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Atados Por La Sangre Y El Destino

Atados Por La Sangre Y El Destino

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Época / Demonios / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: ana19

Ya llegue con una nueva historia, bueno lean la y comenten

NovelToon tiene autorización de ana19 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

21

Habían pasado dos semanas desde que Selene llegó al Imperio Demoníaco.

Los ciudadanos la adoraban.

Los nobles comenzaban a respetarla.

Y el palacio, que durante años había sido un lugar frío y silencioso, ahora parecía tener más vida.

Solo había un pequeño problema.

Uno muy grande, según Selene.

Astaroth.

Aquella mañana, el reloj del gran salón apenas marcaba el amanecer.

Selene abrió lentamente los ojos.

Miró a un lado.

La cama estaba vacía.

—¿Ya se levantó...? —murmuró aliviada.

Se incorporó despacio y sonrió.

—Por fin podré desayunar tranquila.

Con el mayor sigilo posible salió de la habitación.

Cerró la puerta sin hacer ruido.

Respiró profundamente.

—Victoria...

—¿Quién ganó?

Selene dio un pequeño salto del susto.

Astaroth estaba apoyado contra una columna del pasillo, con los brazos cruzados y una sonrisa divertida.

Vestía ropa de entrenamiento y llevaba el cabello todavía húmedo.

—¿Qué haces aquí?

—Esperándote.

Ella lo miró con incredulidad.

—¿Desde cuándo?

—Desde que salí a entrenar.

Sabía que intentarías escapar.

Selene soltó un largo suspiro.

—No estaba escapando.

—Claro que sí.

—Solo quería desayunar.

—Conmigo.

—...Sola.

Astaroth se llevó una mano al pecho, fingiendo estar herido.

—Qué cruel eres conmigo, esposa.

A la hora del desayuno...

Los sirvientes observaban una escena que ya se había vuelto costumbre.

Selene intentaba leer unos documentos mientras comía.

Astaroth estaba sentado a su lado... demasiado cerca.

—¿Puedes dejar de mirarme?

—No.

—¿Por qué?

—Porque eres bonita.

Ella siguió leyendo.

—Eso no responde mi pregunta.

—Sí la responde.

Los cocineros ocultaban la risa.

Uno de los mayordomos murmuró:

—Su Alteza parecía un príncipe imposible de controlar...

Pero jamás imaginé que se volvería tan dependiente de su esposa.

Más tarde...

Selene decidió refugiarse en la biblioteca.

Era el único lugar donde pensaba que Astaroth tardaría en encontrarla.

Llevaba apenas diez minutos leyendo cuando escuchó una voz detrás de ella.

—Sabía que estarías aquí.

Cerró lentamente el libro.

—¿Cómo me encontraste?

—Pregunté.

—¿A quién?

—A todo el palacio.

Ella lo miró sin poder creerlo.

—¿Le preguntaste a todos dónde estaba tu esposa?

—Sí.

—Astaroth...

—¿Qué?

—Eso da un poco de miedo.

Él sonrió.

—Tal vez.

Pero funcionó.

Selene dejó escapar una risa resignada.

Aquella tarde, mientras caminaban por los jardines, Selene decidió hacer la pregunta que llevaba días rondando su cabeza.

—Astaroth...

—¿Sí?

—¿Puedo preguntarte algo?

—Siempre.

Ella carraspeó, un poco avergonzada.

—¿Acaso... jamás habías estado tan cerca de una humana?

Astaroth soltó una carcajada.

—¿Eso te preocupa?

—Solo responde.

Él la observó con una sonrisa llena de cariño.

—No es por eso.

—¿Entonces?

Astaroth se inclinó un poco hacia ella y respondió en voz baja, con un tono juguetón:

—Mmm... es que me gustas demasiado, esposa mía.

Selene sintió que las mejillas se le calentaban.

Él continuó, sin borrar la sonrisa.

—Quiero estar contigo todo el tiempo.

Ella lo empujó suavemente con el hombro.

—Eres incorregible.

—Lo sé.

—¿No te cansas de verme?

—Todavía no.

—¿Y cuándo te cansarás?

Astaroth la miró directamente a los ojos.

La diversión desapareció por un instante.

—Espero que nunca.

Aquellas palabras hicieron que Selene bajara la mirada, ocultando una pequeña sonrisa.

No estaba acostumbrada a recibir un cariño tan abierto.

Y, aunque jamás lo admitiría...

Cada vez le gustaba más.

Esa noche...

Selene volvió a intentar escapar.

Esperó a que Astaroth se quedara profundamente dormido.

Se levantó despacio.

Tomó una manta.

Y caminó de puntillas hacia la puerta.

Cuando ya estaba girando el picaporte...

Sintió unos brazos rodeando suavemente su cintura.

—¿Otra vez huyendo?

Ella cerró los ojos.

—Solo quería dormir un poco más.

Astaroth apoyó el mentón sobre su hombro.

—Puedes dormir.

—Contigo es difícil descansar.

Él rio por lo bajo.

—Lo tomaré como un cumplido.

Selene negó con la cabeza entre risas.

—No era uno.

—Demasiado tarde.

Ya lo acepté.

Y mientras la emperatriz fingía estar molesta, en el fondo de su corazón comenzaba a disfrutar aquella nueva rutina.

El emperador más insoportable del continente

Los días comenzaron a seguir un patrón que todo el palacio conocía de memoria.

Al amanecer...

La emperatriz desaparecía.

Y menos de diez minutos después...

El emperador la encontraba.

Ya era casi un juego.

—¡Su Majestad! ¡La emperatriz ha vuelto a escapar!

Un joven guardia llegó corriendo hasta el salón de entrenamiento.

Astaroth ni siquiera dejó de practicar con la espada.

—¿Hacia dónde?

—La biblioteca.

Él sonrió.

—No.

El guardia parpadeó.

—¿No?

—Solo quiere que pensemos eso.

Seguramente fue a los invernaderos.

El guardia abrió mucho los ojos.

Corrió hasta allí.

Y, efectivamente...

Selene estaba sentada entre las flores negras, leyendo un libro con una taza de té.

Cuando vio llegar al guardia, suspiró.

—¿Ya me encontró?

El muchacho sonrió con pena.

—Su Majestad viene en camino.

Selene dejó caer la cabeza hacia atrás.

—Empiezo a creer que ese hombre puede olerme.

Un minuto después...

—Buenos días, esposa.

Selene ni siquiera levantó la vista del libro.

—¿Cómo?

—¿Cómo qué?

—¿Cómo me encontraste esta vez?

Astaroth tomó asiento a su lado.

—Te conozco.

Cuando quieres pensar, vienes aquí.

Ella lo observó durante unos segundos.

Y comprendió que no era casualidad.

Él realmente estaba aprendiendo cada una de sus costumbres.

Eso hizo que, por un instante...

Su corazón latiera un poco más rápido.

Más tarde, durante el almuerzo, el emperador demonio observó a su hijo seguir a Selene de un salón a otro.

Esperó unos minutos.

Luego carraspeó.

—Astaroth.

—¿Sí, padre?

—Ven un momento.

El príncipe obedeció.

Su padre lo llevó hasta un balcón.

—¿Te ocurre algo?

—No.

—¿Entonces por qué llevas dos semanas pegado a tu esposa como si temieras que desapareciera?

Astaroth miró hacia los jardines, donde Selene hablaba con unos niños demonios.

Sonrió sin darse cuenta.

—No lo sé...

Simplemente...

Me gusta estar donde está ella.

El emperador soltó una carcajada.

—Estás perdido.

—¿Perdido?

—Completamente.

El príncipe se quedó pensando unos segundos.

Después sonrió con resignación.

—Supongo que sí.

Aquella tarde, Selene decidió enfrentarlo.

Entró en el despacho donde Astaroth revisaba unos informes.

Cerró la puerta.

Se cruzó de brazos.

—Tenemos que hablar.

Él levantó la vista.

—Eso sonó peligroso.

—Lo es.

Astaroth dejó los documentos a un lado.

—Te escucho.

Selene respiró hondo.

—¿Por qué no puedes pasar ni una hora sin buscarme?

Él respondió con total naturalidad.

—Porque quiero verte.

—¡Esa no es una respuesta normal!

—Para mí sí.

Ella caminó de un lado a otro.

—Astaroth... llevas días siguiéndome por todo el palacio.

Los cocineros ya se ríen de mí.

Los guardias hacen apuestas sobre cuánto tardarás en encontrarme.

Hasta las doncellas me ayudan a esconderme.

Él no pudo evitar reír.

—¿Y cuánto están apostando?

Selene lo fulminó con la mirada.

—¡Ese no es el punto!

Astaroth se levantó y caminó hasta quedar frente a ella.

Con suavidad tomó sus manos.

Esta vez no había bromas.

—Selene...

Ella levantó la vista.

Él sonrió con una sinceridad que pocas veces mostraba.

—Nunca imaginé que pudiera extrañar a alguien aunque solo estuviera en otra habitación.

Antes me gustaba recorrer el palacio solo.

Ahora...

Si no sé dónde estás, siento que falta algo.

Selene sintió que el pecho se le apretaba.

—¿De verdad...?

Él asintió.

—Sí.

Creo que me volví adicto a mi esposa.

Ella soltó una risa tan espontánea que incluso él se sorprendió.

—Eso no tiene ningún sentido.

—Lo sé.

—¿Y qué voy a hacer contigo?

Astaroth inclinó la cabeza con una sonrisa traviesa.

—Quererme un poquito más cada día.

Selene negó lentamente.

—Qué hombre tan presumido...

Pero, sin darse cuenta...

Fue ella quien dio un paso más cerca.

Apoyó la frente sobre el pecho de Astaroth.

Él la abrazó con cuidado.

—¿Ya no vas a escapar?

Ella suspiró.

—Solo por hoy...

Pero mañana volveré a intentarlo.

Astaroth soltó una carcajada.

—Perfecto.

Así tendré una excusa para seguir buscándote.

Los dos rieron.

Y desde el pasillo, varias doncellas observaban por una rendija.

—¿La emperatriz se rindió?

Una de ellas sonrió.

—No.

Creo que simplemente entendió que ya no puede escapar...

Porque el único lugar donde realmente quiere estar...

Es entre los brazos de su esposo.

1
Martha Lucia Montaño
Hermosa historia. Gracias
Nancy Cortes J
mi querida autora me encanta esta historia. me tiene ahí pegada.
muchas gracias, bendiciones...
Edwin Rodríguez
de entre el odio al amor hay un solo paso🥰🥰🥰🤣🤣🤣🤣
Edwin Rodríguez
enganchada con este principe demonio 🥰🥰🥰🥰
Ana19: Ya estoy subiendo más capitulos
total 1 replies
Edwin Rodríguez
ya vamos a comenzar a leer 🥰🥰🥰
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