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El Heredero Del Alfa

El Heredero Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Hombre lobo / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Violeta. E

En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan

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Capitulo 20

El sol matutino entraba por los altos ventanales de la sala de reuniones del ala oeste. Una gran mesa de caoba ocupaba el centro de la habitación, cubierta con mapas territoriales, rollos de pergamino y contratos comerciales.

Magnus presidía la mesa con su habitual túnica de gala, con el rostro serio y la mirada atenta. A su derecha se encontraba Aeryn, vestida con un impecable traje formal azul marino, sosteniendo una pluma de ave y los informes de ingresos del último trimestre. A la izquierda se sentaban tres de los consejeros más antiguos de la corona.

Al cabo de unos minutos, las puertas dobles se abrieron y el Duque Valerius entró a la estancia, acompañado únicamente por su escribano personal. Vestía una túnica de lana fina de color plata y cuero.

—Buenos días, Majestad. Lady Aeryn —saludó Valerius, inclinando ligeramente la cabeza antes de tomar asiento frente a ellos.

—Vayamos al grano, Valerius —dijo Magnus sin rodeos, apoyando los antebrazos sobre la mesa—. Las provincias del este solicitan una exención del impuesto del diez por ciento sobre las rutas para el próximo ciclo. ¿Cuáles son los argumentos?

Valerius desplegó un pergamino sobre la mesa y sonrió con soltura.

—El transporte ha sufrido costes elevados por el mantenimiento de los muelles, Majestad. Creemos que una reducción impositiva fomentaría un mayor volumen de comercio entre nuestras regiones y la capital.

Antes de que Magnus o los consejeros pudieran responder, Aeryn revisó rápidamente una de las hojas en su carpeta, levantó la mirada y fijó sus ojos en el duque.

—Eso no es del todo preciso, Lord Valerius —intervino Aeryn con voz clara, firme y pausada—. Según los registros de peaje del último semestre, los costes de mantenimiento del este bajaron un catorce por ciento tras la reparación de los diques centrales. Si la corona reduce el impuesto un diez por ciento, el imperio perdería cerca de sesenta mil monedas de oro al año, mientras que las arcas privadas del este aumentarían su margen de beneficio sin ofrecer nada a cambio.

Los consejeros de la corona asintieron entre murmullos de aprobación ante la precisión de los datos.

Valerius apoyó la barbilla sobre la mano, mirando a Aeryn con una mezcla de sorpresa y profunda fascinación. La perspicacia de la Omega lo atraía cada vez más.

—Impresionante memoria, Lady Aeryn —comentó Valerius en un tono bajo y seductor, ignorando por un segundo la presencia del Emperador—. Es una verdadera lástima que un talento tan extraordinario como el suyo esté atrapado entre los fríos muros de este palacio, resolviendo números para la corona. En las tierras del este, una mujer con su inteligencia no solo gestionaría las finanzas, sino que dispondría de fincas propias, escolta privada y una libertad absoluta para gobernar a mi lado.

El ambiente en la sala de reuniones se volvió tenso al instante.

Magnus se volvió pesado y amenazante, llenando la habitación como una nube de presión. Los tres consejeros bajaron la mirada, sintiendo el peligro en el aire. Los ojos rojos del Emperador se fijaron en el duque con una furia contenida.

—Mide tus palabras, Valerius —sentenció Magnus con una voz grave que hizo retumbar la madera de la mesa—. Estás en la mesa del consejo del Emperador, no en tu ducado.

Aeryn sostuvo la mirada de Valerius sin pestañear, manteniendo una expresión fría y distante.

—Agradezco su oferta de 'libertad', Lord Valerius —respondió Aeryn con ironía fina—, pero mi lugar está aquí, donde mi trabajo es respetado y no usado como pretexto para provocaciones baratas. Y en cuanto a las tarifas comerciales: la exención queda rechazada. El impuesto se mantendrá en el diez por ciento estándar.

Valerius soltó una risa leve, recostándose en su silla sin mostrar pizca de arrepentimiento.

—Una mujer firme y decidida... Fascinante —murmuró el duque en voz baja, mirando a Aeryn antes de dirigirse a Magnus—. Que así sea por ahora, Majestad. Nos ajustaremos a la tarifa estándar.

El duque recogió sus papeles, hizo una reverencia sobria y se retiró de la sala con paso tranquilo.

En cuanto la puerta se cerró, Magnus se levantó de su asiento y se acercó a Aeryn. Le tomó suavemente la mano, apretándole los dedos con calidez mientras soltaba un suspiro pesado para calmar sus instintos de Alfa.

—Estuviste brillante —dijo Magnus, mirándola con orgullo y devoción—. Pero no me gusta cómo te mira. Ese hombre busca algo más que un acuerdo comercial.

Aeryn se puso de pie y le sonrió con serenidad, pasándole la mano por el brazo.

—Que busque lo que quiera —contestó Aeryn con firmeza—. No va a conseguir nada. Sé defenderme sola en la mesa de negociaciones, y sé muy bien a quién le pertenece mi corazón.

Magnus sonrió, atrajo a Aeryn hacia su pecho y le depositó un beso tierno en la frente, reafirmando que, a pesar de las provocaciones del este, estaban más unidos que nunca.

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