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EL HIJO DEL PRESIDENTE: LAZOS DE SANGRE

EL HIJO DEL PRESIDENTE: LAZOS DE SANGRE

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / CEO
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

⚠️NOVELA +18⚠️🔞

Tras la explosiva revelación de su verdadera identidad, Mía ha huido de la mansión Montenegro para refugiarse bajo la protección de su tía Beatriz, dispuesta a reconstruir su vida lejos del apellido que la destruyó y de la sombra de un padre al que solo puede ver como a un desconocido. Sin embargo, liberarse del linaje más poderoso del país no será una tarea sencilla.

En la cúspide del escándalo mediático y con su vida sentimental hecha pedazos tras la partida de Aitana, Henrry se enfrenta al abismo más oscuro de su existencia. Abandonado y acorralado por la opinión pública, su mundo colapsa definitivamente con la llegada de una nueva amenaza: Norma se presenta reclamando llevar en su vientre a un nuevo heredero Montenegro, respaldada por la despiadada Leonora, quien no dudará en usar a este futuro bebé como su última pieza de ajedrez para tomar el control definitivo de la familia.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

...HENRRY...

La casa de la mamá de Aitana por fin había quedado en silencio. Su madre y Paola se habían ido a descansar a sus habitaciones, dejando la sala sumida en la luz tenue de las lámparas auxiliares.

Acomodé los codos sobre las rodillas, apoyando la barbilla en mis manos, mientras esperaba que mi reina saliera del baño.

Cuando la puerta se abrió, Aitana apareció secándose el rostro y vistiendo su pijama. Se detuvo en seco al verme allí sentado, impecable, como si la sala de su madre fuera el lobby de un hotel de lujo.

—¿Es que ya no tienes casa? —me soltó sin anestesia, cruzándose de brazos—. ¿De verdad te piensas quedar aquí?

Sonreí de lado, levantándome con tranquilidad y caminando hacia ella.

—Ya, Aitana, ya no sigas enojada conmigo —le pedí con tono suave, dejando ver la vulnerabilidad que solo a ella le mostraba—. De verdad quiero estar contigo y haré lo posible para demostrarte que moveré cielo y mar por ti, mi reina.

Aitana rodó los ojos con un gesto exagerado de fastidio y caminó hacia el peinador, ignorando mi despliegue de romanticismo. Destapó sus frascos y comenzó a aplicarse las cremas de la cara con movimientos metódicos frente al espejo.

—De verdad, amor —insistí, acercándome por detrás hasta quedar a un paso de ella—. Lo que sea. Ya estoy hablando con los abogados para la cuestión de la custodia compartida de Tobías.

Aquello sí captó su atención. Aitana detuvo la mano con la crema, se giró despacio sobre el taburete y me clavó una mirada calculadora, arqueando una ceja.

—¿Harás lo que sea? —preguntó con voz firme.

—Lo que me pidas.

—Ayuda a Camilo.

La sonrisa se me borró del rostro al instante. Dar un paso atrás fue una reacción instintiva.

—No. Eso ya es otro contexto, Aitana —sentencié, endureciendo el tono de la voz.

—No, Henrry —interrumpió ella, señalándome con el dedo salpicado de crema—. Porque con eso me daré cuenta de qué tanto realmente has madurado y qué estás dispuesto a hacer por esta relación.

—¡Pero es que ese muchacho...! —empecé a protestar, sintiendo cómo se me revolvía el estómago de solo pensar en meter las manos al fuego por el idiota que andaba con mi hija.

—Pero es que nada —me cortó ella sin dudar un segundo, mirándome fijamente—. Si lo ayudas con ese temita, Mía también estará más tranquila y libre de ser el blanco de esa gente.

Sostuve su mirada durante varios segundos, midiendo el terreno. Estaba acorralado y ella lo sabía. La sola idea de mover un solo hilo por el tipejo que se estaba acostando con mi hija me revolvía las tripas, pero tener a Aitana mirándome así, usándolo como la prueba definitiva de mi "madurez", me dejaba sin demasiado margen de error.

—Me estás pidiendo que meta las manos al fuego por alguien que no tiene nada que ver conmigo, Aitana —dije al fin, bajando la voz pero manteniendo el tono pesado—. Ese muchacho se metió en un nido de avispas por cuenta propia. No es mi responsabilidad limpiarle el desastre.

—El es mi familia, Henrry —respondió ella con frialdad, tapando el frasco de crema con un chasquido seco—. Te estoy diciendo que si de verdad tienes el poder que tanto presumes y si de verdad te importa la seguridad de Mía, uses tus influencias para neutralizar a esa gente. Si Camilo sale librado, Mía deja de estar en el ojo del huracán. Es simple matemática.

Me pasé una mano por la nuca, soltando un bufido de frustración mientras caminaba en círculos por la pequeña habitación.

—Si meto mis narices en los asuntos de esa gente por ese muchacho, voy a tener que cobrarle el favor después —murmuré, más para mí mismo que para ella, calculando las fichas en el tablero—. Y créeme, no le va a gustar el precio que le voy a poner a su tranquilidad.

Aitana se puso de pie, dio un par de pasos hacia mí y me acomodó el cuello de la camisa con una lentitud calculada, mirándome directamente a los ojos.

—A mí no me importa cómo te arregles con él después, Henrry. Lo que me importa es que demuestres que puedes solucionar las cosas sin destruir todo a tu paso —dijo, dándome unas palmaditas suaves en el pecho antes de darse la vuelta e irse a la cama—. Ahora apaga la luz. Ya dijiste que te quedabas, así que te acomodas.

Me quedé de pie en medio de la penumbra, viendo cómo se acurrucaba bajo las cobijas. Solté una risa corta y amarga, negando con la cabeza.

Maldito muchacho, pensé mientras me quitaba el reloj y lo dejaba sobre la mesa de noche. No tiene ni idea del problema en el que me acaba de meter... ni de la responsabilidad que va a tener conmigo.

No me quedó más remedio que tragarme el orgullo. Apagué la lámpara de la mesa de noche, dejando la habitación sumida en una penumbra cálida, y me deslicé en la cama a su lado.

Acomodé mi brazo alrededor de su cintura, pegando mi pecho a su espalda hasta sentirme completamente envuelto por su aroma. Me incliné hacia su cuello, rozando con los labios la piel tibia justo debajo de su oreja.

—Eres una manipuladora muy hermosa, ¿sabías? —le susurré con la voz baja y rasgada, dejando escapar un suspiro rendido—. Una manipuladora hermosa y demasiado sexy... No sé cómo consigues hacerme hacer exactamente lo que te da la gana.

Deslicé la mano lentamente por su vientre, metiéndola por debajo de la tela suave de su pijama para empezar a toquetearla con rozaduras lentas y calculadas. Aitana soltó un bufido perezoso, pero no se alejó del todo; solo se limitó a agarrarme la muñeca para frenar el avance de mis dedos.

—Ve a dormir, Henrry —murmuró, cerrando los ojos pero dejando escapar un leve escalofrío cuando le besé la curva del hombro—. De verdad, mañana tengo que madrugar.

—Unos minutos nada más, amor... —insistí, volviendo a buscar sus labios a lo largo de su cuello mientras mis dedos encontraban la forma de zafarse suavemente de su agarre, acariciando la curva de su cadera con insistencia cautivadora.

Le susurré algunas cosas al oído, alternando besos profundos en su piel con esa firmeza afectuosa que siempre terminaba por desarmarle la resistencia. Sentí cómo la tensión de su cuerpo cedía poco a poco.

Aitana soltó un suspiro de resignación mezclado con una sonrisa contenida y, finalmente, se volteó hacia mí en la penumbra.

—Eres insoportable —protestó en un susurro, clavando sus ojos en los míos.

—Pero así me escogiste —respondi sonriendo, antes de acortar la distancia y sellar el trato en sus labios.

Aitana me detuvo un segundo el rostro con ambas manos, fijando sus ojos en los míos en medio de la penumbra. Tenía esa mirada decidida que no admitía discusiones.

—Rápido, Henrry —me advirtió en un murmullo firme pero agitado—. De verdad tengo que madrugar y no voy a andar con sueño mañana por tus caprichos.

Sin esperar a que le respondiera, se impulsó hacia arriba y se acomodó ágilmente sobre mí, horcajadas a la altura de mi cadera. La tela suave de su pijama apenas rozaba la mía, y la sensación de su peso y su cercanía me cortó el aliento al instante.

—Como ordene, mi reina —alcancé a decir con una sonrisa provocadora.

Aitana no perdió tiempo. Se llevó las manos al dobladillo de su camiseta y se la quitó por la cabeza con un movimiento fluido, dejándola caer a un lado de la cama. La vista de su silueta iluminada solo por la tenue luz que filtraba la ventana hizo que se me acelerara el corazón a mil por hora. Mis manos subieron directo a sus caderas, sujetándola con firmeza mientras ella tomaba el control absoluto del ritmo.

Se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando las palmas en mi pecho para mantener el equilibrio, y me buscó los labios con un beso hambriento que liquidó cualquier intento de paciencia.

Aitana terminó de deslizarse la parte de abajo de la pijama hacia abajo con una agilidad impresionante, dejándolo rodar al suelo. Acto seguido, sus manos bajaron hacia mis pantalones y no me dio tiempo ni de reaccionar: se deshizo de mi ropa con la misma urgencia implacable, buscando que no hubiera un solo centímetro de tela entre los dos.

Cuando volvió a posicionarse sobre mí, completamente desnuda sobre mi piel, tomó el control por completo. Con la espalda erguida y los ojos entrecerrados por la intensidad, empezó a marcar un ritmo constante, acelerado y profundo que me hizo clavar los dedos en sus caderas para no perder el aliento.

El ambiente dentro de la habitación se volvió sofocante. Aitana se estaba entregando a la sensación de una forma tan intensa que las respiraciones entrecortadas se convirtieron rápidamente en jadeos cada vez más audaces y sonoros.

Un gemido agudo se le escapó entre los labios y resonó en toda la casa. Recordé al instante que su mamá y Paola dormían a escasos metros, al otro lado de una pared ridículamente delgada.

—Aitana, suave... —alcancé a mascullar con la voz completamente rasgada.

Pero ella ya no estaba prestando atención a las advertencias. Estaba completamente ida en el placer, aumentando la velocidad. Cuando soltó otro ahogo de voz que amenazó con convertirse en un grito delatador, no lo pensé dos veces.

Sujeté su cintura con fuerza, me impulsé hacia arriba y giré el cuerpo de un solo movimiento fluido, quedando yo sobre ella en el colchón. Sin romper la embestida, estiré la mano derecha y pegué la palma firmemente sobre su boca, ahogando su siguiente gemido contra mi piel.

Aitana abrió los ojos de golpe, sorprendida, pero la mirada de deseo no desapareció. Los bordes de mi palma amortiguaron sus sonidos mientras yo continuaba el ritmo desde arriba, inclinado sobre su oído para susurrarle entre respiraciones agitadas:

—Tu mamá está al lado, amor... Así que trata de no hacer tanto ruido.

La mano de Aitana se aferró con fuerza a mi antebrazo mientras su pecho subía y bajaba agitadamente debajo del mío.

Tres golpes secos resonaron en la puerta de madera, seguidos por la voz somnolienta de su madre desde el pasillo:

—¿Aitana? Hija, ¿estás bien? Me pareció oírte gritar.

Me quedé inmóvil, apenas a centímetros de su rostro, sintiendo la vibración acelerada de su corazón pegado al mío. Levanté la palma de su boca muy despacio, clavando mis ojos en los suyos.

Aitana tragó saliva con dificultad, intentando frenar la respiración entrecortada que amenazaba con delatarnos.

—S-sí, mamá... —respondió al fin, pero la voz le salió rasgada, temblorosa, casi llorosa por el esfuerzo de contener el aire y la intensidad del momento—. Es que... me dio un calambre terrible en la pierna. Ya se me está pasando.

Hubo un silencio eterno al otro lado de la puerta. Se escuchó el sonido leve de los pasos mientras su mamá lo pensaba un segundo.

—¿Segura, mi amor? Te oíste rara... ¿Quieres que te traiga un vaso de agua o una pastilla?

Aitana cerró los ojos con fuerza y hundió las uñas en mis hombros, apretando las piernas alrededor de mi cadera en un movimiento involuntario que casi me hace perder la compostura.

—No, mami, de verdad... solo necesito descansar —articuló con la voz sofocada, ahogando un gemido imperceptible contra mi cuello—. No te preocupes, vuelve a la cama.

—Está bien... Que descanses, hija.

Los pasos lentos se fueron alejando por el pasillo hasta que el chasquido de una puerta cerrándose confirmó que volvíamos a estar solos.

Aitana dejó salir un largo suspiro de alivio, pero la cercanía, la adrenalina del susto y la posición en la que nos habíamos quedado suspendidos hicieron que la electricidad entre los dos se multiplicara por diez. Me miró en la penumbra con los ojos brillantes, todavía húmedos por el esfuerzo de haber contenido la voz.

Aitana dejó caer la cabeza hacia atrás sobre la almohada, soltando el aire que tenía atrapado en los pulmones. Se le escapó una risa nerviosa, ahogada, mientras sus ojos volvían a cruzarse con los míos en la penumbra.

—Por poco nos descubre por tu culpa —me susurró entre dientes, apretando los dedos contra mi espalda, aunque la firmeza de sus piernas aferradas a mi cadera decía todo lo contrario.

—¿Por mi culpa? —le devuelví el susurro, bajando la cara hasta que mis labios rozaron la punta de su nariz—. La que no podía controlar sus gritos eras tú, mi amor.

Le planté un beso corto pero firme en la boca, sintiendo cómo su cuerpo se relajaba del susto para volver a encenderse con la misma urgencia de antes. Sin darle tiempo a responder, volví a marcar un ritmo lento, profundo y sofocado, asegurándome de no separarme ni un milímetro de ella.

Aitana ahogó un gemido mordiéndose el labio inferior con desesperación, buscando mis labios para silenciar cualquier otro sonido que amenazara con salir. La adrenalina de haber estado al borde de ser descubiertos convirtió el resto en un ritmo constante que nos consumió a ambos.

Cuando finalmente terminamos, me dejé caer sobre el colchón, exhaustos y bañados en sudor. Me acomodé a su lado y la atraje hacia mi pecho, cubriéndonos a los dos con la sábana hasta los hombros.

Aitana apoyó la barbilla en mi torso, mirándome con cansancio.

—Mañana no me voy a poder levantar —protestó en un murmullo rasgado, cerrando los ojos—Eres muy cómodo, quiero quedarme aquí.

—Valió la pena el riesgo —le respondí en voz baja, acariciándole la espalda desnuda hasta sentir cómo su respiración se volvía profunda y pausada, cayendo rendida a los pocos minutos.

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veritoo❤️
sabía....el padre es el rector dla universidad d mia..y la vieja madre d el si es q se le puede llamar así sabe..mía heredo la cobardía d Henry xq cuando vivió un tmpo con Aitana ella le hablo y le enseño muchas cosas...si ella se volvió así cmo está destruyendose es xq qre..si influye el q el padre no le preste tanta atención..pro ella lo conoció cmo hermano primero .sabía cmo era el ..en lugar d buscar su bien viviendo con su tía busco su mal x cobardía xq es igual a el..lo q da impotencia dolor y bronca es q sabe que se está cagando en mucha gente al arrastrarla a su abismo y se está cagando ella y sigue buscando culpables 😡la tnen q internar a ver si el irresponsable del padre lo hace
Alina Maria Velez Ospina
Yo lo sabía que ese niño no era de el si no que ellas son unas arpias 🤭🤭🤭
Alina Maria Velez Ospina
Para mi que David y Dilan los están pagando esas viejas 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
gracias querida yazz García por las actualizaciones 👍👍
Ana Elena Jiménez
y el de carmen que creía que no era de camilo resulta que si es , incluso llegue a pensar que Carmen se había confabulado con el hermano, pero al parecer no es así 🤭🤭🤭que horror yo sacando conclusiones 🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
Dios mío estoy hecha bolas ya me había acostumbrado que Tobías era hijo de Henry y ahora la víbora sale de que no lo es
Ana Elena Jiménez
😱😱 será cierto o solo será otra patraña de ella 🤦
Ana Elena Jiménez
ojalá logren la custodia del niño
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺 Mía me da un gran pesar , pobrecita tras que ella a tenido una vida difícil nunca a tenido a nadie realmente que le haya indicado el camino que la haya guiado realmente, siempre a terminan abandonando
veritoo❤️
la verdad es q siempre fue un pusilánime dejándose manipular x su madre..sabe lo q la vieja qre y el se deja hacer todo y después va y se desquita con quien nada tne q ver..x eso Aitana lo dejo..no tne carácter x eso su hija no vuelve xq deja q su vida la dictamine la vieja sigue siendo un irresponsable 😡
Ana Elena Jiménez
este capítulo me hizo llorar los dos me dan mucho pesar
Ana Elena Jiménez
aayyyy 🥺🥺🥺🥺 que pesar
Ana Elena Jiménez
osea que si es su hijo y ella le ha negado ese derecho
Liliana Torres
Noooo que no sea de Camilo . que estrés
Ana Elena Jiménez
y ahora nos dejó colgadas, yazz García por favor esto no es justo, iba a toda velocidad y puff y de repente frenó en seco y nosotras quedamos en el aire 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
oohhh oohhh Camilo ahora sí que la resaca se fue a la Patagonia 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
será que el pequeñín si es tu hijo y carmen no te lo ha querido decir 🤦🤦
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦 Dios mío camilo estás metido en la grande,y tú única salvación es Mía, pero ahora mismo no creo que te quiera ayudar después de lo que le dijo el desgraciado de David 😡
Ana Elena Jiménez
y a esa 🐍 que tienes por madre ya es hora que también la mandes a cuidar camellos en el desierto 😡
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