Hay sentimientos que nacen sin pedir permiso... y secretos que pueden cambiarlo todo
Ella nunca imaginó que conocer a aquella persona cambiaría su manera de ver el mundo. Entre miradas, conversaciones inesperadas y momentos que parecían insignificantes, comenzó a surgir algo que ella no se atrevía a reconocer
Pero todo no es tan sencillo como parece. Hay cosas que deben permanecer ocultas, emociones que cuestan admitir y secretos que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz
Mientras intenta descubrir qué significa realmente lo que siente, tendrá que enfrentarse a sus miedos, a las dudas y a las circunstancias que amenazan con separarlos
Porque aveces el amor más intenso es precisamente aquel que nadie puede conocer
¿ Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger un amor que debe permanecer en secreto?
NovelToon tiene autorización de Tina Nchama para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Un secreto entre amigas
El viernes llegó más rápido de lo que Lucía esperaba.
Durante toda la semana había intentado concentrarse en las clases y olvidarse de Javier. Había intentado no pensar en la competencia y en lo mal que lo había hecho. Pero no lo consiguió.
Cada vez que recordaba la competencia, aparecía en su mente la misma imagen: Javier junto a aquella chica.
Teresa.
Por fin había descubierto su nombre gracias a una conversación que escuchó entre Carlos y su abuela mientras cenaban.
Era la novia de Javier.
Lucía no sabía por qué aquello le había afectado tanto. Después de todo, apenas lo conocía. No habían tenido una conversación larga, apenas lo había visto tres veces en su vida. Y sin embargo, le dolía.
A la hora del recreo, las tres amigas se sentaron juntas en uno de los bancos del patio. Hacía un poco de sol y estaban comiendo.
Carla hablaba emocionada, como siempre.
—Mañana voy a ir otra vez a casa de Jessica. ¿Vienes conmigo, Lucía?
Lucía levantó la mirada, sorprendida.
—¿Otra vez?
—Sí. ¿Qué tiene de raro? Tengo que devolverle el libro que me prestó.
Sofía sonrió con picardía.
—Creo que Carla ya considera esa casa como su segunda casa.
Las tres se rieron.
—Entonces, ¿vienes? —insistió Carla mirando a Lucía—. La última vez te quedaste muy callada.
Lucía dudó.
Una parte de ella quería decir que sí inmediatamente. Otra parte sabía perfectamente por qué quería ir y le daba vergüenza admitirlo.
—Bueno... está bien —dijo finalmente.
Carla sonrió satisfecha.
—¡Perfecto!
Sofía miró a Lucía con atención.
—Últimamente estás aceptando muchas invitaciones de Carla.
—¿Y eso es malo? —preguntó Lucía.
—No —respondió Sofía riendo—. Solo me parece curioso.
Lucía bajó la mirada.
—Quizá me estoy volviendo más sociable.
—Por fin —exclamó Carla—. Ya era hora.
Lucía se rio, pero por dentro se sentía nerviosa. Por unos minutos, todo volvió a sentirse normal. Hablaron de tareas, de profesores y de planes para el fin de semana.
Hasta que Sofía preguntó, sin dejar de mirarla:
—Luci, ¿hay algo que quieras contarme?
Lucía se quedó quieta.
—¿Por qué preguntas?
—Porque te conozco —dijo Sofía con voz suave.
Carla también dejó de hablar y la miró.
Lucía miró a sus dos amigas. Durante un instante pensó en contarles todo. Que había conocido a Javier en el cumpleaños de su tío Carlos. Que lo había vuelto a encontrar en casa de Jessica. Que lo había visto durante la competencia junto a Teresa. Que no podía dejar de pensar en él.
Pero las palabras no salieron.
—No pasa nada —respondió finalmente, forzando una sonrisa—. Solo estoy cansada por los exámenes.
Sofía la miró con ternura. No le creyó, pero no quiso presionarla.
—Cuando quieras hablar, sabes que puedes hacerlo conmigo —le dijo.
—Lo sé —respondió Lucía.
Y precisamente por eso le resultaba tan difícil ocultárselo. Porque eran sus mejores amigas.
Al día siguiente, Carla y Lucía caminaron juntas hasta la casa de Jessica. Era una tarde tranquila.
Lucía intentaba convencerse de que iba solamente para acompañar a su amiga. Que no tenía ninguna razón para esperar ver a Javier. Que no tenía ninguna expectativa.
Cuando llegaron, Jessica las recibió con una sonrisa.
—¡Hola! Pasen.
Carla entró rápidamente. Lucía la siguió, un poco más nerviosa.
Mientras Jessica y Carla comenzaban a conversar sobre el libro, Lucía se sentó tranquilamente en el sillón y trató de prestar atención a la conversación.
Entonces escuchó una puerta abrirse en el pasillo del fondo.
Su corazón dio un pequeño salto.
Pero esta vez no era Javier.
Era Layla , su hermana menor. Una niña de unos diez años, de cabello rizado.
—¿Quiénes son? —preguntó la niña con curiosidad, mirándolas.
—Son amigas de Jessica —respondió Carla sonriendo.
Layla sonrió y se acercó a ellas. Era muy simpática y hablaba mucho.
Poco después, las cuatro comenzaron a conversar. Layla les contaba cosas del colegio. Lucía se sintió mucho más tranquila. Quizás Javier ni siquiera estaba en casa. Quizás aquella visita sería completamente normal, sin nervios.
Hasta que unos minutos después escuchó unos pasos firmes en el pasillo.
Lucía levantó la mirada.
Y esta vez sí era él.
Javier apareció en la puerta de la sala. Llevaba una camiseta negra y una mochila. Acababa de llegar de la calle.
Miró a Carla primero. Después a Jessica. Y finalmente a Lucía.
Sus miradas se cruzaron por un segundo.
—Hola —dijo Javier con voz tranquila.
Lucía sintió que los nervios regresaban de golpe. Pero esta vez consiguió responder, aunque apenas fue un murmullo:
—Hola.
Fue una sola palabra. La primera que intercambiaba directamente con él desde que lo conoció en la fiesta.
Javier sonrió ligeramente y continuó su camino hacia su habitación. No dijo nada más.
Lucía se quedó en silencio. Sentía las mejillas calientes.
Carla la miró. Después miró hacia donde Javier había desaparecido. Y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Lucía...
—¿Qué?
—Nada —dijo Carla.
Pero por la forma en que Carla la miraba, Lucía supo que su secreto quizá no estaría a salvo durante mucho tiempo.
Porque algunas amigas no necesitan que les cuentes un secreto para descubrirlo. Solo necesitan verte mirar a alguien de una forma diferente.
aunque no sé cómo, por la distancia