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Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Reencarnación / Escuela
Popularitas:17.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Ian es el omega perfecto: dócil, hermoso, prometido al alfa más codiciado de la preparatoria. No sabe que para Karl es solo una fachada. Cuando descubre la verdad, muere empujado por unas escaleras.

Pero en su cuerpo despierta Joseph, un chico de barrio con alma de superviviente. Ahora habita la piel del omega ingenuo y tiene un plan: desenmascarar a Karl y liberarse del compromiso.

El problema es Kevin, el hermano mayor de Karl. El heredero silencioso. El único que parece ver más allá de la farsa.

Lo que empieza como venganza se convierte en un amor prohibido. Porque las feromonas no mienten, y Joseph tendrá que elegir entre seguir habitando una mentira o confesar quién es... y perderlo todo.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 15: Las porristas

Lunes, otra vez. El instituto me recibió con su mezcla habitual de olores: desinfectante barato, perfume caro y hormonas adolescentes. Un cóctel que ya empezaba a resultarme familiar.

Las clases fueron un borrón: Matemáticas. Historia. Literatura. Los profesores hablaban y yo asentía, fingiendo interés, mientras mi cabeza estaba en otro lugar. En el sábado, en Kevin, en el olor a sándalo y cedro. En esa frase que no me dejaba en paz.

"Me gusta el cambio."

No sabía qué significaba, no sabía si era bueno o malo, si debía creerle o desconfiar. Solo sabía que no podía sacármelo de la cabeza.

El resto del día pasó entre clases y pasillos, entre miradas y susurros. La gente seguía mirándome, seguía hablando, pero yo ya no les prestaba atención, solo pensaba en una cosa: el entrenamiento. Y en lo que podría encontrar allí.

En el almuerzo, Marta me encontró en el patio, se sentó a mi lado con su bandeja y su sonrisa de siempre.

—¿Qué tal el fin de semana? —preguntó, mordiendo una manzana.

—Bien. Tranquilo.

—¿Tranquilo? —Marta arqueó una ceja—. ¿Tú? ¿Tranquilo? ¿El mismo que se pasaba los fines de semana esperando un mensaje de Karl?

—Ese ya no existe.

—Ya, lo he notado. —Marta me miró con curiosidad—. ¿Entonces qué hiciste?

—Nada, estuve en casa. El sábado vino Kevin a verme.

Marta dejó de masticar.

—¿Kevin? ¿El hermano de Karl?

—Sí, el mismo.

—¿Y qué quería?

—Nada. Hablar, verme, preguntar cómo estaba.

Marta me miró con atención, como si esperara que dijera algo más, pero no lo hice. No iba a contarle lo del olor, ni lo de la calma, ni lo de "me gusta el cambio". Eso era mío y no sabía qué hacer con ello.

—Qué raro —dijo Marta al fin—, Kevin nunca viene por aquí, está siempre en la universidad. Es el hijo perfecto, el heredero; no tiene tiempo para visitas.

—Pues vino.

—Ya. Raro.

No insistió, pero algo en su expresión me dijo que había entendido más de lo que yo había dicho.

—Oye —dijo, cambiando de tema—. ¿Estás listo para esta tarde?

—¿Esta tarde?

—El entrenamiento, las porristas. ¿Lo olvidaste?

No lo había olvidado, solo lo había estado evitando mentalmente.

—No. Solo... no sé, no es lo mío.

Marta me miró como si le hubiera dicho que el cielo era verde.

—¿Que no es lo tuyo? —repitió—. Pero si te encantaba, eras el mejor. La entrenadora siempre decía que eras el más coordinado, el que aprendía las coreografías más rápido, el que nunca fallaba en las cargadas.

Me quedé callado.

Claro. Ian era el mejor, Ian era perfecto.

—Supongo —dije—. Pero ya no me interesa igual.

Marta me miró con algo que no supe interpretar. ¿Preocupación? ¿Confusión? ¿Lástima?

—Bueno —dijo, encogiéndose de hombros—, da igual. Ahora tienes que venir, la entrenadora te espera.

—¿A qué hora?

—A las cinco.

—Vale.

Marta se levantó. Me dio una palmada en el hombro.

—Vamos. No llegues tarde.

 

———

Llegué a las cinco en punto. El vestuario de las porristas era un mundo aparte. Olía a laca de pelo, a perfume caro, a desodorante de flores. Había espejos por todas partes y chicas y chicos omegas, en su mayoría. Algunos con sonrisas perfectas, otros con miradas evaluadoras.

—¡Ian! —gritó una de ellas, una rubia con ojos azules y sonrisa de anuncio, que hablaba tan rápido que casi no se le entendía—. ¡Qué alegría verte! ¡Te extrañamos tantísimo! ¿Cómo estás? ¿Ya te sientes mejor? ¡Porque tenemos un montón de coreografías nuevas y necesitamos que vuelvas!

—Gracias —dije, con una sonrisa que no llegó a mis ojos.

Otra se acercó, una morena con el pelo largo y las uñas perfectas. Más callada, observaba más de lo que hablaba pero cuando habló, lo hizo con una sonrisa medida.

—Ian, me alegro de que estés de vuelta, la entrenadora te esperaba.

—Gracias.

Un chico se acercó, un omega, alto, delgado, con el pelo rubio y una sonrisa que pretendía ser cálida pero que no llegaba a los ojos. Hablaba con un tono más nervioso, como si buscara aprobación en cada palabra.

—Ian, qué bueno que volviste, se te extrañó en las coreografías.

—Gracias.

—¿Ya te sientes mejor? Del accidente, digo.

—Sí. Mejor.

—Qué bien, porque la entrenadora nos tiene preparando una nueva para el partido contra el San Agustín y necesitamos a alguien que lidere las cargadas.

Liderar. Claro. No se podía esperar otra cosa de este chico.

Los omegas me rodeaban, parloteando sin parar. Sus sonrisas, sus gestos, todo era calculado, todos me miraban como si yo fuera alguien importante. No como si yo fuera Ian, sino como el heredero Mendoza, el omega que un día heredaría una fortuna, el que estaba comprometido con un Valois. El que podía abrirles puertas, presentarles a alguien, el que podía invitarlos a las fiestas correctas.

Qué patético.

Me alejé con la excusa de buscar mi taquilla y entonces la vi.

Valeria.

Estaba en el fondo del vestuario, delante de un espejo, retocándose el maquillaje. Como si no me hubiera visto, como si no le importara. No la miré directamente, solo la observé de reojo, mientras fingía buscar algo. La vi abrir la suya, meter la mano, sacar el teléfono. Rosa, con purpurina, el mismo del sueño.

Ahí está.

Lo dejó sobre el banco, luego se fue hacia los baños, y yo me quedé con la imagen grabada. La taquilla, el número, todo.

Marta se acercó.

—¿Qué miras?

—Nada. El uniforme. ¿Dónde está?

—Ahí, en tu taquilla.

Fui hacia la taquilla, la abrí y ahí estaba.

El uniforme.

Un short rojo corto, ajustado. Tan corto que casi no cubría nada, tan ajustado que marcaba todo. Y una camiseta sin mangas, roja, con el logo del equipo. Y pompones, dos pompones rojos.

Me quedé mirándolo.

—Es una broma, ¿verdad?

Marta se rio.

—No, es el uniforme. Te queda bien.

—Marta.

—¿Qué?

—Es un short. Corto.

—Sí.

—Muy corto.

—Sí.

—Voy a parecer...

—¿Qué?

—No sé. Algo.

Marta me dio un codazo.

—Te ves bien. Ahora cámbiate, la entrenadora nos mata si llegamos tarde.

Me cambié con la dignidad de un hombre que se está poniendo el disfraz más ridículo de su vida. Me miré al espejo. El reflejo me devolvió a un omega alto, delgado, con las piernas largas y el short rojo marcando cada curva. Los pompones en las manos, la camiseta sin mangas dejando ver los brazos.

—Dios —susurré—. Esto es humillante.

Pero era por una buena causa, el teléfono de Valeria. Tenía que recordármelo.

—Vamos —dijo Marta agarrándome del brazo—, que la entrenadora nos mata.

 

———

El lugar estaba lleno. El equipo de baloncesto entrenaba en la cancha principal, nosotros, los porristas, teníamos la mitad del espacio. Los chicos del equipo de animación ya estaban colocando los conos para las figuras.

La entrenadora Ruiz nos reunió.

—Bien, equipo. Ian, me alegro de que estés de vuelta. ¿Te sientes bien?

—Sí, entrenadora.

—Perfecto. Calentamiento, luego coreografías y después figuras.

Empezamos. Los calentamientos fueron fáciles: estiramientos, saltos, carreras cortas. El cuerpo de Ian respondía mejor de lo que esperaba.

Y entonces lo sentí. Su mirada.

Karl estaba en la cancha con el equipo de baloncesto, entrenando, pero cada vez que yo me movía, cada vez que saltaba o estiraba, sentía sus ojos sobre mí, como un peso, como una presencia. No podía verlo directamente todo el tiempo, pero lo sabía. Estaba ahí, mirándome.

Concéntrate. Ignóralo.

Luego vino la coreografía. La entrenadora puso la música, una canción pop pegajosa, y el equipo empezó a moverse. Al principio, yo los imitaba, torpemente, pero entonces... algo pasó. Mis pies encontraron el ritmo, mis manos siguieron los pasos, los pompones se movieron con una precisión que yo no tenía. Era como si el cuerpo de Ian recordara, como si hubiera hecho esto mil veces antes.

Memoria muscular. El cuerpo aprende y luego lo hace solo. No necesitas pensar, solo sale.

—¡Ian! —dijo la entrenadora—. ¡Lo tienes! ¡Sigue así!

No era yo, era el cuerpo, pero funcionaba.

En un momento, entre paso y paso, mis ojos se cruzaron con los de Karl. Estaba en la banda, con una botella de agua en la mano, fingiendo escuchar a uno de sus compañeros, pero me miraba. Y cuando nuestras miradas se encontraron, sonrió y me guiñó un ojo.

Patético. ¿En serio esto le funciona? ¿Un guiño? ¿Ahora?

Aparté la mirada, seguí bailando, pero por el rabillo del ojo, vi a Valeria. Estaba en el otro extremo del, con los brazos cruzados, había visto todo. El guiño, la sonrisa, y su rostro era una máscara de furia contenida.

—Valeria —gritó la entrenadora— ¿Qué haces ahí parada? Ponte a ensayar.

Valeria se incorporó inmediatamente a la coreografía. Entonces llegaron las figuras.

Los chicos del equipo de animación se colocaron: dos abajo, dos arriba. Yo tenía que subir, ponerme de pie sobre las manos de los chicos, hacer una voltereta, caer en los brazos de otro.

—¿Listo? —preguntó uno de ellos.

—Sí.

No.

Subí, el cuerpo de Ian sabía. Los pies encontraron el equilibrio, las manos se agarraron, el cuerpo se elevó. Y por un instante, estuve arriba, mirando el gimnasio desde las alturas.

No mires abajo, no pienses en la caída. Concéntrate.

El miedo me apretó el pecho, pero el cuerpo siguió. La memoria muscular era más fuerte que el miedo.

Y entonces, lo vi.

Valeria se movió, fue rápido. Un pie que se cruzó con el del chico, un empujón disimulado, un "accidente" calculado al milímetro. Lo vi todo, como si el tiempo se hubiera detenido. Vi cómo su pie se deslizaba, cómo el chico perdía el equilibrio, vi cómo sus manos se soltaban.

Y entonces caí.

El mundo giró, el aire silbó en mis oídos. Vi el techo, las luces, los pompones volando. Vi las caras de las porristas, borrosas, gritando. Todo lento, todo absurdo.

Y luego, el impacto.

No fue el suelo, fue un chico. Joven, con cara de susto, que me atrapó a medio camino y me sostuvo contra su pecho.

—¿Estás bien? —preguntó—. ¡Ian! ¿Estás bien?

—Sí... sí, creo que sí.

—Te tengo, no te muevas.

Me sostuvo con cuidado, con firmeza. Las porristas me rodearon, todas hablando al mismo tiempo. ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¡Qué susto! Sus olores mezclados. Dulzones. Falsos. Y entonces, alguien apartó a las chicas con brusquedad. Karl.

—¿Qué ha pasado? —preguntó, y su voz sonaba ronca, furiosa—. ¿Por qué lo has soltado?

El chico que me había soltado palideció.

—Lo siento, señor, alguien ha tropezado conmigo en los movimientos. No he podido sostenerlo.

—¿Alguien? ¿Quién?

—No lo sé, ha sido muy rápido, todos se movían. Lo siento mucho.

Karl miró a su alrededor, buscando, con los puños apretados, pero no encontró a nadie. Porque Valeria ya estaba en otra parte, con cara de inocente, como si nada.

—Déjalo, Karl —dije, incorporándome. Me dolía todo, pero no iba a quedarme quieto mirando—. No es su culpa, son cosas que pasan. Todos lo sabemos.

Karl me miró, con confusión, con rabia. Con algo más, algo que no supe interpretar.

—Te has caído.

—Me he caído, no me he muerto. Vuelve a tu entrenamiento, estoy bien.

Karl abrió la boca, la cerró, no supo qué decir.

Y entonces, la vi.

Detrás de Karl, a unos metros, Valeria, con los brazos cruzados y el rostro pálido. Su olor estaba contenido, pero la furia se le escapaba por los poros. Me estaba mirando y no era una mirada de preocupación.

Tú. Tú me has empujado.

No lo dije, pero lo pensé y sonreí. Una sonrisa pequeña, solo para ella. Valeria se dio la vuelta y se fue. Karl seguía ahí, plantado, como si no supiera qué hacer.

—Vuelve con tu equipo —le repetí—. Ya te dije que estoy bien.

Y me di la vuelta hacia las porristas, hacia el entrenamiento. Porque el teléfono de Valeria seguía en su taquilla y yo estaba más cerca que nunca. Solo necesitaba un momento, un segundo, un descuido. Y entonces, lo tendría.

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Nidia Mojica
Se vienen mas y mas problemas, tengan cuidado con la Sofía, el Karl y la Valeria. Kevin e Ian necesitan afianzar su relación.
oneris medrano santamaria
mi Kevin es capaz de cualquier cosa por su amorcito 🥰 así es el no va a permitir que le pase nada a ian
Julissa Jimenez
😍😍😍😍😍Kevin te smo😂😂😂😂😂así se hace tienes que protegerlo de todo y de tidos😊😊😊😊eso puede ayudar que el este más certero de que lo ama 😍😍😍😍😍😍autora esto está que pica y se extiende 😂😂😂😂😂
kohaku viento
me encanta kevin protegiendo a su Omega ahahh la estupida de Valeria no sabe en qué lío se metió cada capítulo está más intenso. me encanta
kohaku viento
bien eso es lo que quería escuchar a destruir a esa bruja
☆Nanu☆
me gusta el curso que llevan las cosas!!! todo me gusta muy mucho 💜👏👏👏
Nidia Mojica
Ay Ian en cuanto puedas dile la verdad a Kevin no dejes que se entere de otra manera.
Hanabi Montano: ¡Tal cual! 💯 Tu consejo es de 10. Pero Ian está tan acostumbrado a protegerse a sí mismo que le cuesta abrirse del todo. Solo espero que cuando la verdad salga, Kevin entienda por qué lo hizo.
total 1 replies
oneris medrano santamaria
estos son los capítulos que me encantan Kevin es muy tierno 👏👏
Hanabi Montano: ❤️ Es que después de tanto drama y tanta maldad por parte de los demás, Kevin e Ian se merecían un momento de paz y ternura. Me alegra muchísimo que hayas disfrutado de este lado más dulce de Kevin. ¡Prepárate porque la balanza entre la ternura y la intensidad va a seguir! 💖📖
total 1 replies
kohaku viento
eso la unión hace la fuerza. y segura que esa arpia de Valeria. va. a perder y espero que el golpe sea brutal cosa de que no pueda levantarse más
kohaku viento
no para que los interrumpen 🤭🤭🤭😍😍😍😍😍😍
Hanabi Montano: ¡Jajajaja, kohaku! 😫 ¡Mercedes tiene el peor timing del mundo! Pero bueno, no es culpa de ella, es culpa de Fernando Valois por decidir llegar justo en ese momento.
total 1 replies
kohaku viento
Kevin no. profundices en eso déjalo. tu Haste el ignorante 🤣🤣🤣
Hanabi Montano: ¡Jajajaja, me encanta tu consejo! 🤣 'Hazte el ignorante' es la mejor estrategia para Kevin ahora mismo. Si empieza a tirar de ese hilo, Ian va a entrar en pánico y todo se va a arruinar. ¡Mejor que se guarde ese pensamiento para más adelante! 😏🤫
total 1 replies
kohaku viento
ambos Ian. no importa el orden estoy segura que te gustaran los dos lados jajajaajj
kohaku viento: no me cabe ni la menor duda 🤣🤣🤣🤭🤭🤭
total 2 replies
☆Nanu☆
la sangre caliente tira!!!🫦🤭
me encantó este capítulo. Me gustaría ya mesmo leer el próximo!!! quiero saber que se va a plantear en esa reunión familiar.
Ahora que Kev sabe quien fue, que hable con Cass y Cass con Dieguito así ya empieza a formarse el escuadrón guerrero 🤪🤪🤪
Julissa Jimenez
ay carajo esto se está poniendo intenso 😍😍😍😍y me gusta😊😊😊😊😊ellos son una muy linda pareja 😘😘😘😘😘
pero entre Valeria y la bruja mamá de Kevin no se que esperar 🙄🙄🙄🙄🙄más capítulos autora 😊😊😊😊😊me encanta esta novela 😂😂😂😂😍😍😍😍😍
Hanabi Montano: Tienes toda la razón: Kevin e Ian son una pareja preciosa que se merece ser feliz, pero con Valeria y Sofía en el mismo tablero de juego, el peligro está por todas partes. 🐍👑
total 1 replies
Nidia Mojica
Esa señora Elvira se pasa y me gusto que Kevin priorizara a Ian. Hay que darle una buena arrastriza a la Valeria.
Nidia Mojica
Nadie dijo que iba a ser facil. Te toca seguir luchando.
Nidia Mojica
Ahí tienes una verdadera amiga y quienes habalan deben fijarse que tan larga es la cola que les cuelga.
kohaku viento
eso Kevin demuestra de que estás hecho y que defendiendo a tu Omega eras capaz de todo
☆Nanu☆
lo absorbí cual si fuera la última gota de agua en el desierto a este capítulo!!! 🤭😅
Vamos Kev, demuestra de que estás hecho!!!💪💪💪
Un besito en la intimidad de esa habitación no vendría mal (que le diga a Ian tu papá dijo que me va a cortar las bol@s si me paso pero no puedo resistirme!! 🫦😘😘😘😘😅😅😅😅😅)
necesito más!!!
Hanabi Montano: ¡Jajajaja, Nanu! 🤭 Pobre Kevin, con la advertencia de Rodrigo en la cabeza va a tener que usar toda su fuerza de voluntad. Pero es que después de tanta angustia, ¡Ian y él se merecen un momento a solas!
total 2 replies
Julissa Jimenez
que Ian le cuente todo a Kevin, lo que le dijo Valeria y así que el se encargue de ella muajajajaja 😂😂😂😂me encanta el desquite 😊😊😊😊😊dulce venganza 😍😍😍😍😍😍
Hanabi Montano: Tienes toda la razón: Ian no tiene que pelear esta batalla solo, ahora tiene a Kevin.
total 2 replies
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