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Renací Para Evitar Mi Final

Renací Para Evitar Mi Final

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Reencarnación / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Valeria Montrose fue la villana más odiada del Imperio de Elarion. Obsesionada con el príncipe heredero, manipuló, traicionó y destruyó a todos los que se interpusieron en su camino. Al final, fue ejecutada públicamente tras ser acusada de conspiración contra la corona.

Cuando la espada cae sobre su cuello, cree que todo ha terminado.

Sin embargo, despierta diez años atrás, en el día de su presentación en sociedad.

Esta vez conserva todos sus recuerdos.

Sabe que el príncipe nunca la amó. Sabe que la heroína del reino no era su enemiga. Y, sobre todo, sabe que detrás de su caída existía una conspiración mucho más grande que terminó provocando una guerra que destruyó el imperio.

Decidida a sobrevivir, Valeria toma una decisión inesperada:

No perseguirá al príncipe.

Pero cambiar el destino resulta más difícil de lo esperado cuando el propio príncipe comienza a interesarse por ella después de que deja de perseguirlo.

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24

La luz que emanaba del Libro de los Destinos no era el resplandor cálido de una vela ni el destello frío de un hechizo. Era una luz antigua, la luz de la aurora boreal atrapada en un pergamino, danzando en patrones que parecían contar la historia de la creación misma. La imagen que formó en la página en blanco no era la de un mapa detallado ni la de un campo de batalla. Era la de una montaña.

No una montaña cualquiera. Era el Pico de las Estrellas, la montaña más alta de la cadena de las Grises, una gigantesca aguja de piedra que se alzaba sobre el mundo, tan alta que su cima estaba a menudo por encima de las nubes, un lugar que los mortales rara vez osaban escalar y que los sabios consideraban sagrado. Pero la imagen del libro no mostraba la montaña desde fuera. La mostraba desde dentro.

—Los Forjas del Alma—susurró Valeria, el nombre le vino a los labios no de su memoria, sino del libro mismo, un eco de un tiempo olvidado—. Las legendarias forjas de los primeros reyes. El lugar donde se forjaron no solo las espadas que unificaron el imperio, sino el propio imperio. El lugar donde el poder del mundo era canalizado y moldeado.

El consejo se acercó, sus rostros reflejando la luz etérea del libro, sus ojos llenos de una mezcla de asombro y escepticismo. Vieron túneles que se enroscaban en el corazón de la montaña como raíces de un árbol antiguo. Vieron salas tan grandes que podrían albergar ciudades enteras, salas iluminadas por una luz que no provenía de antorchas, sino de la propia piedra. Vieron ríos de metal fundido fluyendo por canales tallados con una precisión que desafiaría a los mejores artesanos del imperio.

—Una leyenda—dijo Lidia, su voz llena de una maravilla que luchaba contra su pragmatismo innato—. Un cuento para explicar la calidad del acero de los primeros reyes. No puede ser real.

—Las leyendas, como ya he dicho, a menudo se basan en la verdad—respondió Valeria—. Los Forjas del Alma no son solo un lugar. Son un arma. Un arma que no fue diseñada para luchar contra ejércitos, sino contra... esto. Contra sombras. Contra el final.

Sus dedos flotaron sobre la imagen, no tocando el pergamino, pero siguiendo los patrones de luz. —Los primeros reyes no solo construyeron un imperio. Sabían que no serían los primeros en intentarlo. Sabía que habría otras fuerzas, otras sombras, que intentarían arrebatarles lo que habían creado. Así que construyeron un último recurso. Una defensa final. Un corazón.

—¿Un corazón?—preguntó Marcus, su confusión era palpable—. ¿De qué hablas?

—El Corazón de la Montaña—respondió Kaelan, su voz baja y asombrada. No miraba el libro, sino a Valeria, como si estuviera viendo a través de ella, hacia el conocimiento que ella poseía—. Mi padre... me habló de él. No como un lugar real, sino como un mito. Una historia que contaba su padre, y el padre de su padre. La historia de un artefacto, una piedra o un cristal, que contenía la esencia misma del imperio. El poder de la unión, el poder de la voluntad, el poder de... la vida.

Valeria asintió, su mirada encontrando la de Kaelan, una conexión que trascendía las palabras. —Exacto. El Corazón de la Montaña no es solo una fuente de poder. Es un faro. Un faro cuyo propósito es mantener a raya las sombras. El Imperio de las Sombras no es solo un ejército. Es una fuerza antinatural. Una fuerza que se alimenta del desorden, del miedo, de la división. El Corazón es lo contrario. Es la fuerza de la unidad, de la esperanza, de la vida. Es la única cosa que puede... repelerlos.

—¿Repelerlos?—preguntó Jayna, su voz era el susurro de las olas, pero ahora había una corriente de esperanza debajo de ella—. ¿No para derrotarlos?

—Derrotarlos con espadas es imposible—dijo Valeria, su voz llena de una sombría certeza—. Son demasiado numerosos. Demasiado... fanáticos. Luchar contra ellos con una guerra convencional sería como intentar apagar un incendio forestal con un cubo de agua. Solo serviría para extender las cenizas. No podemos ganar esta guerra con fuerza. Tenemos que ganarla con... esencia. Tenemos que reavivar el Corazón de la Montaña.

Se giró hacia el mapa, su mente racing, el libro mostrándole no solo el lugar, sino el camino. —El Pico de las Estrellas está a tres semanas de viaje a través de las Montañas Grises. Es un viaje peligroso, especialmente ahora que el invierno se acerca. Pero es un viaje que debemos hacer.

—¿Quién?—preguntó Marcus, su voz ya no de desesperación, sino de determinación—. ¿Quién irá?

—Yo—dijo Kaelan, su voz no dejaba lugar a discusión—. Yo iré.

—No, Alteza—respondió Valeria, su voz firme pero suave—. Usted no puede ir. Usted es el rey. Su lugar está aquí, uniendo al imperio, preparando a la gente para lo que se avecina. Si usted se va, el imperio se fragmentará. Alistair fue solo una prueba. La llegada del Imperio de las Sombras será la tentación final para todos aquellos que anhelan el poder. Sin usted aquí, el imperio se devorará a sí mismo antes de que el enemigo ponga un pie en nuestras costas.

—Entonces, ¿quién?—preguntó Kaelan, su frustración era palpable—. ¿Quién tiene la fuerza para hacer este viaje? ¿Quién tiene el conocimiento para encontrar este lugar? ¿Quién tiene el poder para... despertar este Corazón?

Valeria lo miró, y en ese momento, supo que su destino estaba sellado. No era una elección. Era una responsabilidad. Una responsabilidad que había aceptado el día en que abrió el libro por primera vez.

—Yo—dijo, su voz tranquila pero inquebrantable—. Yo iré.

La declaración colgó en el aire, pesada e innegable. El consejo la miró, no con sorpresa, sino con una comprensión gradual. Era la única solución. La única solución sensata. Valeria era la única que entendía el libro, la única que podía leer sus ecos, la única que tenía una conexión con el poder del que hablaban.

—No puedes ir sola—dijo Kaelan, su voz era la de un rey, pero sus ojos eran los de un hombre que tenía miedo de perder a la única mujer que había entendido su alma—. Es un viaje peligroso. Necesitarás protección. Necesitarás... guía.

—Estaré con ella—dijo Marcus, su voz firme y resuelta. Ya no era el líder del Gremio de los Herreros. Era el guerrero que había jurado lealtad no a un príncipe, sino a un rey y a la causa que representaba—. Mi espada y mi vida le pertenecen.

—Y yo también—dijo Eleanor, emergiendo de las sombras del fondo de la sala. Había estado escuchando, su rostro una máscara de concentración—. No soy una guerrera como Marcus. Pero conozco los caminos olvidados. He pasado mi vida leyendo sobre las leyendas, sobre los lugares que el mundo ha olvidado. Mi conocimiento será tan valioso como su acero.

Kaelan los miró, su rostro una mezcla de gratitud y miedo. Sabía que eran la elección correcta. Marcus era la fuerza, la protección. Eleanor era la sabiduría, la guía. Y Valeria... Valeria era la esperanza, el poder.

—Está decidido entonces—dijo, su voz de rey, tomando una decisión que le partía el corazón—. Lady Montrose, Marcus y Eleanor viajarán a las Forjas del Alma. Su misión no es una de conquista, sino de salvación. Irán en nombre del rey, en nombre del imperio. Y yo... yo me quedaré. Me quedaré para mantener unido lo que es nuestro. Me quedaré para preparar a nuestro pueblo para el invierno que se avecina.

Se acercó a Valeria, su mirada intensa, no como un rey a su consejera, sino como un hombre a la mujer que amaba. No había testigos en esa mirada, solo la verdad cruda y desnuda de sus sentimientos.

—Vuelve—dijo, su voz era un susurro, una promesa, una orden—. Vuelve a mí. Te lo ordeno no como tu rey, sino como el hombre que te... necesita.

Valeria sintió las lágrimas amenazando con brotar, pero las contuvo. No era momento para la debilidad. Era momento para la fuerza. —Volveré, Alteza—dijo, su voz formal pero sus ojos llenos de un amor que era más real que cualquier corona—. Volveré. Te lo prometo.

Mientras hablaban, el libro en sus manos comenzó a cambiar. La imagen de las Forjas del Alma se desvaneció, reemplazada por un nuevo mapa. No un mapa de montañas y valles, sino un mapa de... corrientes. Corrientes de energía, de poder, que fluían a través del imperio como ríos invisibles.

—Hay algo más—dijo Valeria, su voz llena de una urgencia recién encontrada—. El libro... me está mostrando algo. Un camino. No solo para nosotros, sino para usted, Alteza.

Señaló un punto en el mapa, un punto en la costa este, no lejos del Cabo de los Lamentos. —Aquí. La Isla de los Susurros. Un lugar abandonado, un lugar que la gente evita por las historias de fantasmas y malos espíritus. Pero no son fantasmas. Son ecos. Ecos del Corazón de la Montaña.

—¿Qué significa eso?—preguntó Lidia, su voz llena de una curiosidad que superaba su escepticismo.

—Significa que el Corazón no es la única defensa—dijo Valeria, su mente racing, conectando los puntos que el libro le mostraba—. Significa que los primeros reyes eran más listas de lo que pensamos. Crearon una red. Una red de nodos, de lugares donde el poder del Corazón podía ser sentido, incluso a miles de kilómetros de distancia. La Isla de los Susurros es uno de esos nodos. Y hay otros. Otros lugares que hemos olvidado, lugares que hemos abandonado por miedo o por ignorancia.

Se giró hacia Kaelan, sus ojos brillando con una esperanza que era contagiosa. —Mientras nosotros viajamos a la montaña, usted tiene una misión también, Alteza. Una misión igual de importante. Debe encontrar estos nodos. Debe reavivarlos. No puede encender el Corazón de la Montaña, pero puede encender... las brasas. Puede crear una red de luz, una red de esperanza, que mantendrá a las sombras a raya hasta que regresemos con el fuego principal.

Kaelan la miró, su asombro dando paso a una determinación feroz. Comprendió. No era una misión paralela. Era la misma misión. Dos frentes de la misma guerra. Una guerra por el alma del imperio.

—Se hará—dijo, su voz de rey, su mirada fija en el mapa, su mente ya trabajando, ya planeando—. Enviaré exploradores. Enviaré eruditos. Encontraremos estas brasas. Y las encenderemos.

Mientras hablaban, la imagen en el libro se desvaneció, el pergamino volviendo a su estado normal, blanco y antiguo. Pero la luz, la esperanza que había traído, permaneció en la sala, un faro en la oscuridad creciente.

El plan estaba hecho. La misión, asignada. El destino, sellado.

Valeria, Marcus y Eleanor viajarían al corazón de la montaña, en busca del poder que podría salvar al mundo. Y Kaelan se quedaría, en busca de las brasas que podrían mantener al mundo con vida hasta que regresaran.

Era un plan audaz, casi suicida. Pero era un plan. Y en una guerra como esta, un plan, por improbable que fuera, era la única cosa que se interponía entre el imperio y la aniquilación.

Y mientras el amanecer se filtraba por las ventanas de la Gran Sala, pintando el mapa con la luz de un nuevo día, Valeria supo que el viaje que estaba a punto de comenzar no sería solo a través de montañas y valles. Sería un viaje a través del tiempo, a través de la memoria, a través del alma misma del imperio. Y que lo que encontraran al final de ese viaje, ya sea el Corazón de la Montaña o solo una leyenda más, definiría el destino de todos.

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Dora Guzman Pacherres
Cada vez más intrigante tú novela, me gusta bastante. Tiene de todo sobre todo lo que puede suceder las paradojas del destino 😱.
Dora Guzman Pacherres
Cada capítulo más interesante sabes tejer las intrigas y nos dejas con un suspenso de querer más y más.
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