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CURIOSIDAD
El jueves por la mañana, antes de salir hacia la empresa, Yan Marcos se acercó a la habitación de Gael. El niño ya estaba listo para ir a la escuela y le dijo.
YAN MARCOS: Buenos dias hijo, quiero decirte algo. Voy a invitar a tu maestra a tu cumpleaños este sábado, pasaremos el día los tres.
Gael levantó la mirada con curiosidad,
los ojos del niño se iluminaron y dijo.
GAEL: ¿Pero sin trabajar?
YAN MARCOS: Voy a adelantar todo el trabajo que pueda para dedicarte ese día por completo.
Gael no pudo ocultar su felicidad, por primera vez, sintió que su padre realmente quería compartir un momento importante con él.
Al llegar a la escuela, apenas vio a Nathaly, corrió hasta donde estaba.
GAEL: ¡Profe! ¡Mi papá la va a invitar a mi cumpleaños! Vamos a estar los tres.
Nathaly sonrió al ver la emoción del pequeño, pero dudaba que aquel hombre la invitara y dijo para no desilucionarlo.
NATHALY: ¿De verdad? Me alegra mucho, Gael.
En ese instante, sintió vibrar su celular. Aprovechó que los demás niños aún estaban llegando para mirar la pantalla, era un mensaje de Yan Marcos que decía.
*"Está cordialmente invitada al cumpleaños de Gael este sábado. Esta es la dirección: ***********. Su presencia sería muy importante para él, le agradecería mucho que pudiera acompañarnos."
Nathaly leyó el mensaje dos veces, le sorprendía el cambio de actitud del padre de Gael. Aquel hombre que nunca se interesaba por la vida escolar de su hijo ahora buscaba acercarse a él.
Pensó que esa reunión podría ser una buena oportunidad para ayudarlo a comprender lo que Gael necesitaba, sin pensarlo demasiado, respondió:
"Con mucho gusto. Allí estaré, no se preocupe."
Cuando Gael supo que ella había aceptado la invitación, sonrió de oreja a oreja. No había pedido una gran fiesta, ni muchos regalos, ni una casa llena de invitados. Todo lo que deseaba era compartir ese día con las dos personas más importantes para él, su padre y su maestra.
Al terminar la jornada, Nathaly llegó a su casa y, durante el almuerzo, les contó a su madre y a su hermana sobre la invitación.
Yeidis abrió los ojos con sorpresa y dijo.
YEIDI: ¡Guau hermana! ¡Qué cambio el de ese papá! Pero ve con cuidado y encomiéndate a Dios, no vaya a ser que quiera vengarse por algo.
María, con expresión preocupada, intervino enseguida.
MARIA: Hija, por Dios. Tú eres muy buena, pero no te metas en problemas con esa gente, uno nunca sabe cómo pueden ser las personas con tanto poder.
Nathaly les sonrió para tranquilizarlas.
NATHALY: No se preocupen, mami. Solo voy porque Gael quiere que esté allí. Además, es una oportunidad para que su papá comprenda cuánto lo necesita, todo va a salir bien.
Aunque intentó mostrarse tranquila, todo el día, por la noche sintió un poco de incertidumbre. No sabía qué encontraría en aquella mansión ni cómo sería convivir, aunque solo fuera por unas horas con el hombre del que tanto había escuchado hablar. Lo único que tenía claro era que estaba dispuesta a hacer todo lo posible para que Gael tuviera el cumpleaños que tanto soñaba.
Finalmente, llegó el esperado día del cumpleaños de Gael.
Apenas abrió los ojos, el niño recordó que aquel no sería un día cualquiera, saltó de la cama con una enorme ilusión y bajó rápidamente las escaleras. Al llegar al primer piso, encontró a su padre dando indicaciones a los empleados de la casa.
YAN MARCOS: Que todo esté listo antes de las nueve.
La curiosidad llevó a Gael hasta el jardín, y al salir quedó completamente maravillado, la piscina estaba decorada con coloridos flotadores. Muy cerca habían instalado un gran castillo inflable y un saltarín. Una mesa estaba repleta de dulces, galletas y golosinas de todos los colores; en el centro destacaba un hermoso pudín de cumpleaños y, a un lado, una fuente de chocolate líquido que caía como un pequeño volcán, lista para acompañar frutas y malvaviscos.
Los ojos de Gael brillaban de emoción, era la primera vez que veía una celebración preparada especialmente para él; pero lo que más lo hacía feliz no eran los juegos ni los dulces, era ver a su padre allí, presente, pendiente de cada detalle y dispuesto a compartir el día a su lado.
Desde que tenía memoria, nunca habían pasado tanto tiempo juntos. Nunca lo había sentido tan cercano.
Con una enorme sonrisa, corrió y abrazó a Yan Marcos, el empresario se sorprendió por aquel gesto espontáneo, pero enseguida correspondió al abrazo con ternura y preguntó.
YAN MARCOS: ¿Te gusta la sorpresa?
GAEL: ¡Muchísimo, papá! Solo falta que llegue mi profe Nathaly.
Yan Marcos sonrió al escuchar el nombre de la maestra. Sabía lo importante que ella era para su hijo y también esperaba conocer a la señora que había logrado devolverle la alegría a su hijo.
Mientras tanto, en un barrio mucho más sencillo de la ciudad, Nathaly terminaba de alistarse, eran las ocho de la mañana y quería llegar puntual. La invitación era para pasar todo el día con Gael, acompañándolo en su cumpleaños y, si tenía la oportunidad, ayudar a fortalecer la relación entre él y su padre.
Frente al espejo eligió un atuendo sencillo y apropiado para jugar con un niño: un jean azul, unos tenis blancos y un suéter de manga larga, cómodo y decente. Se recogió parte del cabello y apenas usó un maquillaje muy natural. De regalo escogió una foto que tenía con Gael, en la IA la transformó en caricaturas y la puso en un cuadro porta retrato, no encontró que más dar a un niño que de lo materia, lo tenía todo.
Al salir María la observó con cariño y dijo.
MARIA: Que Dios te acompañe, hija.
NATHALY: Amén, mami.
YEIDI: Disfruta el cumpleaños y salúdame al pequeño Gael, me traes dulces escondidos ja ja ja ja.
NATHALY: Ja ja ja preguntaré si puedo traer.
Respiró profundamente, salió de casa y emprendió el camino hacia la mansión, sin imaginar que aquel cumpleaños marcaría el comienzo de un cambio importante en la vida de los tres.