Laura Una arquitecta brillante intentando llevar una vida normal, en medio de todo su caos, llegará para cambiarle la vida a él.
—Ojalá el amor se pesara, porque siento que hoy acabo de subir una tonelada
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capitulo 4
Laura se despertó con la sensación de que su despertador no solo marcaba las seis de la mañana, sino el inicio de una guerra interna que no estaba segura de poder ganar. Se miró al espejo, todavía con el rímel de la noche anterior ligeramente corrido, y suspiró. Laura, concéntrate, se regañó a sí misma. El roce de los dedos de Marco en su mejilla la noche anterior seguía quemándole la piel, una marca invisible que parecía pesar más que cualquier complejo físico que hubiera acarreado desde la infancia.
Se vistió con unos pantalones de talle alto color crema y una blusa de seda terracota que fluía sobre sus curvas sin apretar demasiado. Se sentía profesional, o al menos eso intentaba proyectar. En su bolso, la carta quemada de su pasado descansaba como una granada sin seguro. La Herencia. El viñedo de su origen era ahora el proyecto central de la empresa de Marco. No podía ser una coincidencia, el destino era un arquitecto demasiado preciso para tales descuidos.
Al llegar a la oficina, el ambiente estaba cargado. Montes, el inversor de la cena, ya estaba allí, paseándose por la sala de juntas como un pavo real con traje de tres piezas. Marco, por su parte, estaba de pie junto a la ventana, con una taza de café en la mano y la mandíbula tan apretada que Laura temió que se le rompiera un diente.
—Llega tarde, Durán
dijo Marco sin girarse. Su voz era fría, recuperando ese muro de hielo que tanto le gustaba construir.
—Dos minutos, señor... Marco
corrigió ella, sintiendo que usar su nombre de pila en la oficina era como caminar sobre cristales rotos.
—Dos minutos son la diferencia entre un contrato firmado y una oportunidad perdida
sentenció él, girándose finalmente. Sus ojos grises chocaron con los de ella. No había rastro de la ternura de la noche anterior, solo una intensidad profesional que la hizo retroceder un paso.
Guillermo Montes intervino con una risa condescendiente.
—Déjela, Marco. Las mujeres siempre se hacen esperar. Aunque, señorita Durán, espero que sus planos sean más sólidos que su puntualidad. El proyecto del viñedo necesita realismo, no fantasías románticas sobre conectar con la tierra.
Laura sintió que la sangre le hervía. No era solo por el comentario machista de Montes, sino por la forma en que Marco se mantenía en silencio, permitiendo que la subestimaran. Sacó su tableta digital y conectó los archivos a la pantalla gigante de la sala.
—Señor Montes
empezó Laura, con una voz que no tembló ni un milímetro.
—el realismo en el diseño contemporáneo no se trata de cuánto oro puedes pegar en una pared. Se trata de identidad. He analizado la topografía de La Herencia. El suelo es rico en minerales, la luz del atardecer cae exactamente a 45 grados sobre la ladera sur. Si construimos el hotel boutique usando la piedra volcánica de la zona, no solo ahorramos un 30% en materiales de transporte, sino que creamos una estructura que regula la temperatura de forma natural. Eso no es fantasía, es ingeniería estética.
Marco dejó su taza de café sobre la mesa. Por primera vez en la mañana, una chispa de orgullo cruzó su mirada, aunque la ocultó rápidamente tras su máscara de jefe implacable.
—Proceda con el modelado 3D, Durán
ordenó Marco.
—Montes, creo que podemos darle el beneficio de la duda. Si los números cuadran, el concepto de Laura es superior al que teníamos inicialmente.
La reunión duró tres horas agotadoras. Montes finalmente se retiró, no sin antes lanzar una mirada de reojo a las caderas de Laura, algo que Marco notó y que hizo que sus nudillos se volvieran blancos mientras apretaba su pluma estilográfica. Cuando quedaron solos, el silencio en la sala de juntas se volvió denso, casi sólido.