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La Princesa Del Destino Dorado: ¿Como Sobrevivir Al Emperador?

La Princesa Del Destino Dorado: ¿Como Sobrevivir Al Emperador?

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Hijo/a genio
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis_Ochoa

Tras una muerte repentina en el mundo moderno, una joven despierta en el cuerpo de la princesa Evelyn, un personaje de una novela romántica de época que leyó en su vida pasada. Sin embargo, su destino es de todo menos idílico: en la historia original, Evelyn es una princesa olvidada e ignorada, destinada a morir trágicamente a los dieciocho años a manos de su propio padre, el cruel e implacable Emperador Aurelius, tras ser falsamente incriminada por su celosa media hermana.

NovelToon tiene autorización de Leydis_Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Los sirvientes, con una eficiencia silenciosa, instalaron el escritorio y la silla, colocaron los libros y el material de dibujo. La habitación, antes lúgubre y vacía, adquirió un toque de propósito. Ya no era solo una celda, sino un pequeño estudio.

El Chambelán se quedó un momento, observando a Evelyn mientras ella acariciaba la tapa de un libro de historia. Había una sombra de algo en sus ojos, una mezcla de compasión y asombro.

—Princesa —dijo, su voz más suave de lo habitual. —Su Majestad... aprecia el esfuerzo.

Evelyn lo miró a los ojos, sus azules iris brillantes. —Quiero ser una princesa que honre a Eldoria, señor Chambelán. Y para eso, debo aprender.

Era una mentira estratégica, una manipulación de la imagen. Pero el Chambelán asintió, una expresión de aprobación, o quizás de alivio, en su rostro.

—Así es, Princesa. La sabiduría es un tesoro.

Se retiró, dejando a Evelyn sola con su nuevo arsenal. Se sentó en la silla, que era un poco grande para ella, pero cómoda. Abrió el libro de historia más grande, el "Compendio de la Dinastía Aurelius". La tinta fresca y el aroma del papel la envolvieron. Este era su campo de batalla.

Durante los días siguientes, Evelyn se sumergió por completo en sus estudios. Leyó con avidez, absorbiendo cada detalle de la historia de Eldoria, de las guerras, de los tratados, de las intrigas de la corte. Aprendió sobre los antepasados del Emperador, sus victorias y sus fracasos. Empezó a dibujar los mapas, a copiar los emblemas, a practicar su escritura.

Su mente adulta le permitía procesar la información a una velocidad asombrosa, extrayendo patrones, entendiendo la política, la economía, la cultura. La niña en ella disfrutaba del proceso de aprendizaje, de la novedad de las palabras y los dibujos.

Con cada día que pasaba, su determinación crecía. Estaba tejiendo su red. El Chambelán era su mensajero, y los libros, su arma.

Una mañana, mientras repasaba un mapa antiguo de Eldoria, una nueva idea surgió. Necesitaba una excusa para interactuar con el Emperador de nuevo, una que no fuera una "trivialidad", sino algo que resonara con sus intereses como gobernante.

Recordó el incidente con el mapa en el estudio del Emperador. Una idea audaz, pero plausible, comenzó a formarse.

Escribió otra nota al Chambelán:

*Querido señor Chambelán,*

*He estado estudiando el mapa de Eldoria que me ha traído. Me he dado cuenta de que hay una región en el norte, cerca de las Tierras Sombrías, que no tiene nombre en los mapas más antiguos. Pero en los cuentos, a veces se menciona un "Valle Escondido de los Ecos". ¿Será el mismo lugar? Me preocupa que si no está nombrado, podríamos olvidarlo.*

*Me gustaría preguntar a mi Padre si conoce el Valle Escondido. Creo que es importante conocer todos los rincones de nuestro Imperio.*

*Con cariño,*

*Princesa Evelyn.*

Esta nota era más arriesgada. No era una petición de libros, sino una pregunta directa, una "preocupación" infantil sobre un detalle geográfico que podría tener implicaciones estratégicas. La mención del "Valle Escondido de los Ecos" era una referencia a una leyenda menor del imperio, un lugar que se creía mágico y olvidado. La esperanza era que la mezcla de inocencia infantil y una preocupación "estratégica" intrigara al Emperador.

Dejó la nota y esperó. La ansiedad era mayor esta vez. ¿Se habría excedido? ¿La consideraría el Emperador una molestia que se estaba volviendo demasiado osada?

El día transcurrió con lentitud. No hubo golpes en la puerta. Evelyn se sintió invadida por la desesperación. Tal vez había arruinado todo.

A la mañana siguiente, la nota había desaparecido. Pero no hubo visita del Chambelán. El silencio era ensordecedor. Evelyn sintió un nudo en el estómago. Había fallado.

Se pasó la mañana en un estado de desánimo profundo. La soledad de la habitación, que antes le había parecido un refugio, ahora se sentía como una condena. ¿Era este el final de su juego? ¿Sería devuelta al olvido, quizás con un castigo silencioso?

Pero luego, al final de la tarde, justo cuando el sol comenzaba a descender, un sirviente se presentó en su puerta. No era el Chambelán. Era un hombre con un uniforme diferente, más formal, de un gris oscuro con emblemas de plata. Un sirviente personal del Emperador. Evelyn se tensó.

—Princesa Evelyn —dijo el sirviente, su voz era monótona y sin emociones, su rostro impasible. —Su Majestad ha solicitado su presencia en el Estudio Imperial. Inmediatamente.

El corazón de Evelyn dio un salto mortal. Lo había logrado. O lo había arruinado. No sabía cuál de las dos.

—Sí —dijo Evelyn, su voz temblaba ligeramente. —Estaré allí.

El sirviente asintió y se retiró.

Evelyn se quedó de pie en medio de la habitación, sintiendo una mezcla de terror y una emoción salvaje. Iba a volver a ver al Emperador. No por su propia iniciativa, sino por su orden.

Se miró. Su camisón blanco, un poco sucio por las horas de lectura y dibujo en el suelo, era su único atuendo. Sus pies, descalzos. Su cabello dorado, enmarañado. Era la imagen de la niña olvidada. No podía cambiarse. No tenía otra ropa.

Salió de la habitación, la soledad familiar quedó atrás. El pasillo estaba oscuro, iluminado solo por la luz moribunda del atardecer. Se deslizó por los pasillos de servicio, luego por los más grandiosos del Palacio de Cristal, y finalmente por el imponente corredor del ala principal.

Cada paso la llevaba más cerca del corazón del poder, más cerca de su destino. Sus pequeños pies dolían, pero la adrenalina la impulsaba.

Llegó a la gran puerta tallada del estudio imperial. Los dos guardias estaban allí, imponentes y silenciosos. No la detuvieron. Parecían haber recibido órdenes.

Evelyn, con un nudo en el estómago, levantó su pequeña mano y empujó la pesada puerta. Se abrió con la misma suavidad ominosa de la primera vez.

El estudio estaba más oscuro ahora, iluminado por una lámpara de aceite sobre el escritorio y las últimas luces del atardecer que se filtraban por las ventanas. El aroma a pergamino y cera era más intenso.

El Emperador estaba sentado en su enorme escritorio, su figura imponente envuelta en las sombras. El Chambelán estaba de pie a su lado, con una expresión de extrema cautela.

Los ojos dorados del Emperador se alzaron y se posaron en ella. Esta vez, Evelyn sintió que no había indiferencia. Había... algo. Una mirada penetrante, analítica, como la de un depredador que examina a su presa, o quizás, un estratega que evalúa una nueva pieza en el tablero.

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