Nicolás Falcón fue humillado por Alessia Duval y su familia.
Años después, él regresa convertido en un millonario implacable… justo cuando Alessia lo pierde todo.
Su madre al morir le confiesa algo que ella se cuestióna si es verdad o mentira.
Él la acorrala solo para que se case con el, no por amor, sino para vengarse y hacerla pagar cada una de las humillaciones y el acto más cobarde que una mujer puede hacer.
Entre el odio, la convivencia, el dolor y los secretos, ambos empiezan a sentir algo que creían extinto.
Lo que él no esperaba…
era que verla rota despertara sentimientos que pensaba muertos.
Lo que ella no imaginaba.
era descubrir que detrás del hombre frío y cruel que ahora la domina, aún vive aquella persona buena al que ella hirió.
Entre venganza, culpa, deseo, odio y un gran
secreto capaz de destruirlos, terminan atrapados en un matrimonio donde el amor se convierte en la venganza más peligrosa.
Novela no apta para todo público.Contiene +18 y Maltrato emocional.
NovelToon tiene autorización de Frida Escobar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Estrategias.
NARRADO POR NICOLÁS....
Despierto en mi penthouse con un dolor de cabeza brutal.
Las botellas tiradas por el suelo no necesitan explicación.
Mi celular vibra insistente sobre la mesa. El recordatorio del viaje aparece en la pantalla. No es opcional. Nunca lo es.
Me doy una ducha rápida, el agua fría apenas logra despejarme, y salgo directo al estacionamiento. Minutos después ya estoy en el auto. Luego, en el jet.
Todo ocurre en automático.
El aire del desierto es distinto por la mañana.
Cálido.
Denso.
Casi solemne.
Aun con el malestar, me obligo a verme impecable. Hoy no es un día cualquiera. Hoy nace un imperio energético, y yo soy su rostro.
Bajo del vehículo y avanzo hacia la tarima instalada frente al nuevo pozo. Alrededor, las banderas se agitan con el viento, las cámaras apuntan sin descanso, los drones sobrevuelan el área como aves metálicas. Los jeques visten de blanco perfecto; mis socios, de traje oscuro. Todos esperan.
La alfombra roja atraviesa la arena y conduce hasta mí.
Como debe ser.
—Señor Falcón, bienvenido —dice el jeque mayor, estrechándome la mano.
—Hoy hacemos historia —respondo sin titubear.
A mi lado camina ella.
La mujer que me acompaña en cada proyecto importante.
La que viaja conmigo.
La que observa y entiende sin preguntar.
La mayoría no sabe quién es. Y no pienso explicarlo.
Su presencia es elegante, firme, silenciosa. El cabello oscuro cae sobre sus hombros, y tras las gafas, sus ojos no se apartan del escenario.
Los socios la miran con curiosidad.
La prensa intenta capturar su rostro.
Los jeques la observan con atención.
Ella no dice una palabra.
No la necesita.
Subimos juntos a la plataforma entre flashes y murmullos. Los discursos comienzan: alianzas históricas, expansión económica, reservas millonarias. Yo apenas escucho.
Mi atención está en la válvula principal del pozo.
Ese pedazo de hierro representa más poder del que muchos países han tenido en décadas.
Cuando me entregan el micrófono, hablo.
—Este proyecto no solo marcará el futuro del petróleo —digo con voz firme—, marcará el futuro de quienes apostamos por lo imposible. Lo que hoy inauguramos no es un pozo… es un legado.
Los aplausos estallan.
Ella me mira de reojo y sonríe mientras toma mi brazo. Su gesto es tranquilo, pero sé que comprende exactamente lo que significa este momento.
El jeque me entrega el casco ceremonial, blanco con detalles dorados.
—Es un honor, Falcón —dice—. Que sea usted quien active por primera vez el pozo Al-Sahri.
Asiento.
Coloco el casco y avanzo hacia la válvula junto a mis socios. Ella se queda unos pasos atrás, observándolo todo con esa calma orgullosa que solo ella tiene.
La llave ceremonial pesa.
Acero y oro.
La tomo con ambas manos.
Y giro.
Al principio, silencio absoluto.
Luego, un rugido profundo.
El pozo despierta.
El petróleo emerge a presión controlada y una columna negra se eleva contra el cielo azul. La multitud estalla en aplausos. Los jeques levantan las manos. La prensa pierde el control.
Yo no sonrío.
No celebro.
Esto no es suerte.
Esto es estrategia.
Ella se acerca y se coloca a mi lado.
—Impresionante —susurra.
No le respondo solo asiento.
El jeque nos invita a la carpa principal. Todos quieren algo de mí: acuerdos, fotos, entrevistas. avanzamos entre socios y cámaras, y entonces ocurre lo inevitable.
Las portadas ya están hechas.
Nicolás Falcón, el hombre más poderoso del sector petrolero, acompañado de una mujer misteriosa en la inauguración del campo energético más ambicioso del Medio Oriente.
Perfecto.
Que lo vean.
Que hablen.
Que especulen.
Aquí, en este desierto, estoy construyendo algo mucho más grande de lo que imaginan.
Porque lo único que me importa es el poder.
Ella entrelaza su brazo con el mío y sonríe.
—Señor Falcón, ¿es su prometida?
—pregunta un reportero.
Ninguno de los dos responde.
Levanto la mirada hacia la cámara que transmite en vivo, directo al mundo entero.
Y dejo que el silencio haga su trabajo.