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La Esclava Del Conquistador

La Esclava Del Conquistador

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Viaje a un mundo de fantasía
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

La esclava del conquistador

Khadir, el conquistador más temido del continente, jamás ha perdido una guerra. Reyes se arrodillan ante él, imperios caen bajo su espada y todo aquello que desea termina perteneciéndole. Hasta que encuentra a Mila.

Capturada tras la caída de su reino, Mila es entregada como esclava al hombre que destruyó todo lo que amaba. Khadir espera quebrar su voluntad como ha hecho con miles de enemigos, pero descubre que ella es distinta. Ni las cadenas, ni las amenazas, ni el poder absoluto consiguen doblegarla.

Lo que comienza como una lucha entre amo y esclava se convierte en una peligrosa batalla de voluntades, donde cada victoria tiene un precio y cada derrota deja cicatrices imborrables.

En un mundo gobernado por la guerra, la conquista y la ambición, solo uno podrá imponerse... porque el mayor imperio jamás será una ciudad, sino el corazón del enemigo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El precio de la verdad

La luz grisácea del amanecer puso al descubierto cada rincón de la estancia: las paredes deslucidas, el frío de la piedra y ese silencio que llega siempre tras cualquier tormenta. Desperté a su lado. Mi mano se había quedado suspendida a escasa distancia de su piel, sin atreverse a tocarla todavía. Observé cómo su pecho subía y bajaba con respiraciones aún irregulares; vi el latido suave y constante bajo la piel de su sien, un ritmo claro que me confirmaba algo mucho más importante: ya no era esa cáscara vacía y apagada en la que se había convertido desde su encierro en el cobertizo. Estaba de vuelta. Cada toma de aire suya parecía reclamar con fuerza su propio lugar en el mundo. No sonreí: solo me quedé mirando.

Abrió los ojos de golpe. El paso del sueño a la conciencia fue brusco, doloroso: el reconocimiento la golpeó como un golpe físico. Se encogió hacia atrás de inmediato hasta chocar contra la pared dura, casi cayendo de la estrecha cama. Se aferró con fuerza desesperada a las mantas viejas levantándolas como un muro entre los dos, hasta que sus nudillos se pusieron blancos por la presión. Lo que habíamos logrado construir en silencio esa noche se desvaneció en un instante.

—¿Qué…? ¿Qué sigues haciendo aquí todavía? —preguntó con voz quebradiza y tensa. No se atrevía a mirarme directamente a los ojos, y su mirada huía de un lado a otro buscando cualquier salida o defensa posible—. Vete.

—Simplemente también desperté —respondí con calma medida, manteniendo el tono firme y sereno frente a su confusión.

Se giró dándome la espalda hasta quedar mirando fijamente la pared desnuda, con el cuello rígido y tenso como si soportara un peso enorme encima.

—Llévatelo todo.

Me detuve al escucharla y miré por encima del hombro:

—¿Todo?

—Tu ropa —escupió con rabia contenida sin volver la cara—. Llévatelo todo. No dejes nada tuyo aquí. Ni una sola hebra, ni tu olor… nada. No quiero cerca mía nada que haya pertenecido a quien frecuentas en esos sitios.

Comprendí al instante: no era sumisión, era una lucha por conservar lo poco suyo que le quedaba. Recogí mis cosas en silencio sin intentar explicar nada ni defenderme, y ella tampoco pidió explicaciones: ambos sabíamos bien lo que esas palabras significaban. Al salir y cerrar la puerta tras de mí me quedé un instante con la mano apoyada en la madera: tras ella alcancé a oír esa queja entrecortada, llena de rabia consigo misma:

—¿Qué me pasa? ¿Por qué me afecta tanto?…

No me quedé esperando más: caminé hacia mi despacho buscando ocupar la mente, pero su voz no dejaba de sonarme en la cabeza. Allí me esperaba la señora Cloth, con su postura recta y ordenada de siempre, sin preguntar nada ni comentar mi aspecto ni la hora a la que regresaba: solo puso la bebida caliente sobre el escritorio.

—Señora Cloth… cuando yo ayer dije adónde pensaba ir… ¿ocurrió algo después?

Ella lo sabía todo: conocía hasta lo que nadie ve. Me contó tranquila: al oír esas palabras Mila estalló de golpe, lanzó y rompió una maceta entera contra el suelo y parecía dispuesta a destruir todo cuanto hallara a su paso… hasta que llegó a su cuarto y empezó a llorar con un dolor distinto: no por castigo ni temor, sino como si se deshiciera por dentro. Y repetía una y otra vez entre sollozos: “Maldito Khadir… ¿por qué me haces esto si sabes cuánto me duele?”.

El tiempo pareció detenerse mientras esas palabras daban vueltas en mi mente. Le pedí que se retirara y me quedé solo frente a cuentas, cifras, provisiones, armas, hombres… todo aquello que yo creía controlar a la perfección: números claros, decisiones firmes, reglas sencillas. Pero nada servía ahora para acallar lo que sentía. Había recurrido a esa amenaza estúpida solo para ver si aún quedaba algo vivo en ella: quería cualquier reacción, cualquier señal… y lo logré, sí: desperté su ira, sus celos, su dolor más profundo… pero el triunfo me sabía a ceniza pura en la boca. Me di cuenta entonces de mi error: quise ponerla a prueba sin pensar hasta dónde llegaría el golpe.

Pasé horas allí sentado sin avanzar nada: comprendí que lo que realmente rompía a Mila no era perder su hogar ni su libertad… sino empezar a importarme yo demasiado para ella y temer compartirme con nadie más. Y yo… yo la empujé justo hasta ese dolor a propósito solo por recuperar la ventaja. Fui torpe y cruel sin necesidad. Caminé hasta la ventana mirando hacia donde ella permanecía sola: construí toda mi vida sobre el control, la fuerza y la razón… y ella no atacaba mis murallas: cavaba justo debajo de mis cimientos más seguros y me tambaleaba entero sin usar armas ni ejércitos. Quería ver su fuego otra vez… pero olvidé que ese fuego también podía quemarme a mí mismo.

La noche cayó pesada y fría, pero no fui a buscarla: me quedé luchando contra mis propios pensamientos, entendiendo que ella ya no obedecía por costumbre ni temor: luchaba por mantener intacto lo poco que le quedaba de sí misma… y sin darse cuenta iba ganando terreno sobre mí más que cualquier enemigo en batalla. Esa guerra entre los dos cambiaba de bando cada instante: yo creía mandar todo… y ella me gobernaba sin ordenar jamás nada. Ahora veía claro: había intentado matar su indiferencia y lo conseguí… pero a cambio desperté sentimientos que ni yo sabía manejar. Me pregunté con inquietud nueva: ¿y si al final resultaba que no quería vencerla… sino que quería que ella me venciera a mí?

 

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BERNARDINA PASTELIN
desgraciado viejo😡😡😡
EspirituCreativo: Tranquila lectora... Y si es un viejo calculador
total 1 replies
BERNARDINA PASTELIN
🤔🤔🤔🤔🤔 menciona que viene del futuro
EspirituCreativo: Si lectora viene del futuro, vivió un tiempo como princesa del reino y se adapto pero no perdió su ímpetu
total 1 replies
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