Ella es maltratada por su familia hasta que un golpe en la cabeza cambia su personalidad y saca su lado más despiadado
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capitulo 14
Al día siguiente, mi hermanastra tuvo que cumplir con una antigua tradición.
La nueva esposa debía llevar té a los padres de su esposo.
Ella llegó al palacio de la familia de Gael completamente feliz.
Llevaba la bandeja entre las manos y una enorme sonrisa en el rostro.
—Madre, tome el té —dijo, ofreciéndole la taza a la madre de Gael.
La mujer tomó la taza.
Pero su expresión cambió inmediatamente.
La sonrisa de mi hermanastra desapareció.
—¿Madre?
La mujer levantó la taza y, sin previo aviso, le arrojó el té encima.
Mi hermanastra se quedó paralizada.
—¡Tu maldita dote solo fue de cinco cofres! —espetó la mujer—. ¡Perdimos dinero casando a mi hijo con una plebeya!
Mi hermanastra comenzó a llorar.
Era la primera vez en su vida que alguien la despreciaba de aquella manera.
—Madre...
Gael intervino rápidamente.
—Madre, no se preocupe. Cuando Aine entre como concubina, recuperaremos todo el oro que invertimos.
La mujer lo miró furiosa.
—Espero que sea así.
Se acercó a él.
—Porque si no, ya verás.
Gael tragó saliva.
En aquel palacio nadie respetaba a mi hermanastra.
Para ellos, ella no era una dama.
Era una plebeya sin título que había conseguido casarse con un noble.
Los sirvientes se burlaban de ella.
No obedecían sus órdenes.
La miraban con desprecio cuando caminaba por los pasillos.
Y ella comenzaba a comprender que aquella vida de lujo que había imaginado no era exactamente como la había soñado.
Mientras tanto, yo me había encerrado en mis aposentos.
No pensaba casarme.
—No me voy a casar —dije.
Cerré las puertas y me negué a salir.
No quería convertirme en la esposa de Kamali.
No quería enfrentarme a aquel hombre.
Pero mi madrastra no estaba dispuesta a aceptar mi decisión.
—¡Derriben la puerta!
Los hombres obedecieron.
La puerta cayó al suelo.
Me levanté de la cama, sorprendida.
—¿Qué hacen?
Mi madrastra entró.
—Hoy es el día de tu boda.
Retrocedí.
—Ya dije que no voy a casarme.
Ella se acercó con algo entre las manos.
—No importa.
Antes de que pudiera reaccionar, me obligó a beber aquella bebida.
—¿Qué me diste...?
Mi visión comenzó a nublarse.
Las piernas me fallaron.
Caí al suelo.
Lo último que escuché antes de perder el conocimiento fue la voz de mi madrastra.
—Mañana tendremos la mala noticia de que murió a manos del tirano.
Sonrió.
—Entonces todo lo suyo será nuestro.
Las siervas de mi madrastra entraron en mis aposentos poco después.
Yo apenas podía moverme.
Mi cuerpo se sentía pesado y mi cabeza daba vueltas.
Intenté apartarlas, pero ni siquiera tenía fuerzas para levantar los brazos.
—Tenemos que vestirla —dijo una de ellas.
Entre varias me quitaron la ropa y me pusieron el vestido de novia.

Yo apenas podía mantener los ojos abiertos.
Todo a mi alrededor parecía moverse.
Intenté hablar, pero las palabras apenas salieron de mi boca.
—No...
Nadie me escuchó.
O quizá simplemente decidieron ignorarme.
Cuando terminaron de arreglarme, me levantaron entre varias y me llevaron fuera de la mansión.
El palanquín ya estaba esperando.
Me subieron con cuidado y me dejaron en el interior.
Caí contra el asiento.
No tenía fuerzas para incorporarme.
Mi cabeza se apoyó contra la pared mientras intentaba mantener los ojos abiertos.
No quiero casarme...
Pero mi cuerpo ya no me respondía.
Escuché cómo cerraban las puertas del palanquín.
Después, el sonido de los caballos comenzó a alejarme de mi hogar.
El palanquín avanzó hacia el palacio imperial.
Hacia mi boda.
Hacia Kamali.
Y yo ni siquiera podía moverme.
El trayecto se me hizo interminable.
Cada movimiento del palanquín hacía que mi cabeza diera vueltas.
Intenté levantarme varias veces, pero mis brazos apenas tenían fuerza.
—Tengo que... salir...
Mi propia voz sonó tan débil que apenas pude escucharla.
Cerré los ojos durante unos segundos.
No sabía cuánto tiempo había pasado cuando sentí que el palanquín se detenía.
Habíamos llegado.
—¡Hemos llegado al palacio imperial! —anunció uno de los sirvientes.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Kamali...
Las puertas del palanquín se abrieron.
Dos sirvientes se acercaron para ayudarme a bajar.
Yo llevaba el vestido de novia y un largo velo cubría completamente mi rostro.
Intenté ponerme de pie.
Mis piernas temblaron.
Uno de los sirvientes tuvo que sostenerme para evitar que cayera.
—¿Se encuentra bien, señorita?
No pude responder.
Apenas podía mantenerme consciente.
Los invitados comenzaron a murmurar.
—La novia está muy pálida.
—Tal vez está nerviosa.
—Debe ser por la boda.
Yo escuchaba sus voces como si estuvieran muy lejos.
Entonces levanté la mirada.
Frente a mí estaba Kamali.
Llevaba su traje ceremonial y esperaba a la novia.
No podía verme el rostro.
El velo cubría cada uno de mis rasgos.
Kamali me observó en silencio.
Probablemente pensaba que simplemente era una novia tímida.
Di un paso.
Mis piernas volvieron a temblar.
Tuve que apoyarme en el brazo del sirviente.
Kamali frunció ligeramente el ceño.
Algo en mi forma de caminar parecía extraño.
Pero no podía saber quién estaba detrás del velo.
Yo apenas podía mantenerme de pie.
Me voy a morir.
Intenté respirar profundamente.
Solo tengo que sobrevivir hasta que termine esto.
Los músicos comenzaron a tocar.
Los invitados guardaron silencio.
La ceremonia estaba a punto de comenzar.
Y Kamali todavía no sabía quién era realmente la mujer que acababa de llegar frente a él.