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AL DIABLO EL ARGUMENTO YO SOY MEHMET

AL DIABLO EL ARGUMENTO YO SOY MEHMET

Status: En proceso
Genre:Edad media / Traiciones y engaños
Popularitas:569
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Mehmet sabe que alguien dentro de su propia familia quiere verlo muerto. Mahidevran ha decidido eliminar al príncipe para abrirle el camino a su hijo Mustafa, mientras la corte comienza a elegir bandos. Pero Mehmet no piensa convertirse en otra víctima de las intrigas del palacio.
En secreto, prepara su propia muerte.
Durante una cacería, una flecha lo hiere y cae por un barranco. Todos creen que el príncipe ha muerto. Mientras sus enemigos celebran, Mehmet desaparece para preparar su regreso y descubrir quiénes participaron en la conspiración.
Con Hürrem, su hermana y su padre, el sultán Süleyman, como sus aliados, Mehmet comenzará una partida donde cada movimiento tendrá consecuencias.
Pero también encontrará aliados inesperados, incluso en lugares donde nadie los buscaría.
Porque Mehmet ya no quiere sobrevivir.
Quiere el trono.
Y esta vez, no vendrá a pedir permiso.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA PARTIDA Y EL FUNERAL

El amanecer llegó gris y frío, como si el cielo mismo llorara sobre Manisa. En el patio exterior de la residencia, los carruajes esperaban cargados con lo poco que les permitieron llevar. No había escolta de honor, ni despedidas, ni sirvientes que se inclinaran con respeto. Solo dos guardias silenciosos, con las riendas en la mano, esperando que subieran. Mahidevran salió primero, con la cabeza baja y el rostro pálido, envuelta en una capa oscura que la hacía parecer una sombra más entre las sombras. Detrás de ella venía Mustafa, con la mandíbula apretada y la mirada fija en el suelo, como si cada paso que daba fuera una herida nueva en su orgullo.

Solimán los esperaba en los escalones de la entrada. No bajó a recibirlos. Se quedó allí arriba, de pie, erguido pero con los ojos hundidos por el insomnio y el dolor. Cuando estuvieron frente a él, no hubo palabras de despedida. No hubo perdón. Solo una mirada, tan fría y distante que dolía más que cualquier golpe.

—Váyanse —dijo, y su voz no era un grito, sino algo mucho más definitivo—. No miren atrás. No escriban. No pidan noticias. Para mí, ustedes ya se fueron. Solo sus nombres quedan borrados de mi vida. Que el camino a Amasya sea largo y solitario, como han dejado mi corazón. Y recuerden cada día de su destierro: el lugar que ocupaban aquí… lo ocupó su propia ambición.

Mustafa abrió la boca, queriendo decir algo, quizás una última súplica, pero Solimán levantó una mano y él calló de inmediato.

—No me hables —dijo el Sultán con desprecio—. Cada palabra tuya me recuerda lo que perdí. Sube al carruaje. Y que Allah tenga piedad de ustedes, porque yo… ya no la tengo.

Subieron sin decir una palabra más. Las puertas se cerraron con un golpe seco. Los caballos comenzaron a caminar, y el carruaje atravesó las puertas de la residencia alejándose por el camino de tierra, perdiéndose entre la bruma de la mañana. Solimán se quedó allí de pie, mirando cómo desaparecían, hasta que el polvo se asentó y solo quedó el silencio vacío del camino.

Esa tarde, el funeral se celebró en el jardín principal del palacio, junto al viejo roble donde solía sentarme a leer. No había cuerpo que enterrar, solo un sarcófago de mármol vacío, cubierto con telas de luto y coronas de flores blancas que se marchitaban con el viento. La corte estaba presente, pero el silencio era tan profundo que se escuchaba el canto de los pájaros en los árboles cercanos. Mi padre estaba de pie junto a la tumba, vestido completamente de negro, con la cabeza descubierta y las manos entrelazadas frente a él. No lloraba. Sus ojos estaban secos, pero su rostro reflejaba un cansancio que nadie había visto jamás en él, como si hubiera envejecido diez años en una sola noche.

Mi madre, Hürrem, estaba arrodillada al borde del sepulcro, con la frente apoyada en el mármol frío. No gritaba ni se desmayaba. Lloraba en silencio, con un dolor tan profundo que quienes la veían desviaban la mirada, sintiendo que estaban presenciando algo demasiado íntimo para ser visto por extraños. Mi hermana, Mihrimah, sostenía un cirio entre sus manos, con las lágrimas cayendo una tras otra sobre la llama que temblaba con su temblor. De vez en cuando, levantaba la vista y miraba a su alrededor, como si esperara que yo saliera de entre la gente y le dijera que todo era una broma. Pero yo no salí. Y poco a poco, la comprensión de que no volvería a verme la hizo estremecer con un sollozo que rompió el silencio del jardín.

—Mi niño… —susurró Hürrem, y su voz llegó a todos los rincones—. Mi luz… ¿por qué te fuiste antes de que pudiera cuidarte? ¿Quién te abrigará cuando haga frío? ¿Quién me dirá que todo estará bien cuando yo pierda las esperanzas?

Solimán puso una mano sobre su hombro, y por primera vez en mucho tiempo, vi cómo sus ojos se llenaron de lágrimas que no pudo contener.

—Descansa, hijo mío —dijo con voz solemne y quebrada, dirigiéndose a mi tumba vacía—. Descansa de las intrigas, de las sombras, de este mundo que te amó pero te perdió demasiado pronto. Te llevo en mi corazón hasta mi último aliento. Y juro que mientras respire, nadie… nadie… ocupará tu lugar.

Los asistentes comenzaron a alejarse en silencio, con la cabeza baja, dejando a mi familia junto a mi tumba vacía. Y yo, escondido entre las sombras de los árboles, viendo todo desde lejos, apreté los puños contra mi pecho. Me dolió cada lágrima que vi caer. Pero me dije a mí mismo: este no es el final. Es solo el silencio antes de que regrese. Y cuando lo haga, no será para llorar con ellos. Será para secar sus lágrimas, para restaurar lo que fue roto, para que nadie se atreva jamás a hacerles daño. Esperen por mí, padre, madre, hermana. Porque donde todos ven una tumba vacía… yo veo el lugar desde donde resucitaré. Y entonces, el mundo sabrá que Mehmet no fue devorado por el abismo. Simplemente… se preparaba para volver más grande que nunca.

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