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No Me Rendiré.

No Me Rendiré.

Status: Terminada
Genre:Romance / Madre soltera / Completas
Popularitas:130.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosa Verbel

La vida nunca fue fácil para Verónica Castillo. Desde niña aprendió a crecer entre ausencias y silencios, creyendo que algún día el amor le daría el hogar que siempre soñó. Por eso, cuando decidió formar una familia con Héctor, pensó que por fin había encontrado su lugar en el mundo.

Pero los sueños también pueden romperse.

Entre infidelidades, desprecios y promesas vacías, Verónica terminó atrapada en una vida donde el amor dejó de existir. Hasta que una noche, cansada de las heridas y pensando en el futuro de sus dos hijos, tomó la decisión más difícil de todas: marcharse y empezar de nuevo.

Con Samuel y Rodrigo como su única fuerza, Verónica deberá reconstruir su vida desde cero, enfrentándose a sus miedos, a un pasado que insiste en perseguirla y a un hombre que solo entenderá lo que perdió cuando ya sea demasiado tarde.

Porque a veces la vida primero te rompe… para después enseñarte a renacer.

NovelToon tiene autorización de Rosa Verbel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Llegamos.

El bus se detuvo con un leve chirrido al entrar a Sincelejo, y el murmullo de los pasajeros comenzó a llenar el ambiente mientras algunos se levantaban de sus asientos. Verónica respiró hondo antes de ponerse de pie, tomando la mano de Rodrigo y haciendo una seña a Samuel para que no se separara de ella. El calor de la ciudad las envolvió apenas bajaron, denso, distinto al del pueblo, como si todo allí se moviera más rápido, como si el mundo no se detuviera por nadie… ni siquiera por alguien que acababa de dejar toda su vida atrás.

—Mami… ¿ya llegamos? —preguntó Rodrigo, mirando a su alrededor con curiosidad.

Verónica negó suavemente mientras ajustaba la mochila en su hombro.

—No, mi amor… aún nos falta un poco más.

Samuel frunció el ceño.

—¿Entonces para qué nos bajamos aquí?

Ella lo miró con ternura, aunque por dentro el miedo seguía creciendo.

—Porque tenemos que tomar otro bus… uno que nos lleve a donde está la abuela.

Los niños asintieron, confiando en ella sin cuestionar más, y eso le apretó el corazón. Caminó con ellos entre la gente, sintiendo cómo cada paso la alejaba más de su pasado… pero también la llenaba de una incertidumbre que le hacía difícil respirar con normalidad.

Una hora y media.

Eso era lo que había recorrido desde su pueblo hasta allí y ahora le esperaban casi tres horas más.

Tres horas en las que el miedo no dejaría de perseguirla.

Tres horas pensando en una sola cosa: ¿y si Héctor ya lo sabía?

Cuando finalmente subieron al segundo bus, Verónica eligió un asiento junto a la ventana y acomodó a sus hijos a su lado. El vehículo arrancó, y con él, su ansiedad volvió a crecer. Miraba por la ventana sin realmente ver, con la mente llena de pensamientos que no lograba callar.

Imaginaba a Héctor llegando a casa.

Imaginaba su reacción. Su voz. Su rabia.

—Mami… —la voz de Samuel la sacó de sus pensamientos— ¿te pasa algo?

Verónica parpadeó, obligándose a volver al presente.

—No, mi amor… estoy bien.

—¿Seguro? —insistió él, observándola con más atención de la que debería tener un niño de ocho años.

Ella sonrió, acariciándole el rostro.

—Sí… solo estoy un poco cansada.

Rodrigo apoyó la cabeza en su brazo.

—Yo también…

Y en cuestión de minutos, ambos estaban dormidos.

Verónica los miró en silencio, sintiendo cómo el pecho se le llenaba de emociones encontradas. Ellos eran su fuerza… pero también su mayor miedo. Porque no podía perderlos. No iba a perderlos.

El tiempo pasó lento, pesado, como si cada minuto se alargara más de lo normal. El sol ya estaba alto cuando el bus se adentró en el departamento de Córdoba. Verónica se inclinó ligeramente hacia el pasillo.

—Señor… me avisa cuando estemos cerca del cruce de la playita del barrio Julio Manzur, por favor.

El ayudante asintió.

—Claro, señora.

Minutos después, la voz del hombre se escuchó.

—¡Señora, ya es aquí!

Verónica despertó a los niños con suavidad.

—Amores, ya llegamos.

Bajaron del bus con ayuda, y el calor del mediodía las golpeó con fuerza, por suerte en ambos buses le habían permitido pagar por Nequi, porque no cargaba efectivo. El lugar era tranquilo, la carretera troncal se extendía larga frente a ellos, y a un lado, el camino que llevaba hacia la casa de su madre.

No necesitaban otro transporte.

Eso la tranquilizó un poco.

—¿Ya está la casa de la abuela? —preguntó Rodrigo, mirando alrededor.

Verónica señaló al fondo.

—Sí… está cerquita.

Caminaron apenas dos minutos.

Dos minutos que para ella se sintieron eternos. Hasta que la vio.

Pequeña. Sencilla. Acogedora. La casa de su madre. El lugar al que nunca pensó volver de esa forma.

Se detuvo frente a la puerta. El corazón le latía con fuerza.

Samuel la miró.

—Mami… ¿tocas?

Verónica asintió lentamente y lo hizo.

La puerta se abrió segundos después y ahí estaba su madre.

Por un instante, ninguna de las dos habló. Solo se miraron, como si en ese silencio estuviera todo lo que no se dijeron en años.

—Verónica… —susurró la mujer, con la voz quebrada.

Los ojos de Verónica se llenaron de lágrimas.

—Mamá…

Y en el siguiente segundo, ya estaba en sus brazos.

Un abrazo fuerte muy necesario. Tardío… pero sanador.

—Ay, mi niña… —murmuró su madre, besándole el rostro— ¿qué pasó?

Rodrigo sonrió emocionado.

—¡Abuela!

Samuel también se acercó.

—Hola…

La mujer los abrazó con amor.

—Mis niños… cuánto han crecido… lo besó con ternura.

Dentro de la casa, todo se sentía distinto. Tranquilo. Seguro.

Verónica dejó la maleta a un lado mientras su madre los guiaba.

—Pasen, pasen… siéntense… ya les sirvo el almuerzo.

—No tenías que molestarte —dijo Verónica.

—Claro que sí —respondió ella con firmeza—. Aquí nadie molesta.

Ese “aquí” le dio un poco de paz.

Los niños comieron con gusto, hablando sin parar, contando cosas, riendo. Luego de eso, su madre los llevó a ducharse.

—Para que se refresquen —dijo.

Minutos después, el cansancio del viaje hizo lo suyo. Samuel y Rodrigo se quedaron dormidos profundamente.

Fue entonces cuando el silencio volvió y con él… la verdad. Su madre se sentó frente a ella.

—Ahora sí… dime qué pasó.

Verónica bajó la mirada y empezó a hablar. Le contó todo. Las infidelidades. Las humillaciones. El miedo. Las noches en silencio. Las lágrimas escondidas. La presión. El desgaste.

Todo.

Cuando terminó, el silencio se hizo pesado.

Su madre tomó sus manos.

—Perdóname… —dijo con la voz rota—. Yo no estuve cuando me necesitabas.

Verónica negó.

—Eso ya pasó…

—No —insistió ella—. Pero no volverá a pasar. Esta vez no. Aquí tienes un hogar… tienes apoyo… me tienes a mí y a tus hermanos que aunque ya no todos viven conmigo, también te aman.

Las lágrimas rodaron por el rostro de Verónica.

—Gracias…

—Vamos a salir adelante juntas —afirmó su madre con firmeza—. Tú y esos niños no están solos.

Verónica lo creyó.

Pero la calma duró poco. El celular vibró. Verónica lo miró y el mundo se detuvo.

Era Héctor. Su respiración se aceleró.

—¿Vas a contestar? —preguntó su madre.

Verónica negó.

La llamada se cortó, pero volvió otra vez. Hasta que finalmente… respondió.

—¿Bueno…?

—¿Dónde estás? —la voz de Héctor llegó cargada de rabia.

Verónica cerró los ojos un segundo.

—Lejos.

Él soltó una risa seca.

—¿Lejos? ¿Tú crees que puedes huir así como así?

—No estoy huyendo —respondió, con más firmeza—. Me estoy salvando.

Hubo un silencio pesado.

—¿Te llevaste a mis hijos?

—Nuestros hijos —corrigió ella.

—Escúchame bien —su tono se volvió amenazante—. Tienes dos horas para regresar… o te vas a arrepentir.

Verónica apretó el teléfono.

—No voy a volver.

—¿Y tú crees que puedes sola? —se burló—. ¿Quién te va a mantener? ¿Ah? Tú no sirves para eso.

Esas palabras antes la habrían hecho temblar, pero no ahora.

—Aprenderé —respondió.

Héctor bufó.

—Entonces arréglatelas sola. Porque no te voy a dar ni un peso para los niños. No llames a pedirme nada

El corazón de Verónica dolió… Pero no cedió.

—No necesito nada tuyo.

—Ya veremos cuánto te dura esa valentía.

Verónica respiró hondo y colgó.

El silencio volvió a llenar la casa. Pero esta vez era distinto. Verónica miró hacia el cuarto donde dormían sus hijos y luego a su madre. El miedo seguía ahí, pero ya no estaba sola y eso lo cambiaba todo.

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Sintiaroxani Piña Rodriguez
una historia muy bonita muchas felicidades escritora 🌹👏👏👏🌹🌹🌹👏🌹🌹🌹
Nairobis Cardozo Portillo
Hermosa historia gracias Rosita bendiciones y éxitos 🙏👏👏
Maria Solorzano
Lindo libro, lo recomiendo, me encanto ❤️ felicidades a la Autora 👍 sigue cosechando éxitos 👍
Rositha🌹📝📚: Muchas gracias por tu apoyo, puntuación y recomendación 🙏☺️🌹
total 1 replies
Maria Solorzano
Me encantó, felicidades autora, una novela linda y con cosas que suceden realmente 👍 pruebas de superación después de tanto dolor y lucha constante 👍
Ana Mendez
Escritora exelente, me alegro muchísimo por ti eres exelente escribido me han encantado todas las que e leído..m
Maria Solorzano
Y que no vuelvan más 👍
Graciela Galiano
estoy llorando a mares!!! es tan real tu historia que me duele el alma 😭😭😭
Yasmin Machado
Bonita historia, deja muchas enseñanzas. Nos muestra las resiliencia, el amor, la constancia, el valor propio, entre muchos otros valores. Ah por cierto Esther se reinvindico conmigo, porque al principio no me gustó como madre, pero después estuvo para su hija y fue un gran apoyo para ella
Yasmin Machado
👏👏👏👏👏👏
Yasmin Machado
Hermosa respuesta
Carmen Sevilla
Una historia inspiradora! En la que muchas podremos vernos reflejadas, excelente autora, te felicito! 👏👏👏
Rositha🌹📝📚: Muchas gracias por tu apoyo y puntuación 🙏☺️🌹
total 1 replies
Edith López
la historia es hermosa y mucha verdad en toda la historia me encanto mucha suerte autora vamos a seguir con tus historias /Smile//Smile/
Rositha🌹📝📚: Muchas gracias por tu apoyo y puntuación 🙏☺️🌹
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Yasmin Machado
4 en una moto, qué peligro…. Bueno por acá a veces lo hacen pero es una imprudencia 😥
Rositha🌹📝📚: Suele suceder mucho por acá en la costa 🙈
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Yasmin Machado
Grave error recibir dinero de un hombre, es mi opinión
Yasmin Machado
Mucho desgraciado
Yasmin Machado
Que difícil es pasar por una situación así, mucho hombres no saben separar el rol de pareja al de padre y en caso de divorcio, muchas veces también dejan a sus hijos
Marbelis Montes
si Maravillosa novela, muchas felicidades 🤗🙏❤️
Beatriz Elena De La Hoz Barrios
hay señor cuando será que se leva a presentar un angel para que la ayude para que dejé de sufrir
Beatriz Elena De La Hoz Barrios
note rindas mujer guerrera tu heres fuerte y valiente sigue adelante con ánimo
Beatriz Elena De La Hoz Barrios
huy que señora tan tacaña y miserable cuando se muera no va a llevarse nada porque no trabajo ella junto con los hijos vieja injusta
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