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Mi Amante Millonario

Mi Amante Millonario

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Amor prohibido
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Margalo

Un romance que surge entre el jefe de su esposo y la esposa de un hombre incapaz de satisfacer los más profundos deseos de una mujer como ella, al menos como lo hacer su jefe...

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Capitulo 6: ASCENSO

Elisa estaba arrodillada en el suelo de la sala, pasando el trapo por los bordes de los muebles, cuando escuchó la llave girar en la cerradura. Eran apenas las tres de la tarde, mucho antes de la hora en que Luis solía volver del trabajo, así que se levantó de un salto, sacudiéndose el polvo del delantal, y se dirigió hacia la puerta.

—¡Elisa, mi amor, estoy aquí! —gritó él desde el pasillo, con una voz que rebosaba alegría—. ¡Tengo las mejores noticias que podríamos recibir!

Entró en la casa casi saltando, con los ojos brillantes y una sonrisa tan ancha que le iluminaba todo el rostro. Se quitó el saco de un tirón y lo lanzó sobre el sofá, luego se acercó a ella y la tomó de las manos, haciéndola girar despacio sobre sí misma.

—No te vas a creer lo que acaba de pasar —dijo, sin dejar de sonreír—. Tenemos que celebrar, ya mismo. ¿Tenemos esa botella de champaña que guardamos para ocasiones especiales? Pues esta es la ocasión, sin duda.

Elisa asintió un poco confundida, fue hasta la cocina y sacó la botella del refrigerador, junto con dos copas finas que apenas habían usado. Mientras Luis la destapaba con cuidado, ella no dejaba de mirarlo, preguntándose qué podía ser tan importante para que estuviera tan emocionado. Cuando el líquido dorado llenó las copas, él levantó la suya y chocó suavemente contra la de ella.

—Por nosotros —dijo—, y por todo lo que nos espera.

Bebió un trago largo, y luego se quedó mirándola con una expresión de orgullo que Elisa no le había visto nunca.

—Hace un rato me llamó directamente el señor Marco Aurelio —empezó a contar, y al escuchar ese nombre Elisa sintió que el corazón se le detenía un instante en el pecho—. Me llamó a su despacho, me miró a los ojos y me confirmó que es definitivo: me han ascendido. No es un cambio cualquiera, Elisa. Es el puesto de gerente general de la sucursal más importante de todo el grupo.

Ella se quedó quieta, con la copa a medio camino entre la mesa y sus labios, y sintió que el aire se le hacía espeso. Sabía perfectamente quién había movido los hilos, pero no podía decir nada, solo asentir y fingir sorpresa.

—¿De verdad? —atinó a decir, con voz apenas audible—. Qué… qué maravilla, Luis. Te lo mereces mucho.

—¿Merecerlo? —rio él—. Es mucho más de lo que jamás soñé. Escucha bien lo que viene ahora, porque es increíble. Este puesto no solo significa que voy a ganar cuatro veces lo que cobraba hasta ahora. También tenemos coche oficial con chofer, una casa enorme totalmente amueblada que la empresa pone a nuestra disposición, seguro de vida y médico para los dos completo, fondos de ahorro privados, vacaciones de dos meses al año, bonos cada seis meses y hasta la posibilidad de estudiar cualquier maestría que queramos pagada por ellos. Es el sueño de cualquiera, Elisa.

Hizo una pausa, y luego bajó la voz como si fuera a contarle un secreto, aunque la noticia que siguió le golpeó a ella como un balde de agua helada.

—Pero hay un detalle —dijo él, sin dejar de sonreír—. La sucursal está en la ciudad vecina, a más de trescientos kilómetros de aquí. Tenemos que mudarnos. Tengo que presentarme allí el lunes por la mañana, así que mañana y pasado mañana hacemos las maletas, cerramos la casa y partimos el fin de semana sin falta.

Elisa sintió que le daba vueltas la habitación. Se apoyó en el borde de la mesa para no caerse, mientras Luis seguía hablando, enumerando todas las ventajas, lo mucho que mejorarían sus vidas, lo lejos que iban a llegar juntos. No se daba cuenta de nada: no veía cómo la sangre se le iba del rostro a su mujer, ni cómo sus manos temblaban alrededor de la copa.

—Voy a ir a preparar mis cosas primero a la habitación de arriba —dijo él, dándole un beso rápido en la frente—. Quiero organizar todo con calma. Ya te aviso si necesito que me ayudes con algo.

Subió las escaleras tarareando una canción, dejando a Elisa sola en la sala, con la botella de champaña aún abierta y el silencio pesado llenando cada rincón de la casa. Se sentó en una de las sillas, mirando al vacío, y su mente empezó a correr sin control.

¿Qué debía hacer? ¿Seguir a Luis, aceptar esa vida llena de comodidades y seguridad, y dejar atrás para siempre a Marco, todo lo que habían vivido, todo lo que él le hacía sentir? ¿O decirle la verdad, confesar lo que pasaba, quedarse aquí y seguir viendo al hombre que le había devuelto el deseo de vivir, aunque eso significara romper su matrimonio y perder todo lo que tenía? ¿Podría dejar que Luis se fuera solo, empezar una vida nueva sin ella, mientras ella se quedaba aquí, atrapada entre la culpa y el amor que sentía por otro? No tenía respuestas, solo miedo, y la certeza de que cualquier decisión que tomara cambiaría su vida para siempre.

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