Dos años pasaron y finalmente los Guardianes se volvieron a reunir luego de todo este tiempo.
*Segunda parte de Guardianes de la Luna: Reliquias de Selene
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Capítulo 17: La Academia Zafiro
JAYDEN
La Academia Zafiro era impresionante. Bajo el cielo plomizo de Moscú, la Academia Zafiro emergía desde lo más alto imponiendo fuerza y resistencia que aún después de siglos ambas prevalecían intactas. Desde el exterior, la fachada principal era una imponente fortaleza de granito negro y hierro forjado, cuyas paredes estaban completamente cubiertas por una fina capa de escarcha luminosa.
Centenas de filamentos de energía azul, los sellos de contención corrían entre las grietas de la piedra, palpitando a un ritmo tenue y sordo. En el centro del atrio exterior se erige una cúpula invertida de cristal traslúcido tintado de azul zafiro, hundida en la nieve; a través de ella se intuían las siluetas de bóvedas subterráneas iluminadas por el fulgor rúnico de los artefactos aprisionados en su interior.
La nieve que caía alrededor nunca llega a tocar el suelo cerca de los muros: la magia restrictiva de la academia era evaporada al instante en un leve vaho plateado, recordando a cualquiera que se aproxime que allí no se enseña a usar la magia, sino a encadenar el peligro.
Aeryn al verla soltó un largo suspiro, de sus labios salió vaho denso, apenas levantó la mirada vimos a un hombre de más de cuarenta, alto, piel pálida, ojos carmesí intensos, llevaba puesto el uniforme de la Academia Zafiro, el mismo color del nombre de la Academia. En el pecho llevaba bordado un precioso zafiro que parecía real a simple vista.
Al vernos llegar se acercó directamente.
—Gracias por venir, sean bienvenidos—. Dijo con cansancio evidente en la voz—Sanadora Volakis, le agradezco que haya venido. Acompáñenme, por favor.
Lo seguimos por los largos pasillos escuchando con bastante claridad los gritos del hermano del director. No era de sorprenderse dado que había sido envenenado.
Nos llevaron a una sala apartada al fondo. Al entrar inmediatamente percibí el olor a desinfectante, antiséptico y sangre. Inmediatamente, me cubrí la nariz, no soportaba el olor de las tres cosas entremezcladas. Mientras que Adler estaba tratando de mantener la compostura, él tampoco soportaba el olor.
Aeryn, por otro lado, soportaba mejor que nosotros. Sin pensarlo se dirigió a examinar a Lorcan. Al verlo fue impactante. Estaba más delgado. Demacrado. No dejaba de retorcerse y sus ojos que eran verdes como la esmeralda, estaban fuera de sí.
La pelirroja lo examinó. Y luego de unos minutos dijo:
—¿Pueden mostrarme sus últimos análisis?—Uno de los Sanadores le dio el iPad y Aeryn lo vio solo un momento y luego sonrió.—Era lo que me imaginaba.
—¿Qué cosa?—Preguntó el Subdirector.
—El veneno está necrosando los órganos. Debemos purgarlo.
La miraron con extrañeza.
—¿Cómo?—Preguntó uno de los Sanadores.
—Usaremos agua purificada, con ella extraeré todo el veneno que pueda y lo encapsularé dentro de la misma agua para que quede dentro y no vaya a ninguno lado—Asintieron los Sanadores—, por favor, traigan agua purificada y voy a necesitar que lo sostengan, será doloroso.
Asintieron. En pocos minutos llegaron con varios recipientes de agua purificada que parecía agua simple, pero en el momento en que la mano de Aeryn entró en contacto con el agua esta se tornó cristalina, tenía un brillo tenue como el cristal.
—Comencemos—Sujetamos a Lorcan de los hombros y brazos, Aeryn procedió a introducir el agua y en pocos segundos Lorcan comenzó a gritar. Se retorcía y se movía tanto que pensé que iba a soltarse y correr, pero no fue así. Luego de unos minutos de tensión salió una parte del veneno.
Eran unas partículas diminutas prácticamente negras que estaban concentradas en la esfera de agua que Aeryn sostenía con sus manos.
—¿Ese es el veneno?—Preguntó el Subdirector quien sujetaba la pierna de Lorcan. Aeryn solo asintió y siguió trabajando. Extrajo más veneno de otros puntos entre ellos del abdomen, pecho cuello y la parte baja del abdomen.
Cada extracción era más dolorosa que la anterior. Lorcan no dejaba de gritar por el dolor al final Aeryn había conseguido extraer gran parte del veneno.
—Bien, extraje gran parte del veneno, su vida no corre peligro, pero va a necesitar un antídoto, todavía su sangre contiene veneno. Dejen los recipientes los voy a necesitar para hacer el antídoto—Los Sanadores asintieron.
—Gracias—Dijo el Subdirector. Aeryn sonrió.
Luego de eso siguió con el resto de los Guardianes que habían sido envenenados. Algunos luego del procedimiento quedaron completamente inconscientes y otros apenas estaban conscientes. Uno de ellos mencionó que uno de los secuestradores dijo que se tenían que llevar al Director a la fortaleza y eso fue todo, quedó inconsciente.
—¿La fortaleza?—Dijo el Subdirector desconcertado.
—Así lo llaman los Cazadores Nazi—Dijo un hombre de cabello plateado, ojos avellana, alto, piel pálida. Vestía un traje táctico oscuro y llevaba en las manos una carpeta que entregó enseguida al Subdirector.
En ese momento su mirada se posó en Aeryn. Al verla el brillo peligroso de sus ojos se iluminó más.
—No la moleste, tiene trabajo—Le advirtió el Subdirector. Ahí supe que ese hombre era el Alfa de la Manada Luna de Hielo. El mismo que había decidido que Aeryn no podía irse de Moscú.
—¿Por qué está atendiendo a los Guardianes ella sola?—Dijo el Alfa con voz profunda y peligrosa.
—No lo estoy haciendo sola—Respondió Aeryn con una tranquilidad que me heló la sangre—, los demás Sanadores están trabajando en el resto. Ahora déjenme trabajar—Pidió con la misma calma. Y eso detuvo al Alfa Iván.
—Como sea, esa gente se dedica a secuestrar a Híbridos con habilidades únicas, además de que algunos son recipientes de bestias.
—¿Bestias?—Preguntó Adler. El Alfa asintió.
—Sí y el Director lleva dentro al lobo de hielo—Silencio. Nadie dijo nada. El único sonido que se escuchaba era el de los pasos de Aeryn y los demás Sanadores examinando a los pacientes—, por lo que estoy seguro de que pronto le extraerán a la bestia y él morirá.