En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Mensaje
Los meses continuaron transcurriendo con tranquilidad.
Lila ya no era la pequeña aprendiz que seguía a los magos mayores en silencio.
Ahora era una maga de sanación completamente reconocida por el templo.
Aunque seguía estudiando todos los días, ya tenía la preparación suficiente para atender pacientes por su cuenta en los casos de menor riesgo.
La primera vez que recibió una misión individual sintió un ligero nudo en el estómago.
[¿Y si cometo un error?]
Mohys, que parecía leer con facilidad las preocupaciones de sus discípulos, sonrió antes de entregarle la documentación.
—Si el templo te ha confiado esta responsabilidad... Es porque sabemos que estás preparada.
Lila respiró profundamente.
Y sonrió.
—Iré con mucho cuidado.
Sus pacientes comenzaron a llegar poco a poco.
Al principio fueron resfriados persistentes.
Dolores musculares.
Pequeñas fracturas.
Niños con fiebre.
Ancianos con molestias propias de la edad.
Pero, con el paso de las semanas, su trabajo comenzó a cambiar.
Varias familias nobles solicitaron expresamente una maga especializada en sanación femenina.
Y el nombre de Lila empezó a aparecer con frecuencia.
Visitó a una joven condesa que esperaba a su primer hijo.
Después a una marquesa con un embarazo delicado.
Y más tarde a dos duquesas que necesitaban controles periódicos.
Cada visita era distinta.
Lila nunca llegaba con prisas.
Primero conversaba con las futuras madres.
Les preguntaba cómo se sentían.
Si podían dormir.
Si el bebé se movía con normalidad.
Si tenían algún temor.
Muchas veces las nobles terminaban hablando de cosas que iban mucho más allá del embarazo.
Del miedo a convertirse en madres.
De la presión que sentían.
De la incertidumbre.
Lila escuchaba con la misma atención con la que examinaba sus pulsos o utilizaba magia para revisar el flujo de maná del bebé.
Había comprendido hacía mucho tiempo que un corazón tranquilo también ayudaba al cuerpo.
Semanas después regresaba para acompañarlas durante el parto.
La magia de sanación permitía aliviar gran parte del dolor.
También ayudaba a reducir el agotamiento de la madre y favorecía la recuperación.
Pero no hacía milagros.
Un parto seguía siendo un momento delicado.
Existían complicaciones que incluso la magia no podía evitar por sí sola.
Por eso Lila nunca trabajaba sola.
Siempre colaboraba con los médicos y las parteras.
Observaba cada procedimiento.
Escuchaba sus recomendaciones.
Y poco a poco fue combinando los conocimientos que había adquirido en ambas vidas.
Mientras algunos magos confiaban únicamente en la magia...
Lila también valoraba profundamente la medicina.
Había aprendido, durante su primera vida, que incluso el mejor tratamiento necesitaba del conocimiento humano.
Eso hizo que desarrollara una forma de trabajar poco habitual.
Utilizaba hechizos de sanación.
Pero también preparaba pociones nutritivas para fortalecer el cuerpo de las futuras madres semanas antes del nacimiento.
Investigaba qué plantas favorecían la recuperación.
Cuáles disminuían las náuseas.
Cuáles ayudaban a recuperar fuerzas después del parto.
Muchos médicos comenzaron a buscarla para intercambiar conocimientos.
Y Lila disfrutaba enormemente aquellas conversaciones.
Nunca sentía que alguien supiera menos o más que ella.
Simplemente creía que todos podían aprender unos de otros.
Una tarde, mientras se preparaba para regresar al templo, el cochero se acerco a ella.
—Señorita Lila.
Ella levantó la vista.
—¿Sí?
—La gran maga Roun le envia un mensaje.
Lila leyó la carta con sorpresa.
El mensaje decía que tenían una solicitud urgente.
El ducado Lovelace ha solicitado el apoyo de una maga de sanación. Y ella era la que estaba mas cerca.
Lila le dijo al coche con una sonrisa.
—No volveremos al templo iremos al ducado Lovelace.
A la mañana siguiente emprendió el viaje.
Un carruaje del templo la esperaba frente a la entrada principal de la posada.
Llevaba consigo su equipaje habitual.
Ropa.
Materiales para preparar pociones.
Libros de consulta.
Instrumental médico.
Y varias reservas de cristales de maná para casos de emergencia.
Durante el trayecto intentó obtener más información.
Primero preguntó al cochero.
—¿Conoce el ducado Lovelace?
El hombre negó con la cabeza.
—Solo sé dónde queda. Nunca he trabajado allí.
Horas más tarde coincidió con unos comerciantes que descansaban en una posada.
—Disculpen... ¿Han estado alguna vez en el ducado Lovelace?
Los hombres intercambiaron miradas.
Uno de ellos respondió.
—Solo pasé cerca hace años. No recuerdo mucho.
Más adelante preguntó a unos viajeros.
Después a un soldado que custodiaba un puente.
Incluso a la dueña de una pequeña fonda donde hicieron una parada.
Pero las respuestas eran prácticamente iguales.
—Lo siento.
No sé mucho sobre ellos.
—Nunca he ido.
—Solo conozco el nombre.
Aquello comenzó a parecerle extraño.
[Un ducado tan grande...]
[Y nadie parece conocer detalles.]
Miró por la ventana del carruaje mientras los paisajes comenzaban a cambiar.
Bosques más densos.
Montañas a lo lejos.
Un camino cada vez menos transitado.
Apretó suavemente el bolso donde llevaba sus apuntes.
[No importa.]
[Cuando llegue...]
[Descubriré por mí misma qué clase de lugar es el ducado Lovelace.]
Sin saberlo, aquel viaje estaba a punto de llevarla hasta un encuentro que cambiaría por completo el rumbo de su segunda vida.