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Azúcar Amargo

Azúcar Amargo

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Reencuentro
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Sarita King

Samantha Torres solo quería salvar su pastelería y cuidar de su hermana menor; jamás imaginó que una bandeja de crema pastelera la llevaría directamente a los brazos del hombre más peligroso, arrogante y fascinante de la ciudad: Viktor D'Angelo.

NovelToon tiene autorización de Sarita King para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una noche de tormenta

Samantha Torres

Hay noches que cambian algo dentro de ti.

No necesariamente porque ocurra una tragedia.

O porque suceda algo extraordinario.

A veces basta una conversación.

Una mirada.

Un instante.

Y de repente descubres que ya no eres la misma persona que eras al despertar.

Aquella noche comenzó con lluvia.

Y terminó complicando mi vida mucho más de lo que estaba preparada para admitir.

...----------------...

La tormenta llegó poco después de las nueve.

Fuerte.

Violenta.

Implacable.

Las gotas golpeaban las ventanas del departamento como pequeñas explosiones.

Los relámpagos iluminaban el cielo.

Y los truenos hacían vibrar las paredes.

Normalmente intentaba ignorarlos.

Aquella noche estaba demasiado distraída para hacerlo.

Porque seguía pensando en la gala.

En Viktor.

En la terraza.

En aquella pregunta.

"¿Y si fuera cierto?"

Maldita pregunta.

Maldito hombre.

Maldito corazón traidor.

—Sam.

La voz de Evelyn apareció desde el sofá.

—¿Sí?

—Estás sonriendo sola.

Casi me atraganté con el té.

—No estoy sonriendo.

—Sí estás.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

La miré.

Ella me miró.

Y luego sonrió.

Exactamente igual que Olivia.

Estaba rodeada de amenazas.

—Haz tu tarea.

—Ya terminé.

—Lee algo.

—Ya leí.

—Mira televisión.

—Aburrido.

—Entonces déjame en paz.

—Imposible.

Perfecto.

...----------------...

A las diez de la noche sonó mi teléfono.

Miré la pantalla.

Y automáticamente sonreí.

Otra vez.

Viktor D'Angelo.

—Oh.

Evelyn levantó la vista inmediatamente.

—¿Quién es?

—Nadie.

—Mentira.

La ignoré.

Y respondí la llamada.

—Hola.

—Hola.

Por alguna razón su voz sonó diferente.

Más suave.

Más relajada.

Como si tampoco estuviera trabajando.

—¿Interrumpo algo?

—Estoy intentando sobrevivir a Evelyn.

—Imposible.

—Lo sé.

Escuché una pequeña risa al otro lado de la línea.

Y aquella simple reacción logró algo peligroso.

Me hizo feliz.

...----------------...

—¿Qué haces?

Pregunté.

—Trabajar.

—Mentira.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque no suenas miserable.

—Buen punto.

Sonreí.

Y continuamos hablando.

Sobre nada.

Y sobre todo.

Como si fuera lo más natural del mundo.

Como si lleváramos años haciéndolo.

Le conté sobre un cliente que había intentado pagar una torta con cupones vencidos.

Él me habló sobre una reunión desastrosa.

Yo me burlé de su obsesión por el café.

Él se burló de mi capacidad para atraer problemas.

Y en algún momento dejé de notar la lluvia.

Los truenos.

La tormenta.

Todo.

Porque estaba demasiado ocupada escuchándolo.

...----------------...

—¿Sabes qué es extraño?

Preguntó después de un rato.

—¿Qué?

Silencio.

Breve.

Dudoso.

—Que siempre termino llamándote.

Mi corazón dio un pequeño salto.

—¿Eso es extraño?

—Para mí sí.

—¿Por qué?

Otra pausa.

—Porque normalmente no me gusta hablar con la gente.

No pude evitar reír.

—Eso explica muchas cosas.

—Gracias.

—De nada.

—Sigue siendo ofensivo.

—Lo sé.

Y otra vez aquella risa.

Aquella risa rara.

La que casi nadie escuchaba.

La que parecía existir únicamente cuando estaba conmigo.

Y por alguna razón esa idea me hizo sentir algo cálido.

Algo peligroso.

...----------------...

La conversación continuó durante casi una hora.

Una hora.

Sesenta minutos.

Tres mil seiscientos segundos.

No debería parecer importante.

Pero lo era.

Porque jamás hablaba tanto con nadie.

Porque él tampoco parecía hacerlo.

Y porque ninguno parecía tener ganas de colgar.

—Sam.

La voz de Evelyn apareció nuevamente.

—¿Qué?

—Necesito agua.

—Ve por ella.

—Está oscuro.

—Tienes doce años.

—Exactamente.

No entendía su lógica.

Ni quería hacerlo.

—Un momento.

Le dije a Viktor.

Me levanté.

Fui a la cocina.

Tomé un vaso.

Y regresé.

Evelyn seguía exactamente donde la había dejado.

—Eres increíblemente dramática.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo acepto igual.

Definitivamente pasaba demasiado tiempo cerca de Viktor.

...----------------...

Cuando volví a sentarme, escuché su voz nuevamente.

—¿Sigues ahí?

—Sí.

—Bien.

Aquella única palabra provocó algo extraño en mi pecho.

Otra vez.

Y empezaba a preocuparme la frecuencia con que ocurría.

—¿Viktor?

—¿Sí?

—¿Por qué me llamaste?

Silencio.

Largo.

Peligroso.

—No lo sé.

Mentira.

Lo supe inmediatamente.

Porque sonó exactamente igual que yo cada vez que intentaba ocultar algo.

—Mentiroso.

Escuché una exhalación.

Como si hubiera esperado esa respuesta.

—Quizás.

—Definitivamente.

—Tal vez quería escuchar tu voz.

Mi respiración se detuvo.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

Porque aquella confesión había llegado sin advertencia.

Sin sarcasmo.

Sin bromas.

Solo honestidad.

Y eso era mucho más peligroso.

...----------------...

Ninguno habló durante varios segundos.

La lluvia seguía cayendo.

Los truenos seguían sonando.

Pero ahora parecía un ruido lejano.

Insignificante.

Porque toda mi atención estaba concentrada en aquella llamada.

En aquella voz.

En aquel hombre.

—Samantha.

Mi nombre sonó diferente.

Más suave.

Más íntimo.

Y aquello no ayudó.

—¿Sí?

Otra pausa.

Como si estuviera pensando demasiado.

Como si estuviera luchando contra algo.

—Me alegra haberte conocido.

Mi corazón olvidó cómo funcionar correctamente.

Definitivamente.

Completamente.

Irremediablemente.

Porque Viktor D'Angelo jamás decía cosas así.

Nunca.

Y precisamente por eso significaban tanto.

—A mí también.

Respondí finalmente.

Y por primera vez en mucho tiempo, aquella respuesta fue completamente sincera.

...----------------...

La llamada terminó casi a medianoche.

Ninguno quería colgar.

Pero ambos fingimos que sí.

Porque era más fácil.

Porque admitir la verdad todavía resultaba aterrador.

Después permanecí sentada junto a la ventana.

Observando la lluvia.

Pensando.

Demasiado.

—Te gusta.

La voz de Evelyn apareció detrás de mí.

Ni siquiera me sobresalté.

Ya estaba acostumbrada.

—Vete a dormir.

—Eso significa que sí.

—Evelyn.

—Definitivamente sí.

—Buenas noches.

—Buenas noches, Samantha-enamorada.

—¡Evelyn!

Su risa desapareció por el pasillo.

Pequeña traidora.

...----------------...

Cuando finalmente me acosté, intenté dormir.

Intenté.

Fracasé.

Porque seguía recordando la conversación.

La llamada.

Las palabras.

La forma en que había pronunciado mi nombre.

Y por primera vez dejé de luchar contra la verdad.

Solo por unos segundos.

Solo para mí.

Solo en silencio.

Porque era inútil seguir negándolo.

La atracción había dejado de ser un problema hacía tiempo.

Ahora era algo más.

Algo mucho más profundo.

Mucho más real.

Y mucho más peligroso.

Porque aquella noche de tormenta me había enseñado una verdad imposible de ignorar.

Ya no estaba enamorándome de Viktor D'Angelo.

Creo que una parte de mí ya había comenzado a hacerlo.

Y lo peor...

Era que no quería detenerlo.

Fin del Capítulo 19...🍰

1
Dany 🇨🇱🥰
jajajaja 🤣🤣
Náyade
pobre Samantha 😅
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