Una chica de la era moderna reencarna en el cuerpo de Madeline, la prometida del frío Duque Elías. Tras quedar embarazada y decidida a proteger el futuro de su hijo, ella empaca sus maletas y huye lejos, escondiendo su rastro.
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Capítulo 24
La cena terminó siendo mucho más agradable de lo que Madeline había imaginado.
Y también mucho más deliciosa.
Desde el primer bocado quedó sorprendida.
El guiso estaba caliente y bien condimentado, el pan recién horneado aún conservaba el calor del horno y las verduras tenían un sabor que jamás había probado en la mansión.
No pudo evitar volver a servirse.
Y luego otra vez.
Clara terminó riéndose al verla.
—Creo que nunca había visto a alguien comer con tanto entusiasmo.
Madeline dejó la cuchara sobre la mesa.
—Es que está muy rico.
—¿De verdad?
—Muy rico.
—¿Cuánto muy rico?
Madeline se llevó una mano al pecho.
—Lo suficiente como para secuestrarte y obligarte a cocinar para mí toda la vida.
Clara soltó una carcajada.
Incluso Elena terminó sonriendo.
—Vaya, parece que alguien encontró una admiradora.
—No exageres, madre.
Marcos, que había permanecido bastante callado durante la cena, levantó la vista un instante.
—La comida de Clara siempre es buena.
—¿Ves? Hasta él lo admite —dijo la joven señalando a su hermano.
—Yo solo dije la verdad.
La conversación continuó de manera tranquila.
Elena aprovechó para explicarle algunas cosas del trabajo.
—Mañana no tendrás que hacer mucho. Primero observarás y después irás aprendiendo.
Madeline asintió.
—Entiendo.
—Y procura dormir temprano.
—Lo haré.
—También desayuna bien. Aquí se trabaja desde temprano.
Madeline sonrió.
Aquello le resultaba extraño.
Nadie le había hablado nunca de esa manera.
Después de cenar, Clara le enseñó dónde podía bañarse.
El agua estaba tibia y el pequeño baño era sencillo, pero para Madeline fue suficiente.
Se tomó su tiempo.
El cansancio acumulado de los últimos días parecía abandonar poco a poco su cuerpo.
Cuando finalmente regresó a la habitación, apenas tuvo fuerzas para cambiarse de ropa.
Se dejó caer sobre la cama.
Y esta vez el sueño llegó casi de inmediato.
A la mañana siguiente se despertó temprano.
Por unos segundos no recordó dónde estaba.
Observó el techo.
Las paredes.
La pequeña ventana.
Y entonces lo recordó todo.
La huida.
El viaje.
La nueva ciudad.
Elena.
Clara.
Se levantó rápidamente y bajó las escaleras.
Todos ya estaban despiertos.
El aroma del desayuno llenaba la casa.
—Buenos días —saludó.
Clara levantó la mano.
—Buenos días.
—Dormiste como una piedra —comentó Marcos mientras bebía una taza de café.
Madeline se sonrojó un poco.
—¿Se notó?
—Un poco.
—Roncaste.
—¡Clara!
La joven comenzó a reír.
Madeline no sabía si aquello era cierto o si simplemente la estaban molestando.
Después del desayuno intentó ayudar en la cocina.
Intentó.
Porque la realidad fue bastante distinta.
—No, no, así no.
Clara tomó nuevamente el cuchillo.
—Primero sujetas la verdura y luego cortas.
Madeline observó.
—Parece fácil.
—Lo es.
Cuando volvió a intentarlo, el trozo salió disparado de la mesa.
Marcos, que pasaba cerca, logró atraparlo antes de que cayera al suelo.
—Creo que las verduras intentan escapar.
Madeline se cubrió el rostro.
—Esto es humillante.
Elena soltó una pequeña risa.
—Nadie nace sabiendo.
Aquellas palabras le recordaron lo mismo que la mujer le había dicho el día anterior.
Y, de alguna manera, lograron tranquilizarla.
Más tarde ambas caminaron hasta la tienda.
El local todavía estaba vacío.
La luz de la mañana entraba por los ventanales y el aroma de las flores llenaba el ambiente.
Elena comenzó a darle instrucciones.
—Primero se barre.
Madeline asintió.
—Después limpiamos las mesas.
—Entendido.
—Y cuando lleguen los clientes, sonríes.
—Eso sí sé hacerlo.
—Eso espero.
Abrieron las ventanas.
Sacudieron algunas telas.
Ordenaron varios arreglos florales.
Madeline observaba todo con atención.
Elena parecía conocer perfectamente cada rincón del negocio.
Los primeros clientes llegaron poco después.
Madeline sintió que los nervios regresaban.
Elena la miró.
—Ve.
—¿Yo?
—Sí, tú.
—¿Y si me equivoco?
—Entonces aprenderás.
Madeline respiró profundamente.
Se acercó a la pareja que acababa de entrar.
—Bienvenidos.
Su voz sonó un poco más baja de lo que esperaba.
La mujer le sonrió.
—Buenos días.
Madeline los atendió lo mejor que pudo.
Respondió algunas preguntas.
Los acompañó hasta una mesa.
Y, cuando terminó, regresó rápidamente junto a Elena.
—¿Qué tal? —preguntó con cierta ansiedad.
Elena la observó unos segundos.
Luego sonrió.
—Muy bien.
Madeline soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Y por primera vez en muchos días sintió algo parecido a la tranquilidad.
No sabía cuánto tiempo permanecería allí.
No sabía qué ocurriría en el futuro.
Pero aquella mañana, en aquella pequeña tienda, mientras el sol iluminaba las flores y las voces de los clientes llenaban el local, sintió que quizá podría empezar de nuevo.
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es sabía como ese Nathan que estuvo ahí espero que veamos pronto llegue lejos como también a ese tonto que le perdió
de irse más lejos y espero
que su madre la ayude a que no la
molesten temprano para darle tiempo
descubrirá que se escapó embarazada