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Esposos Por Contrato, Padres Por Accidente.

Esposos Por Contrato, Padres Por Accidente.

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Matrimonio arreglado / Amor eterno
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Valeria Grien y Maximiliano Starling no tienen absolutamente nada en común. Ella es una mujer de curvas generosas, caótica, expresiva y con una seguridad en sí misma que resulta magnética. Él es un hombre de negocios metódico, frío y un obsesivo del control que parece haber nacido con el traje puesto. Sin embargo, el destino —y el testamento de una abuela muy metiche— los obliga a tomar una decisión drástica: casarse y convivir bajo el mismo techo durante un año para no perder su herencia.
Dispuestos a sobrevivir al encierro sin matarse en el intento, firman un pacto inquebrantable con una regla de oro estricta: camas separadas y cero contacto físico. Todo marcha según el plan, entre discusiones domésticas y una tensión que echa chispas... hasta que una mañana Valeria se despierta con náuseas y una prueba con dos rayitas rosas en la mano.
¿El gran problema? Ella no sabe cómo pasó, y él, con su legendario autocontrol, muchísimo menos.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9: El cóctel de la verdad

La residencia de Julián era el epítome de la opulencia moderna. Vigas de hormigón visto, luces cálidas indirectas y una terraza enorme que daba a los mejores rascacielos de la ciudad. El lugar estaba repleto de arquitectos, empresarios y el círculo de amigos de Valeria. Era, en pocas palabras, el escenario perfecto para un desastre de proporciones épicas.

Desde el segundo en que cruzaron el umbral, Valeria y Maximiliano se activaron en el modo "matrimonio idílico". Él mantenía una mano firme y posesiva en la parte baja de su espalda, justo donde el vestido de satén negro de Valeria se ceñía a sus caderas, mientras ella entrelazaba sus dedos con los de él, sonriendo a cada invitado con una dulzura que le provocaba calambres en las mejillas.

—Mantén esa sonrisa, Starling —le susurró Valeria entre dientes, saludando con la mano libre a un conocido—. Julián nos está mirando desde la barra con los ojos entrecerrados. Un paso en falso y nos delata.

—Hago lo que puedo, Grien —respondió él, rozando con sus labios la sien de ella para simular un gesto romántico ante las cámaras de un par de amigos—. Pero tu perfume de vainilla me está provocando una migraña y tu mano me está cortando la circulación. Afloja el agarre.

A unos metros, la resistencia se estaba organizando. Julián, Alma y Gabriel observaban a la pareja del año mientras compartían una bandeja de canapés.

—Míralos, qué falsos son. Es casi insultante —comentó Julián, dándole un trago a su copa—. Necesitamos ablandarlos ya. Si no rompen esa tensión rígida que traen, mi fiesta va a parecer una junta de accionistas.

—Déjamelo a mí —sonrió Gabriel, agitando su abanico con pura malicia—. Pienso meter cizaña hasta que a Valeria se le salgan los ojos de los celos.

Dicho y hecho, Gabriel se pasó la siguiente hora rondando a la pareja como un satélite molesto. Cada vez que Valeria se quedaba cerca de un grupo de personas, Gabriel aparecía de la nada, suspirando de manera dramática y hablando en un tono de voz perfectamente calculable para que ella lo escuchara.

—No, de verdad, es que es un pecado —decía Gabriel a viva voz, mirando descaradamente a Maximiliano, quien conversaba con un colega—. Miren cómo le calza ese esmoquin a medida. Esos hombros... esa espalda. Valeria, querida, de verdad que si tú no vas a aprovechar a ese torque de hombre, avísame. Yo le limpio los termos, le ordeno las camisas rosa chicle y le hago los masajes que le hagan falta. Tiene una mandíbula que podría cortar diamantes. ¡Está para comérselo vivo!

Valeria apretó la copa de champaña con tanta fuerza que el cristal crujió. Miró a Gabriel con ojos asesinos, sintiendo una punzada extraña y molesta en el estómago que se negaba rotundamente a catalogar como celos. ¿Celosa ella? ¿De Cara de Iceberg? ¡Por favor! Sin embargo, ver a un par de invitadas asentir ante los comentarios de Gabriel y mirar a Maximiliano con evidente interés hizo que Valeria sintiera la urgente necesidad de marcar territorio, aunque fuera por puro orgullo.

Se acercó a Maximiliano, le rodeó el brazo con excesiva familiaridad y le clavó las uñas suavemente a través de la tela del esmoquin.

—Mi esposo es todo un espécimen, ¿verdad, Gabi? —soltó Valeria con una sonrisa felina—. Pero lamento decirte que está agotado de su... intensa actividad matrimonial.

Maximiliano la miró de reojo, con una ceja alzada y una chispa de sorpresa divirtiendo sus ojos grises.

Para la medianoche, la tensión acumulada por las semanas de convivencia forzada, la frontera de cinta adhesiva y los roces constantes estaba a punto de hacerlos estallar. Fue entonces cuando Julián apareció en la mesa alta de la terraza con una botella de vidrio oscuro, sin etiquetas.

—Bueno, par de casados. Para celebrar mis treinta y cinco, abriremos esto. Es un licor artesanal exótico que traje de mi último viaje a una isla remota del Pacífico. Tiene más de cuarenta y cinco grados de alcohol y una receta secreta. Solo para valientes.

Valeria miró el líquido ámbar y luego miró a Maximiliano, a quien ya se le notaba el cansancio de mantener la postura perfecta. Vio su oportunidad de oro.

—¿Qué pasa, Starling? —lo retó ella, alzando un caballito de cristal—. ¿Tu estricta dieta de batidos verdes prohíbe el alcohol de verdad? ¿O es que le tienes miedo a un trago de verdad?

Maximiliano enderezó la espalda, tocado en su orgullo competitivo.

—No le tengo miedo a nada, Grien. Y mucho menos a un destilado casero.

—A que no te atreves a seguirme el ritmo —desafió ella, acercando su vaso al de él—. Un duelo. El primero que deje de sonreír, pierde.

—Acepto el desafío.

*¡Clink!* Los vasos chocaron. El primer trago bajó como fuego líquido por la garganta de ambos. Valeria parpadeó por la intensidad, pero mantuvo la sonrisa. Maximiliano ni se inmutó, tragando con la elegancia de un lord inglés.

El problema con el licor exótico de Julián era que no avisaba; atacaba por la espalda. Para el segundo trago, las defensas de Maximiliano empezaron a agrietarse. Para el tercero, ocurrió el milagro que nadie en la constructora Starling creía posible: la armadura de hielo se derritió por completo.

Valeria estaba contando una anécdota ridícula sobre cómo Gabriel había intentado colarse en el camerino de un desfile de modas el año pasado, gesticulando con las manos y soltando una de sus risas contagiosas. Maximiliano la miraba fijamente, apoyado en la baranda de la terraza. De pronto, las comisuras de sus labios se elevaron y una carcajada limpia, profunda y genuina escapó de su pecho.

Valeria se detuvo a mitad de la frase, completamente hipnotizada. Jamás lo había visto reír así. Sus ojos grises ya no eran fríos; brillaban con una calidez dorada bajo las luces de la terraza, y las líneas de su rostro se habían suavizado de una manera que lo hacía lucir ridículamente atractivo.

—Eres completamente caótica, Valeria —dijo él, con la voz notablemente más grave y arrastrada por el alcohol, dando un paso hacia ella—. No tienes filtros, no tienes orden... y eres lo más exasperante y fascinante que he conocido en mi vida.

—Y tú eres un estirado, Starling —susurró ella, sintiendo que el aire se volvía denso mientras él recortaba la distancia—. Pero tu risa no está nada mal. Deberías usarla más seguido en lugar de esa cara de velorio.

La química que habían estado reprimiendo a base de gritos, portazos y contratos estalló en ese preciso instante. Se quedaron mirándose a los ojos, ignorando a Julián y a Gabriel, quienes chocaban las manos en el fondo de la barra sabiendo que su plan había sido un éxito rotundo.

El viaje de regreso en el coche deportivo fue una historia completamente diferente al de la ida. Ya no había reggaetón chillón ni papitas de queso; solo el zumbido del motor y una atmósfera tan cargada de tensión sexual que el aire acondicionado parecía expulsar vapor en lugar de frío.

Maximiliano no conducía con su habitual rigidez militar; su mano derecha descansaba sobre la palanca de cambios, pero sus dedos tamborileaban con impaciencia. Valeria, con la cabeza apoyada en el respaldo del asiento, lo miraba de reojo, completamente consciente de la forma en que las luces de los postes de la autopista dibujaban las facciones de su esposo en la penumbra del auto.

Ninguno de los dos decía una sola palabra, pero no hacía falta. El alcohol exótico seguía corriendo por sus venas, nublándoles el juicio y borrando las cláusulas del bendito acuerdo de convivencia.

Cuando el coche se detuvo en el estacionamiento subterráneo del edificio, el silencio se volvió ensordecedor. Maximiliano apagó el motor, pero no hizo ningún amago de bajarse. Se giró lentamente en su asiento, clavando su mirada fija y oscurecida en los labios rojos de Valeria.

—Grien... —murmuró, con una ronquera peligrosa.

—Starling —respondió ella, inclinándose sutilmente hacia el centro del auto, dejando que el aroma a vainilla invadiera por completo el espacio de él.

Ya no había abogados a los que engañar, ni madres a las que complacer, ni amigos extorsionadores. Solo quedaban ellos dos, el zumbido del ascensor esperándolos y una noche que prometía borrar por completo el casete de la cordura.

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Maria Mongelos
Está muy, muy divertida toda la situación
Maria Mongelos
🤣🤣🤣🤣🤣Se pasó ella, me encanta
Nancy Monterrosa
que capitulo más tierno me enamore de este par de locos y si ojalá fueran gemelos niño y niña ,que el otro bebé. este escondido detrás de su hermano porfa escritora danos ese gusto
Nancy Monterrosa
se está derritiendo el hielo de maxi
Nancy Monterrosa
los amo ya van cediendo
Elena Maza
😍😍😍😍🤣🤣🤣🤣 Terminaron los pleitos
Maria Solorzano
Ya decía yo, están demorando en repetir su noche apasionada y está vez sobrios ❤️😁🔥🔥🔥
Maria Solorzano
Me encanta ❤️ ojalá sean 2, un niño y una niña y así dejan de pelear 🤷😁
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 seguro amanecen enredados 🤷🤣🤣🤣🤣abrazaditos
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣
Dulce Flor González
jajajaja jajajaja
Nancy Monterrosa
ya van cediendo poco a poco
Nancy Monterrosa
ay Yamila y tus cosas , de tus novelas está es la que me ha hecho llorar pero de la risa y con ese almidónado
Nancy Monterrosa
ay no este capitulo me hizo llorar de la risa y mi esposo está se está enloqueciendo
Nancy Monterrosa
ay no. esa Valeria es una caso y Maximiliano jajaja
Dulce Flor González
😂😂 muy divertida,ya quiero ver cuándo choquen sus carritos.
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣Ups fueron descubiertos 🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Qué locos son y más las posturas 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Son un caso los dos 🤣🤣🤣🤣
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