Cuatro años atrás, Lara Rivas lo perdió todo en una sola noche: su familia, su prometido, su nombre y casi la vida. Traicionada por su propia hermana, desapareció sin mirar atrás.
Ahora vuelve a Buenos Aires con otro rostro, otro nombre y dos hijos que son todo su mundo. Solo quiere recuperar lo que le arrebataron y hacer caer a quienes la destruyeron.
Pero Sebastián Ferrer aparece otra vez.
Frío, poderoso y acostumbrado a que nadie le diga que no, Sebastián no logra entender por qué esa mujer le resulta tan familiar. Tampoco por qué sus hijos se parecen tanto a él.
Entre secretos, heridas viejas y una atracción que ninguno de los dos pidió, Lara intenta mantenerse lejos.
El problema es que sus hijos ya eligieron bando.
Y esta vez, el pasado no piensa quedarse enterrado.
NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10
—¿El señor Sebastián tiene un hijo?
La cuchara de Dulce quedó suspendida.
Dulce no volvió a tocar el postre.
Cuando Lara llegó a buscarla, la encontró sentada en el sillón, con los ojos rojos y la boca apretada.
—Dulce.
La nena se levantó de golpe y corrió a abrazarla.
—Mamá, vámonos.
Lara la sostuvo.
—¿Qué pasó?
Dulce negó con la cabeza.
—No quiero venir más.
Marta se acercó, nerviosa.
—Señorita Rivas, no pasó nada. Los señores tuvieron que salir de urgencia y la nena se quedó un poco sensible.
Lara miró a su hija.
Dulce no levantaba la cara.
No iba a interrogarla delante de una empleada.
—Nos vamos.
En el auto, Dulce siguió callada.
Lara no la apuró.
Al llegar al departamento, Benja vio la cara de su hermana y se puso serio.
—¿Quién te hizo llorar?
Dulce se mordió los labios.
Lara dejó el bolso sobre una silla.
—No quiso contarme. Hablen ustedes. Voy a preparar algo.
Apenas se fue a la cocina, Benja llevó a Dulce al balcón.
—Ahora sí. Contame.
Dulce abrazó su muñeco.
—El señor Sebastián tiene un hijo.
Benja se quedó quieto.
—¿Qué?
—Marta dijo que fueron a buscar al nene Mateo. Que es hijo del señor Sebastián.
—¿Hijo?
—Sí.
Benja apretó los labios.
Él había investigado a Sebastián. No aparecía casado. Tampoco había información pública sobre hijos. Pero si tenía un hijo escondido, todo cambiaba.
—Entonces no sirve.
Dulce bajó la cabeza.
—Pero es lindo.
—Hay muchos lindos.
—No como él.
—Si tiene otro hijo y nunca buscó a mamá, no lo queremos.
La nena se secó la cara con la manga.
—¿Y nuestro papá?
Benja pensó unos segundos.
Después abrió un cajón, sacó un caramelo y se lo puso en la mano.
—Cambiamos de papá.
Dulce lo miró, todavía triste.
—¿Se puede?
—Claro. Mamá es tan linda que candidatos no van a faltar.
—Pero yo quería este.
—Yo también. Pero si no sirve, no sirve.
Dulce metió el caramelo en la boca.
No volvió a llorar.
Pero tampoco volvió a sonreír.
En la vieja residencia Ferrer de San Isidro, la escena era un desastre.
Mateo estaba sobre la cama, pálido, con la boca cerrada con fuerza. Dos empleadas intentaban sujetarlo y una enfermera buscaba una vena en su mano.
La señora Ferrer, Elena Alvear de Ferrer, estaba al borde del llanto.
—Mateo, mi amor, es por tu bien.
Candela se mantenía cerca, con cara de preocupación. Si alguien la miraba rápido, parecía una madre angustiada.
Mateo no gritaba.
No pedía ayuda.
Solo se retorcía en silencio, con una desesperación que hacía peor la escena.
La puerta se abrió de golpe.
—Suéltenlo.
La voz de Sebastián dejó congelada la habitación.
Las empleadas retrocedieron.
La enfermera bajó la aguja.
Mateo giró la cabeza. Al ver a Sebastián, extendió los brazos con un temblor que casi no se notaba.
Sebastián lo levantó.
El nene se aferró a su cuello.
Nicolás miró la mano lastimada, las marcas rojas en los brazos, la sábana arrugada.
—¿Quién pensó que sujetarlo entre cuatro era buena idea?
Elena se defendió.
—No comió nada desde que volvió. No toma agua. ¿Qué querías que hiciera? ¿Mirarlo deshidratarse?
Sebastián no discutió.
Con Mateo en brazos, salió de la habitación.
Candela lo siguió.
—Sebastián, yo intenté ayudar. No sabía cómo calmarlo.
—Corré.
La palabra fue baja.
Candela se detuvo.
Nicolás pasó a su lado.
—Hoy no.
Sebastián llevó a Mateo de vuelta a Puerto Madero.
En su propia habitación, con Sebastián sentado a su lado, Mateo aceptó el suero.
No porque quisiera.
Porque su papá estaba ahí.
Tomás Aguirre ajustó la vía y le inmovilizó la manito con una tablilla.
—Listo, campeón. Ya está.
Mateo no lloró.
Solo sostuvo el dedo de Sebastián hasta que se quedó dormido.
Cuando su respiración se volvió pareja, Sebastián salió al pasillo.
Candela esperaba abajo.
—¿Cómo está?
Él la miró.
—Mejor lejos de vos.
Candela bajó los ojos.
—Sé que hoy no manejé bien la situación. Pero soy su madre. Si me dejás quedarme unos días, puedo cuidarlo. Mateo necesita...
Sebastián soltó una risa seca.
No tenía humor.
Tenía desprecio.
Candela se quedó helada.
—¿Qué?
—Ya no tenés oportunidad.
—¿Oportunidad de qué?
Sebastián bajó las escaleras sin contestar.
Candela buscó a Nicolás con la mirada.
—¿Qué quiso decir?
Nicolás metió las manos en los bolsillos.
—Que no vas a ser la señora Ferrer. Y que tampoco vas a seguir usando a Mateo para intentarlo.
—Soy su madre.
—Entonces actuá como una.
—Me voy a quedar.
—No.
—Nicolás...
—Andate antes de que Sebastián pida que te saquen.
Candela apretó los puños.
Había calculado otra cosa.
Si se quedaba esa noche, al día siguiente Jane la vería en la casa. Entendería que ella tenía un lugar ahí. Que no era una invitada.
Pero Sebastián la echaba.
—Vuelvo mañana.
Nadie le respondió.
Cuando la puerta se cerró, Tomás Aguirre habló con los hermanos.
—El suero soluciona hoy. Nada más. Mateo no puede seguir así. Si no come, el cuerpo no aguanta y el desarrollo se resiente.
Nicolás se pasó las manos por la cara.
—Dulce.
Sebastián levantó la vista.
—¿Dónde está?
Marta apareció desde el pasillo, incómoda.
—Se fue con su mamá.
—¿Por qué?
—Se puso triste después de que ustedes salieron. Preguntó por Mateo. Le dije que era su hijo y...
Nicolás cerró los ojos.
—La embarramos.
Sebastián miró hacia la habitación donde Mateo dormía.
Dulce era la única que podía hacer que él comiera.
Y acababan de hacerla llorar.
/Doubt/ y ....según solo lo hará por los niños /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
entonces no es la madre de Sebastián
ahora o nunca !!!
pero un poquito más y sacan a la diabla que lleva por dentro /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
deja de meterme relleno a la historia y empieza a acomodar las cosas entre Sebastian y Lara, 60 capítulos y no avanzan