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EL PRECIO DE DESEARTE

EL PRECIO DE DESEARTE

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

EL PRECIO DE DESEARTE

Valeria jamás imaginó que una noche pudiera cambiar su vida para siempre.

Adrián apareció cuando ella más necesitaba respuestas… y menos podía permitirse confiar en alguien.

Él guarda un secreto.
Ella esconde un pasado.
Y entre ambos nace una atracción tan intensa como peligrosa.

Pero cuando el deseo se mezcla con mentiras, nadie sale ileso.

Porque enamorarse de Adrián no será su mayor error.

Será descubrir por qué él la eligió.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL HOMBRE QUE MINTIÓ SOBRE MI MADRE

La manija comenzó a girar lentamente.

Valeria sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

Adrián levantó el arma.

—Todos atrás.

Elena tomó a Valeria del brazo y la llevó hacia la pared.

Gabriel permaneció junto a la puerta, observando la sombra que se proyectaba por debajo.

—No disparen —susurró Elena.

Adrián la miró.

—¿Por qué?

—Porque si es quien creo, no vendrá solo.

La puerta comenzó a abrirse.

Un hombre entró.

Valeria lo reconoció de inmediato.

No por su rostro.

Por su voz.

La misma que había escuchado cuando era niña.

La misma que durante años había aparecido en sus pesadillas.

—Valeria.

Ella sintió que todo su cuerpo se paralizaba.

—Tú…

El hombre se quedó quieto.

Era mayor de lo que ella recordaba. Cabello oscuro con algunas canas, rostro serio y una mirada que parecía esconder demasiados años de secretos.

Adrián apuntó directamente hacia él.

—No des un paso más.

El hombre levantó las manos.

—No he venido a hacerles daño.

Gabriel soltó una risa amarga.

—Eso dijiste la última vez.

El hombre lo miró.

—Y tú sigues vivo.

—Por desgracia para ti.

Valeria apenas escuchaba.

Todo su mundo estaba concentrado en aquel hombre.

—Tú me dijiste que mi madre había muerto.

Él bajó lentamente las manos.

—Era lo que necesitabas creer.

—¿Necesitaba?

La voz de Valeria se quebró.

—¡Era mi madre!

El hombre sostuvo su mirada.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué me mentiste?

—Porque si hubieras sabido que Isabel estaba viva, habrían utilizado tus recuerdos para encontrarla.

Valeria sintió que la rabia comenzaba a superar el miedo.

—¿Quiénes?

El hombre guardó silencio.

—¡Quiénes!

—Los hombres que llevaban el anillo.

Adrián tensó la mandíbula.

—¿Y tú trabajabas para ellos?

—No.

Gabriel intervino:

—Eso es mentira.

El hombre lo miró.

—Tú sabes que no.

—Sé que estuviste dentro.

—Estuve obligado.

—Todos dicen lo mismo.

El hombre dio un paso.

Adrián levantó más el arma.

—Te dije que no te acercaras.

El hombre se detuvo.

—Me llamo Nicolás.

Valeria cerró los ojos.

El nombre le produjo una extraña sensación.

Nicolás.

Lo había escuchado.

En algún lugar de su infancia.

—Nicolás…

Él asintió.

—Sí.

—Mi padre te conocía.

—Sí.

—Alejandro también.

—Sí.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Y mi madre?

Por primera vez, Nicolás perdió la seguridad de su rostro.

—Isabel era mi amiga.

Elena intervino.

—No solamente eso.

Nicolás la miró.

—No es momento.

—Nunca lo es contigo.

Valeria se volvió hacia Elena.

—¿Qué quiere decir?

Elena permaneció en silencio.

Nicolás respondió:

—Tu madre descubrió que el hombre del anillo estaba utilizando a personas cercanas a Julián para llegar hasta el libro.

—¿Tú eras una de esas personas?

Nicolás bajó la mirada.

—Sí.

Valeria sintió un nudo en el estómago.

—Entonces trabajabas para él.

—Al principio.

—¿Y después?

—Intenté salir.

Gabriel soltó una carcajada seca.

—Intentaste salir cuando ya sabías lo que habían hecho.

Nicolás lo enfrentó.

—¿Y tú qué hiciste?

Gabriel no respondió.

Valeria miró a ambos.

—Basta.

Su voz hizo que todos callaran.

—Estoy cansada de escuchar cómo se acusan entre ustedes mientras yo sigo sin saber la verdad.

Nicolás la observó.

—Tienes razón.

—Entonces empieza por mi madre.

Él respiró profundamente.

—Isabel no murió.

Valeria sintió que las piernas le temblaban.

—¿Dónde está?

Nicolás negó.

—No lo sé.

—No te creo.

—La última vez que la vi estaba huyendo.

—¿De quién?

—Del hombre del anillo.

—¿Y por qué no la ayudaste?

Nicolás cerró los ojos.

—Porque me obligaron a elegir.

—¿Entre qué?

—Entre Isabel y tú.

El silencio fue inmediato.

Valeria dejó de respirar.

—¿Qué?

—Me dijeron que si ayudaba a Isabel, te matarían.

Valeria sintió que las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.

—¿Y qué hiciste?

Nicolás bajó la cabeza.

—Te salvé a ti.

Elena se acercó.

—No.

Nicolás la miró.

—¿No qué?

—No la salvaste.

Su voz estaba llena de dolor.

—La escondiste.

Nicolás no respondió.

—La convertiste en una niña sin pasado.

Valeria miró a Elena.

—¿Qué significa eso?

Elena se acercó.

—Nicolás conocía una técnica para bloquear recuerdos traumáticos.

Adrián frunció el ceño.

—¿Bloquearlos?

—No podía borrar completamente su memoria —explicó Elena—. Solo podía impedir que ciertos recuerdos llegaran a su conciencia.

Valeria sintió un escalofrío.

—Entonces…

Miró a Nicolás.

—Tú hiciste esto.

Él no lo negó.

—Sí.

Adrián bajó lentamente el arma.

—¿Por orden de quién?

Nicolás miró a Valeria.

—De tu padre.

Valeria sintió que el mundo se detenía.

—¿Julián?

—Sí.

—¿Mi padre pidió que olvidara?

Nicolás asintió.

—Él sabía que iban a buscarte.

—Pero ¿por qué yo?

Nicolás miró la caja que estaba sobre la mesa.

—Porque tú habías visto algo que nadie más había visto.

Valeria volvió la mirada hacia la caja.

—¿Qué?

—El libro.

Gabriel intervino.

—Ella era demasiado pequeña para comprenderlo.

—No necesitaba comprenderlo —respondió Nicolás—. Lo había visto.

Valeria recordó la mesa.

El libro.

Su padre.

Una mano pequeña pasando sobre una página.

Nombres.

Muchos nombres.

Y uno marcado con tinta roja.

—Yo lo abrí.

Nicolás asintió.

—Sí.

—¿Qué vi?

—Una lista.

—¿De quiénes?

—Personas que habían jurado obedecer al hombre del anillo.

Adrián se acercó.

—¿Y el nombre que ella vio?

Nicolás miró hacia la caja.

—El primero de la lista.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Quién era?

Nicolás tardó unos segundos en responder.

—Alejandro Montenegro.

Adrián quedó inmóvil.

—Eso no tiene sentido.

—Por supuesto que no.

Nicolás se acercó a la mesa.

—Porque Alejandro no era uno de ellos.

Adrián apretó los puños.

—Entonces ¿por qué estaba en la lista?

Nicolás lo miró.

—Porque el hombre del anillo quería que todos creyeran que lo era.

Gabriel dio un paso adelante.

—Para destruir su reputación.

—Y obligarlo a desaparecer —completó Nicolás.

Adrián parecía incapaz de procesarlo.

—Mi padre no trabajaba para ellos.

—No.

—Entonces estuvo infiltrado.

Nicolás asintió.

—Alejandro se infiltró durante años.

Valeria miró a Gabriel.

—¿Tú lo sabías?

Gabriel respondió:

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de que tú nacieras.

Valeria sintió una punzada.

—Todos sabían quién era mi padre menos yo.

Adrián se acercó.

—Valeria…

Ella retrocedió.

—Necesito un momento.

Adrián se detuvo.

Valeria respiró profundamente.

—No quiero que me protejas ahora.

—Está bien.

—Quiero que me digas la verdad.

—Te la diré.

Ella lo miró.

—Toda.

Adrián sostuvo su mirada.

—Toda.

Entonces un ruido se escuchó afuera.

Todos quedaron en silencio.

Nicolás se acercó rápidamente a la ventana.

—No estamos solos.

Gabriel se puso alerta.

—¿Cuántos?

—No lo sé.

Adrián miró a Valeria.

—Tenemos que salir.

Nicolás negó.

—No por donde entramos.

—¿Por qué?

—Porque ya cerraron esa salida.

Elena tomó la caja de madera.

—Entonces solo queda una opción.

Valeria miró hacia el suelo.

—¿Cuál?

Elena señaló una pequeña trampilla oculta bajo una alfombra.

—La habitación siete tiene otra salida.

Adrián la abrió.

Debajo había una escalera que descendía hacia la oscuridad.

Antes de bajar, Valeria miró una última vez a Nicolás.

—Quiero saber dónde está mi madre.

Nicolás sostuvo su mirada.

—Yo también.

—¿No sabes nada?

—Sé algo.

Valeria esperó.

—La última vez que vi a Isabel, me dijo que si alguna vez tú recuperabas tus recuerdos, debía entregarte algo.

—¿Qué?

Nicolás sacó lentamente un pequeño papel de su bolsillo.

Se lo entregó.

Valeria lo abrió.

Solo había una frase escrita con una letra que reconoció inmediatamente.

La letra de su madre.

“Si algún día recuerdas mi voz, busca donde comenzó nuestro secreto.”

Valeria sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.

—¿Dónde comenzó?

Nicolás miró hacia la escalera.

—En la habitación siete.

Un ruido fuerte hizo temblar la puerta de entrada.

Adrián tomó la mano de Valeria.

—Ahora.

Bajaron.

La trampilla se cerró detrás de ellos.

Arriba, alguien entró en la casa.

Abajo, en la oscuridad, Valeria apretó el papel contra su pecho.

Por primera vez tenía algo que pertenecía realmente a su madre.

Una pista.

Una esperanza.

Y una pregunta que no dejaba de crecer.

Si Isabel seguía viva, ¿por qué llevaba tantos años escondiéndose de su propia hija?

1
Lau
está intrigante autora 🙆😅
FOAR: Me alegra
total 1 replies
Lau
interesante
Lau
comenzando 🥰
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