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Omega De Sangre Real

Omega De Sangre Real

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Vampiro / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

Su sangre puede coronar reyes... o enterrarlos.

Cuando un omega despierta con la marca de un alfa vampiro ardiendo en su cuello, descubre demasiado tarde que no es una víctima: es la última arma que todos quieren poseer.

Y el alfa que lo reclamó no piensa soltarlo... ni vivo, ni muerto.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: El legado que quedó atrás

El legado que quedó atrás

El pasillo después de la cámara destruida era más estrecho y más antiguo que cualquiera que hubieran recorrido hasta entonces.

Kael caminaba pegado a Damien, el brazo del alfa alrededor de su cintura no solo por apoyo, sino porque ninguno de los dos quería romper el contacto. El vínculo latía entre ellos con un ritmo profundo, cansado y, al mismo tiempo, más vivo que nunca. Cada paso enviaba ecos de dolor residual, de alivio y de una certeza nueva: ya no había forma de volver a ser dos.

La gema unificada en el centro de la marca de Kael iluminaba el camino con una luz ámbar estable. Ya no parpadeaba. Ya no se descontrolaba. Estaba anclada.

Damien no había hablado mucho desde que dejaron atrás el cuerpo de Lord Draven. A través del lazo Kael sentía el peso de lo que el alfa estaba procesando: la muerte de un rival antiguo, el agotamiento de haber canalizado tanto poder, y debajo de todo… una quietud peligrosa. La quietud de quien sabe que lo peor todavía no ha terminado.

—¿Cuánto falta? —preguntó Kael en voz baja.

Damien miró adelante. El pasillo descendía en una pendiente suave y constante.

—Poco. Las memorias que compartimos ahora… muestran este mismo corredor. Ella lo recorrió sola la última vez. Dejó a su Voss en la cámara anterior y siguió hasta el final. Nunca regresó.

Kael sintió un escalofrío. La idea de que la última reina hubiera elegido desaparecer voluntariamente en este lugar le resultaba más inquietante que cualquier criatura de sombra.

—¿Por qué lo hizo?

Damien tardó en responder. Cuando lo hizo, su voz era más baja, casi reverente.

—Porque el poder de la sangre real no solo despierta a los antiguos. También los obliga a elegir. Algunos la aceptaron como soberana. Otros… quisieron tomarla. Dividir el sello y esconderse fue la única forma de evitar una guerra que habría destruido lo poco que quedaba de los purosangres. Ella eligió el olvido para que su linaje pudiera regresar cuando el mundo estuviera… listo. O desesperado.

Kael apretó los dedos alrededor de la tela de la camisa de Damien.

—Y ahora regresó.

—Y ahora regresaste —corrigió Damien, mirándolo de reojo—. Con un Voss que ya no está dispuesto a dejarte ir.

El comentario hizo que algo cálido y peligroso se removiera en el pecho de Kael. A través del vínculo le envió una respuesta silenciosa que no necesitaba palabras.

Siguieron caminando.

El aire cambió de nuevo. Se volvió más denso, cargado de un olor que Kael reconoció de inmediato: el mismo que había sentido en las visiones de la reina. Sangre antigua. Poder concentrado. Y algo más… una tristeza profunda que se había filtrado en la piedra misma.

El pasillo terminó frente a una puerta que no parecía de piedra ni de metal. Parecía hecha de sombra solidificada. En el centro brillaba el mismo símbolo de los dos medallones unidos que ahora formaban la gema en el cuello de Kael.

Damien se detuvo.

—Este es el umbral final —dijo—. Una vez que crucemos, no sé qué encontraremos. Las memorias se cortan aquí. Ella no dejó registros de lo que había al otro lado. Solo la certeza de que debía hacerlo.

Kael miró la puerta. La gema en su marca latía con más fuerza, como si reconociera el lugar.

—Entonces cruzamos.

Damien asintió. Juntos colocaron las manos sobre la superficie de sombra. La sangre real y la sangre de Voss tocaron el sello al mismo tiempo. La puerta no se abrió… se disolvió, como humo que por fin encontraba una corriente de aire.

Detrás no había otra cámara oscura.

Había luz.

Una luz suave, plateada y ámbar al mismo tiempo, que parecía provenir de todas partes y de ninguna. La habitación era amplia, circular, con un techo que se perdía en una especie de cielo artificial lleno de constelaciones que Kael no reconoció. En el centro había un trono sencillo de piedra negra. Y sobre el trono…

No había nadie.

Solo un objeto.

Un pequeño frasco de cristal oscuro, sellado con cera antigua del mismo color que la gema de Kael. Junto a él, una daga de un metal que parecía absorber la luz, y un pergamino enrollado.

Damien y Kael se acercaron con cuidado. El vínculo se tensó de anticipación.

Kael extendió la mano hacia el pergamino, pero Damien lo detuvo con suavidad.

—Primero el frasco —dijo—. Puedo olerlo. Hay sangre dentro. Sangre real… y algo más.

Kael asintió. Tomó el frasco. Al tocarlo, una oleada de memoria lo atravesó con tanta fuerza que tuvo que apoyarse en Damien. Vio a la última reina de pie exactamente en ese mismo lugar. Su rostro estaba cansado, pero decidido. Hablaba en voz alta, como si supiera que alguien, siglos después, la escucharía.

*Si llegaste hasta aquí, significa que el sello se ha unido de nuevo y que un Voss ha elegido anclarse a ti por completo. Entonces escucha: el poder que despertaste no es solo para gobernar a los antiguos. Es para decidir si merecen despertar. Dentro de este frasco está la última gota de mi sangre pura, mezclada con el veneno que usé para sellar a los Guardianes Rotos. Si la bebes… podrás destruir lo que quede de ellos de forma definitiva. Pero el precio será alto. Parte de tu humanidad se irá con ellos. Y el vínculo con tu ancla se volverá tan absoluto que ni siquiera la muerte podrá separarlos del todo.*

La visión se disolvió. Kael temblaba. Damien lo sostenía por la cintura, recibiendo cada fragmento de la memoria a través del lazo.

—Ella dejó una elección —susurró Kael—. No un trono. Una sentencia.

Damien miró el frasco con expresión grave.

—Y la daga… —se inclinó y la examinó sin tocarla todavía—. Está diseñada para cortar lazos de sangre. Si alguien quisiera romper el vínculo entre un Omega de Sangre Real y su ancla… esta sería una de las pocas armas capaces de intentarlo.

Kael sintió un frío en el estómago. La idea de que existiera algo que pudiera separar lo que acababan de completar lo llenó de una rabia instintiva.

—Nadie va a usarla —dijo con voz baja y firme.

Damien lo miró. A través del vínculo fluyó una emoción oscura y posesiva que no intentó suavizar.

—Nadie —repitió.

Kael dejó el frasco de nuevo sobre el trono y tomó el pergamino. Al desenrollarlo, la letra elegante y antigua de la reina llenó la superficie:

*Para el último de mi sangre:*

*Si estás leyendo esto, el mundo de arriba ya no es el que dejé. Los purosangres se han diluido. Los bastardos mandan. Y los antiguos, si despiertan sin control, traerán una era de oscuridad que ni siquiera yo pude imaginar.*

*Tienes dos caminos.*

*El primero: bebe el contenido del frasco. Destruye a los Guardianes Rotos que aún queden. Usa el poder completo para imponer un nuevo orden… o para sellar a los antiguos de nuevo, esta vez para siempre. El precio será parte de tu esencia. Ya no serás del todo el omega que entró en estas catacumbas.*

*El segundo: deja el frasco donde está. Sal de aquí con tu ancla. Esconde la sangre real otra vez. Vive. Ama. Y espera a que el mundo se pudra lo suficiente como para que la decisión ya no duela.*

*Yo elegí el olvido. Tú debes elegir el futuro.*

*Y recuerda: el Voss que te acompaña ya ha entregado más de lo que cualquier otro de su línea entregó jamás. No lo desperdicies.*

*—Tu antepasada.*

Kael bajó el pergamino. El silencio en la cámara era absoluto.

Damien no dijo nada. Solo esperó. A través del vínculo Kael sentía la tensión contenida del alfa, la disposición a aceptar cualquiera de las dos decisiones… y el miedo silencioso a que Kael eligiera un camino que lo destruyera.

Kael miró el frasco. Luego miró a Damien.

—Si lo bebo… ¿qué nos pasará?

Damien sostuvo su mirada con honestidad brutal.

—El vínculo se volverá indestructible. Incluso más de lo que ya es. Sentiré cada segundo de lo que esa sangre te haga. Si pierdes parte de tu humanidad… yo también la perderé contigo. Y si el poder te consume, me consumirá a mí intentando anclarte. No hay forma de que uno sobreviva sin el otro después de eso.

Kael cerró los ojos un momento. El peso de la elección se posó sobre sus hombros con toda la fuerza de trescientos años de espera.

Antes de que pudiera responder, una vibración profunda sacudió la cámara.

No venía de las paredes. Venía de más abajo. De mucho más abajo.

Damien se tensó de inmediato.

—Alguien… o algo… acaba de romper otro sello. Uno mayor.

Kael abrió los ojos. La gema en su marca brilló con fuerza.

—¿Draven?

—No —respondió Damien, la voz helada—. Algo que estaba usando a Draven. Algo que ahora ya no necesita intermediarios.

El suelo tembló otra vez. Una grieta fina se abrió en el centro de la cámara, exactamente bajo el trono. De ella subió un hilo de sombra negra más densa que cualquiera que hubieran visto.

Damien tomó el frasco y la daga con un movimiento rápido y se los entregó a Kael.

—Decide rápido. Porque lo que sea que está subiendo… viene directamente a por la sangre real. Y esta vez no trae soldados.

Kael miró el frasco en su mano. El líquido oscuro en su interior parecía moverse por sí solo, como si esperara.

A través del vínculo, Damien le envió una sola certeza:

*Estoy contigo. Hasta el final. Eligas lo que elijas.*

Kael apretó el frasco. La gema unificada latió.

Y afuera, en las profundidades que todavía no habían explorado, algo enorme y antiguo abrió los ojos por completo.

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Victor Cueto
Quiero saber más..mm😭
Victor Cueto
Se pone cada vez más interesante
Victor Cueto
Me encanta....
Victor Cueto
Buenas trama para solo tener 3 capítulos por favor publicar más.
Victor Cueto
para iniciar apenas, está buena la trama.
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