SINOPSIS ~
Amaris ha aprendido que sobrevivir significa no llamar la atención, no confiar demasiado y sobre todo ocultar aquello que te hace diferente
Pero al acercarse a sus 18 años su vida comienza a cambiar secretos que nunca pidió conocer salen a la luz
Personas desconocidas entran en su camino y alguien que parece saber más de ella de lo que debería
Entré magia peligros y sentimientos que jamás esperaba encontrar Amaris tendría que descubrir en quien confiar
Por qué hay verdades capaces de cambiar una vida y hay destinos que fueron escritos mucho antes de que pudiéramos elegirlos
NovelToon tiene autorización de Julieth Moreno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
FRENTE A FRENTE
El bosque se había vuelto demasiado silencioso.
Amaris caminaba detrás de Arnold, pero esta vez no hacía ningún comentario sobre el camino ni se quejaba de lo mucho que habían avanzado.
Su mano permanecía cerca de las dagas que llevaba ocultas en su cintura.
Arnold avanzaba unos pasos delante de ella.
De vez en cuando observaba las huellas marcadas en el suelo.
—¿Sigues viendo algo? —preguntó Amaris en voz baja.
Arnold no se detuvo.
—Sí.
—¿Mercenarios?
—No estoy seguro.
Amaris guardó silencio.
El camino que habían seguido comenzaba a estrecharse entre los árboles. Las ramas impedían ver con claridad lo que había más adelante.
Entonces Amaris se detuvo.
Arnold dio dos pasos más antes de notar su ausencia.
Se giró hacia ella.
—¿Qué ocurre?
Amaris no respondió inmediatamente.
Su cabeza se inclinó ligeramente.
—No estamos solos.
La expresión de Arnold cambió.
Su mano descendió hacia su daga.
—¿Dónde?
Amaris observó el bosque.
—No lo sé.
Un sonido rompió el silencio.
El crujido de una rama.
Arnold se colocó inmediatamente delante de Amaris.
Ella no protestó.
Sus dedos ya habían tomado una de sus dagas.
—Sal —ordenó Arnold.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Entonces una figura apareció lentamente entre los árboles.
Un joven.
No llevaba el uniforme de un soldado.
Pero tampoco parecía un viajero común.
Su ropa era oscura y práctica para moverse por el bosque. Llevaba un arma en su cintura y su mirada recorrió rápidamente el lugar.
Primero observó a Arnold.
Después se detuvo en Amaris.
La venda negra.
Kael había escuchado los rumores.
Pero verla frente a él era diferente.
Amaris no retrocedió.
Sus ojos permanecían ocultos detrás de la tela negra mientras sostenía su daga.
—No buscaba problemas —dijo Kael.
Arnold mantuvo su arma preparada.
—Entonces elegiste un mal camino.
Una ligera sonrisa apareció en el rostro del desconocido.
—Podría decir lo mismo.
Amaris permaneció en silencio.
Kael volvió a observarla.
Había algo extraño en ella.
No era miedo.
Ni siquiera parecía sorprendida.
Estaba preparada.
Como si hubiera pasado toda su vida esperando que un extraño apareciera de repente para intentar hacerle daño.
—¿Quién eres? —preguntó Arnold.
Kael no respondió.
—¿Y ustedes?
—Yo pregunté primero.
—Entonces tendremos que seguir sin respuestas.
Arnold dio un paso hacia adelante.
—No me gusta tu actitud.
—No necesito gustarte.
El ambiente se tensó.
Amaris permanecía quieta detrás de Arnold, pero sus dedos se cerraron con más fuerza alrededor de la empuñadura.
Kael bajó la mirada.
Entonces las vio.
Las armas de Amaris.
Kael observó las armas durante unos segundos.
No eran dagas comunes.
Había visto ese tipo de acero antes.
Pero no lograba recordar dónde.
—¿De dónde las sacaste?
Amaris ajustó el agarre sobre una de las dagas.
—No es asunto tuyo.
Kael levantó lentamente la mirada hacia ella.
—Eso no responde mi pregunta.
—No pretendía hacerlo.
Arnold permaneció atento entre ambos, con una mano cerca de su propia arma.
—Ya hiciste demasiadas preguntas —dijo con frialdad.
Kael apartó la mirada de Amaris y observó al joven.
—Solo siento curiosidad.
—La curiosidad mata —respondió Amaris.
Durante unos segundos, Kael la observó en silencio.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Eso tendré que comprobarlo.
Amaris no respondió.
Su expresión no cambió.
Pero Arnold sí avanzó.
—No te acerques.
Kael levantó ambas manos ligeramente.
—Tranquilo. Si hubiera querido atacarlos, no estaría hablando.
Arnold no bajó su arma.
—Eso dices tú.
—Y tú tampoco pareces alguien que confíe fácilmente.
—No confío en desconocidos que aparecen detrás de mí.
—Entonces estamos de acuerdo en algo.
Amaris observó a Kael en silencio.
Había algo extraño en él.
No parecía un soldado.
Pero tampoco era un simple mercenario que se hubiera perdido.
Y, lo que era peor, no parecía tener miedo de Arnold.
—¿Qué quieres? —preguntó finalmente.
Kael dirigió su atención hacia ella.
—Depende.
—¿De qué?
—De quiénes sean ustedes.
Arnold soltó una pequeña risa sin humor.
—No sabes quiénes somos y aun así nos seguiste.
Kael no respondió.
Eso fue suficiente.
Amaris dio un paso hacia atrás.
—Nos estaba siguiendo.
Kael no lo negó.
Arnold levantó inmediatamente su daga.
—¿Quién te envió?
—Nadie.
—Mientes.
—No.
—¿Entonces por qué nos seguiste?
Kael guardó silencio durante unos segundos.
Finalmente, miró a Amaris.
—Escuché rumores.
Ella permaneció inmóvil.
—¿Qué rumores?
—Sobre una chica.
Arnold miró rápidamente hacia Amaris.
Kael continuó.
—Una chica que nunca muestra sus ojos.
El silencio cayó sobre el bosque.
Arnold dio un paso más delante de ella.
—No sé de qué estás hablando.
Kael sonrió ligeramente.
—Yo tampoco dije su nombre.
Amaris apretó los dedos alrededor de sus dagas.
—¿Qué más sabes?
Kael la observó.
—No lo suficiente.
—Entonces deja de seguirnos.
—Eso depende de ustedes.
Amaris frunció ligeramente el ceño.
—No tenemos nada que ofrecerte.
—Todavía no.
Arnold parecía a punto de atacar.
Pero antes de que pudiera moverse, un sonido llegó desde la distancia.
Caballos.
Los tres se quedaron inmóviles.
Kael miró hacia el camino.
Su expresión cambió.
—Soldados.
Arnold maldijo en voz baja.
Amaris guardó una de sus dagas, pero mantuvo la otra preparada.
—¿Cuántos?
Kael escuchó durante unos segundos.
—Demasiados.
—¿Cómo sabes que vienen hacia aquí? —preguntó Arnold.
Kael miró las huellas.
—Porque siguieron su rastro.
Arnold apretó la mandíbula.
—Tenemos que irnos.
—No por ahí —dijo Kael.
Arnold lo miró.
—¿Y ahora tengo que escuchar tus consejos?
—Puedes ignorarme si quieres.
Kael señaló una zona más profunda del bosque.
—Pero terminarán rodeados.
Amaris miró en la dirección que señalaba.
No conocía aquel lugar.
Arnold tampoco.
Eso era evidente.
—¿Qué propones? —preguntó ella.
Arnold giró inmediatamente hacia Amaris.
—¿Estás hablando en serio?
Ella no apartó la mirada de Kael.
—Quiero saber qué sabe.
Kael sonrió apenas.
—Inteligente.
—No te confundas.
La voz de Amaris fue fría.
—Todavía no confío en ti.
—No esperaba que lo hicieras.
Los caballos se escucharon más cerca.
Kael volvió a mirar hacia el bosque.
—Si quieren seguir vivos, tendrán que venir junto conmigo.
Arnold negó con la cabeza.
—No confío en ti.
Kael miró a Amaris.
—Entonces espero que ella sea más inteligente.
Arnold se giró hacia ella.
—No lo escuches.
Amaris permaneció en silencio durante unos segundos.
El sonido de los caballos se acercaba cada vez más.
Finalmente, guardó su daga.
—Por ahora, iremos contigo.
Kael levantó una ceja.
—¿Por ahora?
—No significa que confíe en ti.
Arnold la observó, sorprendido.
—Amaris.
Ella giró ligeramente el rostro hacia él.
—Si conocemos este camino, podemos escapar por nuestra cuenta.
Arnold guardó silencio.
Amaris volvió a mirar a Kael.
—Pero si nos mientes...
Kael esperó.
Ella volvió a sacar una de sus dagas.
—No tendrás una segunda oportunidad.
Durante unos segundos, Kael observó el arma.
Luego volvió a mirarla.
—Entendido.
Los caballos estaban demasiado cerca.
Kael se giró y comenzó a caminar.
—Entonces muévanse.
Arnold no parecía convencido.
—Esto es una mala idea.
Amaris comenzó a seguir a Kael.
—Lo sé.
—¿Entonces por qué aceptaste?
Ella mantuvo la mirada al frente.
—Porque quedarnos es una peor idea.
Arnold soltó un suspiro.
—Sigues siendo una mocosa problemática.
Amaris no respondió inmediatamente.
—Y tú sigues siendo demasiado viejo para discutir mientras nos persiguen.
Arnold sonrió a pesar de la situación.
Kael escuchó el intercambio.
Por primera vez, vio algo diferente en Amaris.
Solo por unos segundos.
La chica fría y silenciosa había desaparecido.
Pero cuando ella volvió a dirigir la mirada hacia él, aquella expresión relajada desapareció.
Kael continuó avanzando.
Detrás de él, Amaris y Arnold lo siguieron hacia una parte desconocida del bosque.
Ninguno de los tres confiaba realmente en los otros.
Pero por primera vez, sus caminos se habían unido.
Y ninguno sabía cuánto cambiaría aquel encuentro el destino de los tres.
El desconocido ya no era un extraño.
Ahora era alguien que caminaba delante de ellos.
Y Amaris todavía no sabía si eso era algo bueno... o el comienzo de otro problema.
~Las dagas de Amaris~