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El Último Adiós De Cristian

El Último Adiós De Cristian

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

"El último adiós nunca fue el final… solo el comienzo de un nuevo destino."

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 15 El segundo mes y la tarde de helados

Pasaron exactos sesenta días desde aquella tarde en el patio del colegio donde Cristian le pidió que fuera su novia.

Dos meses enteros compartiendo días, risas, confidencias y pequeños gestos que habían hecho crecer su cariño de forma firme y tranquila.

El invierno seguía su curso en Santiago, pero ese fin de semana el cielo se había despejado un poco y el sol, aunque no calentaba demasiado, lograba abrirse paso entre las nubes, iluminando las calles de La Reina con una luz suave y clara.

Para celebrar su segundo mes juntos, Cristian había preparado una salida sencilla pero muy especial: irían a comer helados y luego pasarían por Cony Spak, un lugar muy conocido en el barrio, con tiendas, espacios para caminar y una zona de juegos y atracciones suaves, ideal para pasar una tarde agradable.

—Le pedí permiso a tus padres y a los míos —le dijo Cristian cuando la fue a buscar a su casa—.

Nos acompañará el chofer de mi familia, así vamos tranquilos y sin preocupaciones.

¿Te parece bien?

—¡Me encanta!

—respondió Eluney con los ojos brillantes de alegría—.

Hace mucho que no salimos a caminar así fuera de la rutina.

Iban con ellos también Antonella, de seis años, y Anahís, de tres años, para que la tarde fuera completa y todos se divirtieran.

Las dos niñas iban muy contentas en el auto, mirando por las ventanas y preguntando cuánto faltaba para llegar.

Primero fueron a la heladería, un lugar acogedor con mesas de madera y vitrinas llenas de sabores de todos los colores.

A pesar de que hacía frío, nadie quiso renunciar a su helado:

- Eluney eligió uno de vainilla con frutillas frescas.

- Cristian pidió de chocolate con nueces.

- Antonella escogió el de fresa con crema batida, que le llegaba hasta las mejillas al comerlo.

- Anahís, con mucha paciencia, eligió el de leche condensada y se lo comió con cuchara, sin dejar de mirar a los demás con una sonrisa.

—¿No les va a hacer mal comer helado con este frío?

—preguntó Eluney entre risas, viendo cómo las niñas se manchaban un poco las manos.

—¡Nada!

—respondió Cristian riendo—.

El helado se come en cualquier estación, si es con ganas.

Después de terminar y limpiarse bien, se dirigieron a Cony Spak.

El lugar estaba lleno de familias y niños, con luces de colores, música alegre y puestos de dulces y recuerdos.

Caminaron despacio por los pasillos, mirando las vitrinas, y se detuvieron en una zona de juegos donde las niñas podían subir a atracciones suaves, columpios y carritos sin peligro.

Mientras Antonella y Anahís se divertían, Cristian y Eluney se quedaron parados cerca, tomados de la mano, mirándolas con ternura.

—Ya pasaron dos meses —le dijo él en voz baja, apretando suavemente sus dedos—.

Parece poco tiempo, pero siento que te conozco de toda la vida.

—Yo también lo siento así —respondió ella, recostándose un poquito sobre su brazo—.

Cada día contigo es diferente, más bonito. Nunca me he sentido tan tranquila y feliz.

Cristian sacó de su bolsillo una pequeña cajita de terciopelo suave y se la entregó:

—Es un detalle para este segundo mes.

No es nada grande, pero lo elegí pensando en ti.

Al abrirla, había una pulsera fina de oro, con una pequeña placa redonda donde estaban grabadas las iniciales de ambos y la fecha de su aniversario.

—Es preciosa —dijo Eluney emocionada—.

Gracias, es algo que voy a llevar siempre.

—Y yo te prometo —agregó él mirándola a los ojos— que estos dos meses son solo el comienzo.

Tenemos muchos más por delante, hasta que se cumplan los ocho, los doce y todos los que vengan.

Eluney sonrió, sin saber que esas palabras tenían un significado más profundo, pero confiando plenamente en él.

Pasaron el resto de la tarde caminando, comprando un pequeño recuerdo para cada una de las niñas y riendo de las ocurrencias de Anahís, que quería subir a todo lo que veía y decía que esa era “la mejor tarde del mundo”.

Cuando regresaron a casa ya de noche, con las niñas cansadas pero muy contentas, Eluney se despidió de Cristian en la puerta.

—Gracias por esta salida —le dijo—.

Ha sido perfecta.

—Gracias a ti por compartirla conmigo —respondió él, dándole un beso suave en la frente—.

Mañana seguimos.

¿va?

Esa noche, mientras se acostaba, Eluney se puso la pulsera en la muñeca y la miró a la luz de la lámpara.

No sabía que, un año más, un giro inesperado los separaría, pero por ahora solo vivía el presente, feliz y segura, disfrutando de cada día que pasaba junto a él.

 

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