Aún siento el frío del metal desgarrando mi piel y el dolor punzante en mi corazón; un dolor que no era por el acero, sino por algo más que aún no logro descifrar. En este limbo, donde no sé si estoy viva o muerta, mi único objetivo es salvar a mi hija y lograr que llegue a este mundo. Soy Amanda Leal, y esta es mi historia... una que apenas comienza con mi final.
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Capítulo XVIII: Decepción
Punto de vista de Amanda
El silencio dentro de la camioneta blindada de regreso a la mansión había sido casi sepulcral, interrumpido únicamente por el murmullo del motor y el paso de las luces de la ciudad a través de los vidrios oscuros. Había logrado mantener la máscara de Victoria Arismendi intacta durante el resto de la gala, sonriendo a los inversionistas, respondiendo con frialdad corporativa y sosteniendo la mano de Andrés como si fuera la mujer más segura del mundo.
Pero en cuanto cruzamos el umbral de la casa y subimos a la habitación principal, la cerradura de la puerta tras de nosotros funcionó como el detonante de una bomba que llevaba conteniendo en el pecho.
Las piernas me temblaron tanto que no pude dar un paso más. Me apoyé contra la pared, sintiendo que el aire no entraba a mis pulmones, y las lágrimas que había reprimido con tanta fuerza finalmente se desbordaron por mis mejillas, calientes y amargas. El llanto me asfixió, desarmándome por completo mientras el recuerdo de la mirada desquiciada de Miguel y el rostro de Elisa se repetían en mi mente como una película de terror.
—Amanda... —la voz de Andrés sonó suave, despojada por completo de la arrogancia que había mostrado en el salón.
En dos pasos rápidos acortó la distancia. No intentó besarme, ni acorralarme como otras veces; simplemente me envolvió en sus brazos con una firmeza y una calidez que me hicieron llorar aún más fuerte. Escondí mi rostro en su pecho, arrugando la costosa tela de su esmoquin con mis manos temblorosas, dejándome sostener porque sentía que si él me soltaba, me caería en pedazos.
—Lo hiciste increíble, fuiste perfecta —susurró contra mi cabello, acariciando mi espalda en círculos lentos, intentando calmar mis espasmos—. Los destruiste en su propio juego, Amanda. El miedo en sus ojos fue real.
—Lo vi, Andrés... vi sus rostros —logré articular entre sollozos, con la voz rota—. Estaba aterrada. Cuando Miguel se acercó y pronunció mi nombre, sentí que volvía a esa noche, que volvía a ser la mujer indefensa a la que pisotearon sin piedad. Tuve tanto miedo de que me quitaran a Mía…
—Nadie te va a quitar nada —sentenció él con una seguridad tan aplastante que me obligó a alzar la mirada—. Te lo juré hace cinco años y te lo repito esta noche: estás bajo mi protección. Nadie va a volver a tocarte, ni a ti ni a nuestra hija.
Andrés usó sus pulgares para limpiar las lágrimas de mis mejillas con una delicadeza que me descolocó. Sus ojos oscuros me miraban con una intensidad desbordante, una mezcla de admiración, rabia contenida por lo que sufrí en el pasado, y algo más... un deseo profundo y latente que encendió una chispa directa en mi vientre.
La cercanía era peligrosa. Su respiración chocaba contra mis labios y el calor de su cuerpo me envolvía, disipando el frío del pánico para reemplazarlo por un fuego interno que ya conocía muy bien. Mi mano, que antes colgaba inerte, subió lentamente por su cuello, enredándose en su cabello.
—Andrés... —susurré, pero esta vez no era un reproche, ni una súplica para que se alejara. Era una invitación implícita que él no dudó en aceptar.
Sus labios buscaron los míos con una desesperación contenida, uniendo nuestras bocas en un beso profundo, cargado de la adrenalina de la victoria compartida y de la tensión romántica que llevábamos reprimiendo desde nuestra llegada. Sus manos bajaron a mi cintura, pegandome más a él, recordándome con cada roce que la distancia que nos había separado durante cinco años se estaba desmoronando por completo esta noche.
Me separé de sus labios de golpe, con la respiración agitada y el corazón golpeándome con fuerza contra las costillas. Andrés me miró confundido, con los ojos oscuros inyectados de una pasión contenida que amenazaba con devorarnos a ambos si dábamos un paso más hacia la cama.
—Amanda… —susurró, intentando acortar la distancia de nuevo y buscando mi mano.
—No, Andrés. No podemos hacer esto —respondí, dando un paso atrás y abrazándome a mí misma, buscando recuperar la fría cordura que me había caracterizado últimamente—. Mi mente y mi cuerpo se mueren por dejar que pases, pero no puedo.
—¿Por qué sigues huyendo de lo que sentimos? —preguntó, con una nota de frustración genuina en su voz—. Esta noche fuimos uno solo allá afuera. Los destruimos juntos. ¿Por qué te empeñas en poner una pared entre nosotros cuando estamos solos?
—Porque tengo miedo —confesé, mirándolo directo a los ojos, dejando que viera la verdad de mi alma—. Me encanta cómo me proteges y cómo cuidas a Mía, pero todavía no sé dónde termina el hombre que me ama y dónde empieza el estratega frío que planeó todo esto. Necesito estar segura de que no me estás usando como un peón más en tu juego de poder contra los Maldonado. Cuando todo esto termine y logremos nuestra venganza, ¿qué quedará de nosotros? ¿Me desecharás también?
Andrés se quedó inmóvil. La mandíbula se le tensó y sus ojos reflejaron una profunda herida ante mis palabras, una vulnerabilidad que rara vez se permitía mostrar. Dio un largo suspiro, metió las manos en los bolsillos de su pantalón y asintió lentamente, respetando la distancia que yo había impuesto.
—Pensar que te usaría es lo único en lo que te equivocas, Amanda. Pero voy a darte el tiempo que necesites para que lo entiendas —sentenció con voz ronca—. Descansa. Mañana el contraataque de Miguel empezará, y te necesito fuerte.
Dio la vuelta y salió de la habitación, dejándome sola con un frío repentino que me caló los huesos. Me quité los diamantes del cuello y me metí en la cama, sabiendo que la guerra apenas comenzaba y que el frente más difícil de batir no era Miguel Maldonado, sino mi propio corazón.
Andrés debes hablarle más directo
te quiero te amo seamos una familia y un matrimonio real, necesita palabras más directas porque ella solo ve tu venganza y ella siendo una pieza 🤦🤦
ya va siendo hora 🫣🫣🫣
dos meses
que perro traidor 😡😡😡
espero que cuando te quites la venda de los ojos solo sea para ver la felicidad de Amanda