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Cien Años Para Encontrarte

Cien Años Para Encontrarte

Status: En proceso
Genre:Maldición / Amor eterno / Reencuentro
Popularitas:856
Nilai: 5
nombre de autor: (⁠⁠^⁠‿⁠^⁠) Nany 。⁠◕⁠‿⁠◕⁠。

Algunas almas necesitan más de una vida para encontrarse...
Algunas promesas sobreviven al tiempo.
Algunas heridas nunca terminan de cerrar.
Y algunas maldiciones esperan pacientemente el momento de cumplirse.
Gideon Huxley lleva más de un siglo viviendo bajo el peso de un pasado que se niega a desaparecer.
Hasta que un encuentro fortuito despierta en él un recuerdo que creía perdido para siempre.
Porque quizá el destino no se haya equivocado de camino.
Quizá simplemente haya esperado cien años para volver a encontrarlos.

NovelToon tiene autorización de (⁠⁠^⁠‿⁠^⁠) Nany 。⁠◕⁠‿⁠◕⁠。 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Excusa Perfecta

—No se preocupe, señor Huxley —lo interrumpió Elara con una cortesía fría y distante, dando un paso hacia atrás—. La señorita Charlotte ya habló conmigo.

Su tono no dejaba espacio a réplicas. Elara mantenía una sonrisa estrictamente profesional en los labios, pero sus ojos verdes reflejaban una barrera infranqueable; cuanto menos contacto tuviera con ese hombre tan intimidante y temperamental, mejor sería para su paz mental.

Desde una esquina del salón, Mila observaba con atención absoluta los gestos, las miradas esquivas y el súbito cambio de color en las mejillas de su amiga. En ese preciso instante, las piezas encajaron en su cabeza: el ramo de flores, la misteriosa tarjeta, el desvío que habían hecho toda la semana a la hora del almuerzo para rodear la joyería y la dichosa disculpa que mencionó la Señorita Charlotte.

Gideon, por su parte, ni siquiera procesó el rechazo de la modista. Su mente era un torbellino de preguntas que le oprimían el pecho. Necesitaba saber quién era ella, de dónde venía, cuál era su apellido y, por encima de todo, cómo era posible que compartiera la misma mirada. No podía dejar que se marchara de su vida así de fácil.

"Tengo que ganar tiempo", pensó Gideon, desesperado por encontrar una excusa legítima para retenerla. Clavó los ojos en los bocetos que descansaban sobre la mesa y luego miró a su nieta, obligándose a tragar su orgullo.

—Charlotte... —pronunció Gideon lentamente, captando la atención de las cuatro mujeres—. Estaba pensando que... si la señorita Davis todavía dispone de un espacio en su agenda, acepto que me tome las medidas para ese traje del que me hablaste.

Charlotte abrió los ojos de par en par, completamente sorprendida por el repentino cambio de parecer de su abuelo, mientras que Elara contuvo la respiración, sintiendo que una trampa se cerraba lentamente a su alrededor.

—Agradezco mucho su interés, señor Huxley, pero me temo que mi agenda en el taller está... —empezó Elara, buscando desesperadamente la forma de zafarse del encargo.

Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar la última palabra, Diora intervino de inmediato, desbordando un entusiasmo absoluto que cortó cualquier intento de retirada.

—¡Por supuesto que sí, señor Huxley! Elara siempre tiene espacio para clientes tan distinguidos como usted —exclamó la dueña del estudio con una sonrisa radiante—. Ella misma se encargará personalmente de todo su diseño. Puede tomarle las medidas básicas aquí mismo en este momento.

Elara sintió que el estómago se le caía al piso. Se quedó estática, sosteniendo la cinta métrica entre los dedos con rigidez, resignada a tener que encerrarse a solas con el hombre que menos quería ver en el mundo.

Pero Gideon tenía otros planes. Ahora que sabía quién era, no pretendía conformarse con una cita apresurada en un taller ajeno; necesitaba tenerla cerca, estudiarla a fondo y descubrir su historia en su propio terreno, donde pudiera hablar con ella sin el escrutinio de terceras personas. Aprovechando con astucia la misma excusa sobre la carga de trabajo que Elara intentaba formular, Gideon dio un paso al frente y la interrumpió con una cortesía impecable y pausada.

—No hay ninguna necesidad de apresurar las cosas hoy, señora Diora —declaró Gideon, manteniendo sus ojos fijos en la mirada atónita de Elara—. Comprendo perfectamente que la señorita Davis esté desbordada en el taller. Por ello, considero más prudente que lo hagamos con calma. En cuanto tenga un día disponible en su agenda, la esperaré directamente en mi oficina de la joyería para realizar el diseño.

Diora, revisando mentalmente los compromisos del estudio, asintió de inmediato, maravillada por la supuesta consideración del magnate.

—Precisamente la próxima semana, el viernes por la tarde, Elara tiene un espacio libre en su agenda. Le vendrá perfecto.

—Excelente. El viernes por la tarde la esperaré en mi despacho, señorita Davis —concluyó Gideon, asintiendo con una formalidad impecable que ocultaba el torbellino de emociones que le golpeaba el pecho.

Diora sonrió complacida, anotando mentalmente el éxito de la cita, completamente ajena a la trampa que se acababa de cerrar sobre su modista estrella. Elara se limitó a apretar los puños a los costados del cuerpo; el viernes de la semana siguiente no tendría escapatoria.

—Viernes será —murmuró Elara con un hilo de voz, forzando la postura profesional más rígida que pudo conseguir para ocultar el temblor de sus manos.

...

En cuanto las puertas del ascensor se cerraron y Gideon y Charlotte se marcharon, Elara y Mila regresaron a sus respectivas mesas de trabajo en el taller. Mila esperó a que estuvieran a solas antes de cruzarse de brazos, mirándola con una sonrisa pícara.

—Así que ese era el famoso "secreto" que no querías contarme, ¿eh?

—Lo siento, Mila. Ya sabes que jamás hablo de los clientes ni saco los trapos sucios del taller —se disculpó Elara con un suspiro, acomodando los alfileres en su almohadilla.

—Mhm... —Mila lo dejó pasar con un gesto. Notaba la evidente incomodidad de su amiga, así que prefirió no presionarla más con el desplante de la joyería—. Está bien, te la paso. ¿Y ahora qué vas a hacer con la cita del viernes?

—Tendré que ir... ¿Acaso no viste la cara de absoluto entusiasmo que tenía Diora? No puedo rechazar un encargo así.

—¿Entusiasmo? Dirás más bien cara de asaltacunas —replicó Mila sin filtro, soltando una risita.

—¡Mila! —Elara abrió los ojos de par en par y miró asustada a ambos lados del pasillo. Por fortuna, sus colegas de trabajo seguían sumidos en sus propias costuras y no prestaron la menor atención—. ¡Ssh! No digas una barbaridad así en voz alta, por favor.

—¡Pero si es verdad! —insistió Mila, divertida—. Ese es el camino que te espera si sigues de solterona, Eli. Vas a llegar a la edad de Diora y vas a andar desesperada buscando un colágeno que te alegre los días.

—¡Definitivamente no tienes remedio! —Elara no pudo evitar soltar una carcajada, agradecida en el fondo. Al menos las ocurrencias y disparates de su amiga lograban hacerle olvidar por un momento la pesada tensión de todo el asunto.

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