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El Latido De Tus Silencios.

El Latido De Tus Silencios.

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Historia sobre el amor que trasciende las limitaciones , sobre el arte como puente entre dos mundos y sobre la certeza de que a veces las personas más luminosas son aquellas que aprendieron a brillar en la oscuridad.

NovelToon tiene autorización de piscis 1 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La prueba definitiva.

El otoño trajo consigo una noticia inesperada.

El productor musical que había conocido a Diego en la exposición de Barcelona —un tal Andrés Rubio, propietario de un pequeño sello discográfico— le propuso grabar un álbum completo. No de piezas sueltas, sino un álbum conceptual, con un hilo narrativo que uniera todas las composiciones.

—He escuchado las grabaciones de tus conciertos —dijo Andrés al teléfono—, y me parece que tienes un talento increíble. Pero lo que más me interesa es tu historia. La historia de cómo compones a pesar de tu ceguera, cómo traduces el mundo en música. Eso es lo que quiero que cuente el álbum.

—No sé si quiero que mi ceguera sea el tema central —respondió Diego con cautela—. Ya se lo dije a Alicia una vez: no me gusta que la gente me valore solo por ser ciego.

—Y no será así. Tu música es buena por sí misma. Pero la historia personal siempre añade contexto, y a la gente le gusta el contexto. No tienes que esconder quién eres para que te valoren por lo que haces.

Diego consultó con Alicia, que lo apoyó incondicionalmente. No solo eso: se ofreció a diseñar la portada del álbum y el libreto interior, con ilustraciones inspiradas en cada canción.

—Si vas a grabar un disco, yo quiero estar en él —dijo—. A mi manera.

Así nació «Luces y sombras», el primer álbum de Diego como compositor. El proceso de grabación fue intenso y agotador. Diego pasaba horas en el estudio, rodeado de técnicos de sonido y músicos de sesión, puliendo cada nota, cada arreglo, cada matiz. Andrés era un perfeccionista, y aunque a veces la exigencia resultaba frustrante, Diego agradecía tener a alguien que creyera tanto en su trabajo.

Alicia, por su parte, creó una serie de diez ilustraciones, una por cada pista del disco. Eran obras oscuras y luminosas a la vez, que capturaban la esencia de cada pieza: la esperanza, la melancolía, la lucha, el amor. Trabajaba en paralelo a Diego, y a menudo se reunían al final del día para compartir avances y darse ánimos.

—Esto es lo más grande que hemos hecho —dijo Alicia una noche, mientras cenaban sobras de un restaurante chino—. Más incluso que las exposiciones.

—Es un disco. No vamos a salvar el mundo.

—No, pero vamos a contar nuestra historia. Y eso, para mí, ya es suficiente.

El día del lanzamiento del álbum, organizaron una pequeña fiesta en «El Rincón de las Musas». Laura cerró el local para el público general y lo abrió en exclusiva para amigos y familiares: Elena, Clara, Candela, Andrés, los músicos que habían participado en la grabación, algunos clientes habituales.

Diego tocó las piezas del disco en directo, una tras otra, en el mismo orden que aparecían en el álbum. El público escuchó en silencio, y cuando terminó la última nota, estalló en un aplauso que duró varios minutos.

—Lo has conseguido, pianista —le susurró Alicia al oído—. Tu música ya es eterna.

—Nuestra música —la corrigió él.

El álbum tuvo una repercusión modesta pero constante. No llegó a las listas de éxitos, pero recibió críticas muy positivas en revistas especializadas y se difundió a través de plataformas digitales. Varias emisoras de radio independientes programaron sus canciones, y Diego recibió correos de oyentes de todo el país que le agradecían su música.

—Hay uno que dice que «Luz en tus manos» le ayudó a superar una depresión —comentó Diego, leyendo los mensajes con ayuda de Elena—. Y otro dice que puso «El jardín de los sentidos» en la boda de su hija.

—Estás tocando corazones —dijo Alicia—. Eso es lo único que importa.

---

Pero el destino, una vez más, tenía reservada una prueba.

Una mañana de noviembre, Diego se despertó con un fuerte dolor en la espalda. Al principio pensó que era una contractura muscular, algo pasajero, pero el dolor no remitía. Al contrario, fue empeorando con los días, extendiéndose hacia las piernas y dificultándole la movilidad.

El médico fue contundente: una hernia discal, agravada por las largas horas sentado al piano y por la mala postura que adoptaba al no poder ver su propia posición en el taburete. Necesitaba reposo, fisioterapia y, muy probablemente, una intervención quirúrgica.

—¿Cirugía? —Diego palideció—. ¿Cuánto tiempo estaré de baja?

—La recuperación completa puede llevar meses. Y durante ese tiempo, nada de tocar el piano. La postura que adoptas al tocar es justo la que agrava la hernia.

Fue como un mazazo. El piano era su vida, su refugio, su forma de expresión. Sin él, Diego se sentía incompleto. Y la perspectiva de una operación de columna le aterraba. ¿Y si algo salía mal? ¿Y si no podía volver a tocar nunca?

Esa noche, Alicia le encontró sentado en la cama, con la mirada perdida y los dedos moviéndose en el aire, como si tocaran un piano invisible.

—No sabes lo duro que es —dijo él, sin preámbulos—. Primero la vista. Ahora esto. Es como si mi cuerpo se empeñara en quitarme todo lo que amo.

—No vas a dejar de tocar, Diego. La operación es para curarte, no para incapacitarte.

—¿Y si sale mal? ¿Y si me quedo sin piano para siempre?

—Entonces encontraremos otra forma. Siempre la hay.

—¿Qué otra forma? La música es lo único que tengo.

—No es cierto. Me tienes a mí. Tienes a tu hermana. Tienes a Max. Tienes un disco recién publicado y un montón de gente que te admira. El piano es importante, pero no es lo único.

Diego guardó silencio. Las palabras de Alicia eran sensatas, pero el miedo no se cura con sensatez. Era un miedo visceral, profundo, que se enraizaba en aquel adolescente que había perdido la vista y creía que nunca volvería a ser feliz.

—No quiero que me veas débil —dijo al fin.

—No eres débil. Estás asustado. Yo también lo estaría. Pero no vas a pasar por esto solo. Yo voy a estar a tu lado. Siempre.

La operación se programó para mediados de diciembre. Las semanas previas fueron difíciles. Diego apenas dormía, el dolor le impedía moverse con normalidad, y la incertidumbre le carcomía. Max, fiel a su instinto, no se separaba de él ni un momento, apoyando el hocico en su regazo y lamiéndole las manos cada vez que le veía decaer.

Alicia se mudó temporalmente a casa de Diego para cuidarle. Elena, que acababa de empezar un nuevo trabajo, no podía ausentarse tanto como quisiera, así que entre las dos se turnaban para acompañarle a las consultas médicas y ayudarle con las tareas cotidianas.

—Sois mis ángeles —dijo Diego una noche, mientras Alicia le ayudaba a acostarse—. Sin vosotras no podría hacer esto.

—Sin nosotras podrías, pero no hace falta que lo compruebes. Para eso estamos.

Llegó el día de la operación. Diego entró en el quirófano con la mano de Alicia en la suya y la promesa de que, cuando despertara, ella estaría allí. La cirugía duró cuatro horas. Cuatro horas que Alicia y Elena pasaron en vela en la sala de espera del hospital, conteniendo la respiración cada vez que un médico salía por la puerta.

Cuando por fin apareció el cirujano, su expresión era tranquila.

—Ha salido bien. La hernia estaba más avanzada de lo que creíamos, pero hemos podido corregirla. Ahora toca reposo y rehabilitación. Pero si todo sigue el curso normal, en unos meses podrá volver a tocar.

Alicia soltó el aire que llevaba horas conteniendo y se echó a llorar. Elena la abrazó, y juntas entraron a la habitación donde Diego, aún aturdido por la anestesia, empezaba a despertar.

—¿Ha salido bien? —preguntó él, con la voz pastosa.

—Perfecto. Eres un roble.

—Un roble con agujetas.

—Pero un roble. Ahora descansa.

Los días de hospital fueron duros. Diego odiaba la cama, los cables, el olor a antiséptico, la comida insípida. Pero cada día Alicia estaba allí, leyéndole fragmentos de novelas, describiéndole las vistas desde la ventana, contándole las travesuras de Max en casa de Clara —que había aceptado cuidar al perro durante el ingreso—.

—He dibujado algo para ti —dijo Alicia una tarde, sacando su cuaderno—. ¿Quieres que te lo describa?

—Sí, por favor.

—Es un bosque. Un bosque en otoño, con los árboles llenos de hojas amarillas y naranjas. En el centro hay un sendero, y al final del sendero se ve un claro lleno de luz. En el claro hay un piano. No un piano cualquiera, sino el tuyo, el del café. Y junto al piano, estás tú, tocando. Y a tu lado está Max. Y detrás, un poco apartada, estoy yo, mirándoos.

—Suena precioso.

—Es tu futuro, Diego. El bosque es este momento difícil, y el sendero es la recuperación. El claro con el piano es lo que te espera al final. No voy a dejar de dibujarlo hasta que se haga realidad.

—Te quiero —dijo Diego, con los ojos húmedos.

—Yo también. Y ahora deja de emocionarte, que te sube la tensión y me riñen las enfermeras.

Pasaron tres semanas hasta que Diego recibió el alta hospitalaria. Salió del hospital en silla de ruedas, pero con la promesa de que en un par de meses podría caminar sin ayuda. La rehabilitación era la siguiente etapa: fisioterapia diaria, ejercicios de fortalecimiento, paciencia infinita.

Y aunque el camino era largo, Diego ya no tenía miedo. Porque había comprobado, una vez más, que no estaba solo. Que Alicia, Elena, Clara, Laura, todos estaban allí, formando una red de apoyo que le sostenía cuando sus propias fuerzas flaqueaban.

—Esto es una carrera de fondo —dijo el fisioterapeuta en su primera sesión—. Habrá días buenos y días malos. Pero si eres constante, volverás a sentarte al piano.

—Lo haré —respondió Diego—. No tengo otra opción.

Y mientras sus músculos se fortalecían y su espalda sanaba, una nueva melodía empezó a gestarse en su cabeza. Una melodía que hablaba de bosques y senderos, de claros llenos de luz, de amores que resistían las embestidas de la vida. La llamó «El sendero del roble», y se prometió que sería la primera pieza que tocaría cuando volviera al piano.

Porque iba a volver. No había duda.

1
Yunior Rodríguez García
Megusto mucho esta novela👏
Maria luisa
Excelente trabajo.
Sara
Preciosa . Me gustó
Salma
preciosa🥰
Salma
Muy bonita novela
Salma
Muy linda novela👏
Loba
👏👏👏👏👏👏hermosa
Loba
muy bonita historia de amor.
Loba
Muy bonita historia 👏🥰
Sonia
Excelente 👌
Melody
Qué belleza de novela🥰
Jaly
Espectacular👏
Jaly
Excelente novela 👍👌
Betty
muy bien🥰
Betty
muy bonita la novela promete ser una buena
Liane
me gustó mucho la novela
Liane
super excelente ❤️
Virgo
Me gusta mucho la novela 🤩🤩🤩
Virgo
👏👏👏👏👏
Ceni
Me gustó mucho
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