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MARIONETA: LAZOS DE SANGRE Y OBSESIÓN

MARIONETA: LAZOS DE SANGRE Y OBSESIÓN

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Dominación / Completas
Popularitas:535
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa





Han transcurrido tres años desde aquella noche en que Antonia recuperó su libertad y Aarón comprendió que el amor no se encadena, sino que se respeta. Tres años en los que cada uno ha reconstruido su vida sobre las cenizas del pasado: Antonia brilla como actriz consagrada, dueña de su escenario y de su destino; Aarón ha redimido sus errores, saneado su imperio y se ha convertido en un hombre íntegro, serio y reservado, guiado por la lealtad y la palabra dada; Vicent ha construido junto a él una nueva etapa, firme y honesto; e Irina dirige con dedicación su fundación, transformando su experiencia en refugio para quienes lo necesitan.

La paz parece definitiva… hasta que las sombras regresan con un rostro aún más cruel.

El nuevo titiritero, Julian Van Thal, un hombre influyente, frío y sin escrúpulos, heredero de un imperio aún más vasto que el que alguna vez tuvo.

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Capitulo 16

La puerta se abrió y Aarón entró con paso rápido, como si algo lo empujara a llegar antes de tiempo. Al verla de pie junto a la ventana, con la mirada perdida, los labios apretados y el cuerpo temblando levemente, sintió que el aire se le escapaba de golpe.

—Antonia… —dijo acercándose despacio—. ¿Qué pasó? Estás pálida como la cera.

Ella levantó la vista y las lágrimas que contenía tanto tiempo brotaron sin que pudiera detenerlas. Alzó la mano derecha y le mostró el brazo: allí, sobre la piel blanca, se veían claras las marcas oscuras de los dedos de Julian, como un sello cruel que él había dejado deliberadamente.

Aarón palideció al instante. Se le aceleró la respiración y apretó los puños con tanta fuerza que los nudos se le volvieron blancos. No era celos lo que rugía en su pecho; era una furia pura, ardiente, que no conocía de posesión sino de protección.

—¿Él hizo esto? —preguntó con voz ronca, señalando la marca sin atreverse a tocarla aún—. ¿Entró aquí? ¿Te hizo daño?

—Se presentó en la puerta —respondió ella con la voz quebrada—. Me dijo que no me resista, que seré suya… y cuando me negué, me agarró así. Me lo advirtió: no se detendrá ante nada.

Aarón cerró los ojos un instante, tragando con dificultad para no estallar en ira descontrolada. Al abrir los ojos, la mirada que le devolvió era de un dolor profundo y una determinación feroz.

—Te lastimó —susurró acercándose y rodeándola con sus brazos con extrema delicadeza, como si temiera agravar el daño—. El muy cobarde te puso las manos encima… y yo no estuve aquí para impedirlo.

—No es tu culpa —lo detuvo ella apoyando la frente en su pecho—. No podías saber que vendría.

—No importa —respondió él besando suavemente la frente, cerrando los ojos al hacerlo—. Debo protegerte. Y fallé. Pero te juro que pagará por esto. Nadie te toca. Nadie te marca. Nadie te hace llorar. Y él lo va a entender, aunque tenga que destruir todo lo que tiene para que lo comprenda.

La sostuvo con firmeza y ternura a la vez, dejando que ella llorara contra su pecho, acariciándole la espalda con movimientos lentos y tranquilizadores.

—Estoy aquí —le repetía al oído, una y otra vez—. Ya pasó. Estás a salvo. Nadie va a volver a hacerte daño. No mientras yo respire.

Poco a poco los temblores cesaron. Ella levantó la vista y lo miró a los ojos, viendo no solo la rabia, sino el amor inmenso y sincero que lo inundaba todo.

—Me da miedo —confesó con honestidad—. Pero más miedo me da pensar que pueda perderte a ti. Que por protegerme te metas en peligro.

Aarón le acarició la mejilla con el dorso de los dedos, con una ternura que contrastaba con la dureza de sus palabras anteriores.

—No me perderás. Y no te perderé a ti. Lo que siento por ti no es algo que deje así nomás. Es lo más real que tengo. Y si tengo que enfrentarme a un imperio entero para mantenerte a salvo… lo hago sin dudar.

—Entonces no nos separemos —le pidió ella tomándole la mano y llevándola a su pecho, donde latía su corazón—. No esperemos más. No sé cuánto tiempo nos queda antes de que él intente algo peor. Quiero que sepas quién soy. Quiero ser tuya, de verdad, sin miedos ni cadenas. Tuya por elección.

Aarón la miró con los ojos brillantes, conmovido hasta lo más profundo.

—Antonia, no tienes que hacer esto por gratitud ni por miedo. Si lo haces, que sea porque me quieres como yo te quiero a ti. Completa. Libre.

—Te quiero —dijo ella con claridad absoluta—. Con todo lo que eres. Con lo bueno y lo que aprendiste a corregir. Y te elijo ahora, con los ojos abiertos, sabiendo que hay peligro fuera y dentro de nosotros.

Él la atrajo suavemente hacia sí y la besó despacio, con reverencia y pasión contenida, como si estuviera sellando una promesa sagrada.

—Y yo te elijo a ti —respondió contra sus labios—. Hoy, mañana y siempre. Nada ni nadie podrá separarnos.

En la intimidad de esa tarde, lejos de las miradas y las amenazas, se entregaron el uno al otro con una mezcla de ternura infinita y pasión profunda que habían reprimido durante tanto tiempo. No hubo prisa, ni posesión, ni sombras. Solo dos almas que habían recorrido caminos oscuros y al fin se encontraban en la luz, eligiéndose mutuamente con cada caricia, cada palabra, cada beso.

Cuando todo terminó, yacían juntos en la penumbra, entrelazados, escuchando los latidos del otro. Aarón besó suavemente la marca en el brazo, como si con ese gesto pudiera borrar el dolor y reemplazarlo con amor.

—Esto se va a curar —dijo con voz suave—. Pero lo que hizo… no se olvida. Julian aprenderá que hay cosas que su dinero no puede comprar ni daños que puede cometer sin pagar.

—No lo enfrentes solo —le pidió ella acariciándole el rostro—. Somos dos. Y somos más fuertes juntos.

—Lo sé —asintió él apretándola contra sí—. Y por eso no voy a cometer errores del pasado. Te escucharé. Te respetaré. Y te protegeré… pero siempre a tu lado, nunca por encima de ti.

Ella sonrió y lo besó en la comisura de los labios, sintiéndose completa, querida, a salvo.

—Eso es todo lo que siempre quise. Que estuvieras conmigo. No sobre mí.

Aarón la miró con devoción.

—Y siempre lo estaré. Lo prometo.

Aarón la abrazó con más fuerza, como si quisiera envolverla entera en su calor y borrar cualquier rastro de la presencia de Julian.

—Me duele en el alma —susurró besando su cabello—. Que alguien te haya tratado así… como si no fueras sagrada.

—Tú me tratas como sagrada —respondió ella acurrucándose en su pecho—. Y eso basta para curar todo lo demás.

—Te trataré así cada día —prometió él—. Y nadie, nadie en el mundo, volverá a ponerle una marca que no sea de amor.

—Lo sé —susurró ella levantando la vista para besarlo—. Porque conmigo, tus manos son para cuidar, no para atar. Y yo siempre seré tuya… libremente.

—Libremente —repitió él con la voz llena de emoción—. Esa es la única manera en que te quiero.

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