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ME ENAMORE DEL HIJO DEL CEO

ME ENAMORE DEL HIJO DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

Sin spoyler

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL INESPERADO REENCUENTRO

La mañana transcurría con normalidad en Corporación Vértice.

El sonido de los teclados, los teléfonos y las conversaciones discretas llenaban cada piso del enorme edificio de cristal.

Sofía revisaba unos documentos mientras organizaba la agenda de su supervisor.

—Sofía.

Levantó la vista.

—¿Sí, licenciado?

—Necesito que lleves estos contratos al último piso. Son para la oficina del presidente de la empresa. Deben entregarse personalmente.

Ella tomó la elegante carpeta azul.

—Claro. Voy enseguida.

Era la primera vez que tendría que subir al último piso.

Normalmente, los asistentes de mayor rango se encargaban de esos documentos.

—No tardes.

—No lo haré.

Respiró hondo y caminó hacia los elevadores.

Mientras esperaba, observó cómo varios empleados entraban y salían con expresión seria.

Cuando las puertas se abrieron, entró junto con otras personas.

Conforme el elevador subía, la cantidad de pasajeros disminuía.

Hasta que solo quedó ella.

Las puertas se abrieron en el último piso.

Todo era distinto.

Los muebles eran mucho más elegantes.

Las paredes estaban decoradas con obras de arte.

El ambiente era completamente silencioso.

Incluso el aroma era diferente.

Sofía tragó saliva.

—Qué bonito lugar...

Se acercó a la recepción.

—Buenos días.

La recepcionista sonrió con amabilidad.

—Buenos días. ¿En qué puedo ayudarla?

—Traigo unos contratos para el presidente.

—Permítame un momento.

La mujer hizo una llamada.

Después de unos segundos, colgó.

—Puede pasar. El presidente está en una reunión, pero puede dejar los documentos en la oficina del joven maestro Adrián. Él los revisará primero.

—Entendido.

Sofía agradeció y caminó por el largo pasillo.

Se detuvo frente a una puerta de madera oscura.

Respiró profundamente.

Toc.

Toc.

—Adelante.

Aquella voz...

Le resultó extrañamente familiar.

Abrió la puerta.

Y se quedó completamente inmóvil.

—¿Usted...?

Sentado detrás del enorme escritorio estaba el hombre al que le había derramado café encima el día anterior.

El elegante traje negro había sido reemplazado por otro igual de impecable.

Su expresión seguía siendo seria.

Adrián también la reconoció de inmediato.

—Tú.

Durante unos segundos ninguno dijo una palabra.

Sofía fue la primera en reaccionar.

—¡Lo siento otra vez por lo del café!

Hizo una ligera reverencia.

—De verdad no fue mi intención.

Adrián la observó en silencio.

Seguía disculpándose...

Incluso un día después.

—No tiene importancia.

Ella sonrió con alivio.

—Me alegra escuchar eso.

Caminó hasta el escritorio y colocó la carpeta.

—Traigo estos contratos.

Él la tomó.

—Gracias.

Sofía asintió.

—Bueno... entonces me retiro.

Se dio la vuelta.

Pero antes de que llegara a la puerta...

—Espera.

Ella giró.

—¿Sí?

Adrián la miró directamente.

—¿Trabajas aquí?

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Casi un año.

Él arqueó ligeramente una ceja.

—¿Y nunca me habías visto?

Sofía negó con una pequeña sonrisa.

—No.

—¿Sabes quién soy?

Ella respondió con total naturalidad.

—La recepcionista dijo que usted era el joven maestro Adrián.

Él esperó unos segundos.

—¿Solo eso?

—Sí...

Lo dijo como si fuera la respuesta más normal del mundo.

Adrián permaneció en silencio.

Era extraño.

Muy extraño.

La mayoría de las personas, al descubrir su identidad, cambiaban inmediatamente de actitud.

Se ponían nerviosas.

Intentaban agradarle.

O comenzaban a presumir que lo conocían.

Ella no.

Seguía comportándose exactamente igual.

—¿Ocurre algo? —preguntó Sofía.

—Nada.

Ella sonrió.

—Entonces, con permiso.

—Puedes retirarte.

Cuando salió de la oficina, Adrián permaneció mirando la puerta unos segundos más.

Algo en esa joven llamaba su atención.

No era por su apariencia.

Era su forma de actuar.

Tan sencilla.

Tan... auténtica.

...

Unos minutos después, Adrián salió de su oficina rumbo a la sala de juntas.

Los empleados que encontraba en el pasillo lo saludaban con respeto.

—Buenos días, joven maestro.

—Buenos días.

—Buenos días.

Él respondía únicamente con un leve movimiento de cabeza.

Al doblar una esquina volvió a encontrarse con Sofía.

Ella llevaba una caja con varias carpetas.

En ese momento, otro empleado pasó apresuradamente y la golpeó sin querer.

La caja se inclinó.

Las carpetas comenzaron a caer.

Antes de que tocaran el suelo, Adrián sujetó varias de ellas.

Sofía abrió mucho los ojos.

—¡Gracias!

Él le entregó las carpetas.

—Ten más cuidado.

—Lo intentaré.

Ella soltó una pequeña risa.

—Parece que siempre termino metiéndome en problemas cuando usted está cerca.

Por primera vez en mucho tiempo...

Las comisuras de los labios de Adrián se movieron apenas.

No llegó a ser una sonrisa.

Pero estuvo cerca.

Sofía no lo notó.

Solo acomodó nuevamente la caja.

—Gracias otra vez.

—De nada.

Ella siguió su camino.

Adrián permaneció observándola hasta que desapareció por el pasillo.

...

Desde el otro extremo, dos empleadas habían visto toda la escena.

—¿Viste eso?

—Sí...

—El joven maestro jamás ayuda a nadie.

—Y mucho menos habla dos veces con la misma persona.

Las dos intercambiaron miradas.

—¿Quién será esa chica?

...

Horas más tarde, el presidente de Corporación Vértice salió de su oficina.

Era un hombre imponente, respetado por todos los empleados.

Al ver a su hijo, sonrió ligeramente.

—Adrián.

—Padre.

—¿Cómo van los contratos?

—Todo está en orden.

El presidente notó que su hijo miraba distraídamente hacia el área administrativa.

Siguió su mirada.

A lo lejos estaba Sofía, acomodando unos archivadores mientras conversaba y reía con algunos compañeros.

—¿La conoces? —preguntó el presidente.

Adrián respondió con tranquilidad.

—Nos encontramos por casualidad ayer.

—Ya veo.

El hombre sonrió con discreción.

Conocía perfectamente a su hijo.

Era un joven reservado que rara vez prestaba atención a alguien.

Verlo observar a una empleada despertó su curiosidad.

—Interesante...

Adrián volvió la vista hacia él.

—¿Dijo algo?

—Nada.

El presidente dio una ligera palmada en su hombro.

—Volvamos al trabajo.

Mientras ambos caminaban hacia la sala de juntas, Sofía ni siquiera imaginaba que el hombre con quien había chocado en la calle era el heredero de toda aquella empresa.

Y Adrián comenzaba a hacerse una pregunta que llevaba años sin plantearse.

¿Sería posible que, por fin, hubiera conocido a alguien que lo viera simplemente como Adrián... y no como el hijo del CEO?

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Dulce María Aguilar Rodríguez
porque no dejan que termine la novela eh leído 7 y ninguna termina eso no es justo
Pau jurado(Alfa P D)💜❤️: la verdad eh estado ocupada toto el dia pero tratare de actualizarla el dia de hoy
total 1 replies
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