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MI FALSO NOVIO PELIGROSO

MI FALSO NOVIO PELIGROSO

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Katherine estaba a punto de casarse con el hombre que amaba… hasta que lo encontró en la cama con su propia hermana.
Con el corazón destrozado y sedienta de venganza, decide devolverles el golpe de la manera más cruel: contratará a un hombre para fingir ser su novio.
Pero no elige a cualquiera.
Leonardo es peligroso, misterioso y demasiado atractivo. Un hombre con un pasado que nadie conoce y secretos que podrían destruirlo todo.
Lo que Katherine no sabe es que su falso novio también está jugando con ella.
Porque Leonardo no necesita su dinero.
No necesita su contrato.
Y definitivamente no necesita enamorarse de ella.
Entonces, ¿por qué está dispuesto a hacer cualquier cosa para protegerla?
La venganza era el plan.
El amor no estaba incluido.
Y descubrir quién es realmente Leonardo podría ser más peligroso que la traición que los unió.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

TRAICIÓN EN EL ALTAR DEL DESTINO

El vestido blanco brillaba bajo la luz del mediodía, extendido sobre la cama como un sueño hecho tela. Katherine lo acarició con dedos temblorosos, sintiendo la seda fresca deslizarse entre su piel. Mañana sería el día. Mañana, Marco sería su esposo, y juntos construirían la vida perfecta que siempre había anhelado. Se miró en el espejo de cuerpo entero: sus ojos castaños brillaban de ilusión, su cabello castaño oscuro caía en ondas suaves sobre los hombros, y el brillo en su mirada era el de alguien que cree haber encontrado todo lo que buscaba.

—Serás la novia más hermosa del mundo —susurró para sí misma, sonriendo.

Había preparado cada detalle con esmero: las flores blancas que él amaba, la música que habían escuchado en su primera cita, el anillo de diamantes que él le había puesto en el dedo con la promesa de amor eterno. Todo estaba en su lugar. Faltaba solo él.

Decidió bajar a la habitación principal para buscarlo; le había dicho que tenía unos últimos arreglos pendientes en la casa. Caminó por el pasillo con paso ligero, el corazón latiendo rápido de emoción. La puerta estaba entreabierta, y un sonido la detuvo en seco. No eran pasos, ni el murmullo de una conversación tranquila. Eran gemidos. Susurros que no debían existir.

El mundo se detuvo.

Empujó la puerta lentamente, sin atreverse a respirar. Y lo vio.

Allí, sobre la cama que ellos compartirían como esposos, estaba Marco. Desnudo, entregado, con las manos en la cintura de otra mujer. Y esa mujer no era cualquier persona. Era Diana. Su propia hermana. La que siempre le había sonreído, la que le había ayudado a elegir el vestido, la que le había dicho “Marco te adora, hermana”. Estaban enredados en sábanas, besándose con una pasión que ella nunca había visto en los labios de él.

—Te deseo como a nadie —murmuró Marco contra el cuello de ella—. Katherine es… buena, pero tú… tú me enciendes.

Diana rio, una risa suave, venenosa.

—Entonces ¿por qué no lo dejas ya? Espero a que te decidas, Marco. No me gusta compartir.

Katherine sintió que el suelo se abría bajo sus pies. El aire se le escapó de los pulmones como si alguien le hubiera dado un golpe en el pecho. El anillo en su dedo pesaba de repente como plomo.

—¿Cómo… cómo pueden…? —su voz fue un hilo roto, apenas un susurro.

Ambos se giraron de golpe. Los ojos de Marco se abrieron desmesuradamente, llenos de pánico. Diana, en cambio, no se cubrió. No se disculpó. Solo la miró, con una sonrisa fría y triunfal.

—Katherine… —tartamudeó él, levantándose de un salto—. No es lo que parece, te lo explico…

—¿No lo parece? —gritó ella, y el sonido de su propia voz la desgarró por dentro—. Los veo, Marco. Los veo con mis propios ojos, en nuestra cama… ¡con mi hermana!

—Escúchame, por favor… —él intentó acercarse, pero ella retrocedió como si él fuera fuego.

—No te acerques. —Las lágrimas le quemaban las mejillas, calientes, hirviendo—. ¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo me han mentido así?

Diana se vistió con calma, ajustándose la blusa, sin apartar la mirada de ella.

—No actúes como una santa, hermana —dijo con voz suave y cortante—. Tú nunca lo entendiste. Nunca supiste darle lo que él necesita. Él me eligió a mí.

—¡Es mi prometido! —bramó Katherine, sintiendo cómo la rabia empezaba a sustituir al dolor, lenta pero imparable, como un incendio que devora todo a su paso.

—Era tuyo —corrigió Diana—. Y pronto será mío. Deberías agradecérmelo: te ahorro casarte con un hombre que nunca te quiso de verdad.

Esas palabras fueron la gota que derramó el vaso. El dolor se transformó en algo más oscuro, más feroz. Katherine miró a Marco, que permanecía en silencio, con la cabeza baja, sin tener el valor de defenderla. Y supo que no había vuelta atrás.

—Váyanse —dijo, y su voz era extraña, fría, ajena—. Los dos. Antes de que haga algo de lo que me arrepienta.

—Katherine, espera… —insistió él.

—¡QUE SE VAYAN! —Gritó con todas sus fuerzas, y el eco rebotó en las paredes.

Marco dudó un instante, luego tomó su ropa y salió sin mirarla. Diana la detuvo en el umbral, con una última mirada de desprecio.

—No te sorprendas si la gente prefiere lo que yo tengo, hermana. No todos se conforman con sombras.

Cuando la puerta se cerró tras ella, Katherine se dejó caer al suelo. El sol seguía brillando fuera, pero para ella todo se había vuelto oscuro. El vestido blanco, el anillo, las promesas… todo parecía una burla cruel. Lloró hasta dolerle el pecho, hasta que no le quedaron lágrimas. Y entonces, algo cambió en su interior. La tristeza se consumió, y de las cenizas surgió algo duro, brillante y letal.

Se puso de pie, se secó las mejillas con un gesto seco y firme. Miró su reflejo en el espejo: los ojos rojos, pero la mandíbula apretada, la mirada encendida. No voy a ser la víctima, pensó. No voy a quedarme llorando mientras ellos celebran mi derrota.

Se quitó el anillo y lo dejó sobre la mesa, con un golpe seco.

—Me van a pagar —susurró, con voz que no admitía negativa—. Me van a pagar con la misma moneda. Y voy a destruir todo lo que creen tener.

No sabía aún cómo, ni con quién. Pero en ese instante, la venganza dejó de ser un pensamiento y se convirtió en su único propósito. Alguien le había dicho una vez que, para herir a los que juegan sucio, necesitas algo que ellos no se atreven a enfrentar: peligro. Y ella estaba dispuesta a buscarlo.

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Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tu s capitulos felicidades
Primi Mendez
es muy confuso pero me gusta el misterio la intriga Ojalá que le salga to2 bien
Tere Jimenez
gracias hermosa historia.muchas felicidades y muchos éxitos más
Tere Jimenez
gracias por compartir tu historia corta pero.muy hermosa novela muchas felicidades y muchos éxitos más para ti un abrazo gracias
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