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El Arte De La Ausencia

El Arte De La Ausencia

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Venganza / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

El arte de la ausencia es la historia de Valentina, una arquitecta que descubre que su esposo y su hermana planean declararla loca para robarle su herencia. En lugar de derrumbarse, decide observar, reunir pruebas y construir una venganza silenciosa. Desde el engaño y la traición más profunda, Valentina se reinventa en una isla remota, transformando el dolor en libertad y su talento en un refugio para otras mujeres.

NovelToon tiene autorización de analysi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 2: EL DIARIO ABIERTO

Valentina no durmió esa noche. No porque el insomnio la hubiera visitado como un viejo amigo, sino porque decidió que el sueño era un lujo que ya no podía permitirse. Mientras Nicolás y Camila firmaban papeles en algún restaurante de la ciudad, ella permaneció sentada en su estudio, con el plano del museo extendido frente a sí y los dedos quietos sobre el lápiz. No dibujó nada más. Solo esperó.

A las doce y media escuchó la puerta principal abrirse. Pasos en el pasillo. La voz de Nicolás hablando por teléfono en un susurro que no lograba descifrar. Valentina apagó la lámpara y se quedó a oscuras, escuchando cómo él subía las escaleras, cómo se detenía frente a la puerta del estudio, cómo dudaba un segundo antes de seguir hacia el dormitorio. No entró. No preguntó dónde estaba ella. No la buscó.

Esa fue la primera confirmación. Un hombre que ama busca a su mujer cuando no la encuentra al llegar a casa. Nicolás no lo hizo. Él sabía que ella estaba allí, y también sabía que no quería verla.

Valentina esperó treinta minutos más. Cuando el reloj marcó la una de la madrugada, se levantó con la suavidad de quien camina sobre cristales rotos y se dirigió al dormitorio. Nicolás dormía boca arriba, con el brazo derecho extendido sobre la almohada vacía de ella. Siempre dormía así cuando algo le preocupaba. Como si abrazara la ausencia antes de que esta llegara.

Ella se detuvo junto a la cama y lo observó. Su rostro relajado, su respiración profunda, su mano izquierda apoyada sobre el pecho como si guardara un secreto. Durante quince años, Valentina había visto en ese rostro la promesa de una vida compartida. Esa noche vio otra cosa: un extraño que había ocupado su cama y su tiempo.

No lo despertó. No lo confrontó. Salió del dormitorio con el sigilo de un animal herido y bajó a la planta baja, hacia el despacho de él. Sabía que era riesgoso. Sabía que Nicolás podía despertarse y encontrarla allí, y entonces tendría que explicar por qué andaba husmeando a medianoche. Pero Valentina ya no necesitaba explicaciones. Necesitaba pruebas.

El despacho estaba igual que ella lo había dejado. El ordenador apagado, la silla ligeramente corrida hacia la izquierda, el cenicero con una colilla que aún conservaba la forma de los labios de su marido. Valentina no encendió el ordenador. No sabía la contraseña, y cualquier intento de acceso quedaría registrado. En su lugar, abrió los cajones del escritorio con manos temblorosas pero decididas.

El primer cajón: facturas de electricidad, un pasaporte viejo, dos bolígrafos secos. Nada.

El segundo cajón: un libro de contabilidad, recibos de tarjetas de crédito, una carpeta con el nombre de Camila. Ahí.

Valentina sacó la carpeta y la abrió sobre el escritorio. Dentro había documentos legales, copias del testamento de su madre, cartas de un abogado que ella no conocía. Pero lo que la hizo contener la respiración fue el sobre marrón que estaba al final de todo: un sobre grande, con su nombre escrito con la letra de Nicolás.

Lo abrió con cuidado. Dentro había fotocopias. Páginas arrancadas de un diario que ella misma había escrito hacía tres años, cuando el dolor por la pérdida de su bebé era tan agudo que solo podía aliviarlo escribiendo. Páginas donde confesaba su depresión, su miedo a no ser suficiente, su sensación de ahogarse en una casa demasiado grande para una mujer vacía. Páginas que ella había guardado en una caja debajo de la cama. Páginas que él había fotografiado sin su permiso.

Valentina sintió el vértigo. No era ira. Era algo más profundo, más frío: la certeza de que el hombre con quien había compartido su vida la había estado espiando durante años. Cada palabra de dolor, cada lágrima escrita, cada grieta que ella había confiado al papel se había convertido en un arma. Él no había leído su diario por amor. Lo había leído para encontrar pruebas de su fragilidad.

Al final del sobre, una nota escrita a mano por Nicolás: "Entregar al psiquiatra. Adjuntar informe preliminar."

Valentina guardó las fotocopias en el sobre, lo cerró con la misma precisión con que lo había abierto y lo devolvió a la carpeta. Luego cerró el cajón, se levantó de la silla y caminó hacia la cocina como si nada hubiera pasado. Preparó un té de manzanilla y lo bebió lentamente, de pie, mirando por la ventana la ciudad dormida.

A las dos de la madrugada, Nicolás seguía roncando en el dormitorio. Valentina volvió a su estudio, cerró la puerta y se sentó frente al plano del museo. El proyecto ya no le importaba. O sí, pero de otra manera. Ya no era una obra de arte para el mundo. Era un recordatorio de que ella podía construir cosas hermosas incluso en medio del caos.

Tomó un cuaderno en blanco que guardaba en el cajón inferior de su mesa y escribió en la primera página:

"Plan de contingencia. Objetivo: no volver a ser víctima."

Luego, debajo, trazó una lista:

Recuperar el diario original. No dejar rastro.

Investigar al psiquiatra. Nombre, agenda, vínculos.

No cambiar mi comportamiento. Fingir que no sé nada.

Buscar aliados fuera del círculo de Nicolás.

Construir una salida sin que ellos la vean venir.

Valentina no escribió la palabra "venganza". No porque no la sintiera, sino porque sabía que la venganza era un lujo que no podía permitirse. Necesitaba algo más práctico. Necesitaba un plan. Necesitaba ser estratégica.

Al terminar la lista, levantó la mirada hacia el reloj de pared. Las tres y cuarto. En menos de dos horas, Nicolás se despertaría, se ducharía, bajaría a la cocina y le daría un beso en la frente como si nada hubiera pasado. Ella tendría que devolverle el beso. Tendría que sonreír. Tendría que ser la esposa perfecta mientras él esperaba que ella perdiera la cabeza.

Valentina guardó el cuaderno en el mismo cajón donde guardaba sus lápices más preciados, aquellos que usaba solo para los dibujos definitivos. Luego apagó la luz y se sentó en la oscuridad, con la espalda apoyada en la pared y los ojos abiertos.

No lloró. No esta noche.

Las lágrimas, se dijo, eran para las mujeres que no tenían un plan. Y ella, a partir de ese momento, iba a ser todo menos eso.

Cuando el sol empezó a asomarse por el horizonte, Valentina se levantó, fue al dormitorio y se acostó junto a Nicolás. Cerró los ojos, fingió dormir y esperó el beso en la frente que sabía que llegaría.

Llegó a las siete en punto. Frío, mecánico, vacío.

Y ella sonrió sin abrir los ojos.

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Maria Elena Ortega
no es inseminación ❓🤭☺️🤣
Maria Elena Ortega
ella dice es su relato q por primera vez ella soño con el mar, pero en capítulo anteriores ella ya había soñado con el mar , ella se iba ese otro día para la isla y han pasado 3 días , incoherencias 🤭
Geraldina Zaldivar
Me tiene en suspenso, pero ya días no leía una historia tan buena.
Gabriela Arron
y que eran adivinas q llegaron a la isla las mujeres??🤭
Gabriela Arron
no sé iba a la esla al otro día?? y paso 3 días cuando el volvió....
Gabriela Arron
y porque él no ha hecho nada después que ella lo amenazó q sabía todo....
Gabriela Arron
cómo q el hijo no era de Nicolás? había sido por inseminación entonces...
Gabriela Arron
y que pasó en la cena?? si iba para allá...
Aracelis León García
buena la historia sin ta nto drama no fastidiosa
Aracelis León García
ajá el hijo no era de él la drogó y le metió un hombre en la cama o inciminación artificial
Aracelis León García
jamás desempacar a alguien estando sola o solo porque te pueden matar
Gabriela Arron: pensé q era otro el plan ... no exponerlo así!!
total 1 replies
Gabriela Arron
porque no reviso el cajón cuando el no estaba....
Maris Benitez
Interesante comienzo 👏👏👏
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