco con ambas manos.

—¿De dónde lo sacaste?

—De un proveedor caro.

—Lucía.

La mirada de Lucía no se movió.

—De uno muy caro.

Valentina intentó hablar. La voz no le salió.

Lucía se acercó a la cama. Por un instante, su expresión práctica se quebró.

—No se muera, Valentina. Todavía hay demasiadas cuentas por cerrar.

Sofía le dio las gotas.

El sabor era amargo, frío, distinto a cualquier medicina de Hacienda Reyes. Bajó por la garganta y dejó una línea helada en el pecho. La loba de Valentina, perdida en la fiebre, dejó de gemir por un segundo.

La fiebre cedió al amanecer.

No de golpe. Primero dejó de temblar. Después pudo respirar sin sentir que el aire le quemaba. Cuando abrió los ojos, la habitación estaba gris, Sofía dormía sentada en una silla y Lucía revisaba en silencio la venda de su sien.

—Sebastián —dijo Valentina con voz áspera.

Lucía la miró.

—No vino.

No hacía falta preguntar dónde estaba.

Valentina volvió la vista al techo.

Tres años.

Tres años de noches sosteniendo el lobo de un hombre para que no muriera. Tres años de infusiones, masajes, rezos, fiebre compartida, sangre debilitada. Y cuando su propia fiebre la partió en dos, él eligió atender primero al cachorro que Catalina sostenía en brazos.

Ni siquiera sintió sorpresa.

Eso fue lo más triste.

Su loba soltó un sonido mínimo. Ya no era solo llanto. Era acuerdo.

Valentina cerró los ojos.

—Tres años de mi vida —susurró—. Y al final valgo menos que un cachorro.

Lucía no dijo nada.

Sofía despertó con los ojos rojos.

Valentina abrió los ojos otra vez. La fiebre había bajado, pero algo más también. Algo que antes la mantenía atada al miedo de perder.

—Cuando pueda levantarme —dijo—, no volveré a callar.

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Nana Pelaez
24 capítulos y ella feliz sufriendo 😭😭😭
Marleys Sofia Cervantes
uffffffffffffffffffff
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏
Carla Carvajal
autora quise leer algunas de tus obras, ninguna de las que escogí está terminada, espero puedas terminar esta y sigas con las otras
Natt_Lpz
ne encanta.. pero creo q sabemos q Valentina es fuerte feroz pero xq sufrir tanto? me parte el alma 💔
gabriel rios
es el final o va a seguir
Carla Carvajal
ojalá está novela no sea tan larga, las novelas cuando comienzan a ser rebuscadas suelen aburrir al lector, solo es mi opinión, aburre leer muchos capítulos
Marleys Sofia Cervantes
Alguien sensato
Marleys Sofia Cervantes
Valentina es
Lola calamidades
Sofia Carruso
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
muy bien Damián
Marleys Sofia Cervantes
Hay va arder troya
Marleys Sofia Cervantes
Valentina si lleva porrazos
porrazos viene
porrazos van
Marleys Sofia Cervantes
le están buscando 5 patas al gato
Zaida Sanchez
toda esa gente no vale la
Zaida Sanchez: no valen la pena de sus esfuerzos 😡
total 2 replies
Marleys Sofia Cervantes
pisando en terreno mojado
Marleys Sofia Cervantes
Esa Catalina es un grano en la nalga
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
valentina
Marleys Sofia Cervantes
Doña aurora tiene más pelota que un poco jajajajaja y está vieja me imagino en sus años mosos
Marleys Sofia Cervantes
1 más 1 2
y estos ufff no se que esperan
Lilian Benitez
🤔no está completa
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