Un chico marcado por 10.000 voces zarpa en un mar maldito para escribir el final de todas las historias.
Nicolás solo quería ser libre. Pero cuando las historias de los muertos lo eligieron, tuvo que pelear contra piratas, monstruos hechos de arrepentimiento y su propio destino.
Ahora con "El Colmillo Carmesí" en la mano debe decidir: ¿salvar el mundo de historias o dejar que todo se queme?
Fantasía épica, aventura y piratas. Para lectores que aman un buen viaje en el mar.
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Capítulo 6: La Ciudad Sin Nombres
No había carteles.
Ninguno.
Nicolás desembarcó en un puerto gris. Casas grises. Gente gris. Todo sin color.
"Bienvenido a Nula", dijo un guardia. Sin sonrisa. "Aquí no usamos nombres. Para evitar problemas."
Marco frunció el ceño. "¿Cómo se llaman entonces?"
"Ciudadano 12. Ciudadana 44", dijo el guardia. "Los nombres traen recuerdos. Y los recuerdos traen problemas."
Nico sintió como el Colmillo le quemaba.
"7/10", susurró. "Esto es obra de Rojosangre."
Las voces en su cabeza estaban gritando. 10.000 voces. Pero ahogadas. Como bajo agua.
"Escriben aquí", dijo una voz débil. "Miles. Pero no pueden salir."
Nico caminó por la plaza principal. Había una estatua enorme. Tapada con una lona negra.
"¿Qué hay ahí?" preguntó.
"El nombre de la ciudad", dijo una mujer. Ciudadana 89. "Antes se llamaba Memorín. Tenía bibliotecas. Teatros. Ahora no tenemos nada."
"¿Por qué?"
"Porque vino él", susurró. "Hace 2 años. Dijo que los nombres duelen. Que olvidar es vivir mejor. Quemó todos los registros. Mató a los que se negaron."
Nico apretó los puños. Le dolía la cicatriz.
"Voy a devolverles los nombres", dijo.
La mujer lo miró como si estuviera loco. "No se puede. Ya nadie se acuerda."
"Yo sí", dijo Nico. Y sacó el libro.
El Colmillo brilló. Débil. Como pidiendo ayuda.
"8/10", dijo Nico. "Necesito esta."
Se sentó en el piso de la plaza. La gente lo rodeó. Mirando. Sin decir nada.
"Capítulo 6: La Ciudad Sin Nombres", escribió.
"Esta ciudad se llamaba Memorín", escribió. "Tenía 20.000 habitantes. Tenía un río llamado Canto. Tenía una panadera que hacía pan con forma de corazón. Se llamaba Marta."
Mientras escribía, algo pasó.
La lona de la estatua se movió. Sola.
Una señora mayor gritó. "¡Marta! ¡Esa era Marta la panadera!"
Otra persona: "¡El río Canto! ¡Yo nadaba ahí de niño!"
Los nombres volvían. Como agua rompiendo una represa.
El guardia corrió. "¡Deténganlo! ¡Los nombres están prohibidos!"
Nico no paró. Escribía más rápido.
"El alcalde se llamaba Don Roque. Tenía barba blanca. Se reía fuerte. Murió defendiendo la biblioteca."
La estatua se destapó sola. Era Don Roque.
La gente lloraba. Reía. Se abrazaba.
"¡Me acuerdo!" gritó un niño. "¡Me llamo Pedro!"
9/10.
El Colmillo explotó en luz.
Nico se puso de pie. Le sangraba la nariz pero no le importaba.
"¡Nula ya no existe!" gritó. "¡Esta es Memorín! ¡Y ustedes tienen nombres!"
De la niebla salió Rojosangre. Solo.
"Me hartaste, bardo", rugió. "Quemaste una biblioteca. Liberaste fantasmas. ¿Ahora quieres devolverle los nombres a esta basura?"
Levantó la mano. Fuego negro.
"¡No!" gritó la gente.
Nico se puso al frente. "¡Llamado de Recuerdos!"
Los fantasmas salieron. Elena. Silas. Ana. 20 más.
Rojosangre se rió. "¿Crees que 20 fantasmas me paran?"
"No", dijo Nico. "Creen que 20.000 sí."
Tocó el libro.
"¡Recuerden!" gritó a la gente. "¡Digan sus nombres!"
Y la plaza explotó.
"¡Soy Marta!"
"¡Soy Pedro!"
"¡Soy Don Roque!"
"¡Soy Memorín!"
20.000 voces. Gritando nombres.
Rojosangre se tambaleó. Se tapó los oídos. "¡Cállense! ¡El silencio es mejor!"
"Para ti", dijo Nico. "Para nosotros, los nombres son vida."
El fuego negro de Rojosangre se apagó. No podía contra tantos recuerdos.
Rojosangre lo miró con odio. "Esto no acaba. Te voy a encontrar. Y voy a borrar hasta tu nombre."
"Inténtalo", dijo Nico. "10/10. Ya casi."
Rojosangre escupió y huyó. Su barco desapareció en la niebla.
Silencio. Y luego... música.
La gente de Memorín estaba cantando. Sus propios nombres.
Nico cayó de rodillas. Agotado.
Marco lo ayudó a levantarse. "Lo hiciste, Capitán. Les diste los nombres de vuelta."
Nico abrió el libro. Temblando.
En la portada decía:
"10/10 Historias escritas. Tercer poder desbloqueado: El Colmillo Carmesí."
El libro vibró. Y de la portada salió algo.
Una pluma. Pero no de tinta. De luz roja. Con forma de colmillo.
Nico la agarró. Quemaba, pero no dolía.
"¿Qué es?" preguntó.
"El arma", dijeron las 10.000 voces. Ahora tranquilas. "Ahora puedes pelear. Ahora puedes escribir y pelear a la vez."
Nico miró la pluma-colmillo. Luego miró a la gente de Memorín. Gritando sus nombres al cielo.
Se limpió la sangre de la cara.
"3 más", dijo. "3 historias y voy a por él."
"¿Y luego?" preguntó Marco.
"Luego", dijo Nico, "voy a borrar al que borra nombres."
Guardó la pluma en el libro.
Memorín tenía luz otra vez.
Y Nico tenía un arma.
El Colmillo Carmesí ya no era solo un libro.
Era una promesa.