Elena Vargas lo entregó todo por su familia.
Construyó un imperio desde cero, sacrificó sus sueños por su esposo y creyó que el amor podía superar cualquier obstáculo. Pero una noche descubre la verdad más cruel: Rodrigo, el hombre con quien compartió su vida, nunca la amó. Junto a su amante, ha pasado años robándole su empresa, manipulando a su hijo y convirtiéndola en la mujer desechable que ambos planean abandonar cuando ya no les sirva.
Humillada, traicionada y destrozada, Elena pierde la vida en un trágico accidente.
Pero el destino le concede un milagro imposible.
Despierta diez años en el pasado, justo antes de que todo se derrumbe.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
No pedirá explicaciones. No suplicará amor. No volverá a confiar.
Mientras Rodrigo y su amante creen seguir manipulando a la esposa perfecta, Ele
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Capítulo 14 La Jugada de Camila
Elena todavía estaba mirando la puerta cerrada cuando su teléfono empezó a vibrar sin parar. Mensajes. Llamadas. Notificaciones. Abrió una y se quedó helada.
“Escándalo en el mundo empresarial: Elena Vargas busca divorcio tras romance con poderoso inversionista.”
Había fotos. Ella y Luciano saliendo juntos de un restaurante, otra en la entrada de la empresa, otra más en el estacionamiento. Todas tomadas en reuniones de negocios. Pero el titular las hacía ver como otra cosa.
Se le revolvió el estómago. No necesitó leer más para saber quién estaba detrás.
Camila se había adelantado.
En menos de una hora el escándalo ya estaba en todos los portales. Dos clientes importantes llamaron a la empresa para cancelar contratos. Rodrigo empezó a recibir llamadas de socios preguntando qué carajos estaba pasando.
Elena se quedó sentada en la cama, con el teléfono en la mano y la mandíbula apretada. Sentía asco. Un asco profundo que le subía por la garganta.
Rodrigo llegó a casa pasadas las diez, con cara de marido herido. Entró al salón donde ella estaba sentada y se quedó mirándola desde la puerta.
—¿Es verdad lo que dicen? —preguntó con voz rota.
Elena levantó la vista lentamente. No se movió de su lugar.
Rodrigo se acercó, se arrodilló frente a ella y le tomó la cara entre las manos. Tenía los ojos rojos, como si hubiera estado llorando. Elena sabía que era puro teatro.
—Dime que no es verdad, amor —suplicó—. Dime que esa hija de puta de Camila está mintiendo.
Ella lo miró directo a los ojos. No parpadeó.
—¿Tú qué crees?
Rodrigo se quedó callado un segundo. Luego la soltó y se levantó, pasándose las manos por el pelo.
—Claro que no —dijo finalmente—. Sé que no me harías eso.
Elena asintió despacio.
—Bien.
Y pensó: Porque si creyeras que sí, ya habrías perdido toda excusa para atacarme.
Rodrigo empezó a caminar de un lado a otro del salón.
—Esto nos va a joder la imagen. Dos clientes ya cancelaron. Los accionistas están nerviosos. ¿Cómo mierda se filtraron esas fotos?
Elena no contestó. Solo lo observaba. Verlo fingir le provocaba náuseas. Este era el mismo hombre que se acostaba con Camila en su cama y planeaba dejarla sin nada.
—Voy a demandar a quien sea que publicó esa basura —continuó él—. No voy a permitir que te humillen así.
Ella casi se rio. Casi.
—Haz lo que tengas que hacer —dijo con voz neutra.
Rodrigo se detuvo y la miró.
—¿No vas a decir nada más?
—¿Qué quieres que diga? —preguntó Elena, encogiéndose de hombros—. La gente habla. Siempre habla.
Él se acercó otra vez y le agarró las manos.
—Vamos a superar esto juntos. Como siempre.
Elena apretó los dientes y asintió. Tenía ganas de vomitarle en la cara toda la verdad. En cambio, se levantó y fue hacia la cocina.
—Voy a preparar algo de cenar.
Rodrigo la siguió con la mirada. Ella sentía sus ojos clavados en la espalda mientras caminaba. Sabía que estaba evaluándola. Buscando grietas.
Esa noche, cuando Rodrigo se fue a dormir a la habitación principal, Elena se encerró en la de huéspedes y revisó su teléfono. Había más de cincuenta mensajes. La mayoría de socios, algunos insultantes, otros preguntando si era verdad.
Uno de Luciano llegó tarde.
“Vi las noticias. ¿Estás bien?”
Ella dudó antes de responder.
“Sobrevivo.”
“Necesitamos hablar. Esto complica todo.”
Elena dejó el teléfono y se recostó en la cama. Tenía el pecho apretado y las manos frías. Camila había jugado sucio. Y lo había hecho bien.
Pero lo que más le molestaba no era el escándalo.
Era que una parte de ella se preguntaba si las fotos realmente se veían tan inocentes como quería creer.
Se quedó mirando el techo un buen rato, con la mandíbula tensa.
Rodrigo ya no era el único que olía el peligro.
Ahora todos empezaban a mirar.
Y ella tenía que decidir cómo iba a contraatacar antes de que la enterraran.
Ojalá que encuentren a Adriana Ferreti y entre las dos hundan a ese engendro.
Un duro golpe para ese muchacho de 17 años que apenas está empezando la vida y tener que enfrentar eso.
Me imagino que Luciano tiene amigos mafiosos y no quiere deberles nada así que los utilizará por el amor que siente por Elena.
Luciano está babeando por Elena y ella ya le está gustando Luciano que hasta lo besó.