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Renací para Coronar al Príncipe que Todos Dieron por Muerto

Renací para Coronar al Príncipe que Todos Dieron por Muerto

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Multi-reencarnación / Amor tras matrimonio / Época / El Ascenso de la Reina / Completas
Popularitas:92k
Nilai: 5
nombre de autor: Liora Valcendra

Morí anciana, después de gobernar el reino cincuenta años como reina regente: la mujer más poderosa que ha visto esta corte. Y desperté de golpe con dieciséis, el día en que el rey lee el decreto de mi boda.
Lo recuerdo todo. En mi vida pasada tomé a un sexto príncipe sin nombre ni futuro y, con mis propias manos, lo convertí en rey. Me pagó con la traición. Así que lo enterré y goberné en su lugar medio siglo.
Mi hermana Rosalía también renació. Y cree que el secreto de mi poder fue el hombre. Por eso corre a arrodillarse ante el rey para quedárselo.
Pobre tonta. Nunca entendió nada. Al trono no lo hizo el príncipe. Lo hice yo.
A mí me casan con Adrián, el cuarto príncipe: el favorito del rey, envenenado en secreto por la reina, agonizando mientras toda la corte espera la noticia de su muerte. Me miran con lástima, como si me mandaran a un entierro.
No saben que acaban de entregar al príncipe moribundo a la única persona capaz de salvarlo. Sé de medicina. Sé de venenos. Y esta vez no pienso levantar a un traidor: voy a coronar al hombre que todos dieron por muerto.
Quédate con tu príncipe, hermana. Yo hago reyes.

NovelToon tiene autorización de Liora Valcendra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8 — ¿No te consiente el rey?

En el salón dorado de la reina, el aire pesa como antes de una tormenta.

La reina Beatriz, sentada muy derecha, con el cabello cargado de joyas y la cara blanca y fría, escucha a un ama arrodillada a sus pies.

—Majestad —tiembla el ama Casta—, esa hija adoptiva de los Montenegro es de temer. La doncella que trajo de dote sabe pelear. En la ceremonia del hierro arrastró al ama Rufina sobre la plancha al rojo y le quemó los pies; ahora ni andar puede.

La sonrisa de la reina se hiela poco a poco.

—No me creo que una simple hija adoptiva tenga semejante atrevimiento.

—Es verdad, Majestad, jamás me atrevería a mentirle. El príncipe heredero estaba presente, y también los príncipes Matías y Leandro. Todos lo vieron.

—¿La vieron dar la orden delante de Teodoro?

—No… fue después de que Su Alteza se marchara.

La reina cierra los ojos un momento. Una muchacha de salón que nunca cruzó la puerta de su casa, ¿con doncellas que saben pelear? No tiene sentido. Y, sin embargo, el ama no miente.

—Tráiganme al mayordomo del palacio del cuarto príncipe —ordena—. Y llamen al heredero.

Mientras espera, la rabia se le va volviendo otra cosa. Hace años que nadie la desafía; ni sus propias favoritas se atreven a arrancarle un pelo al tigre. Y ahora una hija adoptiva sin nombre lo hace en su primer día. Se acuerda de que hace poco le pidió al rey casar a la hija legítima de los Montenegro con Teodoro, y el rey se negó delante de todos. Si su hijo no puede tenerla, entonces ninguna de las dos hijas Montenegro tiene por qué seguir viva.

Teodoro llega poco después, impecable, sereno.

—Madre.

—El ama Casta dice que la adoptiva de los Montenegro no es trigo limpio.

—Aún no sé qué clase de mujer es esa Isabela —dice él, sentándose enfrente—. Pero sus dos doncellas, desde luego, no son corrientes. Confirmé que a Rufina la subieron al hierro por la fuerza. Puede que el marqués le pusiera guardias diestras para protegerla. —Bebe un sorbo de té—. Aunque, si son del marqués, me sorprende que se atrevan a tanto. ¿Tienen prisa por morir?

—¿Y la mujer del sexto príncipe?

—Fui a ver. Mandé a alguien a tantear: las doncellas de Rosalía son mujeres corrientes, ninguna sabe pelear. —Sonríe con frialdad—. Curioso, ¿verdad?

—Mucho —murmura la reina, y su sonrisa no llega a los ojos.

—No se inquiete, madre. El palacio del cuarto príncipe está lleno de sus ojos; nada se mueve allí sin que usted lo sepa. No creo que esa Isabela tenga poderes del más allá. Mañana, según la costumbre, las dos princesas recién casadas vienen a saludarla. En su salón no podrán hacer nada. Si manda que se arrodillen, se arrodillan; y si alguna saca las uñas, para eso están las varas de palacio.

La reina se acaricia la sien con una uña larga y afilada.

—Anselmo —le dice al eunuco—. Mañana temprano lleva unos regalos al Ala de Poniente. Di que son mi presente de bodas para la princesa, con mis deseos de que sean esposos en armonía y de que pronto haya un heredero.

—Como ordene, Majestad.

En el Ala de Poniente, mientras tanto, Ludovica se equivoca de medio a medio si cree que va a doblegarme por hambre.

Aunque me trajeran comida tres veces al día, tendría que temer que la envenenaran. Así que, en cuanto dejo a Adrián estable, mando a Amaya y a Nube traer a mis ayas y doncellas de dote, y sacar las ollas y los cacharros que traje en el ajuar. Amaya no pega ojo en toda la noche: monta una cocina propia dentro del pabellón.

Adrián, recién aliviado del veneno, débil pero despierto, escucha el trajín de ollas y algo se le ablanda en la cara. El Ala de Poniente, que siempre fue silenciosa como una tumba, por fin tiene vida.

—¿Aguantas un baño? —le digo, abriendo un paquete de hierbas—. De hierbas medicinales. Ahora.

—¿Ahora?

—Ahora. —Lo miro de arriba abajo—. ¿Cuánto hace que no te bañas como Dios manda? Aprovechamos.

Se le tensa la cara. Le he tocado una fibra: lleva años tirado como un inútil, ¿de dónde iba a sacar ocasión de bañarse?

—Amaya, ¿está el fuego? Que calienten un caldero grande. El príncipe se baña esta noche.

—Sí.

Para calentar agua hace falta leña. Nube va a la cocina grande a por ella; las cocineras intentan cerrarle el paso, pero no se molesta en discutir: las aparta de un par de empujones y vuelve con la leña en brazos.

Ludovica, en su cuarto, espera tan tranquila la noticia de que la princesa suplica comida. En vez de eso, le llega otra: una doncella con artes marciales se ha llevado media leñera. Se levanta de un salto y corre al Ala de Poniente. Y lo que ve la deja fría: diecisiete o dieciocho personas yendo y viniendo, encendiendo fuego, acarreando agua, una cocina entera montada con todos sus cacharros.

Isabela vino preparada. Trajo hasta las ollas. Sabía, antes de llegar, que la iban a maltratar.

—¿Quién les dio permiso para montar una cocina aquí? —brama Ludovica—. ¡El Ala de Poniente es la alcoba del príncipe! Sin su permiso, nadie—

—El príncipe nos dio permiso, ama —Amaya le sonríe, provocadora—. Se va a dar un baño y necesitamos un caldero de agua caliente. Como la gente de la cocina grande es tan estirada, no nos atrevimos a molestarlos: lo hacemos nosotras.

Ludovica mira los cacharros en el suelo y la rabia se le va enfriando en algo parecido al miedo. Esta princesa no es fácil de manejar.

—Ama, se hace tarde, vaya a descansar —añade Amaya—. Nosotras cuidamos del príncipe como merece el señor de esta casa.

—¿Insinúas que nosotros lo maltratábamos?

—Si lo maltrataban o no, usted lo sabrá mejor que yo; yo no me atrevo a decir nada. Ande, a la cama, que a su edad no está para estos trotes.

Ludovica se marcha echando chispas, jurando que se lo contará a la reina. Amaya le hace una mueca a su espalda y vuelve al trabajo.

Media hora después, detrás del biombo hay una tina. Cubo tras cubo de agua caliente, las hierbas soltando su olor espeso en el aire.

Arrimo una silla y me siento enfrente, mirando sin disimulo el cuerpo delgado y pálido metido en el agua.

—¿No te da vergüenza mirar así a un hombre? —se molesta.

—¿El príncipe resulta ser un doncel pudoroso? —Levanto una ceja—. Comparado con estar tirado en la cama sin poder mover un dedo, ¿no deberías darme las gracias por tener fuerzas hasta para insultarme?

Se atraganta.

—Te las doy… pero eso no te da derecho a mirarme así. ¿A cualquier hombre lo mirarías igual?

—Cualquier hombre no es mi marido. —Tranquila—. ¿No tenemos ya un nombre para lo nuestro?

—No hemos celebrado la boda —dice, tras un silencio.

—Lo sé. Cuando estés mejor, hacemos la ceremonia como Dios manda.

Frunce el ceño y calla.

—El baño no corría prisa —sigo, como quien no quiere la cosa—, pero este palacio no está nada tranquilo. Mañana temprano la reina mandará a alguien. Necesito que te pongas en pie cuanto antes, para que me eches una mano con ella.

—¿Temes no poder tú sola con la reina?

—¿Crees que tengo tres cabezas y seis brazos? Aunque las tuviera, no pienso chocar de frente con la reina. Todavía no es el momento.

—¿Y crees que yo sí puedo?

—¿No te consiente el rey? —Lo digo como si fuera lo más obvio del mundo—. Años de cama le agrian el carácter a cualquiera. Si le faltas al respeto a la reina, el rey no te hará nada: dirá que el pobre enfermo tiene el genio cambiado. Y si la cosa se tuerce de verdad, siempre puedes desmayarte y asunto resuelto.

Se me queda mirando, con una cara que no sé leer.

1
Rose M
Felicidades!!
Olga Perez
así son muchos papás es que lo sabía , pero no podía hacer nada . se hacen güeros.
Olga Perez
nunca falta un roto para un descocido
Olga Perez
el mejor consejo jajaja jajaja jajajaja jajajaja
Maria Cantillo
Aquí comienza el ascenso de un joven moribundo y ojalá tengan poder para meterla presa y hacer justicia
Maria Cantillo
bueno excelente actitud para comenzar está novela aquí vamos por la vida de un futuro 👑
Pao
Excelente historia, 100% recomendada te mantiene entretenida de principio a fin, me encanto 😍
Pao
Hermosa historia no han regalado 😍
Pao
Ya lo sospechaba es ella Isabela😭
Pao
Lo que faltaba, recordo su primera vida en la que fue el rey y esposa de isabela
Pao
Esta princesa es la mera bestia 🤭 es la manda
Juany Barrientos
sospecho que Isabel es una princesa de Solterra
marb
está si es una mujer empodera carajo, la versión 2.0😂😈
marb
madre mía, q mujer, aquí estoy aprendiendo el arte de la guerra 😂🔱
marb
q miedo me da está mujer 😂
menos mal q no estoy en su lista negra 😂😂
Clotilde Diaz Chavez
Excelente historia de época, gŕacias escritora..!! Me gustó mucho los personajes de Isabela y Adrian.
Elba Lucia Gomez
linda y juguetona sta historia felicidades escritora🌟👏
Arely Vazquez
excelente novela!!!!
ampliamente recomendada
una verdaera joya!!!!👌🏻
Arely Vazquez
wey!!!! que emoción!!!!!!
no es la adoptada!! es la Reyna!!!!!
Meeseeks ✧
Él sabe, yo sé, tu sabes, todos sabemos jajaja
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