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Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Status: En proceso
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Reencuentro
Popularitas:11.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Victoria no huyó por falta de amor, sino por instinto de supervivencia. Al descubrir que el hombre que amaba, Dante Moretti, era el heredero de un imperio manchado de sangre, decidió que sus hijos no nacerían en una jaula de oro rodeada de enemigos. Cinco años después, bajo una identidad falsa y en la humildad de un pueblo costero, Victoria cría a León y Cristo. Los gemelos son el vivo retrato de Dante: poseen su mirada gélida y un temperamento indomable que ella lucha por suavizar.
​Dante, consumido por la amargura y la creencia de que Victoria lo abandonó por traición, ha pasado media década buscándola. Cuando una filtración de seguridad en su organización revela el paradero de su "única debilidad", Dante llega dispuesto a cobrar venganza. Sin embargo, el impacto de ver a dos pequeños guerreros con sus propios ojos cambia las reglas del juego. Ahora, Victoria debe volver al mundo que odia para proteger a sus hijos, mientras Dante descubre que el mayor peligro para su familia no está

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

​El Mercedes negro se detuvo a una distancia prudencial, oculto tras la sombra de un viejo almacén de salitre. Dante Moretti no bajó del vehículo de inmediato. Se quedó allí, con el motor ronroneando en un susurro casi imperceptible, mientras sus dedos enfundados en guantes de cuero negro apretaban el volante con una fuerza que hacía crujir el material.

​A través del parabrisas reforzado, San Vicente se veía como una postal de una vida que él nunca pudo tener. Un pueblo donde el tiempo parecía haberse detenido, donde la gente no miraba por encima del hombro y donde el aire no olía a ambición, sino a mar. Pero Dante no estaba allí por el paisaje. Estaba allí por la mujer que le había robado el alma y, según los informes de Marco, algo mucho más valioso.

​—Allí está, jefe —susurró Marco desde el asiento del copiloto, señalando con la barbilla hacia la pequeña plaza frente a la heladería del muelle.

​Dante ajustó sus gafas oscuras, pero luego, en un gesto de impaciencia, se las quitó. Necesitaba verla sin filtros.

​Victoria estaba allí. Llevaba un vestido de flores sencillo, el cabello recogido en una coleta alta que dejaba al descubierto su cuello, ese cuello que él había besado mil veces en la penumbra de su habitación. Estaba sentada en un banco de madera, sosteniendo dos conos de helado que goteaban bajo el sol de la tarde.

​Y entonces, sucedió.

​Dos figuras pequeñas salieron corriendo de detrás de un puesto de artesanías, riendo con una energía que pareció detener el pulso de Dante. Victoria soltó una carcajada —una risa limpia, real, que él no había escuchado en los últimos dos años de su matrimonio— y los recibió con los brazos abiertos.

​Dante sintió como si un mazo de hierro le golpeara el esternón.

​—Detén el motor, Marco —ordenó con la voz rota.

​Se quedó paralizado. Uno de los niños, el que Victoria llamaba León, se detuvo frente a ella y cruzó los brazos sobre el pecho. No fue el gesto de un niño de cinco años; fue una réplica exacta de la postura defensiva que Dante adoptaba antes de una negociación difícil. El niño inclinó la cabeza hacia la izquierda, observando algo en la calle con una sospecha instintiva que le recorrió la columna a su padre biológico.

​—Es imposible... —murmuró Dante para sí mismo, pegando la frente al cristal frío.

​Ver a Victoria era un dolor conocido, una agonía con la que había aprendido a convivir. Pero ver a esos niños... eso era algo nuevo. Era como verse a sí mismo en un espejo que le devolvía una versión de su infancia que le había sido arrebatada.

​Observó a Cristo, el otro pequeño, que se sentaba al lado de Victoria y empezaba a comer su helado con una elegancia silenciosa. Cristo miraba a su alrededor con ojos analíticos, moviendo la cabeza rítmicamente, procesando el entorno.

Dante reconoció esa mirada. Era la mirada del estratega, la de aquel que no se fía de las apariencias.

​—Míralos, Marco —dijo Dante, y por primera vez en su vida, su voz no transmitía autoridad, sino un asombro rayano en la reverencia—. Tienen mi mandíbula. Tienen mi forma de estar de pie.

​Un choque emocional, violento y primitivo, lo sacudió. Durante cinco años había odiado a Victoria por haberlo abandonado. Había imaginado mil formas de castigarla, de hacerla pagar por su "traición". Pero verla allí, siendo el centro del universo de esos dos pequeños, le hizo cuestionarse todo. Ella no solo había huido de él; ella había salvado a esos niños de convertirse en lo que él era.

​Dante sintió una punzada de envidia que le quemó las entrañas. Envidia de la risa de Victoria. Envidia de la forma en que León la miraba con una devoción absoluta. Él era el hombre más poderoso de la costa, pero en esa plaza de pueblo, no era nada. Era un extraño observando la vida que él mismo había financiado indirectamente con su dolor.

​—Jefe, la unidad de extracción está en posición —informó Marco, rompiendo el trance—. Podemos recogerlos ahora. En diez minutos estarán en el jet.

​Dante levantó la mano, deteniéndolo.

​—No. Todavía no.

​—Dante, si ella nos ve...

​—He dicho que no —repitió Dante, volviéndose hacia su mano derecha. Sus ojos grises estaban encendidos con una mezcla de fascinación y furia—. Míralos, Marco. No son solo niños. Son Moretti.

​Se fijó en León nuevamente. El niño acababa de detectar algo. Se puso de pie, colocándose sutilmente delante de Victoria, protegiéndola con su pequeño cuerpo mientras sus ojos escaneaban la calle, deteniéndose por un segundo exacto en la dirección del Mercedes negro. Dante contuvo el aliento. Por un instante eterno, padre e hijo cruzaron miradas a través de cien metros y un cristal blindado. El niño no se asustó; simplemente frunció el ceño, como si estuviera registrando una anomalía en su territorio.

​—Tiene mi instinto —susurró Dante, y una sonrisa amarga y orgullosa se dibujó en sus labios—. Ella intentó esconderlos en la arena, pero la sangre no se puede ocultar. La sangre siempre llama a la sangre.

​El sentimiento de posesión, que siempre había sido el motor de Dante, mutó en algo más complejo. No solo quería a Victoria de vuelta para castigarla. Quería a esos niños. Quería enseñarles a gobernar. Quería ver cómo esa "mirada gélida" se convertía en el arma más poderosa de su imperio. Pero al mismo tiempo, una parte minúscula y casi olvidada de su corazón —la parte que Victoria había amado alguna vez— sintió una punzada de culpa.

​Si los llevaba con él, esa risa de Victoria moriría. Esos niños dejarían de comer helado bajo el sol para aprender sobre traiciones, armas y sombras.

​Dante cerró los ojos y apretó el puente de su nariz. El conflicto interno lo estaba despedazando. ¿Era un acto de amor recuperarlos, o era un acto de egoísmo supremo?

​—Ella se ve feliz —dijo Marco, casi como un pensamiento en voz alta.

​—La felicidad es un lujo que no pueden permitirse los que llevan mi apellido —sentenció Dante, recuperando su máscara de hierro. La debilidad momentánea se disipó, reemplazada por la determinación implacable del Capo—. Victoria tomó una decisión por los dos hace cinco años.

Ahora me toca a mí tomar la decisión final.

​Abrió la puerta del coche. El aire salado del pueblo golpeó su rostro, un contraste brutal con el aire filtrado de su oficina en Manhattan. Se ajustó el saco y dio un paso hacia el asfalto.

​—Quédate aquí —le ordenó a Marco—. No quiero que nadie se mueva hasta que yo dé la señal.

​Dante empezó a caminar hacia la plaza, oculto entre la gente del mercado. Cada paso que daba acortaba la distancia entre el hombre que era y el hombre que pudo ser. Observó a Victoria una vez más. Ella estaba limpiando una mancha de helado de la mejilla de Cristo, con una ternura que Dante no recordaba haber recibido nunca en su vida.

​Se detuvo detrás de un puesto de flores, a escasos veinte metros de ellos. Podía olerla.

Podía escuchar el eco de su risa. Pero sobre todo, podía ver la mirada de León, que ahora estaba fija en él con una intensidad que lo paralizó. El niño sabía que él era el peligro. El niño sabía que el invierno había llegado a San Vicente.

​Dante no intervino. Solo observó, guardando cada detalle en su memoria: la forma en que los niños caminaban, la manera en que Victoria los protegía. Su mundo, que había estado detenido durante cinco años, empezó a girar de nuevo, pero ahora lo hacía con una velocidad destructiva.

​—Ya te encontré, Victoria —pensó, mientras una lágrima solitaria, que nadie vio, moría en la comisura de su ojo—. Y esta vez, no hay bosque lo suficientemente profundo para esconderte de lo que eres: una Moretti.

​Dante regresó al coche antes de que ella pudiera verlo, pero su alma se quedó allí, en ese banco de madera, marcada por la mirada gélida de un hijo que aún no sabía que su padre era el rey de las sombras.

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Lobelia ❣️
👍❤️😘
Sofia Chavez Gutierrez
está de infarto!
casi me termino las uñas 😂
Jos Qui
porfavor sigue subiendo más capítulos porfavor ahorita también
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
Estela Alfonzo
la historia es muy atrapante y me encanta los hijos como son unos genios y a la vez tan protectores. espero con ansias los capitulos
Jos Qui
hola excelente capítulos porfavor suba más capítulos ahorita
Jos Qui
para ver que más va pasar con ellos
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también
Estela Alfonzo
me tiene atrapada la historia 🥰
Celina Espinoza
🥰🥰
Celina Espinoza
me gusta los niños son muy protectores con su madre 🥰
María Serafina Abzueta Salazar
encantada con esta historia,su ingenio y creatividad mostrada en los personajes,sin repetir las aburridas víctimas, con personajes más audaces y
Maria de los Angeles Vega
Ya por favor , los dos son sufriendo bastante , es justo que triunfe el amor.
Y están los niños sus hijos..
Ella se equivocó el también.
Su amor está ahí , a pesar de todo .
El que perdona , es el que más ama..
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también leerlos 👏👏👏
María Serafina Abzueta Salazar
que niños ☺️🥰👏👏 ése padre no la tiene fácil, parece que son reyes viejos en cuerpo infantil 🤭☺️.. encantadores...
Celina Espinoza
me parece interesante me gusta 🥰
Celina Espinoza
me gusta mucho 😘🥰los niño son muy inteligentes y protectores
Anacelimar Franco
me gusta tu historia
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