Alguien ocupo su lugar ¿estara dispuesto a perder todo para recuperarlo?
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Una razon para luchar
El golpe en el abdomen todavía dolía.
Arlen retrocedió varios pasos mientras se sujetaba el estómago.
Sin embargo, sonrió.
—Bien... ahora sí estamos entrenando.
Ailén sonrió también.
—Eso esperaba.
Arlen avanzó de golpe.
Su puño salió disparado directamente hacia ella.
Pero justo antes de impactar...
Desapareció.
Los ojos de Arlen se abrieron.
—¿Qué...?
Ni siquiera tuvo tiempo de terminar la frase.
¡BAM!
Un golpe brutal impactó en uno de los costados de su espalda.
El dolor recorrió todo su cuerpo.
Sus piernas cedieron por un instante.
Una rodilla terminó apoyada sobre el suelo.
Ailén apareció detrás de él.
No parecía preocupada.
Sabía exactamente dónde golpear.
—Lo siento.
Dijo sonriendo.
—Pero dejaste demasiados puntos abiertos.
Arlen apretó los dientes.
Ese golpe había sido mucho peor de lo que quería admitir.
Sin embargo volvió a ponerse de pie.
—Otra vez.
Ailén arqueó una ceja.
—¿Seguro?
—Sí.
Esta vez Arlen atacó con más velocidad.
Más fuerza.
Más decisión.
Pero volvió a ocurrir.
Ailén desapareció.
Y esta vez sintió una mano sujetándole el tobillo.
—¿Qué...?
Antes de reaccionar fue lanzado por el aire.
Su cuerpo cruzó la sala.
¡BOOM!
Impactó contra una de las paredes reforzadas del campo de entrenamiento.
El sonido resonó por toda la instalación.
Durante unos segundos todo quedó en silencio.
Ailén estaba sonriendo.
No de forma arrogante.
Sino emocionada.
Hacía mucho tiempo que no disfrutaba un entrenamiento así.
Sin embargo, cuando vio a Arlen intentando levantarse, su expresión cambió.
Corrió hacia él.
—Ya es suficiente por hoy.
Le extendió la mano.
Arlen la aceptó.
—No.
—¿No?
—No quiero terminar.
Ailén lo ayudó a ponerse de pie.
—No pudiste ver ninguno de mis movimientos.
Arlen soltó una pequeña risa.
—Exactamente por eso quiero seguir.
Ambos terminaron sentándose unos minutos para recuperar el aire.
—Peleas muy bien.
Dijo Arlen.
Ailén se rio.
—Lo único que hice fue aprovechar que estabas completamente desprotegido.
—Gracias por la sinceridad.
—De nada.
Los dos se rieron.
—Aunque...
Continuó Ailén.
—No creo que la próxima vez sea tan fácil.
Arlen sonrió.
—Eso espero.
Y siguieron.
Durante horas.
Una y otra vez.
Combate tras combate.
Golpe tras golpe.
Caídas.
Errores.
Aprendizajes.
Y aunque Arlen mejoró poco a poco...
Todos los combates terminaron igual.
Victoria para Ailén.
Siempre.
Cuando finalmente terminaron, ambos estaban agotados.
Sentados sobre el suelo.
Respirando con dificultad.
—Fue el traje.
Dijo Ailén.
—No.
Respondió Arlen.
—También eres mejor que yo.
Ella negó con la cabeza.
Pero Arlen ya estaba pensando.
¿Qué estaba haciendo mal?
¿Por qué no podía alcanzarla?
¿Por qué nunca podía ver sus movimientos?
---
Esa noche.
Arlen estaba sentado en su habitación.
Mirando el techo.
Pensando.
Una vez más.
Pensando.
La derrota le molestaba.
No por orgullo.
Sino porque le recordaba algo.
Si no podía vencer a Ailén...
¿Cómo iba a enfrentar todo lo que había allá afuera?
Un suave golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos.
Toc.
Toc.
—Pasa.
La puerta se abrió.
Era Ailén.
—¿Puedo?
—Claro.
Ella entró.
—Gran día hoy.
Arlen soltó una pequeña sonrisa.
—Si perder todo el día cuenta como gran día.
Ailén lo observó.
—Sigues pensando en eso.
—No pude ganarte ni una vez.
Su voz sonaba más apagada de lo normal.
—Si no puedo ganarte a ti...
¿Cómo voy a vencer a alguien más fuerte?
Guardó silencio.
—Tal vez no soy tan fuerte como imagino.
Ailén lo observó unos segundos.
Y sin decir nada...
Lo abrazó.
Arlen quedó inmóvil.
—¿Qué haces?
—Recordarte algo.
—¿Qué cosa?
Ella sonrió.
—Que eres fuerte.
—No parece.
—Hoy fue un día diferente para ti.
Se separó un poco para mirarlo.
—No estás acostumbrado a este tipo de entrenamiento.
—Quizás.
—Con el tiempo podrás superarme.
Arlen levantó una ceja.
—¿Eso fue un desafío?
—No.
Respondió ella riéndose.
—Fue una promesa.
Luego agregó:
—Te enseñaré todo lo que pueda.
Arlen bajó la mirada.
—Sentí impotencia.
—Lo sé.
—No poder ver tus movimientos...
Ailén asintió.
—Pero mañana será diferente.
Arlen sonrió por primera vez en toda la noche.
—Sí.
Mañana será diferente.
Ailén caminó hacia la puerta.
—Ahora descansa.
—Buenas noches.
—Buenas noches, Arlen.
Y desapareció por el pasillo.
---
Pero Arlen no pudo dormir.
Pasó horas imaginando movimientos.
Posibilidades.
Estrategias.
Maneras de alcanzarla.
Hasta que la sed terminó obligándolo a salir de la habitación.
La cocina estaba a oscuras.
O casi.
Porque alguien más estaba allí.
—¿Luna?
La joven giró inmediatamente.
—¡Arlen!
Su sonrisa era tan brillante como siempre.
—¿Cómo fue el entrenamiento?
Arlen tomó un vaso con agua.
—Un fracaso.
Luna lo observó unos segundos.
Luego negó con la cabeza.
—No.
—¿No?
—Todos nos sentimos así alguna vez.
Arlen permaneció en silencio.
—La diferencia está en que debes levantarte y seguir.
Aquellas palabras le recordaron a alguien.
A su padre.
A Kael.
Ailén.
Todos parecían decirle lo mismo.
Luna se acercó.
—Yo confío en ti.
Arlen la miró.
—¿Sí?
—Mucho.
Su sonrisa era sincera.
—Y creo que todo el equipo también.
Guardó silencio unos segundos.
—Pero también sabemos que no es fácil.
Le dio una pequeña palmada en el hombro.
—Ahora ve a dormir.
—¿Orden directa?
—Exactamente.
Arlen soltó una pequeña carcajada.
—Entendido.
—Buenas noches.
—Buenas noches, Luna.
Cuando volvió a su habitación seguía pensando.
Pero esta vez las palabras de Luna y Ailén lo acompañaban.
Y por primera vez en todo el día...
Sonrió.
Luego se quedó dormido.
---
Todavía era de madrugada cuando Arlen abrió los ojos.
Esta vez no perdió tiempo.
Salió a correr.
Kilop estaba despertando.
Y la ciudad mostró su verdadero rostro.
Personas durmiendo sobre cartones.
Familias enteras pasando frío.
Niños buscando comida entre la basura.
Ancianos olvidados.
Robos.
Violencia.
Abandono.
Desesperación.
Arlen observó todo.
En silencio.
Sin apartar la mirada.
Por primera vez entendió algo.
No estaba luchando sólo por sí mismo.
No estaba luchando sólo por su padre.
Estaba luchando por ellos.
Por toda esa gente.
Y cuando regresó al refugio...
Se sentía diferente.
Más decidido.
Más concentrado.
Más peligroso.
---
Cuando Ailén llegó al campo de entrenamiento encontró a Arlen practicando completamente solo.
Los ojos cerrados.
Respiración controlada.
Concentración absoluta.
Ella se sorprendió.
—Llegaste temprano.
—No podía dormir.
Respondió él.
Había algo distinto en su voz.
Ailén lo notó inmediatamente.
Fue a cambiarse.
Y cuando regresó...
Arlen ya la estaba esperando.
Esta vez no sonreía.
Esta vez estaba preparado.
—¿Empezamos?
Preguntó él.
Ailén sonrió.
—Empecemos.
Desapareció.
Como siempre.
Pero esta vez...
Arlen esquivó.
Los ojos de Ailén se abrieron.
—¿Qué?
Atacó nuevamente.
Patada.
Bloqueo.
Puño.
Bloqueo.
Rodillazo.
Esquiva.
Los golpes comenzaron a multiplicarse.
La velocidad aumentó.
La energía creció.
El suelo tembló.
Las paredes vibraron.
Y el ruido atrajo al resto del equipo.
Luna apareció primero.
—¡Ya empezaron!
Luego llegaron Dorian, Adrián y Kael.
Todos observaron en silencio.
Nadie podía creer lo que estaba viendo.
Cada movimiento de Ailén encontraba una respuesta.
Cada ataque era contrarrestado.
Cada error era corregido.
—Está aprendiendo durante el combate.
Murmuró Adrián.
—No.
Respondió Kael.
—Está evolucionando.
Ailén aumentó aún más la velocidad.
Ahora algunos golpes sí lograban alcanzarlo.
Pero Arlen ya no se desesperaba.
Ya no se frustraba.
Simplemente seguía adelante.
Y mientras peleaba...
Recordaba.
Los niños.
Las calles.
El hambre.
La miseria.
La gente abandonada por Azrakel.
La rabia comenzó a convertirse en fuerza.
Y la fuerza en velocidad.
Y la velocidad en poder.
Entonces ocurrió.
Arlen desapareció.
Por primera vez.
Ailén sintió un escalofrío.
Apareció frente a ella.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca.
Demasiado fuerte.
Por un instante...
Sintió miedo.
Un miedo real.
Instintivo.
Primitivo.
La sensación de estar frente a algo que no comprendía.
Vio la mano derecha de Arlen acercándose a toda velocidad.
Y creyó que iba a morir.
Todo se ralentizó.
El mundo entero desapareció.
Sólo existía esa mano.
Ese golpe.
Ese instante.
Hasta que...
Toc.
Arlen apoyó un dedo sobre su frente.
Y sonrió.
—Gané.
El silencio duró un segundo.
Dos.
Tres.
Y luego Ailén comenzó a reír.
—¡No puedo creerlo!
Arlen también terminó riéndose.
—Yo tampoco.
Luna fue la primera en correr.
Los abrazó a los dos al mismo tiempo.
—¡¡SON INCREÍBLES!!
—¡Luna, no puedo respirar!
—¡NO ME IMPORTA!
Dorian comenzó a aplaudir.
—Eso sí estuvo bueno.
Adrián sonrió.
—Hace mucho que no veía un combate así.
Kael cruzó los brazos.
Una enorme sonrisa apareció en su rostro.
—Sí.
Hace mucho tiempo.
Muchísimo tiempo.
Que no veía algo tan interesante.
Arlen respiró profundamente.
Todavía agotado.
Todavía sudando.
Pero feliz.
—Tengo que seguir entrenando.
—Claro.
Respondió Ailén.
—Pero por hoy es suficiente.
—Estoy de acuerdo.
Entonces Arlen puso una mano sobre su estómago.
—Ahora...
Todos lo miraron.
—¿Qué hay para comer?
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Y después...
Todo el refugio estalló en carcajadas.
Porque algunas cosas nunca cambiaban.
Aquello se sintió como una familia.