Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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UNA ESCANDALOSA VECINA
KRISTEN WHITAKER
Sentí que estaba viviendo con un hijo. Tenía que estar detrás de él para pedirle que hiciera las cosas que le había pedido. Era desesperante.
Llevábamos tres días viviendo juntos y todavía tenía cajas en la sala. Si se duchaba, a veces olvidaba poner la ropa en la cesta de la ropa sucia.
Lo peor era que todavía nos faltaban cosas por comprar.
--McCade, necesito que me acompañes a un lugar-- le avisé mientras se comía uno de mis yogures
--¿Dónde? ¿Acaso quieres ir a bailar o algo así?
Lo miré.
--No preguntaré si eres tonto. Acabo de confirmarlo. Es temprano para ir a una discoteca
--¿Entonces?
--Voy a comprarme un televisor para mi cuarto
--¿Y yo qué tengo que ver con eso?
--Lo cargarás tú a cambio de que no te cobre todos los yogures que te comiste
--Bien
Se puso de pie y me siguió fuera del apartamento. Sonrió durante todo el camino. No sé por qué.
--Oye, McCade, necesitamos mantener el secreto de que vivimos juntos-- le recordé
--¿De quién?
--No quiero malentendidos. Así que, en la universidad, no nos conocemos
--Ya entiendo. No quieres que piensen que tenemos algo
--Anotaré en el calendario el primer día que pensaste-- dije con sarcasmo-- ¿Te imaginas que piensen eso? Creerán que tengo mal gusto o que no soy inteligente
--A mí lo que piensen los demás me importa un carajo
No dije nada más. A él no parecía preocuparle nada, ni siquiera tender su cama. No era capaz de mantener la puerta de su habitación cerrada y eso también me ponía los pelos de punta.
Entonces llegamos. Compré un televisor. No era enorme, pero funcionaba para mí. Después de todo, lo usaría sola porque ya habíamos aclarado que no tendríamos encuentros en el apartamento.
Él compró uno también para su habitación.
--Ibas a llevar el mío escaleras arriba-- me quejé
--No pesan nada, Whitaker. Llevaré los dos
--Pero son incómodos para agarrar
--Porque tienes los brazos cortos y porque tus manos no crecieron desde que te conocí
Lo fulminé con la mirada.
Llegamos a nuestro apartamento. Le abrí la puerta de mi habitación y lo dejé entrar por primera vez.
Él dejó el televisor sobre la cama y después me miró.
--Tenemos un problema, Whitaker
--¿Cuál?
--¿Dónde vas a poner el televisor? Necesitamos comprar soportes para la pared.
--Mierda
Él soltó una risa.
--Vaya. La niña buena maldice por un puto soporte
--¿Te escuchas? Tu lenguaje es peor que el mío
Entonces salimos a comprar los soportes.
--Espero que sepas ponerlos, porque si mi televisor se cae y se rompe, tomaré el tuyo-- le advertí
--No hago favores gratis
--Lavaré tu ropa esta semana
--Ahora sí tenemos un trato
Increíblemente, pudo poner los soportes y quedaron seguros. Cerré los ojos y me alejé cuando lo vi colocar el televisor allí.
Lo admito, esperaba escuchar un golpe que nunca llegó.
----+----
Las clases empezaron. Yo me encargué de salir antes del apartamento para que nadie nos viera llegar juntos.
Creí que era la oportunidad perfecta para relacionarme sin la sombra de McCade en mi vida.
A Dante tampoco le importó. Ir o no conmigo le daba igual, tal como le daba igual tener su cama tendida. Al parecer, no había nada que le importara.
Entonces las clases estuvieron por comenzar y varias personas, al igual que yo, estaban perdidas.
Encontré el salón de mi primera clase. La compartiría con Dante, pero era un espacio demasiado amplio en el que no teníamos ni que vernos si no queríamos.
Perfecto.
A diferencia de la escuela secundaria, aquí era imposible notarlo porque había muchísima gente y eso era maravilloso.
Ahora éramos adultos y él no podía hacer estupideces como siempre hacía para llamar la atención de sus amigos.
Mi atención estuvo únicamente en el profesor mientras tomaba varios apuntes.
Así, las clases pasaron una a una, demostrándome lo diferente que era la universidad de la escuela secundaria.
No vi ni un solo rostro conocido, además del de Dante.
Al salir de allí, volví al apartamento. Él llegó detrás de mí y entonces comenzó una pesadilla.
--Oh, sí... Ay, papi, dame más... Más duro...
Podíamos escucharlo. TODO.
No sé si teníamos una vecina cachonda, un vecino o tal vez una pareja, pero se escuchaba absolutamente todo. El descerebrado a mi lado se estaba riendo, sumamente divertido.
--Está mintiendo-- dijo Dante entre risas
--No puedes saber eso
--Sí puedo. Es obvio
Puse los ojos en blanco. No me interesaba lo que estuviera haciendo el propietario del apartamento contiguo ni con quién.
Pero, claro, si algo me molesta o me incomoda, él no lo dejaría estar. Es un estúpido, insoportable e insufrible.
Jamás creí acabar pensando esto, pero tenerlo de vecino no era tan malo. Vivir con él, en cambio, era lo mismo que haber conocido el maldito infierno.
¡Cuánto lo odio!
Acabé perdiendo la paciencia por discutir sobre nuestro vecino sexualmente activo. Eso me hizo perder la calma por completo y estallé sin poder contenerme.
--¡YA! ¡ME TIENES HARTA!-- grité, solamente para que dejara el tema
--¿Envidias a la vecina?-- preguntó con descaro, sabiendo que yo hervía de rabia
--¡NO!
--Eso no sonó convincente. Yo creo que sí lo haces
No envidio la actividad sexual de nadie. Eso jamás lo haría, pero sí admito que pensar que todavía soy virgen estando en la universidad me resulta sumamente vergonzoso.
¿Se imaginan lo horrible que debe ser tener sexo con un chico y que comience a hacer preguntas sobre por qué esperé tanto tiempo?
¡Que eso no me pase a mí!
Obviamente, no le diría a Dante que no lo había hecho jamás. Un tema tan privado no le concierne y ya demasiados secretos terribles sabía de mí únicamente por proximidad. Lo que menos quería era que se enterara de esto porque ahí sí me molestaría muchísimo más.
Además, lo conozco. Sé que, si algo me incomoda, no lo deja estar. Solamente espera el momento perfecto para hacer un comentario que me saque de quicio.
--McCade, si no quieres conocer lo fuerte que pegan mis chancletas, te recomiendo mantener la maldita boca cerrada
--¿Sabías que cuando te enojas te pones roja? Eso es divertido-- se burló
Fui a mi habitación para calmarme o acabaría cometiendo homicidio.
Gracias autora por compartir tu talento con nosotros 🙏👏