¿Y si el mayor fracaso de tu vida fuera, en realidad, el comienzo de tu historia de amor?
Valeria creyó que reprobar una materia era el fin de su camino. Mientras veía a sus compañeros avanzar, ella tuvo que regresar a un salón que jamás imaginó volver a pisar.
Gabriel, un estudiante que apenas iniciaba su primer semestre de medicina, llegó con la ilusión de cumplir el sueño de convertirse en médico. Lo que no esperaba era encontrar a una joven de mirada melancólica que, sin proponérselo, cambiaría su vida para siempre.
Entre clases interminables, noches de estudio, guardias, cafés compartidos y el peso de una carrera que exige el corazón tanto como la mente, nacerá un amor capaz de demostrar que el destino nunca se equivoca.
Porque hay encuentros que no ocurren por casualidad.
Hay personas que llegan justo cuando creemos haberlo perdido todo.
Y, a veces, la materia que más duele repetir... es la misma que termina enseñándote la lección más importante de tu vida.
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A veces, amar también duele
Capítulo 23
A veces, amar también duele
El congreso estaba a solo tres días de comenzar.
La facultad parecía vivir en una carrera contra el tiempo. Los estudiantes repasaban casos clínicos, los profesores organizaban los últimos detalles y los representantes de cada universidad comenzaban a llegar al campus.
Gabriel y Valeria apenas tenían unos minutos al día para verse.
Lo que antes eran tardes enteras de estudio juntos, ahora se había convertido en saludos rápidos en los pasillos y mensajes de ánimo antes de dormir.
Aquella distancia, aunque era temporal, empezó a pesar más de lo que ambos estaban dispuestos a admitir.
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Una tarde, Valeria terminó un entrenamiento más tarde de lo habitual. Había permanecido con Elena y otros compañeros preparando una presentación para el congreso.
Sacó su celular.
Tenía cinco llamadas perdidas de Gabriel.
Y tres mensajes.
Gabriel: ¿Dónde estás?
Gabriel: Me preocupé.
Gabriel: Avísame cuando puedas.
Valeria respondió de inmediato.
Valeria: Perdón, seguimos ensayando. Ya voy saliendo.
Cuando llegó a la entrada de la facultad, Gabriel la esperaba.
No parecía enojado.
Parecía decepcionado.
—¿Por qué no me contestabas?
—Tenía el celular en silencio.
—Llevas días haciéndolo.
Valeria guardó silencio.
—No es porque quiera alejarme de ti.
Es que no me alcanza el tiempo.
Gabriel bajó la mirada.
—A mí tampoco.
Pero siempre busco la manera de escribirte.
Ella sintió que esas palabras le dolían.
—¿Estás diciendo que no me esfuerzo?
—Estoy diciendo que te extraño.
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Los días siguientes no mejoraron.
Las conversaciones comenzaron a ser más cortas.
Las sonrisas, menos frecuentes.
El cansancio hacía que cualquier comentario sonara como un reproche.
Daniel fue el primero en darse cuenta.
Mientras almorzaban en la cafetería, observó que Gabriel y Valeria apenas cruzaban palabra.
Lucía también lo notó.
—¿Discutieron?
Gabriel negó con la cabeza.
—No.
Valeria respondió casi al mismo tiempo.
—No pasa nada.
Pero todos sabían que sí pasaba.
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Esa noche, Gabriel le escribió.
Gabriel: ¿Podemos vernos mañana después de clases?
Ella respondió unos minutos después.
Valeria: Sí.
Se encontraron en el parque donde habían compartido su primer beso.
El mismo lugar donde él le había pedido que fuera su novia.
El silencio entre ambos resultaba extraño.
Gabriel fue el primero en hablar.
—Siento que ya no estamos caminando juntos.
Valeria respiró profundamente.
—Yo también lo siento.
—¿Qué nos pasó?
Ella tardó unos segundos en responder.
—Nos dejamos consumir por la presión.
Gabriel asintió.
—Y olvidamos cuidar lo nuestro.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos de Valeria.
—No quiero seguir haciéndote daño.
Él la miró confundido.
—¿De qué hablas?
—Últimamente solo discutimos.
Solo nos lastimamos.
Y cada vez que te veo triste... siento que es por mi culpa.
Gabriel dio un paso hacia ella.
—No digas eso.
—Déjame terminar.
Valeria respiró con dificultad.
—Te amo.
Con todo mi corazón.
Pero ahora mismo siento que ninguno de los dos está bien.
Gabriel sintió un nudo en la garganta.
—¿Qué estás intentando decir?
Ella cerró los ojos un instante antes de responder.
—Necesitamos un tiempo.
Las palabras cayeron como un golpe.
Gabriel permaneció inmóvil.
—¿Quieres terminar conmigo?
Valeria lloraba abiertamente.
—No quiero dejar de amarte.
Quiero dejar de hacernos daño.
Porque si seguimos así... vamos a romper algo muy bonito.
Él sintió que el pecho le pesaba.
Nunca imaginó escuchar esas palabras.
—Pensé que siempre lucharíamos juntos.
—Precisamente por eso lo hago.
Porque quiero que, si algún día volvemos a encontrarnos, sea sin este cansancio, sin esta presión y sin sentir que el amor se convirtió en otra obligación más.
Gabriel bajó la mirada.
Las lágrimas también comenzaron a caer por su rostro.
Después de un largo silencio, habló.
—Si eso es lo que necesitas... no voy a detenerte.
Pero quiero que sepas una cosa.
Nunca me arrepentiré de haberte amado.
Ni un solo día.
Valeria dio un paso hacia él y lo abrazó.
Fue un abrazo largo.
Doloroso.
Como si ambos intentaran memorizar el latido del otro.
Cuando finalmente se separaron, ninguno tuvo fuerzas para decir adiós.
Simplemente caminaron en direcciones opuestas.
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Al día siguiente, la noticia comenzó a correr por la facultad.
Daniel encontró a Gabriel sentado solo en las gradas.
—¿Es cierto?
Gabriel asintió sin levantar la vista.
Lucía abrazó a Valeria en la biblioteca.
—¿De verdad terminaron?
Valeria rompió en llanto.
—Sí...
Ninguno de los dos quería hacerlo.
Camila tomó su mano.
—Entonces todavía hay esperanza.
Valeria negó lentamente.
—Ahora mismo... lo único que podemos hacer es darnos espacio.
Aquella tarde, por primera vez desde que se conocieron, Gabriel y Valeria cruzaron el mismo pasillo sin detenerse.
Sus miradas se encontraron apenas unos segundos.
No hubo reproches.
No hubo enojo.
Solo una tristeza profunda.
Porque entendieron que el amor no siempre termina por falta de sentimientos.
A veces se rompe bajo el peso del miedo, el cansancio y el silencio.
Y mientras el congreso se acercaba, ambos se preguntaban en secreto si aquella despedida sería definitiva... o solo un nuevo capítulo antes de que el destino volviera, una vez más, a pasar lista.