Una élite de valientes mujeres soldados deberá enfrentar al crimen organizado que intentará matarlas para evitar ser descubiertos. Todo iniciará cuando una capitana del ejército es asesinada de un certero balazo disparado por un francotirador y el misterioso crimen destapa una poderosa mafia que intenta robar las ojivas nucleares que se almacenan en el cuartel, según descubre una chica policía designaba a resolver el extraño homicidio. Ella descubrirá además que esa despiadada mafia involucra a los altos mandos militares quienes a su vez, están vinculados sentimentalmente, entre ellos, complicando aún más las investigaciones. La mujer policía deberá desarticular la mafia y salvar el honor de la división blindada femenina "Las lobas" que maneja los poderosos tanques del ejército. Ellas se verán implicadas en el robo de las ojivas nucleares y de otras armas que son sustraídas sistemáticamente de los hangares militares. Paralelamente la mujer policía deberá definir su vida sentimental, pues su novio es un tipo muy violento, metido siempre en problemas extremadamente celoso y prepotente, y entre otros hombres que la pretenden. Traición, venganza, acción, suspenso, mucho amor, humor y romance se barajan en ésta emocionante historia, "Crimen en el ejército" que atrapará al lector de principio a fin.
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Capítulo 5
Hice de todo ese día para seducir y enamorar a Douglas. Cruzaba las piernas a cada rato (por suerte estaba con falda, je je je), me jaloneaba los cabellos, alzaba la naricita, me reía coqueta, movía los hombros, sacudía los tobillos, en fin, me mostré ante él como si fuera una adolescente frente a su artista preferido, envuelta en llamas y con mis deíficas cascadas desatadas por completo.
Douglas no era tonto. De inmediato se dio cuenta que yo estaba prendada de él. No le fue difícil adivinarlo porque mis pupilas estaban incendiadas, él escuchaba, clarito, los redobles de mi corazón alborozado y notó que yo no dejaba de reírle muy sensual, sexy y coqueta, queriendo prendarlo con mis encantos. Ya les digo, yo soy muy bella, rubia, de cabellos largos, sedosos y brillantes, muy curvilínea y perfecta en todo sentido. Sheldon también quedó rendido a mí, je je je.
Sheldon me invitó al cine, fuimos a comer, nos divertimos, fuimos a bailar y la pasamos de maravillas bajo la Luna, contándonos chistes, anécdotas y vivencias de nuestros respectivos trabajos. Él me besó primero, después que me dejó en la puerta de mi casa. Me tomó sorpresivamente de los brazos y sin darme ocasión a nada, me besó tan apasionado que quedé obnubilada, eclipsada y desarmada por completo. Mis brazos cayeron como trapos, cerré los ojos, meneé la cabeza, gemí como una loba en celo y hasta alcé un piecito, encandilada por el beso tan apasionado, vehemente y viril de Douglas que me catapultó, al instante, hasta las estrellas.
-Lo siento, no pude resistirme-, se disculpó Douglas, hecho un tonto, por lo que reaccioné de inmediato y me colgué de su cuello para comérmelo a besos, devorando su boca, desesperada como si fuera una náufraga recién rescatada a mitad del océano.
Una noche después hice el amor con Douglas en mi casa. Lo deseaba en realidad. Yo estaba hambrienta de él, quería besarlo, disfrutar de su virilidad y que él me hiciera suya. La tensión del crimen de la capitana Marcus me tenía convertida en un volcán en erupción. Yo quería desfogarme, olvidarme de todo. Después de terminar las labores del día, lo cité a mi casa para tomarnos un café y Dou llegó muy puntual, como siempre, sin imaginar que yo estaba agazapada detrás de la puerta, convertida en una fiera, con intensos deseos de comérmelo a besos.
Apenas le abrí la puerta, Sheldon quedó maravillado conmigo. Yo lo esperaba recostada junto a la puerta, con una rodilla alzada, tamborileando con mis dedos la pared, vistiendo un baby doll transparente y una minúscula lencería roja que se extraviaba, por completo, en mis apetitosas curvas y múltiples redondeces. Llevaba también medias rojas, un coqueto liguero verde, me había calzado zapatos taco catorce y tenía mis pelos revueltos, resbalando sobre mis hombros, muy sensuales y excitantes. Estaba bien maquillada además, y lucía lindísima y provocativa como un erótico manjar que él no podía resistir para paladear extasiado.
Sheldon se admiró de mis pechos enormes, palpitando al mismo compás de mi corazón bombeando de prisa, y contempló absorto mi silueta muy sensual pincelando mis múltiples encantos. Se entretuvo con mi cadera amplia y mis muslos tersos y suaves. Viéndome así, tan delictual, sexy y hermosa, se le hizo agua la boca y no dudó en besarme excitado por mi deliciosa humanidad que emergía como un dibujo erótico delante de su mirada, anhelando que me haga suya de una buena vez.
Volví a besarlo con desesperación y encono. ¡Qué delicia de boca la de Douglas!, muy masculina, tosca y áspera. Sheldon me enardeció y empalagó por completo conmigo y de pronto yo ya era un concierto de gemidos excitados, saboreando los labios de Dou. Yo sollozaba excitada y encantada, disfrutando de su virilidad de él, convertida en un gran petardo de dinamita a punto de reventar. Le arranché la camisa con furia, haciendo volar por los aires los botones y me deleité con su pecho tan grande, bien cincelado, hecho de cemento, lleno de vellos que me excitaba muchísimo. Mis manos iban y venían por sus músculos y eso encendían más y más llamaradas en el fondo de mis entrañas, calcinándome por dentro.