A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.
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Capitulo 7
El sol del mediodía se filtraba sin piedad por los grandes ventanales del modesto pero acogedor departamento que Scarlett compartía con Camila. El espacio olía a café recién colado y a tostadas, un contraste abismal con la opulencia minimalista del penthouse de Damiano. En la pequeña cocina, la radio tocaba una melodía acústica de fondo, pero para Scarlett, el mundo exterior seguía envuelto en un zumbido sordo.
Estaba apoyada contra la encimera de formica, vistiendo unos pantalones de chándal grises y una camiseta blanca de tirantes. Entre sus manos sostenía una taza de cerámica, pero sus ojos avellana estaban fijos en el vacío, reviviendo la calidez de los dedos de Damiano sobre su piel, la aspereza de su cicatriz y la confesión desgarradora que habían compartido en la penumbra de su habitación.
Todavía sentía un cosquilleo adictivo entre los muslos, un recordatorio físico de la intensidad con la que él la había poseído horas atrás. Su cuerpo recordaba cada fricción, cada gemido ronco de ese hombre que se suponía que solo era un cliente.
—Si sigues removiendo ese café con tanta fuerza, vas a perforar la taza —dijo Camila, entrando a la cocina con el cabello revuelto y un pijama de seda rosa.
Cami se detuvo a un metro de ella, cruzándose de brazos. Su mirada analítica escaneó el rostro de Scarlett de inmediato: las mejillas ligeramente encendidas, los labios un poco hinchados y esa mirada flotante que solo aparecía cuando la mente estaba a kilómetros de distancia.
—Vaya. Así que la noche con el magnate de los autos fue... intensa —comentó Camila, dejando caer una nota de precaución en su tono juvenil.
Scarlett soltó un suspiro largo y dejó la taza sobre la encimera. Se pasó las manos por la cara, tratando de sacudirse el magnetismo que parecía tener impregnado en la piel.
—No tienes una idea, Cami —confesó, con la voz un poco ronca—. No fue solo el sexo. Lo del coche... Dios, lo del coche fue una locura de adrenalina pura. Pero lo que pasó después en su cama... me asusta. Me asusta muchísimo.
Camila sirvió un poco de café en su propia taza y se sentó en uno de los taburetes altos de la barra, indicándole a Scarlett que hiciera lo mismo.
—A ver, Scar. Desembucha. ¿Qué pasó? Pensé que tenías todo bajo control con tu famoso contrato de exclusividad. Cincuenta mil dólares al mes deberían comprar bastante estabilidad emocional.
—Eso pensaba yo —Scarlett se sentó frente a su amiga, entrelazando sus dedos con nerviosismo—. Pero anoche las reglas saltaron por los aires. Me llevó a un evento de su empresa. Estaba imponente, Cami. Una modelo estúpida intentó humillarme y él me defendió como si fuera... no sé, su pareja real. Pero lo peor no fue eso. Lo peor fue lo que pasó después de estar juntos.
Scarlett bajó la mirada, recordando la textura de la cicatriz en el torso de Damiano.
—Se abrió conmigo. Me contó sobre su adolescencia, sobre cómo la muerte de su madre lo destruyó y lo hizo caer en las drogas. Me habló del desprecio y el abandono de su padre. Vi al chico roto que hay detrás de todo ese dinero y ese orgullo, Cami. Lo abracé mientras su corazón latía como loco, y por primera vez desde que entré en *Velvet*... no pensé en la tarifa. No pensé en las facturas de la clínica de mi abuela. Solo quería aliviar su dolor. Me sentí... conectada a él de una forma que no debería.
El silencio se instaló en la cocina. Camila dejó su taza de lado, perdiendo cualquier rastro de diversión en su rostro. La madurez de la situación la obligó a adoptar una postura seria.
—Scar, mírame —pidió Cami con suavidad, tomando las manos de su amiga sobre la barra—. ¿Te estás enamorando de él?
La pregunta flotó en el aire como una sentencia. Scarlett sintió que el estómago se le comprimía. El deseo juvenil, la atracción física incontrolable y la fascinación por la oscuridad de Damiano se habían mezclado en un cóctel peligroso.
—No lo sé —admitió Scarlett, con los ojos empañados por la confusión—. Solo sé que cuando me besa de esa manera tan lenta, como si me necesitara para respirar, me olvido de quién soy. Olvido que estoy en una aplicación. Siento que el espacio entre sus brazos es el único lugar donde quiero estar. Su tacto me enciende, Cami, pero su vulnerabilidad me desarma por completo.
Camila apretó sus manos con firmeza, enderezando la espalda. Era el momento de aplicar las reglas que mantenían los pies de ambas en la tierra.
—Escúchame bien, Scarlett Moreno. Es hora de activar las reglas de Cami, porque te estás tirando de cabeza a una piscina sin agua —advirtió su amiga con tono directo y protector—. Damiano Serrano es un hombre de veintiocho años, multimillonario, poderoso y con un pasado que tú misma dices que está lleno de traumas. Tú tienes veintidós. Estás haciendo esto por una necesidad extrema, para salvar la vida de tu abuela. No puedes permitirte el lujo de mezclar los sentimientos con el negocio.
—Sé que es un negocio, pero...
—¡No, no lo sabes! —interrumpió Cami, alzando un poco la voz para hacerla reaccionar—. En el momento en que empiezas a justificar su arrogancia porque "está roto", ya has perdido. Los hombres como él están acostumbrados a comprar lo que quieren. Te ofreció una fortuna por tu exclusividad porque su orgullo no soportaba la idea de que otros hombres te miraran. Eso es posesividad, Scar. Atracción posesiva. Es jodidamente sexy, sí, te hace sentir como la única mujer del planeta, pero sigue siendo un contrato. No olvides el precio de tus sentimientos. Si le entregas tu corazón a un cliente, te vas a quedar sin nada cuando los tres meses terminen.
Las palabras de Camila cayeron sobre Scarlett como un balde de agua fría, pero sabía que su amiga tenía toda la razón. El romance contemporáneo estaba lleno de historias de chicas que creían poder salvar al hombre atormentado, solo para terminar con el alma hecha pedazos.
—Él no es un monstruo, Cami —susurró Scarlett, tratando de defender el destello de humanidad que había visto en los ojos grises de Damiano.
—No digo que lo sea. Pero está jugando en una liga diferente a la nuestra —replicó Cami, suavizando la voz pero manteniendo la firmeza—. Su mundo está lleno de tiburones como esa modelo que mencionas y de presiones que ni te imaginas. Tú necesitas ese dinero para la abuela. Concéntrate en eso. Disfruta de la química, déjate llevar por el deseo en esa cama de hotel o en su penthouse porque, seamos sinceras, el tipo está para morirse de lo bueno que está... pero mantén una pared alta aquí dentro —dijo, señalando el pecho de Scarlett.
Scarlett asintió lentamente, sintiendo un peso amargo en el corazón. La sensualidad que compartía con Damiano era real, la atracción era un fuego que la consumía viva, pero la realidad era un ancla implacable. Su abuela dependía de su cabeza fría, no de sus fantasías románticas con un millonario inalcanzable.
En ese instante, el teléfono de Scarlett vibró sobre la mesa de noche en su habitación. El sonido era inconfundible: la notificación de *Velvet*.
Ambas chicas se miraron. Scarlett se levantó a paso lento y fue a buscar el dispositivo. Al encender la pantalla, vio un mensaje directo de Damiano.
> **[MENSAJE DE D.S.]**
> *Sé que el contrato estipula veinticuatro horas de aviso previo, pero no puedo esperar. Te quiero esta noche en la pista de pruebas privada de Serrano Motors. Trae ropa cómoda. Quiero enseñarte cómo se siente el verdadero control.*
>
Al leer el mensaje, una descarga de adrenalina pura volvió a encenderse en las venas de Scarlett. La promesa de la velocidad, el peligro y la proximidad de Damiano hicieron que su pulso se disparara. Miró a Camila, que la observaba desde el umbral de la puerta con una ceja arqueada.
—Es él —dijo Scarlett, con una sonrisa involuntaria comenzando a dibujarse en sus labios rojos.
—Recuerda lo que te dije, Scar —sentenció Camila, suspirando con resignación—. Disfruta del viaje, pero no sueltes el freno de mano. Tu corazón es lo único que ese hombre no puede pagar.
Scarlett bloqueó la pantalla del teléfono, sintiendo el choque interno entre la advertencia de su amiga y el rugido del deseo que la empujaba hacia Damiano. Aceptó la cita. El juego continuaba, y la pista de carreras estaba a punto de convertirse en el escenario de una nueva y ardiente batalla entre la razón y la pasión absoluta.