✅️🦋Bruno Koch es un brillante sonidista que trabaja en las sombras del backstage, atrapado en un doloroso dilema: lleva años enamorado en secreto de Nash Wright, un exitoso cantante pop. Bruno ha sido el testigo silencioso de cómo una relación destructiva y los excesos arrastran a Nash hacia el abismo, ocultando sus sentimientos. Tras un colapso público en el escenario, Nash toca fondo y es diagnosticado con trastorno afectivo bipolar. Junto a Harper, una ruda y leal compañera técnica, Bruno se convierte en la red de seguridad de Nash mientras este inicia su camino hacia la rehabilitación.🦋✅️
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Roto
Por la noche, Bruno no pudo pegar un ojo. El recuerdo de Nash llorando en su regazo, completamente devastado y oliendo a alcohol, se le había quedado grabado a fuego en la mente. El día siguiente estaba programado para retomar las sesiones de grabación en el estudio principal de la discográfica, pero Bruno sabía perfectamente que su amigo no estaba en condiciones de sostener un micrófono, y mucho menos de cantar sobre amor o desamor sin romperse en pedazos.
A primera hora de la mañana, Bruno llegó al estudio secundario de edición para ordenar las pistas de la semana anterior. Allí se encontró con Harper Burke, quien ya estaba sentada frente a una de las consolas secundarias, revisando los cables de los amplificadores y limpiando los conectores con un paño. Tenía su habitual gorra hacia atrás y una expresión seria en el rostro. Al escuchar los pasos de Bruno, levantó la vista.
—Qué cara traes. Parece que te pasó un camión por encima —dijo Harper, dejando el paño sobre la mesa—. ¿Supiste algo de Nash? Ayer no respondió mis mensajes en todo el día.
Bruno soltó un suspiro pesado, se quitó la campera de jean y se sentó en la silla giratoria al lado de su compañera. Se frotó la cara con ambas manos, intentando disipar el cansancio acumulado.
—Estuve con él ayer al mediodía —confesó Bruno con la voz apagada—. Grace lo dejó. Esta vez parece que fue en serio. Se llevó sus cosas del departamento. Cuando llegué, Nash estaba totalmente borracho y mezclando pastillas. Tuve que sacarle la botella de las manos.
Harper se quedó completamente congelada. Sus ojos verdes se abrieron de par en par y, en un segundo, la sorpresa se transformó en una furia fría que tensó los músculos de su mandíbula. Golpeó el borde de la consola con el puño, haciendo que un par de conectores metálicos tintinearan.
—Esa maldita mujer... —masculló Harper, con los dientes apretados—. Te juro que tengo unas ganas locas de ir a buscarla y matarla con mis propias manos. Lo va a destruir, Bruno. Sabe exactamente qué botones tocar para volverlo loco y dejarlo en el piso. ¿Cómo puede ser tan despiadada con alguien que le dio todo?
—Lo sé. Yo sentí la misma impotencia —admitió Bruno, bajando la mirada hacia sus propias manos—. Lo peor es que Nash me llamó llorando, preguntándome qué tenía de malo, por qué no era suficiente para ella. No sé qué vamos a hacer mañana. Dudo mucho que Nash aparezca para grabar el miércoles. Está destrozado.
Harper negó con la cabeza, cruzando los brazos sobre su remera de rock.
—Si no viene, tendremos que inventar algo con la discográfica. No podemos dejar que vean a la estrella de la compañía en ese estado. Tenemos que protegerlo, Bruno. Somos los únicos que de verdad se preocupan por él y no por el dinero que genera.
A pesar de las advertencias de Bruno, el miércoles por la tarde Nash se presentó en el estudio de grabación. Llegó con unas gafas oscuras gigantescas que le tapaban la mitad del rostro y un buzo negro con la capucha puesta. Su caminar era lento, inestable, arrastrando los pies como si le pesara el cuerpo entero. No saludó a nadie. Entró directo a la sala de aislamiento acústico, se colocó los auriculares y se paró frente al micrófono de condensador.
Desde la cabina de control, Bruno y Harper lo observaban a través del grueso vidrio. La tensión en el aire se podía cortar con un hilo.
—Nash, ¿me escuchas? —habló Bruno por el micrófono de intercomunicación, manteniendo la voz lo más calmada y profesional posible—. Tenemos lista la pista de la balada. Cuando estés listo, hacemos una prueba de voz.
Nash solo asintió con la cabeza, sin quitarse las gafas.
Bruno presionó el botón de reproducción. La melodía suave del piano comenzó a sonar por los auriculares del cantante. Era una canción triste, una letra que el mismo Nash había escrito meses atrás, irónicamente inspirada en los miedos de perder a Grace. Nash respiró hondo, se acercó al micrófono y abrió la boca para cantar la primera línea.
Pero de su garganta solo salió un sonido ahogado, una nota temblorosa y completamente desafinada que se cortó de inmediato. El cantante se detuvo, tragó saliva y volvió a intentarlo en el siguiente compás. Esta vez, su voz se quebró por completo, transformándose en un carraspeo doloroso. No tenía aire; el llanto contenido y los excesos de los días anteriores le habían cerrado la garganta.
Nash bajó la cabeza. Frustrado, apretó los puños y le hizo una seña con la mano a Bruno para que detuviera la música.
—Otra vez. Ponla otra vez —pidió Nash. Su voz sonaba ronca, casi irreconocible a través de los monitores de la cabina.
Bruno reinició la pista. Nash intentó cantar de nuevo, pero el resultado fue el mismo. Su voz simplemente no respondía. No había rastro del brillo, la potencia y el control que lo habían llevado a la cima de la industria musical. Era el sonido de un hombre roto. Al darse cuenta de su total incapacidad para emitir una sola nota limpia, la frustración de Nash se transformó instantáneamente en una furia ciega.
Se quitó los auriculares con violencia y los arrojó contra el suelo del estudio. El golpe resonó con fuerza en los micrófonos. Luego, pateó el pie de metal del micrófono, tirándolo al piso con un estruendo espantoso.
—¡Mierda! ¡Mierda de música! ¡No puedo! —gritó Nash, con las venas del cuello marcadas y el rostro rojo por la rabia.
Sin mirar atrás, corrió hacia el pequeño cuarto de descanso que estaba al fondo del estudio, una habitación pequeña que usaban los artistas para relajarse entre grabaciones. Entró de un portazo y pasó el cerrojo desde adentro. El eco del golpe de la puerta dejó un silencio sepulcral en la cabina de control.
Harper y Bruno se miraron, asustados.
—Quédate aquí, yo voy —dijo Bruno, levantándose rápidamente de su silla.
—Voy contigo —respondió Harper, siguiéndolo de cerca.
Ambos caminaron por el pasillo del estudio hasta llegar a la puerta de madera del cuarto de descanso. Bruno golpeó suavemente con los nudillos.
—Nash... abre la puerta, por favor. Somos Harper y Bruno. Nadie más está aquí —dijo Bruno con tono conciliador.
Desde el interior solo se escuchaba el sonido de objetos siendo arrojados contra las paredes y el llanto sofocado de Nash.
—¡Déjenme en paz! ¡Váyanse a la mierda todos! ¡No quiero ver a nadie! —bramó Nash desde adentro, su voz mezclaba la furia del orgullo herido con la más pura desesperación—. ¡No sirvo para nada! ¡Ella tenía razón, soy un desastre!
—¡Nash Wright, abre esa maldita puerta ahora mismo o la tiro abajo de una patada! —gritó Harper, perdiendo la paciencia y golpeando la madera con fuerza—. ¡No estás solo, maldita sea! ¡Deja que te ayudemos!
Tras unos segundos de terrible silencio, se escuchó el clic del cerrojo. La puerta se abrió apenas unos centímetros. Bruno empujó suavemente y entró, seguido de Harper.
El panorama adentro era desolador. Nash estaba sentado en un rincón del suelo, con las rodillas pegadas al pecho y la cabeza escondida entre los brazos. El cuarto estaba revuelto; un almohadón del sillón yacía en el piso y una taza de café se había estrellado contra la pared, dejando una mancha oscura. Nash lloraba con una violencia que le sacudía la espalda por completo. La furia se había evaporado, dejando solo una profunda y desgarradora vulnerabilidad.
Bruno sintió un dolor agudo en el centro del pecho, una punzada que casi le quita el aire. Se arrodilló lentamente en el suelo, quedando a pocos centímetros de Nash. Sus manos temblaron levemente. Lo único que deseaba en ese maldito segundo era estrechar a Nash contra su cuerpo, rodearlo con sus brazos con la fuerza de un amante, besar su cabello despeinado y susurrarle al oído que él sanaría todas sus heridas, que lo amaría como nadie en este mundo lo había amado jamás. Deseaba confesarle que su corazón le pertenecía desde el primer día.
Pero tuvo que tragarse ese deseo. Tuvo que reprimir el impulso de acariciarlo de otra manera, obligándose a recordar las reglas invisibles que sostenían su relación. Nash lo veía como su roca, como su mejor amigo, el único hombre en quien confiaba ciegamente. Romper esa barrera en este momento de crisis no solo sería un error, sino que dejaría a Nash completamente desamparado.
Mientras estiraba una mano temblorosa para colocarla con suavidad sobre el hombro de Nash en un gesto puramente fraternal, la mente de Bruno viajó en el tiempo. Recordó fugazmente los inicios de Nash, seis años atrás, cuando la industria musical ni siquiera sabía sus nombres.
En ese entonces, eran solo ellos dos. Viajaban en el viejo auto destartalado de Bruno, cargando un amplificador barato y una guitarra con las cuerdas oxidadas. Bruno recordaba las noches en que tocaban en bares de mala muerte, frente a diez personas que apenas prestaban atención. Recordaba el frío que pasaban, pero también la risa limpia de Nash, su entusiasmo indomable y la promesa que se habían hecho bajo las luces tenues de un estacionamiento vacío: "Vamos a llegar a la cima juntos, Bruno. Tú y yo contra el mundo". En esa época, Nash no tenía dinero, ni giras mundiales, ni la sombra destructiva de Grace Gallagher. Solo tenía su voz, su guitarra y a Bruno. Y era feliz.
Bruno regresó al presente con los ojos empañados. El chico lleno de luz de aquellos años se había convertido en este hombre roto y desesperado que lloraba en el suelo de un estudio de miles de dólares.
—Nash... mírame —susurró Bruno, apretando suavemente su hombro mientras Harper se sentaba del otro lado, colocando una mano consoladora en su espalda—. Estamos aquí. No nos vamos a ir a ninguna parte. Olvídate de la grabación, olvídate de la discográfica. Solo respira, amigo. Solo respira.
⚠️💡¡Holis mis Chickis! ¿Les gusta esta historia? Por el momento es muy sano, no haremos nada sádico (estamos acostumbrados al dark romance🙈). Dejen su apoyo, toda interacción ayuda a seguir creciendo. Queremos ver esos pulgares y comentarios. Besis, besis😘💡⚠️
caer y tocar fondo también te muestra que podes levantarte (siempre y cuando quieras, aunque sea en un rincón de tu corazón) y después los que te apoyan y acompañas son vitales!!!
sería mucho pedir más capítulos?? 😅 🥰
Diferente, pero completamente realista y repleta de amor!!