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La Nodriza: El Regalo Especial Que Desea El CEO

La Nodriza: El Regalo Especial Que Desea El CEO

Status: Terminada
Genre:CEO / Niñero / Padre soltero / Completas
Popularitas:1.6M
Nilai: 5
nombre de autor: your grace

Lara es una joven de veinte años proveniente de Sucamajé, un pueblito humilde del interior. Cuando la familia enfrenta deudas y su novio la abandona, ella acepta la única oferta que aparece: convertirse en nodriza del bebé de un hombre que ni siquiera conoce. El bebé se llama Miguel. El padre se llama Rafael Cavalcanti.

Rafael es CEO del Grupo Cavalcanti, uno de los mayores conglomerados empresariales de São Paulo. Frío, controlador, acostumbrado a dictar reglas sin justificación, Rafael carga con un pasado de aislamiento emocional que Sofía — la mujer que lo crió como madre — construyó meticulosamente para mantenerlo preso. Cuando Lara entra en la Mansión Cavalcanti con sus ojos asustados y su leche que no deja de producirse sin motivo médico aparente, Rafael intenta mantener la distancia. Intenta.

Lo que comienza como una relación estrictamente profesional —jefe y empleada— va cediendo, poco a poco, al peso de una atracción que ninguno de los dos sabe cómo nombrar. Rafael descubre que la dulzura de Lara no es debilidad, sino una fuerza extraña que atraviesa toda la armadura que él pasó décadas construyendo. Lara descubre que detrás de la frialdad del jefe existe un hombre que nunca supo lo que era ser realmente amado.

NovelToon tiene autorización de your grace para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Descubrimiento

La atmósfera de la mansión, antes tan rígida y fría, fue suavizándose lentamente desde que Lara llegó. Aquella mañana, el sol entraba por las ventanas enormes e iluminaba la sala principal. Lara caminaba despacio con Miguel envuelto en un rebozo de tela amarrado a su cuerpo.

En vez de llorar o agitarse como de costumbre, Miguel estaba radiante. Las manitas le golpeaban la mejilla a Lara mientras la boca emitía "aáh-ááh" que derretía a cualquiera que pasara.

— ¿A Miguel le está gustando pasear por la casona? —susurró Lara, besando la coronilla del bebé. Miguel respondió con una risa de encías que le soltaba el corazón a uno.

Ilda, que arreglaba un jarrón de flores en la mesa principal, detuvo lo que hacía. Se quedó mirando la escena con aire de asombro.

— Lara, de verdad tienes manos de hada —dijo, admirada—. El pequeño parece que te adora. Desde que la patrona se fue, no paró de llorar. Esta casa se volvió un infierno, todos al límite.

Poco después, Inés y Silvia —dos de las empleadas más antiguas, que sacudían el polvo de las estanterías de libros— se acercaron, los ojos brillantes.

— Es cierto, Lara. El pequeño lloraba tanto que nos turnábamos para cargarlo hasta que nos dolía la espalda —dijo Inés, sacudiendo la cabeza—. Pero mira ahora, ¡en tus brazos se ríe! ¡Es un milagro!

Silvia sonrió de oreja a oreja. — ¿Qué le hiciste, Lara? Cuéntanos. ¿Usaste algún rezo del interior, es eso?

Lara rio avergonzada. Sentía el peso del secreto que cargaba. — No es ningún rezo, Silvia. Solo hablo mucho con él. Creo que Miguel solo se sentía solo, queriendo compañía.

— ¿Ah, solo hablar? —bromeó Silvia—. ¡Nosotras también le hablábamos, pero él gritaba más todavía! Tienes algún truco especial, anda.

— Solo me gusta mucho cuidarlo —respondió Lara, a la defensiva. Sintió que Miguel le hundía la nariz en el pecho, dando la señal de que la hora de "comer" se acercaba. Ajustó el rebozo discretamente para no apretarlo demasiado.

Ilda la observó con una mirada más profunda. — Sea lo que sea, estamos muy agradecidos de tenerte aquí, Lara. Al menos el señor Rafael no va a estar al límite si ve a su hijo así de tranquilo. Nos salvaste a todos en esta casa.

Lara esbozó una sonrisa tenue. Pero por dentro, el nerviosismo crecía. Sabía que la calma de Miguel dependía enteramente del secreto que escondía bajo el uniforme.

— Doña Ilda, voy a llevar a Miguel al jardín de atrás un ratito, para que vea las plantas —pidió Lara, queriendo salir antes de que las preguntas se profundizaran.

— Ve, sí, ve. Cuídalo bien —dijo Ilda.

Mientras Lara se dirigía hacia el jardín, no tenía forma de saber que en una oficina en el centro de la ciudad, un hombre estaba clavando la vista en la pantalla de la tableta con el ceño fruncido. Rafael acababa de ver toda aquella interacción por las cámaras de seguridad conectadas al celular.

Observó a Miguel reír en los brazos de Lara. Sintió el alivio, pero al mismo tiempo la curiosidad se duplicó. Notó que ella acomodaba la parte delantera del uniforme con movimientos ansiosos.

— ¿Qué escondes, Lara? —murmuró Rafael para sí, en la oficina cerrada—. ¿Por qué mi hijo solo se calma contigo?

Tomó las llaves del auto. No podía esperar al fin de la jornada. Necesitaba saber qué pasaba cuando los dos se quedaban a solas.

Los pasos de Rafael resonaron en el mármol del vestíbulo cuando entró. Rostro cerrado, corbata aflojada: la impaciencia era visible. Ignoró las reverencias de los empleados. Sus ojos buscaban a una sola persona.

— ¿Dónde está mi hijo, Ilda? —la voz era baja pero pesada, al encontrar a Ilda cerca del comedor.

Ilda se sobresaltó; no esperaba al patrón de vuelta tan temprano. — Señor... el pequeño está en el jardín de atrás con Lara. Ella quiso tomar un poco de aire fresco.

Sin responder, Rafael fue directo. Zancadas largas y firmes, cruzó la puerta de vidrio que daba al jardín frondoso detrás de la mansión. Pero al acercarse al gazebo oculto por la enredadera, el paso se fue frenando. El jardín estaba en silencio: solo el canto de los pájaros y el susurro de las hojas en el viento.

Entonces escuchó. Un tarareo suave y melodioso. Rafael se detuvo detrás de una columna de piedra. Desde ahí veía a Lara sentada en una banca de madera, completamente relajada, la cabeza recostada en el pilar del gazebo, los ojos entrecerrados mientras tarareaba bajito.

Rafael entrecerró los ojos. La posición de Miguel era extraña. El bebé no estaba erguido en brazos; estaba acostado de lado en el pliegue del brazo de Lara. Parte del uniforme estaba abierto. La cabecita de Miguel reposaba ahí, pegada, y el sonido de una succión cadenciosa llegaba entre las pausas del tarareo.

La sangre de Rafael hirvió. La lógica giraba a velocidad máxima: ¿cómo era posible que una muchacha soltera, que nunca había estado casada ni embarazada, hiciera aquello? Y lo que lo enfurecía aún más era la audacia de Lara de darle al heredero de la familia una sustancia desconocida, sin su autorización.

Rafael salió de la sombra donde estaba oculto con la mandíbula apretada. Su presencia cortó la luz del jardín como una nube negra.

— ¡¿Qué estás haciendo?!

El grito de Rafael explotó en el silencio, cercenando el tarareo de Lara en el acto.

Lara dio un salto. Abrió los ojos de par en par, el susto arrancándole todo el color del rostro. Con movimientos frenéticos y descoordinados, intentó cerrar el uniforme, pero el sobresalto hizo que Miguel se asustara y comenzara a retorcerse, quejándose porque la "fuente de vida" le había sido arrancada de golpe.

Lara se levantó a toda prisa, abrazando a Miguel con fuerza contra el pecho todavía entreabierto, intentando cubrir lo que Rafael acababa de presenciar. El cuerpo le temblaba de pies a cabeza, las rodillas flexionándose como si fueran a ceder.

— S-señor... yo... yo puedo explicarlo —la voz de Lara se desvaneció, tragada por el sollozo del susto.

Rafael avanzó, el aura de él pesando como plomo. Los ojos perforantes fueron directo a la mancha húmeda en el uniforme de Lara, que ella ya no podía esconder. — ¡¿Explicar qué?! ¡¿Le diste a mi hijo algo de tu propio cuerpo?! ¡¿Estás loca?! ¡¿Quién eres tú en realidad?!

Rafael le arrebató a Miguel de los brazos de forma brusca. El bebé estalló en llanto fuerte, rasgando el silencio del jardín, pero a Rafael no le importó. Sus ojos seguían clavados en Lara, que había caído sentada en el pasto, el rostro cubierto por ambas manos.

— ¡¿Tú crees que esta casa es lugar para tus experimentos?! —Rafael estaba frente a ella, voz cortante—. ¡Fuiste demasiado lejos, Lara! ¡Rebasaste todos los límites!

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Patricia Trujillo Marin
Yo estoy segura que está escritora tiene complejo de esclava, todo lo que escribe sobre Lara muestra esclavitud 🤭🤭🤭🤭🤭
Yohana Diaz
porque Lara no le dice mi amor a Rafael????
Yohana Diaz
que vieja tan mala y Rafael tan pendejo amenazando a la mamá en vez de perderse de una vez lejos de ella
Patricia Trujillo Marin
ahora sí está buena la historia 👏👏👏👏👏
Gladys Carrillo
muy buena historia, me gustó.
Ana Yolanda Valerio Rodriguez
Nunca, creo que hasta la escritora los ha olvidado 😆😆😆
Patricia Trujillo Marin
está muy cansona la historia, no tiene argumentos solo sexo 😛😛😛😛😛
Patricia Trujillo Marin
me choca que la escritora ponga a la mujer como un objeto y se comporte como una boba que se deja utilizar 😛😛😛😛
Joselin Rigby
Es un tibio el tenia que correr esa vieja desde el momento que la mando a secuestrar
mar
me encantó 🫶🏻
Rosalba De Jesus
Excelente que buena descripción 🤭☺️
Lorena Malpica
Ya esta bien que el niño deje de tomar la le he materna aparte de que la mamá también se debilita, comprendan.
Rafael trata de estabilizar el niño debe convivir mad con los tíos vigilados por la mamá claro
Lorena Malpica
Disculpen yo desde que empecé a leerla so he visto los nombres de Rafael, Miguel y Lara. Ningún cambio
Lorena Malpica
Y porqué no también están su madre uy sus hermanos? Como que la escritora no los toma en cuenta
Lorena Malpica
El está muy aprensivo por los dos secretos que guarda. Lo que me pregunto donde está la mamá,ella le le hace falta y los hermanos también
Yarlin Funez
hay rafita te he de ver pagar todas las humillaciones que le haces y arrastraste como un perro
Lorena Malpica
Sí que se prepare Par si misma, digo yo
Lorena Malpica
Que llene los biberones con su leche y así no tenga problema 🤣🤣🤣😔
María ayana
hay no ahora que pasara
Elba Blass
siii, y la mamá y los hermanos donde quedaron seria más lógico que su mamá cuidara a Lara......
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