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Gorda, Abogada Y.....¡¿EMPERATRIZ?!

Gorda, Abogada Y.....¡¿EMPERATRIZ?!

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Reencarnación / CEO
Popularitas:13.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Traicionada por el Emperador en el campo de batalla, la temible y soberbia soberana de la dinastía del norte jura venganza antes de morir. Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido: despierta en el futuro, atrapada en el cuerpo de Valentina, una brillante pero insegura abogada con talle XL que acaba de colapsar por culpa del bullying de su oficina.
¿Sin carruajes, sin guardias reales y con una bata de hospital barata que no le cierra atrás? No importa. Con una mente de acero y una dignidad inquebrantable, la Emperatriz usará el código penal como su nueva espada. ¡Pobre de aquel que intente humillarla por su físico! Desde el rival arrogante de su buffet hasta el CEO más frío de la ciudad, todos aprenderán que sus curvas imponen respeto y que Su Majestad ha dictado su sentencia. ¡Una comedia romántica con una venganza de talle grande!

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: El banquete de las confesiones y el terror del buffet

El olor a humedad, salitre y pescado podrido de la zona portuaria habría hecho arrugar la nariz a cualquier ciudadana común de este siglo, pero para la Emperatriz, ese ambiente rústico olía a una cosa muy clara: emboscada. Valentina bajó del automóvil oscuro acomodándose los puños de su saco verde esmeralda. Sus curvas XL, firmemente enmarcadas por la tela elastizada que Thiago le había confeccionado, se movían con una cadencia pesada y segura. Cada paso de sus tacones sobre el pavimento agrietado del muelle sonaba como el tambor de marcha de un batallón.

Echó un rápido vistazo a los techos de los galpones linderos. Un sutil destello metálico entre las vigas rotas le confirmó que los tiradores del León de Oro estaban en sus puestos. Alexander cumplía su palabra de proteger el perímetro, pero Valentina no tenía intenciones de necesitar sus balas. Ella iba a demostrarle a ese mafioso que la mente de una soberana era más letal que cualquier calibre.

Al cruzar el umbral del restaurante privado del puerto —un antro de luces tenues, olor a tabaco y mesas de madera maciza—, la atmósfera se volvió densa. Sentados al fondo, rodeados por tres matones de trajes baratos que intentaban lucir amenazantes, se encontraban los socios principales del buffet rival. A la cabeza estaba el abogado arrogante, aquel que días atrás se atrevía a lanzarle tecnicismos obsoletos y burlas sobre su peso. Al verla entrar sola, vestida con ese imponente traje verde que desafiaba la discreción del lugar, el hombre estiró las piernas y esbozó una sonrisa cargada de una suficiencia estúpida.

—Vaya, vaya. Miren quién decidió aparecer —dijo el rival, golpeando suavemente la mesa con sus dedos llenos de anillos—. Doctora Valentina... o lo que queda de ella. Tome asiento. No muerden... a menos que yo se los ordene.

Los matones soltaron una risita ensayada. Valentina ni siquiera se dignó a mirarlos. Con una calma que rozaba lo aterrador, caminó hacia la silla vacía, deslizó su silueta con una gracia imperial y se sentó. Apoyó sus manos regordetas sobre la madera, entrelazando los dedos. No había un solo rastro de sudor en sus bonitas facciones blancas, ni un parpadeo de duda en sus ojos oscuros.

—Ahórrate los preámbulos de bufón, plebeyo —respondió Valentina, con un susurro tan gélido que la risa de los matones se extinguió en el acto—. Me citaron en este nido de ratas porque sus finanzas están sangrando por culpa de mi demanda. Hablen rápido. Mi tiempo es un recurso demasiado valioso como para desperdiciarlo escuchando los ladridos de un perro asustado.

El abogado rival tragó saliva, visiblemente descolocado por la absoluta falta de miedo de la mujer. Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa e intentando recuperar el control de la situación.

—Mire, gordita, vamos a hablar de negocios reales —espetó, bajando la voz en un tono confidencial y siniestro—. Usted cree que tiene el sartén por el mango con esa orden de restricción. Pero sabemos que sus testigos son personas frágiles. Sería una lástima que tuvieran accidentes antes del juicio final, ¿no cree? Además, sabemos que a usted no le pagan lo suficiente en esa firma de pacotilla donde la tienen de empleada.

El hombre hizo una seña a uno de sus hombres, quien colocó un pesado maletín de cuero sobre la mesa y lo abrió, revelando fados y fados de billetes de alta denominación. El brillo del dinero iluminó el rostro codicioso del rival.

—Aquí hay dos millones de dólares en efectivo. Limpios. Lo único que tiene que hacer es cometer un "error involuntario" en la presentación de la próxima foja del expediente, dejar caer la demanda de Alexander por falta de pruebas y este maletín es suyo. Se retira, se compra una casa grande y se olvida de jugar a la heroína. Tómelo como un consejo amistoso... porque la otra opción no le va a gustar a su salud.

Valentina observó el contenido del maletín. El dinero de este siglo le parecía un papel de baja calidad, carente del peso y el valor real de los cofres de oro que solía manejar en su antiguo imperio, pero comprendía perfectamente la gravedad legal del acto. El buffet rival acababa de morder el anzuelo hasta el fondo.

Una sonrisa fría, maquiavélica y profundamente calculadora se dibujó en los labios de Valentina. Inclinó la cabeza ligeramente hacia un lado, permitiendo que el pequeño micrófono oculto debajo de su cuello verde esmeralda captara la frecuencia a la perfección.

—Dos millones de dólares por traicionar a mi cliente y enterrar la justicia —dictó Valentina, proyectando su voz con una claridad matemática—. Agradezco profundamente su generosidad, caballeros... pero sobre todo, agradezco que hayan redactado y firmado su propia sentencia de muerte en mi frecuencia de radio.

El abogado rival frunció el ceño, completamente confundido.

—¿De qué carajo estás habland...?

No pudo terminar la frase.

Las pesadas ventanas de vidrio templado del restaurante estallaron hacia el interior en mil pedazos. El sonido ensordecedor de las sirenas policiales y los gritos de comando inundaron el recinto de inmediato. Agentes de la fiscalía federal y oficiales de la policía armada entraron de golpe, con los chalecos antibalas puestos y las armas cortas apuntando directamente a las cabezas de los extorsionadores.

—¡Fuerza federal! ¡Todos al suelo! ¡Las manos donde pueda verlas! —rugió el capitán a cargo de la sección.

Los matones del buffet rival intentaron llevar las manos a sus cinturas, pero un par de puntos rojos láser aparecieron instantáneamente en sus frentes, proyectados desde los techos linderos por los francotiradores de Alexander. Al notar que estaban completamente cercados por el Estado y por la mafia en un combo letal, se arrojaron al suelo con los ojos abiertos por el pánico. El abogado arrogante fue empujado contra la madera de la mesa, con el rostro aplastado justo al lado de su maletín de sobornos, mientras un oficial le encajaba las esposas metálicas en las muñecas con brusquedad.

—¡Esto es una trampa! ¡Esta gorda me tendió una trampa! —chillaba el rival, con la voz quebrada por el terror y las lágrimas del susto, mientras lo levantaban del piso a los tirones.

Valentina se puso de pie con una parsimonia majestuosa. Se sacudió una pequeña astilla de vidrio que había caído en la solapa de su saco verde esmeralda, miró al hombre que antes la pisoteaba y le dedicó una última mirada de absoluto desprecio soberano.

—En mi corte, a los traidores se les cortaba la cabeza —le susurró al oído mientras la policía se lo llevaba a rastras—. Considérate afortunado de que este siglo te permita pudrirte en una celda de cemento. Retírate de mi vista, alimaña.

Al día siguiente, el regreso de Valentina al prestigioso buffet de abogados fue un evento digno de las crónicas de un imperio. La noticia del arresto en flagrante delito de la cúpula del buffet competidor había salido en primera plana en todas las pantallas y portales digitales de la ciudad. La abogada de talle grande, la que todos consideraban un mueble más en los pasillos oscuros de la firma, había decapitado legalmente a la competencia más peligrosa en una sola noche.

Cuando las puertas de vidrio del buffet se abrieron y Valentina entró luciendo un nuevo abrigo oscuro de solapas firmes, el ambiente que la recibió fue de puro y absoluto terror reverencial.

El silencio se apoderó del piso en un segundo. Los asociados menores, los secretarios y los pasantes se pegaron a las paredes, bajando la cabeza de forma instintiva cuando ella pasaba. El abogado arrogante de su propia firma, aquel tipo que solía tirarle las carpetas en la mesa y tratarla con desprecio, la vio venir desde el fondo del corredor. Al cruzarse con su mirada gélida y felina, el hombre entró en pánico absoluto; dio un paso en falso hacia atrás y se escondió literalmente detrás de una enorme planta de interior, temblando como una hoja y conteniendo la respiración con la esperanza de que la Emperatriz no notara su miserable presencia.

Valentina continuó su marcha sin detenerse, ignorando los murmullos de pánico que dejaba a su paso. Al llegar a la zona de las oficinas principales, se topó con los directores ejecutivos del buffet. Los hombres, que antes ni siquiera sabían su nombre, la esperaban de pie con las manos entrelazadas y sonrisas nerviosas que delataban su miedo a que ella decidiera renunciar y llevarse el millonario contrato de Alexander a otra parte.

—¡Doctora Valentina! ¡Nuestra socia estrella! —exclamó el director principal, abriendo los brazos con una adulación que a la soberana le pareció patética—. Qué orgullo para esta firma. Hemos estado revisando su situación y es un absoluto insulto que una mente como la suya esté en un cubículo tan pequeño.

El hombre caminó hacia una gran puerta de madera noble con picaportes de bronce y la abrió de par en par, revelando una oficina presidencial gigantesca, con un escritorio de caoba maciza, sillones de cuero italiano y un ventanal con una vista panorámica de toda la ciudad.

—Esta es su nueva oficina presidencial, doctora. Queremos ofrecerle una sociedad principal inmediata y todas las regalías que usted exija. Por favor... díganos que está conforme con nuestro respeto.

Valentina entró al enorme espacio, caminó hacia el ventanal y observó los rascacielos que se extendían bajo sus pies. Luego se giró hacia sus jefes, quienes la miraban fijos, sudando frío y esperando su veredicto con el pulso a mil por hora.

—Este espacio es aceptable para empezar —sentenció Valentina, apoyando sus manos en el escritorio de caoba con una autoridad que los hizo enderezar la espalda del susto—. Coloquen mis pertenencias aquí dentro de la próxima hora. Y dejen algo muy en claro en sus mentes: el respeto no es algo que se ofrece en un contrato... es algo que yo exijo por el simple hecho de existir. Pueden retirarse de mi corte.

Los directores asintieron repetidamente, pidiendo disculpas en susurros, y cerraron la puerta con una delicadeza extrema, dejando a la Emperatriz sola en su nuevo trono corporativo. La conquista del territorio estaba marchando a la perfección.

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Sofia Chavez Gutierrez
magistral, excelente
Sofia Chavez Gutierrez
sumamente divertido 🤣👏
valeska garay campos
jajajaja el león se quedó sin habla frente a la matriarca 🤭
tithy
he reído tanto, tanto, que hasta lágrimas me han salido. buenísima, buenísima. añoro todos los días nuevos capítulos
valeska garay campos
thiago eres genial 🤭
Alejandra Mabel Miño
Huy esto se ca poner bueno ya me imagino 🤣🤣🤣
Gleirys Carolina
Me has dejado con la intriga, y supongo que será muy buena 🤣
Gleirys Carolina
Que lindo, saldrá a cazar y llevárselos como regalos de cortejo a su emperatriz 😂
Gleirys Carolina
El nivel de desconfianza lo lleva a mil por hora, le dará algo cuando lea ese informe😂
Gleirys Carolina
Esas clases fueron muy fructíferas, tanto así, que tendrán igual.impacto de las anteriores😂
valeska garay campos
veremos que tipo de venganza van a hacer 🤭👀
valeska garay campos
ya cayó el león de oro en redes del amor 💘
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Valentina así se habla jjajan
valeska garay campos
se volverá loco el plebeyo 🤭🤭🤭🤭
valeska garay campos
🤭🤭🤭🤭🤭 le va a enseñar el vocabulario moderno
Bianca Shirley Riquelme
🤣😂🤣🤣🤣 Thiago 🤣😂🤣
Kathy Roma
mi querido león el que se encarga será otro 🙊🤣
mariela
Esta muy divertida Emperatriz con ese lenguaje coloquial y ahora Thiago su amigo gay que le cambiara su vestimenta que sea mas actual, atrevida y mas empoderada cuando la vean la quijada les llegara al piso.
mariela
Valentina tendrá que aprender el lenguaje actual para que no crean que esta loca aunque con su aura de Emperatriz su postura y autoritarismo deja a las de uno callado ahora quien esta fascinado es Alexander ese magnetismo que ella inspira con autoridad lo atraen.
Federico se te fue la gallina de los huevos de oro se te acabó tu suerte
no se te ocurra acercarte porque no sabes de lo que pueda ser capaz.
mariela
Valentina con la mente de una Emperatriz de una época con carruajes, lacayos y plebeyos 🤣😂🤣😂 aquí vetemos como se da cuenta que esta renacida en el cuerpo de una abogada 🤣😂🤣😂
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