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EL PRECIO DEL TRONO

EL PRECIO DEL TRONO

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Amante arrepentido / Malentendidos / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Victoria Rivas lo tiene todo: poder absoluto, un imperio multimillonario y el título de la CEO más temida del país. Sin embargo, en la cima del éxito, ha olvidado lo único que realmente importa. Durante 20 años, ha estado casada con Daniel, un hombre humilde, hermoso y devoto que trabaja en la sombra como gerente de uno de sus hoteles, soportando en silencio su indiferencia. Ciega por el trabajo, el orgullo y la cómoda presencia de un viejo amigo de la universidad que codicia su vida, Victoria comete el error imperdonable de olvidar el cumpleaños de Daniel y la gran celebración familiar en la finca. Cuando el corazón de su esposo finalmente se rompe entre lágrimas y alcohol frente a todos los que los aman, Victoria despierta de su burbuja de cristal. Ahora, la mujer que puede comprar el mundo tendrá que demostrar que su verdadero imperio no vale nada si lo pierde a él.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL ECO DEL CAFÉ FRÍO

​El aroma a café recién molido, pan tostado y mantequilla fresca flotaba en la imponente cocina de la mansión Silva Rivas, un santuario de mármol blanco y acero inoxidable que a pesar de su lujo obsceno, a menudo se sentía más frío que una tumba.

​Eran las 6:00 de la mañana. Fuera de los ventanales de suelo a techo, la niebla matutina aún abrazaba los jardines meticulosamente manicurados de la propiedad principal en la capital. Dentro, la rutina ya estaba en marcha, dirigida con la precisión de un reloj suizo por el hombre invisible del imperio.

​Daniel Silva se movía con soltura y una silenciosa elegancia natural. Vestía una sencilla camisa de lino gris y unos pantalones cómodos; no había rastro en su indumentaria de marcas de diseñador, ni de los costosos relojes suizos que los socios comerciales de su esposa presumían como trofeos. Daniel era alto, de hombros anchos, una complexión atlética esculpida por años de vida activa y una belleza varonil que el tiempo solo había madurado. Con manos firmes pero cuidadosas, terminaba de preparar el desayuno para seis personas en la barra principal de la cocina. Él mismo batía los huevos, tostaba el pan integral y servía los tazones de cereal para los gemelos. Los empleados del servicio doméstico sabían perfectamente que esa hora pertenecía a la familia: ellos solo entrarían después para recoger, limpiar y acomodar lo que quedara.

​Los primeros en bajar fueron los gemelos, Lucas y Leo, de doce años, corriendo por las escaleras y persiguiéndose el uno al otro entre risas estridentes.

​—¡Papá, Leo me quitó el suéter de fútbol! —acusó Lucas, jadeando mientras se dejaba caer en uno de los taburetes de la isla.

​—Mentira, estaba en la silla equivocada —respondió Leo con una sonrisa idéntica, sentándose a su lado.

​Daniel se giró con una sonrisa cálida, esa que tenía el poder de calmar cualquier tormenta, y les puso una mano revuelta en el cabello a ambos.

​—Basta los dos, guarden fuerzas para el colegio y no le quiten la paz a la mañana. Aquí tienen su jugo de naranja natural. A ver, ¿tienen todo listo para la finca este fin de semana? Abuelo Roberto llamó anoche preguntando si las hamacas ya estaban listas.

​—¡Sí, papá! Ya metí mis botas y la caña de pescar —exclamó Leo con entusiasmo.

​En ese momento, Valeria de dieciséis años, bajó las escaleras con paso más pausado, enfundada en su uniforme escolar y con el cabello largo y ondulado cayendo sobre sus hombros. Al ver a su padre en la cocina, su semblante se suavizó al instante. Se acercó y le dio un beso suave en la mejilla.

​—Buenos días, papá. Huele delicioso. Mamá todavía no baja, ¿verdad? —preguntó la joven, echando un vistazo hacia el pasillo interior.

​Daniel suspiró levemente, un gesto casi imperceptible que no pasó desapercibido para Mateo, quien bajó detrás de ella.

​—No, princesa —respondió Daniel con voz suave, sirviéndole una taza de café con leche—. Tu madre sigue arriba en el estudio privado. Lleva toda la madrugada conectada con Singapur y Europa por la junta directiva internacional de emergencia. Ya sabes cómo es su agenda.

​Mateo, de dieciocho años, un joven serio, alto y con la misma mirada profunda de su madre pero el gesto noble de su padre, se acomodó la corbata y se cruzó de brazos antes de sentarse.

​—Es decir, otra semana más en la que mamá apenas y nos mira —dijo Mateo con un tono de amargura que intentó disimular sin éxito—. Papá, es tu cumpleaños este fin de semana. Toda la familia en la finca está organizando la gran fiesta, los abuelos mataron a un novillo, los tíos y primos van a venir... ¿Ella se acordó siquiera? ¿Te firmó al menos la tarjeta del aniversario pasado?

​Daniel bajó la mirada por una fracción de segundo, sosteniendo la jarra de leche con más fuerza de la necesaria.

​—Mateo, por favor —reprendió Daniel con firmeza pero sin levantar la voz—. Tu madre está construyendo un imperio, tiene muchas cosas en la cabeza. Las presiones de ser la CEO más temida del país no son fáciles. Ella nos quiere a su manera.

​—Una manera muy extraña de querer, papá —replicó Valeria, jugando con sus tostadas con tristeza—. Hace un mes que no cenamos los seis juntos. Cuando está en casa, se duerme con el teléfono en la mano, y cuando te habla... bueno, la última vez ni siquiera te miró a los ojos cuando le contaste lo del nuevo gerente en el hotel. A veces siento que vivimos con una estatua de mármol que solo paga las cuentas.

​Daniel se detuvo frente a sus hijos, apoyando las manos en la encimera de madera, mirándolos fijamente a los cuatro.

​—Escúchame bien los cuatro —dijo Daniel con una seriedad imponente que exigía respeto—. Jamás vuelvan a hablar así de su madre frente a mí. Ella trabaja duro por el futuro de ustedes, por este hogar. Yo elegí estar a su lado hace veinte años, sabiendo quién era y lo que implicaba. Su madre es una mujer brillante, y aunque a veces el mundo la consume, sé que en el fondo su corazón sigue latiendo por nosotros.

​Los chicos guardaron silencio, respetando la devoción ciega que su padre aún le profesaba a una mujer que parecía haberse olvidado de cómo amar en el día a día.

​En ese preciso instante, el sonido de unos tacones de aguja resonó con fuerza en el suelo de madera que conectaba con el pasillo principal. Victoria Rivas apareció en el umbral de la cocina.

​La imagen era avasalladora: alta, con un traje sastre negro de alta costura impecable, el cabello azabache perfectamente lacio y una expresión fría, de concentración absoluta, mientras sostenía dos teléfonos celulares en la tablet y revisaba correos electrónicos. Su belleza era innegable, casi intimidante, pero su rostro reflejaba el cansancio crudo de quien lleva el peso de un país sobre los hombros.

​—Buenos días, muchachos. Buenos días, Daniel —dijo Victoria de manera mecánica, sin levantar la vista de las pantallas mientras caminaba de prisa hacia la cafetera—. Por el amor a Dios, alguien dígame que el chófer ya está listo en la puerta, la reunión con el Ministerio de Economía empieza en cuarenta minutos y el tráfico de la autopista está insoportable.

​Daniel se movió de inmediato, con una mezcla de ternura y resignación en los ojos. Tomó una taza limpia, sirvió el café negro tal y como a ella le gustaba y se lo acercó con delicadeza, colocándola sobre la barra justo donde ella podía alcanzarla.

​—Buenos días, mi amor —dijo Daniel con voz suave, acercándose para darle un beso rápido en la mejilla—. El café está listo, bien caliente. Y sí, el chófer ya está abajo esperando con el auto encendido. Te ves hermosa, pero deberías haber comido algo de fruta antes de salir. Te preparé un poco de papaya...

​Victoria apenas sintió el roce de sus labios. Dio un trago rápido al café, quemándose ligeramente, y asintió con la cabeza mientras seguía deslizando los dedos frenéticamente por la pantalla de su celular.

​—Gracias, Daniel, no tengo tiempo para comer fruta. Por cierto, anótame en la agenda que el próximo martes tengo la cena con los ejecutivos de la cadena hotelera del sur. Necesito que revises los informes de ocupación del hotel donde estás de gerente, ha habido una baja en la rentabilidad del sector prémium y quiero un reporte detallado sobre tu escritorio a primera hora del lunes. ¿Me escuchaste?

​Daniel la miró fijamente. Un destello de dolor cruzó por su mirada, un eco sutil de la ironía cruel de que su propia esposa le exigiera explicaciones laborales sin saber que él era el hombre que se desvelaba cuidando los detalles de ese hotel, mientras ella lo trataba como a un empleado más frente a los demás y apenas como a un mueble en casa.

​—Sí, Victoria. Te escuché perfectamente. El informe estará listo el lunes —respondió Daniel con voz calmada, conteniendo la marea de frustración que amenazaba con romper su paciencia.

​Mateo no pudo contenerse y soltó con voz cortante desde la mesa:

​—Mamá, ¿sabes qué día es este fin de semana?

​Victoria se detuvo a mitad de camino hacia la salida, girando ligeramente la cabeza hacia su hijo mayor, con el ceño fruncido por la impaciencia.

​—¿Sábado y domingo, Mateo? Los días en que mi agenda está un treinta por ciento más saturada que entre semana. ¿Por qué la pregunta? ¿Necesitan dinero para algo del colegio? Pídanle a la asistente que autorice la transferencia. Tengo que irme.

​Victoria ni siquiera esperó respuesta. Giró sobre sus tacones y salió a zancadas rápidas hacia el ascensor privado de la mansión, dejando tras de sí un rastro de perfume costoso y un silencio sepulcral en la cocina.

​Los gemelos bajaron la cabeza, jugando con sus cucharas. Valeria soltó un suspiro ahogado y Mateo apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

​Daniel se quedó mirando el borde de la taza de café que Victoria había dejado a medio tomar, fría ya sobre la mesa de mármol. Tragó grueso, obligó a una sonrisa a instalarse en su rostro para no asustar a los niños, y les dijo con una falsa alegría:

​—Venga, terminen el desayuno. Arriba el ánimo, que este fin de semana nos vamos a la finca con los abuelos, y nada ni nadie va a arruinar nuestros días de descanso.

​Pero en el fondo de su pecho, bajo la fachada del esposo abnegado y paciente, el hilo invisible que lo había sostenido durante veinte años de matrimonio acababa de estirarse hasta el límite exacto en el que estaba a punto de romperse para siempre.

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Nuria Olivares Carretero
Excelente
Olga Silva
bellísima sin muchos capítulos muy linda
Margarita Acuña Cerda
Maravillosa novela me encanta que el amor triunfe 👏👏👏👏👏👏
Margarita Acuña Cerda
Hayyy que bonito espero ella después vuelva a ser el ceo pero Yano con todo lo de antes 👏👏👏😘😘
Margarita Acuña Cerda
Hayyy ya me hizo llorar 😩😩😩😩
Margarita Acuña Cerda
Otra oportunidad,otra oportunidad 😩😩😩😩😊😊😊😊
Margarita Acuña Cerda
Mishhhhh hace rato. O leía una novela dónde el hombre es el basureado 😠😠😠😠
Susana Macedo
Hermosa historia gracias x compartir autora felicitaciones 👏👏👏
Naibelys Perez: gracias ❤️ 🫂🥰
total 1 replies
dulce neko
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Tere Jimenez
gracias muy interesante la novela felicidades buenísima te mando un abrazo y muchas felicidades
Naibelys Perez: amén gracias ❤️🥰
total 1 replies
Tere Jimenez
hermoso final gracias
Naibelys Perez: gracias corazón 🫂
total 1 replies
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