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Cicatrices De Ceniza

Cicatrices De Ceniza

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia2026

​Tras sobrevivir al cáncer, Valeria oculta su infertilidad al hombre de su vida. Entre secretos, pasión y una suegra cruel, deberá decidir si el amor basta para sanar sus cicatrices.

NovelToon tiene autorización de Dalia2026 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 13: Segunda Base.

​El romance con Mateo iba miel sobre hojuelas, cada mensaje discreto, cada mirada compartida en los pasillos de la constructora y cada salida furtiva al final de la jornada me hacían sentir en la cima del mundo. Sin embargo, Mateo no era hombre de andar con medias tintas ni de esconderse como si estuviera haciendo algo malo.

Él quería hacer las cosas bien, y el viernes por la tarde me sorprendió al pedirme que lo llevara a mi casa. Quería dar el siguiente paso y hablar directamente con mi familia: mi tía Irina y mi papá, el señor Carlos.

​Nos sentamos en la sala con una formalidad que me ponía los pelos de punta, pero Mateo se manejó con una caballerosidad impecable. De frente, con la mirada madura y firme, les habló de sus intenciones conmigo, de lo mucho que me valoraba y del noviazgo que habíamos iniciado.

​Mi papá y la tía Irina lo escucharon con atención, tras un largo silencio, el señor Carlos tomó la palabra, mirándolo con esa seriedad de hombre de campo que no se deja deslumbrar por trajes caros.

​—Se ve que eres un buen muchacho, Mateo, y agradezco que des la cara en esta casa —dijo mi papá con voz grave—. Pero quiero dejarte algo muy claro, Valeria ha pasado por muchísimas cosas en su corta vida, dolores y batallas que le ha tocado librar muy joven.

Es el tesoro de esta casa, y lo único que te pedimos como familia es que no la hagas sufrir. Si tus intenciones no son reales, es mejor que des un paso atrás ahora.

​La tía Irina asintió con la mirada fija en Mateo, sosteniendo implícitamente esa advertencia protectora, guardando celosamente el secreto de la enfermedad que me había marcado para siempre sin dar detalles.

​—Mis intenciones con su hija son la cosa más seria que he tenido en mi vida, señor Carlos —respondió Mateo, tomándome la mano con fuerza sobre las rodillas—. No pretendo lastimarla jamás.

​Para celebrar nuestro paso oficial, Mateo organizó una escapada de fin de semana a un sitio especial: una hermosa y lujosa cabaña privada en las colinas de Galipán, lejos del ruido de Caracas y rodeada por la neblina del Ávila. Al caer la noche, el frío de la montaña y el crepitar de la chimenea crearon el escenario perfecto.

​Cuando Mateo me tomó entre sus brazos, el juego previo me excitó por completo, sus manos grandes recorrieron mi piel con una devoción que me dejó sin aliento. Empezó a besarme con calma, bajando por mi cuello, recorriendo mis hombros y saboreando cada parte de mi cuerpo con una lentitud que me hacía arquear el pecho.

Escuchar mis primeros jadeos, el ritmo errático de mi respiración y sentir cómo temblaba bajo sus toques volvió completamente loco a Mateo. Su mirada se oscureció de pura pasión, perdiendo esa compostura ejecutiva que siempre lo caracterizaba. La gozadera en ese momento era total; me sentía flotar en un mar de sensaciones ardientes y deseadas.

​Pero la burbuja de excitación tropezó con mi realidad cuando sus manos descendieron por mi vientre. Al sentir que sus dedos se acercaban a la zona de mi pelvis, el pánico me congeló. Me incomodé de inmediato, intentando cubrirme con las sábanas, temerosa de que viera la marca de mi pasado.

​Mateo se detuvo al notar mi rigidez, con delicadeza, apartó mi mano y vio la marca lineal en mi piel. Levantó los ojos hacia mí, llenos de una mezcla de ternura y preocupación.

​—¿Qué es esto, mi Vale? —me preguntó con voz suave, acariciando el borde de la marca con cuidado.

​El corazón se me encogió. El nudo en la garganta me impidió respirar; no tenía el valor de confesarle la verdad sobre mi infertilidad en un momento como este.

​—Es... es de una operación. Un quiste que me tuvieron que sacar hace un tiempo, no es nada —mentí en un soplido, desviando la mirada.

​Mateo no me presionó, besó la cicatriz con una ternura que me hizo querer llorar y continuó con su faena, decidido a hacerme sentir segura.

La pasión volvió a encenderse, envolviéndonos en un torbellino de caricias y suspiros hambrientos. Él estaba listo, y yo también deseaba entregarme por completo al hombre que amaba.

​Sin embargo, cuando llegó el momento de la unión y ocurrió la penetración, toda la fantasía se derrumbó. Un dolor agudo, intenso y desgarrador me atravesó por completo. El dolor fue total y absolutamente dolorosísimo, desmantelando cualquier mito de las novelas.

​«¡Dios santo! Esto no es como lo describen en las novelas románticas... Me va a romper», pensé con desespero.

​Apreté los dientes con fuerza y, en un acto reflejo por el sufrimiento físico, le enterré las uñas a Mateo en la espalda, hundiéndolas en el fondo de su ser mientras el aire se me escapaba de los pulmones. Dos lágrimas rebeldes y pesadas se me salieron de los ojos, rodando por mis mejillas en medio de la penumbra.

​Mateo se congeló de inmediato. Al sentir mis uñas clavadas y ver mi rostro desencajado por la agonía, su expresión cambió a una de absoluta preocupación. Se sostuvo sobre sus brazos, mirándome con el corazón en la boca, deteniendo el movimiento.

​—Vale... mi amor, ¿te duele mucho? —preguntó con la respiración agitada, limpiando mis lágrimas con su pulgar—. Dime si quieres que pare, por favor.

​—No... no pares —le pedí en un susurro, haciendo un esfuerzo sobrehumano, queriendo pasar el trago amargo para estar con él—. Solo... ve despacio. Muy despacio.

​Mateo, completamente pendiente de cada una de mis reacciones, continuó con una lentitud extrema, cuidándome como si fuera de cristal, midiendo cada impulso para no lastimarme más de la cuenta, aunque para mí el dolor físico siguió opacando cualquier rastro de placer del principio, hasta que todo terminó.

​Al día siguiente, la luz de la mañana se filtró por los ventanales de la cabaña, disipando la neblina. Me desperté envuelta en los brazos de Mateo; estábamos muy abrazados, su pecho cálido pegado a mi espalda y sus piernas enredadas con las mías. Se sentía hermoso y protector, pero en cuanto intenté moverme para levantarme de la cama, un quejido se me escapó de los labios.

​Tenía una incomodidad tremenda en la parte de abajo. Al apoyar los pies en el suelo, me di cuenta de que no podía caminar bien; sentía una molestia que me obligaba a andar a paso de morrocoy.

​Mateo se levantó de inmediato al verme batallar, con una sonrisa cargada de ternura, me tomó en vilo entre sus brazos y me cargó directo al baño, abrió la ducha y me ayudó a bañarme con una delicadeza infinita, dejando que el agua tibia aliviara mis músculos adoloridos.

Sin embargo, mientras me pasaba el jabón por los hombros, sentí cómo su respiración volvía a acelerarse y su cuerpo se pegaba sospechosamente al mío por detrás. El ingeniero quería tener acción otra vez.

​Me volteé como pude bajo el agua y le puse una mano en el pecho, frenándolo en seco.

​—Epa, epa... ¡frena ahí, no tan rápido, tigre! —le dije, mirándolo con los ojos entrecerrados—. O sea, yo aún no me recupero. ¡Ay, no! Yo de verdad no pensé que esto doliera tanto al día siguiente.

​Mateo se quedó congelado un segundo y luego estalló en una carcajada limpia y ronca que resonó en todo el baño, muerto de la risa por mi ocurrencia y mi carita de reclamo. Me abrazó por la cintura, pegando su frente a la mía mientras seguía riéndose bajito.

​—Tranquila, mi contadora hermosa —me consoló, dándome un beso tierno en la nariz—. Prometo que el tigre se va a quedar tranquilo hoy. Eso solo pasa al principio, vas a ver que a medida que te acostumbres a mí, va a ser pura gozadera de principio a fin. Te lo prometo.

​Escondí la cara en su cuello, mitad avergonzada y mitad aliviada, rogando internamente porque tuviera razón y que mi cuerpo no fuera a traicionarme también en la intimidad.

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Gioconda Rivas
que pedante es ese camilo 🤬🤬🤬
Sandra Milena Ramirez Martinez
no paro de llorar 😭
Dalia: Es muy triste la perdida 😭😭😭
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Sandra Milena Ramirez Martinez
oye pero este hombre es un total pendejo... el supuesto mejor amigo le roba y la mama lo maneja peor que un titere
Dalia: era un robo tan meticuloso que a nuestra protagonista le tardo años confirmar el verdadero culpable, el robo era secreto a voces. el verdadero culpable se aprovecho de que la suegra le tenia rabia a la protagonista para inculparla.

A mi me da rabia es con el prota, porque claro muy detras de su amor, muy profesional pero por andar de enamorado y creyendole a la mamá es que le metieron gato por liebre.
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Elizabeth Del Valle Romero
ahí hay chispa ❇️
Dalia: el comienzo de algo🤭
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Gioconda Rivas
Me gusta la hiatoria, toca una realidad sobre aquellas mujeres que por ciertas circunstancias no pueden tener hijos y se mueren por tenerlos. No por ello quiere decir que sean menos valiosas, madre no es la que engendra si no la que cria. Gracias escritora por escribir historias tan lindas y con mensajes se reflexión.
Gioconda Rivas
empieza el romance 😍
Gioconda Rivas
se nos puso celoso el hombre 🤣
Gioconda Rivas
Valeria se pasa de inocente
Gioconda Rivas
Es triste el caso de Valeria, yo pase por lo mismo. Lo importante es estar viva.
Dalia: Son casos muy tristes, lo importante es ser fuertes y salir adelante.
total 2 replies
Elizabeth Del Valle Romero
isssh cuando se enteré Mateo
Dalia: Esto se va a poner color de hormiga🔥🔥🔥
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Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia 😭
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia:(
Dalia: Ese Mateo le hace falta pantalones, no es un mal hombre solo que se dejo llenar la mente de basura.
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Elizabeth Del Valle Romero
muero por leer los siguientes capítulos
Dalia: pronto,pronto!!! ☺️
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