Jade desafía el poder de Derek y se niega a ceder ante su arrogancia, mientras una atracción peligrosa amenaza sus límites.
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CAPÍTULO 22
La mañana había comenzado como cualquier otra en Moncada Marine.
Los empleados entraban y salían de las oficinas, las llamadas no dejaban de llegar y el movimiento habitual de la empresa ocupaba cada rincón del edificio.
Pero para Derek, aquella mañana tenía algo diferente.
Desde que había llegado a su oficina no había conseguido concentrarse completamente en el trabajo.
Tenía varios documentos frente a él, una reunión pendiente y algunos asuntos que necesitaban su atención, pero su mente regresaba una y otra vez a la noche anterior.
A Jade.
A su confesión.
A la forma en que había terminado entre sus brazos.
Y, sobre todo, a aquel beso.
Derek se pasó una mano por el rostro.
—Esto se está complicando.
Justo en ese momento, la puerta de su oficina se abrió.
Emilio entró sin necesidad de anunciarse.
—¿Qué haces con esa cara?
Derek levantó la mirada.
—¿Qué cara?
—La de un hombre que no durmió bien.
—Dormí perfectamente.
Emilio se sentó frente a él.
—Claro.
Derek lo miró con fastidio.
—¿Qué quieres?
—Saber qué pasó anoche.
Derek guardó silencio.
Emilio sonrió.
—Así que pasó algo.
—No pasó nada.
—Derek.
—Tuvimos una cena de negocios.
—¿Y?
—Vimos las imágenes de la campaña.
—¿Y?
Derek suspiró.
—Y hablamos.
Emilio se inclinó hacia adelante.
—¿Solo hablaron?
Derek lo observó durante unos segundos.
Sabía que no conseguiría librarse de aquella conversación.
—Jade me contó algunas cosas de su vida.
La expresión de Emilio cambió.
—¿Cosas personales?
—Sí.
—Eso ya es diferente.
Derek se recostó en su silla.
—Me dijo que nunca conoció a sus padres.
Emilio perdió la sonrisa.
—¿En serio?
Derek asintió.
—Pude ver vulnerabilidad en ella.
Emilio permaneció callado.
—Y no sé qué me pasó —continuó Derek—. La abracé.
—¿Tú?
Derek levantó la mirada.
—Sí, yo.
—Eso me hubiera gustado verlo.
—Cállate.
Emilio soltó una carcajada.
—Continúa.
Derek negó con la cabeza.
—La abracé y simplemente... no quería verla así.
—¿Y?
—No soportaba verla triste. No sé por qué.
—Yo sí.
Derek entrecerró los ojos.
—No empieces.
—Todavía no he dicho nada.
—Pero sé lo que estás pensando.
Emilio sonrió.
—¿Y después qué pasó?
Derek se quedó en silencio unos segundos.
—Nos besamos.
Emilio abrió los ojos.
—Otra vez.
—Sí.
—¿Y?
—Ella se detuvo.
—¿Por qué?
—Porque no quería hacer algo de lo que pudiera arrepentirse.
Emilio asintió lentamente.
—Tiene sentido.
Derek se levantó y caminó hacia el ventanal.
—Se fue inmediatamente después.
Emilio lo observó desde el escritorio.
—Y tú estás aquí pensando en ella.
—Estoy pensando en lo que ocurrió.
—Es lo mismo.
Derek no respondió.
Emilio se levantó y caminó hasta quedar a su lado.
—Esa mujer te tiene embobado.
Derek soltó una risa incrédula.
—No exageres.
—No estoy exagerando.
—Solo me interesa.
—Demasiado.
Derek giró hacia él.
—Es una mujer diferente. Eso es todo.
Emilio negó con la cabeza.
—Jamás te había visto así.
—¿Así cómo?
—Tan pendiente de una mujer.
Derek cruzó los brazos.
—No estoy pendiente de ella.
—¿No?
—No.
—Entonces explícame por qué sabes exactamente lo que sintió anoche, por qué te preocupa haberla visto llorar y por qué estás hablando de ella desde que entré.
Derek permaneció callado.
Emilio sonrió.
—Nunca te vi así. Ni siquiera cuando estabas con Natasha.
El gesto de Derek cambió inmediatamente.
—De verdad tenías que mencionarla.
Emilio levantó las manos.
—Perdóname por eso.
Derek volvió la mirada hacia la ventana.
No quería hablar de Natasha.
No ahora.
No cuando Jade ocupaba demasiado espacio en sus pensamientos.
Emilio dejó pasar unos segundos antes de continuar.
—Pero es cierto. Estás demasiado interesado en ella.
Derek no respondió.
—Por lo visto ya te enamoraste.
Derek se giró rápidamente.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste.
—No estoy enamorado.
—Entonces explícame algo.
Emilio se cruzó de brazos.
—Antes querías verla rendida en tu cama.
Derek permaneció en silencio.
—Eso era lo que decías —continuó Emilio—. Que solamente la deseabas, que después de estar con ella se te pasaría y podrías dejar de pensar en ella.
Derek frunció el ceño.
—Y sigo pensando eso.
—No parece.
—¿Por qué?
—Porque ahora ya no estás hablando de hacerla tuya.
Emilio hizo una pausa.
—Estás hablando de hacerla feliz.
Aquellas palabras hicieron que Derek guardara silencio.
Recordó a Jade entre sus brazos.
Su rostro cuando le habló de sus padres.
La tristeza que intentó esconder.
Y aquella pequeña sonrisa que finalmente apareció cuando él consiguió hacerla reír.
Derek respiró profundamente.
—No significo nada.
—Claro que significo algo.
—Solo me dio pena verla así.
—¿Pena?
—Sí.
Emilio soltó una pequeña carcajada.
—Derek, conozco tu forma de ser desde hace años. Tú no abrazas a una mujer porque te dé pena.
—Ella estaba vulnerable.
—Y eso despertó algo en ti.
Derek negó con la cabeza.
—No es para tanto.
—¿No?
—No.
—Entonces, ¿por qué cambiaste de estrategia?
Derek lo miró.
—¿Qué estrategia?
—Antes querías seducirla para acostarte con ella.
Derek permaneció callado.
—Ahora quieres conquistarla.
Derek apartó la mirada.
Emilio sonrió.
—Eso es exactamente lo que estás haciendo.
—Solo quiero conocerla mejor.
—Eso también es parte de enamorarse.
—No estoy enamorado.
—Todavía.
Derek soltó un suspiro.
—No voy a enamorarme de ella.
Emilio lo miró durante unos segundos.
—Eso mismo dijiste cuando comenzaste a desearla.
Derek no respondió.
—Y mírate ahora.
El silencio se instaló entre ambos.
Derek volvió a su escritorio y tomó uno de los documentos que tenía pendientes.
—Tenemos trabajo.
Emilio sonrió.
—Claro. Cambia de tema.
—No estoy cambiando de tema.
—Sí lo estás haciendo.
Derek comenzó a revisar los documentos.
—Te estás equivocando.
—Ojalá.
Derek levantó la mirada.
—¿Por qué dices eso?
Emilio sonrió ligeramente.
—Porque si realmente te estás enamorando, espero que no huyas cuando las cosas se pongan serias.
Derek sostuvo su mirada.
—No hay nada serio.
—Eso ya lo veremos.
Emilio caminó hacia la puerta.
Antes de salir, se volvió.
—Por cierto.
—¿Qué?
—Si de verdad quieres verla sonreír, tendrás que dejar de actuar con arrogancia con ella.
Derek soltó una pequeña sonrisa.
—Eso será difícil.
—Lo sé.
Emilio abrió la puerta.
—Pero parece que ella es la única capaz de conseguirlo.
La puerta se cerró.
Derek quedó nuevamente solo.
Miró los documentos.
Intentó concentrarse.
No pudo.
Su mente regresó a Jade.
A sus ojos.
A su sonrisa.
A la forma en que había pronunciado su nombre.
Derek apoyó los codos sobre el escritorio y suspiró.
—No estoy enamorado.
Lo dijo en voz alta, como si necesitara convencerse.
Pero aquella vez, por primera vez, ni siquiera él estuvo completamente seguro de creerlo.
oria parece muy interesante espero con ansia los próximos capitulos